grammatologie
julio 18, 2012 § Deja un comentario
Decía Derrida que el porvenir solo podía anticiparse bajo la forma de un peligro absoluto. Ahora bien, Holderlin dejó escrito en verso memorable que solo donde habita el peligro crece lo que nos salva. Reunamos ambas ocurrencias e intuiremos, cuanto menos, por donde van los tiros de las visiones proféticas de Dios.
metáforas
julio 18, 2012 § Deja un comentario
A veces pienso que tenemos poetas porque tuvimos profetas. Pues ¿qué verso podrá alcanzarnos, si de algún modo no nos arroja al carácter indiscutible de los tiempos finales? ¿Acaso la denominada poética de la experiencia —esa filón de cantautores— puede ir más allá de las palabras amables? Desde Dante hasta Kafka o Dostoievski, todas las grandes metáforas están cargadas con el peso de las imágenes proféticas. Como si, al fin y al cabo, un poeta no pudiera hacer otra cosa que reescribir la Biblia, bien para copiarla, bien para sustituirla. ¿Qué poeta puede leer, por ejemplo, aquello de la seva sang tenyirà els teus peus, i els teus gossos la lleparan y no estar tentado de cambiar 'seva' per 'teva'?
a imagen de Dios
julio 17, 2012 § Deja un comentario
Muchos creyentes, a la hora de intentar reducir la distancia entre el hombre y Dios, suelen apelar a aquello de que Dios creó al hombre a su imagen (Gn 1, 27). El hombre sería, por tanto, algo así como un réplica de Dios, aunque en tono menor. En esta misma línea, los gnósticos de siempre suelen entender este pasaje como si nos dijera que en lo más profundo del hombre habita una especie de chispa divina. Veamos, sin embargo, como funciona el texto. De entrada, no dice simplemente que el hombre sea una imagen de Dios, sino que fue hecho por Dios a imagen de Dios. Ni dice tampoco conforme a la imagen de Dios, sino como su imagen. Esto es, que Dios no creó al hombre teniendo en cuenta una imagen previa de sí mismo. La diferencia no es anecdótica, pues impide que podamos considerar al hombre como una réplica, aunque sea deficiente, de Dios. O, por decirlo con otros términos, Dios no es el arquetipo del hombre. Estamos a una gran distancia del demiurgo platónico, el cual, como sabemos, crea las cosas de este mundo copiándolas de las ideas ejemplares. En cambio, Dios, al crear al hombre, crea su propia imagen. Como si Dios se viera a sí mismo por primera vez cuando hace al hombre. Ahora bien, tal y como ocurre con cualquiera de nosotros cuando nos miramos al espejo, Dios no acaba de reconocerse en su imagen. Y es que, si uno puede decir que la imagen que refleja el espejo es su imagen —si uno puede decir yo soy ése—, es porque, en el fondo, no se reconoce enteramente en esa imagen, porque el yo que se identifica con su imagen se encuentra, en un cierto sentido, más allá de su imagen. Nuestra imagen nunca nos alcanza. Podríamos decir que el yo no se acaba de admitir a sí mismo donde se enfrenta a sí mismo… y, por eso, puede decir yo. De ahí que el yo busque, a veces con verdadera desesperación, reconciliarse consigo mismo, con su aspecto, intentando una y otra vez, alcanzar la mejor imagen de sí mismo, aquella que le permita, precisamente, aceptarse a sí mismo. Análogamente, si Dios puede decir yo en el momento en que crea al hombre —si puede verse a sí mismo en el hombre—, es porque se ha distanciado infinitamente de su creatura. En definitiva, el hombre, en tanto que imagen, es la huella de Dios. Como si Dios creara al hombre retirándose de la escena. Ahora bien, por eso mismo, la búsqueda de Dios, su amor hacia sí mismo, no prentenderá otra cosa que el embellecimiento del hombre, su elevación. Sin embargo, como ocurre también en nuestro caso, Dios fracasará en el intento, pues no hay modo de que nadie coincida con su imagen, sin perder por el camino la posibilidad de decir yo. El único modo de alcanzar un mínimo de integridad pasa porque el yo acepte su imagen defectuosa, que abrace aquello inaceptable de sí mismo, su mal olor, su mierda. De ahí, que la única manera de que Dios pueda reconciliarse con el hombre —con la imagen de sí mismo—, no se decida del lado del hombre, sino del lado de Dios. Esto es, no pasa por la elevación, el embellecimiento del hombre, sino por el hecho de que Dios acepte la deformidad del hombre y cargue con ella. Pasa, en definitiva, por la humillación de Dios, por la Encarnación. En consecuencia, cuando decimos que Dios crea el hombre a su imagen, ya estamos diciendo otra cosa que la habitual en religión. Y es que no hay religión que admita que el único modo de que el hombre pueda salvar la distancia que le separa de Dios sea por medio de un Dios que se humille hasta el punto de hacerse un maldito de Dios.
