pertenecer

agosto 17, 2026 § Deja un comentario

Antiguamente, la identidad de cada uno se decidía en relación con aquel a quien uno pertenecía —¿quién es tu señor?, ¿de quién eres siervo?—… salvo en el caso del rey. Bajo este esquema mental, los reyes se presentaban como el correlato político del ente supremo. De hecho, fue una evidencia. Esto hoy en día nos queda bastante lejos. Pero donde el sentimiento de pertenencia no encuentra una base sociopolítica es difícil, por no decir inviable, que encuentre un asiento en la sensibilidad religiosa. La revolución francesa fue el primer clavo. El transhumanismo quizá sea el último. El liberalismo político es, sencillamente, incompatible con el sentimiento de pertenencia que caracterizó durante milenios al homo religiosus. Y sin ese sentimiento no hay Dios que valga, aun cuando pueda adoptar la forma de una dependencia mutua —«si tú crees en mí, yo soy; si no crees, no soy», leemos en el Talmud—.

Es verdad que hay intentos de recuperar dicho sentimiento, a través de la conciencia ecológica y sus derivados —desde la opción rural hasta las jornadas de sexo tántrico—. Sin embargo, se trata de recursos compensatorios. Parches. Un lobo sigue siendo un lobo aunque se ponga encima una piel de cordero. Traducción: no formamos parte del bosque donde, junto al establo, tenemos aparcado el coche. Los aborígenes del Matogrosso nunca tuvieron conciencia ecológica.

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