apuntes de última hora: Hume 2

mayo 28, 2026 § Deja un comentario

Epistemología significa, literalmente, teoría del conocimiento. Esto es, la pregunta de la epistemología no es en qué consiste la naturaleza de lo real —de qué hablamos cuando hablamos de lo que es—, sino cómo llegamos al conocimiento de lo real, esto es, a través de qué criterio o método llegamos a garantizar, si es que esto es posible, la verdad de lo que afirmamos sobre el mundo. La filosofía moderna que inaugura Descartes presupone que no cabe responder a la pregunta de la metafísica —la que se interroga, precisamente, por el ser en cuanto tal— si antes no podemos saber hasta qué punto será cierto lo que podamos decir al respecto. Esto es, antes de mondar una patata para ver qué hay bajo su piel, deberíamos asegurarnos de que el mondador será capaz de, precisamente, quitar esa piel.

Racionalistas y empiristas ofrecen soluciones opuestas al problema del conocimiento. Así, para los primeros, solo la razón es fuente de certeza o saber. O dicho de otro modo, únicamente la descripción matemática del mundo es verdadera. Un color es una longitud de onda. Cuanto cabe decir al respecto desde el lado de la sensibilidad es, sencillamente, incierto. En cambio, para los segundos, puesto que el concepto fundamental de la matemática —a saber, la idea de unidad— es el resultado, como veremos, de aquella operación mental que integra impresiones de diferente orden o registro, solo puede haber conocimiento en relación con la experiencia. Ahora bien, como veremos, la consecuencia de desestimar la razón lógico-matemática como fuente de certeza —la lógica es vacía, dirá Hume, pues no nos dice nada acerca del mundo— conducirá al empirismo hacia el territorio del escepticismo.

Hume, en concreto, se preguntará si hay impresiones que validen —que nos permitan justificar como verdaderas— las ideas de sustancia, causa y yo. Pues solo podríamos decir con seguridad que hay sustancias (cosas), causas o un yo si las ideas correspondientes arraigaran en la sensación. Para Hume, como para cualquier empirista, no hay algo así como ideas innatas, aquellas sobre las que, según los racionalistas, descansa el ejercicio de la razón y que proporcionan un saber a priori sobre el mundo. Desde la óptica del racionalismo, las ideas de, por ejemplo, unidad e igualdad serían innatas, ideas que, en el fondo, se hallan inscritas en el simple decir algo de algo. Si podemos referirnos a algo (a una cosa) o reconocer la igualdad entre dos cosas iguales es porque, desde la óptica del racionalismo, disponemos de entrada —es decir, a priori— de las ideas de unidad e igualdad. La justificación de esta tesis fundamental del empirismo —a saber, que no hay ideas innatas— es que, de haberlas, los niños no necesitarían, pongamos por caso, aprender a contar.

NB: Este argumento es, sin embargo, débil. Pues, si podemos aprender idiomas es porque estos reposan sobre una gramática universal. Que esta gramática se active con la experiencia no quita que esté anclada, como quien dice, en nuestra estructura cerebral como si fuera el molde en el que deben encajar la pasta de los diferentes idiomas para que puedan servir, precisamente, como lengua.

Desde el punto de vista del empirismo, las ideas que el racionalismo considera innatas son, más bien, el resultado de una operación que la mente realiza sobre la base de las impresiones o datos sensibles… y de la que no somos conscientes (y por eso mismo, su resultado nos parece innato). Todos los contenidos de nuestra mente —las ideas— proceden de la experiencia. Así, dichos contenidos o bien son ideas simples (impresiones), o bien constructos mentales elaborados a partir de ideas simples. La mente es como una hoja en blanco o una tablilla de cera, en donde van quedando grabadas las huellas del mundo exterior, esto es, las impresiones. Los enunciados de la razón, en su uso estrictamente lógico, solo expresan relaciones entre conceptos o ideas. Su formulación es siempre condicional: si tal o cual concepto o enunciado es verdadero, entonces se sigue necesariamente la verdad de tal o cual concepto o enunciado. Por eso mismo, los enunciados de la razón-lógica no dicen nada sobre el mundo, esto es, no lo describen. En su uso estrictamente lógico y contra lo que defendieron los racionalistas, los enunciados de la lógica tan solo revelan los principios —las leyes o normas— conforme a los cuales pensamos. No obstante, si Hume se pregunta por las impresiones que validarían respectivamente las ideas de sustancia, causa y yo es porque estas ideas se encuentran presentes en cualquier posible saber. Pues no hay saber que no responda a las preguntas sobre el qué (de ahí la idea de sustancia) y el porqué (y de ahí, la idea de causa). Además, en tanto que el saber no consiste propiamente en decir la verdad, sino en haber asegurado conscientemente la verdad de lo que decimos acerca de cuanto nos rodea. Conviene recordar que la certeza, la imposibilidad absoluta de dudar, es la marca del conocimiento. De ahí que todo saber sea siempre el saber de un alguien, un sujeto, un yo.

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