exégesis
julio 17, 2012 § Deja un comentario
Sin duda, para comprender que significa el título de 'Hijo de Dios' a propósito de Jesús hay que preguntarse previamente por lo significaba dicho titulo en la época en la que se escribieron los evangelios, pues de lo contrario podemos acabar diciendo cualquier cosa que se nos ocurra. Pero no llegaremos a comprender el sentido neotestamentario de la expresión, si lo que hacemos es simplemente aplicar el significado a Jesús de Nazareth, diciendo que los cristianos entienden que Jesús y no, pongamos por caso, Metatron o Simba, era el Hijo, es decir, el primogénito (y en este caso el único) de los vástagos celestiales de Dios. Como si el descubrimiento cristiano de la naturaleza de Jesús fuera semejante a descubrir que el verdadero autor de el Quijote no fue Cervantes, sino Avellaneda. Por tanto, comprender el sentido neotestamentario de la expresión 'Hijo de Dios' pasa por que caigamos en la cuenta de que la expresión se aplica a ese que en modo alguno podía ser reconocido como 'Hijo', a ese que, precisamente, murió como maldito de Dios. Solo en este caso, la cruz del Hijo posee un poder revelador —y, por eso mismo, inaceptable— acerca de Dios. Pues lo que se declara cristianamente al atribuir a Jesús de Nazareth una filiación divina es que algo pasa con Dios donde aquel que muere como un abandonado de Dios es en realidad su Hijo.
no possitivo, siempre negativvo…
julio 17, 2012 § Deja un comentario
Para entender como funciona el lenguaje acerca de Dios y sus asuntos hay que tener presente, sobre todo, que es lo que no se quiere decir, la posibilidad terminológica que es descartada en cada caso. Así, por ejemplo, cuando decimos, a propósito de Jesús de Nazareth, que es el Hijo de Dios, estamos diciendo que no es simplemente una imagen de Dios o alguien en cuyo interior habita una chispa divina, sino alguien que ha sido engendrado por Dios (signifique lo que signifique eso) y que, por eso mismo, teniendo en cuenta el papel del primogénito en una cultura semítica, ocupará el lugar de Dios, le sucederá. Por tanto, aquellos que se atreven a jugar alegremente con las palabras, con la buena intención de actualizar el kerygma —diciendo por ejemplo, que ser Hijo de Dios es lo mismo que ser un hombre de Dios o, como suele decirse, un buen hombre—, deberían preguntarse, cuanto menos, si en lugar de hacer de traduttore no estarán haciendo de traditore.
