más Dante (y 2)
septiembre 11, 2026 § Deja un comentario
El libro de Job, de hecho, no es nihilista, aunque tampoco una variante de la sabiduría zen. Y no lo es porque la cuestión sobre cómo acabará permanece abierta. Aun así, el nihilista todavía podría mantener su posición. Bastaría con que se preguntase si acaso podríamos soportar una beatitud eterna. De ahí que el anti-nihilismo pase por comprender que, en el fondo, el sentido del sentido no es la meta, sino el combate. De hecho, el horizonte de la escatología cristiana no es la muerte de Satán, sino que este acabe bajo las botas del arcángel. Y, por eso, la redención no caerá en el sopor de un renovado nihilismo. Los redimidos seguirán teniendo un propósito, una Ley: que Satán no vuelva a levantarse.
Sin embargo, al igual que Dios aún no es nadie sin su cuerpo, Satán no es nadie sin los endemoniados. Por consiguiente, la redención poseerá inevitablemente una dimensión política: que Satán permanezca bajo las botas del arcángel significa que habrá prisión para los malos —para aquellos que tras el perdón de sus víctimas volvieron a abrirles las puertas de las cámaras de gas—.
La cuestión, sin embargo, es qué pasará con los tibios. ¿Serán vomitados de la boca de Dios? Para ellos, no habrá derrota. Pero tampoco redención. Quizá terminen disolviéndose en el oceáno como muñecos de sal.
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