el sermón de la montaña

septiembre 18, 2026 § Deja un comentario

Para comprender el alcance del sermón de la montaña hay que ponerse en situación. Imaginar a Jesús de Nazaret dirigiéndose a una multitud de desamparados diciéndoles que sus sufrimientos terminarán en breve. Que ellos serán los primeros en entrar en el palacio de invierno. Se trata, evidentemente, de una proclama revolucionaria, en definitiva, de la revolución de Dios. Pero esta no se produjo. El Imperio siguió aplastando con sus botas el rostro de los lumpen. Fue inevitable que muchos de quienes le habían seguido hasta Jerusalén vieran en el crucificado a un farsante. O, cuando menos, a un charlatán. Al igual que hubo quienes, sensatamente, levantaron una ceja cuando las mujeres anunciaron que el sepulcro estaba vacío —¡unas mujeres!—. Convertir la resurrección una obviedad transforma el cristianismo en una creencia demasiado aceptable como para escandalizarnos. Y sin escándalo —sin incisión— el cristianismo no es mucho más que una religión entre otras, por no decir un manual de buenas prácticas. El no puede ser verdad es, sencillamente, el punto de partida. Como cuanto tiene que ver con Dios.

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