según Juan (1)
julio 17, 2012 § Deja un comentario
Es sabido que una de las fijaciones del evangelio de Juan es mostrar que no hay otra posibilidad de creer en Dios, en el sentido bíblico del término, que creyendo en Jesús. Esto es, que el hacerse fuerte en Dios, la ciega confianza de Abraham, solo puede ser llevada hasta el final acogiendo el espíritu del Jesús que muere en la Cruz. Otra manera de decir lo mismo es diciendo que los hombres solo son capaces de amar, esto es, de responder a la voluntad de Dios, porque han sido amados previamente por Dios (1 Jn 4, 10). Pues bien, lo cierto es que hay dos modos de comprender lo anterior (y en general todo el evangelio de Juan). El primero parte de una concepción, vamos a decirlo así, blanda de lo que es el amor, para luego aplicarla al momento de la crucifixión. Y, así, nos imaginamos a Jesús muriendo con mansedumbre y abrazando, es un decir, a todo quisqui porque, al fin y al cabo, estaba poseído por la bondad de Dios. El inconveniente de esta manera de leer a Juan es que se hará muy difícil decir que solo a través de Jesús puede el hombre saber que es Dios y en que consiste su plan de salvación. Pues si de lo que se trata de poseer la bondad —o, si se prefiere, de dejarse poseer por ella—, entonces es obvio que hombres buenos hasta el final han habido unos cuantos. Más aún: si, en definitiva, es cuestión de morir en nombre de la bondad de Dios, entonces la Cruz es una muerte con sentido, esto es, bajo el amparo indiscutible de Dios. Pero no parece, si es que hemos de hacer caso de Marcos, el evangelio más pegado a los orígenes, que Jesús muriera con el sentimiento de que Dios estaba por ahí. El segundo modo de comprender la tesis de Juan consiste en partir de la Cruz, la cual no deja de ser una tortura romana, una maldición de Dios (Gal 3, 13). Reconocer la entrega de Jesús al horror de la crucifixión como el amor mismo de Dios —comprender la piedad de Jesús como la impotencia de Dios, aquella por la que Dios se pone, precisamente, en manos de los hombres— es algo que no puede dejar indemne cualquier idea previa de Dios, incluyendo aquella que hace de Dios algo parecido al abuelito de Heidi. Pues una cosa es una bondad capaz de entregarse hasta morir —una bondad podríamos decir que de, tan modélica, es digna de la divinidad— y otra la bondad que provoca en el corazón de los hombres el perdón de un Crucificado que nunca quiso morir como Dios.
Amós
julio 17, 2012 § Deja un comentario
Un profeta es el que preserva el temor de Dios entre los fieles. Pues, sin temor de Dios —sin la convicción de que, al final, tu vida tendrá que soportar un Sí o un No inapelables— no hay que fe que valga, sino en todo caso ese sucedáneo que hace de Dios el nombre de una energía o poder que no necesita para nada el nombre de Dios.
trascendencias (y 3)
julio 17, 2012 § Deja un comentario
No hay mucha diferencia entre tener que tratar con dioses o espíritus a tener que hacerlo con fuerzas. Un dios, en este sentido, es tan solo la personificación de una fuerza. En ambos casos, es cuestión de doblegar al dios-fuerza, o bien por medio de la magia, o bien por medio de la técnica. Ciertamente, no es exactamente lo mismo, pues en el mundo de la técnica el temor no es tan palpable, aunque de algún modo sigamos teniendo motivos para temer (pues nada nos asegura que no tengamos otro Chernobil por no haber podido prever, por ejemplo, los fallos del software que controla el reactor de tal o cual central nuclear). Así pues, el paso de una religión de espíritus a un mundo sin dioses no es tan decisivo como se supone, dejando a un lado la sensación de protección (o desamparo) que te da un mundo repleto de dioses. Ahora bien, donde sí hay diferencia es entre tratar con dioses-fuerza e intentar hacerlo con Dios, en definitiva, con su silencio. Y es que donde Dios se revela como el intratable, los hombres difícilmente podrán hacer otra cosa que preguntarse por la redención del mundo. Y éste es, sin duda, otro asunto que el de procurar que los dioses jueguen en tu cancha.
trascendencias (2)
julio 17, 2012 § Deja un comentario
Del lado del hombre, todas las religiones son, en el fondo, la misma religión. Todas pueden comprenderse como los diferentes intentos de los hombres de abrirse a lo que de algún modo les supera o, si se prefiere, como los diferentes imaginarios que facilitan, por aquello del ponerse en manos de la divinidad, que podamos ir más allá de nuestro ombligo. Del lado de Dios, sin embargo, toda religión es una torre de Babel. No es casualidad que el cristianismo sea tan difícil de integrar en el país de la religión. No es casualidad que le cueste tanto renunciar a su verdad para incorporarla en el saco de la gran verdad interreligiosa. Y es que el cristianismo en su esencia reconoce algo difícil de tragar para quien sepa qué significa la palabra Dios, a saber, que la reconciliación entre Dios y el hombre no puede darse del lado del hombre, sino solo del lado de Dios. Y no porque Dios nos enseñe el camino, pues esto ya lo creían los griegos con respecto a sus dioses, sino porque Dios sacrifica, como quien dice, su divinidad para que los hombres puedan salvar el pellejo, esto es, la carne. Pues un Dios que se hace debilidad por amor a los hombres es como si la energía en la que algunos hoy en día toman por Dios —ese poder en el que muchos confían ciegamente—, hubiera decidido renunciar a su capacidad, para que los hombres de una vez por todas dejaran de pretender la salud y la fuerza, al fin y al cabo la santidad, y se dedicaran, desde su debilidad y miseria, a responder al llanto de quienes tienen cerca (o no tan cerca).
TQ
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Acabo de leer un breve artículo de Torres-Queiruga sobre la compatibilidad entre la fe y la ciencia. En el se insiste en uno de los tópicos del cristianismo progre, a saber, que Dios lejos de encontrarse en alturas inaccesibles es en verdad alguien que, de tan cercano que está, sufre incluso con nosotros. Pues bien, la verdad es que no acabo de entender esto del sufrimiento de Dios. Me imagino que soy aquel cristiano sudanés que vio, atado a un árbol, cómo los milicianos del norte descuartizaban a su hija de corta edad, después de haberse aprovechado de ella. Y me imagino también que el sacerdote o el teólogo de turno, a modo de consuelo, me susurra al oído que Dios, al fin y al cabo, sufre conmigo. Si esa es la respuesta de Dios, me parece más un insulto que una respuesta. Creo que tan solo podría consolarme, si yo fuera el centro de mi sufrimiento. Pero no sería ese el caso. Me atrevería a decir que Torres-Queiruga haría bien en leerse el AT en lugar de coger las tijeras y, al modo de un nuevo Marción, cortar por lo sano. Pues quizá entonces comprendería que un creyente no es aquel que supone que hay Dios porque siente su cercanía, sino aquel que se encuentra sometido a su trascendencia y, por eso mismo, a su Ley. Pues, solo porque Dios es el Altísimo —solo porque Dios ya no se encuentra presente en el mundo salvo como promesa de sí mismo—, puede el hombre cumplir con la voluntad de Dios, esto es, responder a esas voces, mejor dicho, ese clamor que escuchamos cuando topamos con su silencio.
idolatrix
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Sin Dios, tarde o temprano, acabamos divinizando cualquier cosa: el éxito, las mujeres, la opinión de papá, la vida, una utopía… Un ídolo es aquello en lo que depositamos toda nuestra confianza, aquello que, de realizarse, decidirá el sí o el no de nuestra entera existencia. Y es por eso mismo que un ídolo exigirá, a cambio, nuestro sacrificio. Pero, a diferencia de Dios, un ídolo siempre promete en falso. Un ídolo siempre miente. Ahora bien, ¿en qué confía quien confía solo en las promesas de Dios? ¿Acaso Dios en verdad puede prometer otra cosa que el fin del mundo? ¿Acaso la irrupción de Dios no termina con la posibilidad del hombre? ¿Acaso el creyente —el bienaventurado por su desgracia— puede esperar otra cosa que lo imposible, el carnaval cósmico, la inversión de todos los valores humanos, al fin y al cabo, que el león coma hierba? ¿Y acaso la esperanza de quien ya no puede esperar nada del mundo no está en la raíz de su insultante libertad?
ornitología (y 2)
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Dios es como el pájaro en las ramas de un árbol. Puedes oir su canto, pero no verlo. O, mejor dicho, como ese pájaro al que solo puedes ver cuando echa el vuelo.
desirée
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Donde te diriges al otro desde tu deseo —desde tu hambre—, tarde o temprano toparás con el no, el hiato, la separación. El no es esa arruga, ese olor, esa mueca que difícilmente podrás integrar en tu deseo. La negación, sin embargo, es reveladora. Tras el no, el otro se muestra sin tapujos como aquel que se encuentra más allá de tu deseo, esto es, como el indeseable. De hecho, todo esto es muy tonto, pues es sabido que en realidad siempre deseamos un cuerpo intangible, un fantasma. De ahí que el deseo no trace puentes que duren mil años. A fin de cuentas, quien es capaz de ver más allá —por lo que ha sufrido, por las pérdidas acumuladas— sabe que un cuerpo solo puede ser perdonado.
el Fedón
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Quien tiene presente la muerte, tiene un presente. Quien tiene presente la muerte injusta de las víctimas, tiene una urgencia. El primero pierde el tiempo, pues para él no hay más que presente. El segundo, en cambio, no debe perderlo.
en resumen
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Permanecer en la pregunta y mirar a tu alrededor, para ver quien necesita que le eches un cable. Para alimentar a tus hijos, acariciar a la esposa, cuidar de tus padres, vestir al desnudo, dar de beber al sediento, acoger al huérfano… Pues en verdad no nos queda mucho tiempo.
domine Deo
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Decir que Dios es el Señor del tiempo, significa que la eternidad no puede tener la última palabra. O, lo que viene a ser lo mismo, que la vida del hombre es sagrada, intocable. Pues desde el punto de vista de la eternidad, ni siquiera un genocidio parece que tenga la más mínima importancia. Será verdad que, ante el peso de la eternidad, el hombre no es más que un ciego esperar al Dios invisible, que los tiempos, en definitiva, tengan un final.
historias bíblicas (7)
julio 16, 2012 § Deja un comentario
Un padre y su hija de unos cuatro años, ante el pelotón de fusilamiento. La hija, contra el estómago de su padre, llorando. El padre le acaricia el pelo. Ha llegado el final. El capitán se acerca para ofrecerle un cigarrillo al padre. El padre lo rechaza. Entonces el capitán le dice al oído: «en el fondo qué más da morir hoy que de aquí unos años. Desde la óptica de la eternidad es como si vosotros y yo muriésemos al instante.»
trascendencias (1)
julio 16, 2012 § Deja un comentario
¿Qué hace quien se dirige a Dios? En principio, puede hacer dos cosas (o ambas, aunque no de un modo coherente). O satisfacer su necesidad de amparo. O (re)clamar, interrogar, cuestionar a Dios. Esto es, o bien pedir una intervención, o bien una respuesta. El primer caso puede comprenderse como un recurso de la psique. Y, ciertamente, da más tranquilidad, podríamos decir incluso que es más sano, ir por la vida sabiendo que no estamos solos y que luego pasaremos a mejor vida que existir con la convicción de que la vida se nos ha dado dentro de un plazo, de que la muerte es, para nosotros, un punto y final. En el primer caso, el creyente trata con un dios que se deja tratar, un dios, al fin y al cabo, al servicio del hombre. De hecho, aquí da igual que se dirija a Dios o que invoque a sus muertos. El segundo caso, en cambio, el creyente se encuentra ante un Dios intratable, un Dios que solo puede invocar, pues probablemente el creyente, al menos durante ese instante, no sea más que esa invocación. Y es que cuando la invocación es pura no se sostiene sobre ningún supuesto, ni siquiera sobre el que da por hecho que hay alguien ahí dispuesto a escucharnos. La relacion bíblica con el más allá no reposa tanto sobre un saber, ni siquiera tentativo, sino sobre esas preguntas sin respuesta que, por ellas mismas, nos arrojan fuera de los estrechos límites de nuestra necesidad o interés. Porque más allá del cosmos no hay nada —porque fuera del mundo habita un Dios que coincide con su silencio—, fuimos arrojados a la realidad de un Dios crucificado. Así pues, quien se dirige a Dios puede que esté haciendo dos cosas. O bien soñar. O bien despertar.
el juego del pilla, pilla
julio 15, 2012 § Deja un comentario
Para intuir, cuanto menos, por donde van los tiros de la trascendencia supongamos por un momento que no tenemos ni idea de la posible existencia de un más allá. Que somos algo así como monos que no van mucho más lejos de su instinto. Supongamos también que, por aquello de las casualidades, uno de estos monos se pregunta si eso es todo: comer cuando se tiene hambre, beber cuando se tiene sed, dormir cuando nos alcanza el sueño… Pues bien, no hace falta mucho más. Ese mono ya ha sido arrojado al más allá. Ya no volverá a hacer una siesta en paz. Y es que nuestra relación con la trascendencia probablemente tenga más que ver con las preguntas sin respuesta —con el hecho de permanecer en suspenso— que con el atravesar ciertas puertas.
terminales
julio 15, 2012 § Deja un comentario
La diferencia entre aquel a quien le han diagnosticado unos meses de vida y nosotros es que él sabe cuánto le queda y nosotros no. Nosotros podemos hacernos la ilusión de que viviremos para siempre. Con todo, no está claro de qué lado se da la vida, si del nuestro o el del suyo.
sobre las historias bíblicas
julio 15, 2012 § Deja un comentario
Elie Wiesel pone en escena a Abraham, Isaac y Jacob. Su misión es ir por el mundo para hacer un inventario del sufrimiento de los hombres. Según Wiesel, una vez regresan al cielo dan cuenta de lo visto y Dios escucha en silencio. Dios calla mientras los hombres son devorados por la tiniebla. Su silencio es total, absoluto. “Los asesinos matan, los asesinos ríen», dicen los testigos. Y Dios siempre calla. Oprimidos por este silencio, los tres enviados retroceden, pero Dios no les llama. Y finalmente escribe Wiesel: «en definitiva, el silencio de Dios es Dios. Dios no habla ni escucha. Se tapa las orejas”. ¿Es esto, sin embargo, cierto? Aunque sepamos que estas cosas de hecho no ocurren tal y como nos lo cuenta Wiesel, no podemos evitar la sensación de que en verdad sí ocurren tal y como nos lo cuenta (o de que al menos están muy cerca de la verdad). Pero en ese caso ¿por qué no calificamos este relato de superstición tal y como lo hacemos con la gran mayoría de relatos bíblicos? ¿Acaso los autores bíblicos no escribieron de igual modo acerca de Dios? ¿Es posible que aún no sepamos leer?
antinomias
julio 15, 2012 § Deja un comentario
La realidad cuesta de pillar. Y es que difícilmente llegaremos a saber de qué va tot plegat. Así, podemos decir que uno es lo que hace. Que, por ejemplo, difícilmente podremos dejar de ver las cosas desde la óptica de un sepulturero, si trabajamos enterrando muertos. Pero también es verdad que el hábito no hace al monje. Es cierto que a quien madruga, Dios le ayuda. Pero al igual que no por mucho madrugar, amanece más temprano. Podemos estar convencidos de que quien mal piensa, mal hace. Pero otros lo estarán igualmente de que si mal piensan, acertarán. Todo genio está zumbado, sin duda. Pero al igual que no todo zumbado es, por eso mismo, un genio. Probablemente nos iremos de aquí con los deberes por hacer.
1916-1979
julio 15, 2012 § Deja un comentario
Luchando cuerpo a cuerpo con la muerte / junto al precipicio invoco a Dios / Mas su silencio, resonando, ahoga / mi voz dentro del inerte vacío. / Si debo, oh Dios, morir, quiero mantenerte / despierto. Y noche tras noche, no sé cuándo, / me escucharás. Dios, estoy hablando solo. / Rasgo las sombras para verte. / Levanto la mano y me la cortas. / Abro los ojos y me los arrancas de la vida. Tengo sed y se cubre de sal tu arena./ Esto es ser hombre: horror a manos llenas./ Ser -y no ser- eternos fugitivos. / Angel con grandes alas de cadenas.
Blas de Otero
madame
julio 15, 2012 § Deja un comentario
Emma Bovary más que infiel es, en el sentido griego del término, una idiota. Madame Bovary se encuentra enquistada en los vaporosos límites de sus fantasías, encerrada en, lo que hoy diríamos, su mundo virtual. De hecho, es lo que le ocurre a la gran mayoría. Mejor dicho, de ahí partimos todos. Y, así, fácilmente muchos tienen bastante con imaginar, con pelos y pecas, que están con la mujer que desean. O que se enfrentan al cabrón de su jefe. O que, finalmente, consiguen triunfar. En la realidad virtual no hay no que valga. Todo es sí y nada perece. Pero sin negación —sin resistencia—, nadie es capaz de salir de sí mismo. De ahí que nuestras abuelas, tan beatas ellas, le tuvieran tanta prevención a las novelas de quiosco.
el sueño de Barth
julio 14, 2012 § Deja un comentario
Decía Cioran que él solo podía creer en Dios cuando escuchaba a Bach. Por otro lado Karl Barth, tenía por costumbre, antes de sentarse a escribir, tocar alguna de las sonatas de Mozart, como esperando que esa música le permitiera acariciar, al menos con la punta de los dedos, esa altura de Dios que ninguna teología podría ni siquiera vislumbrar. Algo tendrá la música que las palabras no alcanzan.
(De hecho, Barth estaba convencido que solo nos salvaríamos por la infancia que fuéramos capaces de preservar en nuestra alma. Que es como decir, por lo que fuéramos capaces de cantar (aunque también de llorar). Un día Barth tuvo un sueño. Tenía que examinar de teología a Mozart. Y como quería que hiciera un buen examen, le preguntó por la teología de sus misas. Pero Mozart no sabía qué decir. Luego se puso a tararear el agnus dei del Requiem. Y eso fue todo.)
profetas y sacerdotes
julio 14, 2012 § Deja un comentario
Dijo Urs von Balthasar que el privilegio del cristiano era poder dar infinitamente más de lo que posee. Se trata de una gran verdad. De hecho, damos por descontado que uno tan solo puede dar lo que tiene. Sin embargo, cuando se trata de Dios, lo cierto es que uno siempre da antes de tiempo, esto es, antes de que sea capaz de Dios. Otra cosa sería poseer a Dios. De ahí que en la Biblia quienes hablan en nombre de Dios sean los profetas —esos que se resisten precisamente a Dios— y no los sacerdotes.
las manos vacías
julio 14, 2012 § Deja un comentario
La actitud del cristiano que se pone en manos de Dios —siendo este Dios, el Dios que él tiene en mente o en el corazón— al fin y al cabo es idéntica a la del maestro zen que se deja caer en brazos de la Nada. En ambos casos, se trata de lo mismo: de perecer para uno mismo, de alcanzar el milagro de las manos vacías (Bernanos). Que el motivo sea un supuesto Dios o la efectividad última de la Nada es lo de menos. Otra cosa, sin embargo, es que en verdad un cristiano no pueda ponerse en las manos de Dios sin ponerse en manos del pobre. Aquí la cosa cambia, pues no es lo mismo dejarse abrazar por los pobres —los cuales siempre huelen mal— que por la Nada. Cualquier abandono de sí que no se dirija a la desgracia de los hombres tendrá probablemente su qué, pero no irá en la misma dirección que el Dios encarnado.
Lc 18, 9-14 una vez más
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Es posible que sigamos sin entender. Es posible que aún no nos hayamos escandalizado lo suficiente. Y es que nos equivocamos, si hacemos del fariseo de la parábola un hipócrita antes de tiempo. En principio no deberíamos sospechar de su fe. El da a los pobres una parte de lo que gana. Hace lo debido, reza, ayuna, cumple con el Templo. Traducción: es socio de Intermón y durante los veranos les hecha una mano a las hermanitas de la caridad. Ese fariseo es probablemente una buena persona, un hombre íntegro, alguien que se siente conectado con Dios y da gracias por ello. Siente la proximidad de Dios, su presencia, su amparo. Incluso podemos ser un poco más sofisticados que Lucas y hacer que el fariseo interceda ante Dios por los que no tienen fe (con la secreta satisfacción, eso sí, que da la desgracia ajena). Que Jesús diga que no es él quien se encuentra en la correcta posición frente a Dios, sino el hijoputa que está en los últimos bancos del Templo, cubierto de su propia degradación, incapaz de Dios e implorando su perdón, debería cuanto menos sonrojarnos. Será, pues, verdad que el hombre solo puede situarse honestamente ante Dios reconociendo su incredulidad, su sempiterna falta de fe. Y, a partir de ahí, el resto.
ornitología
julio 13, 2012 § Deja un comentario
La realidad es como un pájaro. Tienes que matarla para verla de cerca.
Babel
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Dice Barth: donde se construyen torres, siempre hay algo que huele mal. Inevitablemente, pienso en Babel, en ese intento tan humano de alcanzar a Dios, aunque sea por la vía de la bondad. Y ya sabemos como acabó ese intento: con la confusión de lenguas, con la dispersión de los dioses, con las mil y una religiones. Acaso sea cierto que el pluralismo religioso hunde su raíz en el deseo de ser como Dios. Como si al fin y al cabo desde Dios no hubiera religión que pudiese valer.
inferno
julio 13, 2012 § Deja un comentario
En el infierno —en los läger, en los gulag de la historia— no hay pureza que valga. Quizá en las proximidades del infierno, pero no en el infierno. Allí no hay vida inmaculada que el hombre pueda interiorizar sin transformarse en marciano. En el infierno el hombre no puede ni siquiera seguir ligado a su bondad, pues el infierno es de por sí degradante. En medio del calor sofocante de los hornos crematorios o de las fosas humeantes, el hombre solo puede hacer dos cosas: o enmudecer o responder a la demanda del musulman desde lo más recóndito de su degradación. O se salva la carne o la salvación no tiene que ver con nosotros, sino con ese fragmento de nosotros que solo entiende de felicidad.
mirada de lince (y 2)
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Una cosa es ver a tu mujer como un cuerpo que deseas. Y otra muy distinta verla como esa mujer que te fue dada por los padres que la engendraron. Y es que ver más allá suponer ver las huellas de lo que tuvo que ser dejado atrás para que eso que ves se te hiciera presente. No hay presencia que no arrastre una pérdida, un sacrificio, un olvido. Toda visión posee una historia. Y es obvio (o debería serlo) que el yo que ve en cada caso no es el mismo.
lo sagrado y lo profano
julio 13, 2012 § Deja un comentario
Para entender la vieja distinción entre lo sagrado y lo profano basta con comparar ese momento mágico que viven los amantes —el momento de la sensación verdadera, el de la gran coincidencia, el instante en que el otro se nos revela como fragilidad— con la necesidad de negociar quién de los dos irá a comprar el pan. Por parafrasear a Rimbaud, los amantes se encuentran fuera del mundo, mientras que el matrimonio es un trato, aunque no necesariamente un mal trato. Pasa también con las vocaciones religiosas. Una cosa es el momento de la llamada y otra el del ejercicio del oficio sacerdotal, en donde muchas veces, Dios brilla por su ausencia. De ahí que la cuestión que, más pronto o más tarde, nos plantearemos sea esencialmente una cuestión religiosa, a saber, aquella que se pregunta sobre cómo conectar ambos momentos, ambos mundos; cómo permanecer ahí, en los tiempos originarios, cómo evitar la degradación. O, si se prefiere, cómo regresar al paraíso. La táctica moderna —aunque quizá no tan moderna— consiste en cargar moralmente los tiempos profanos, diciendo cosas del estilo: que cada día sea una sorpresa para tu amada; o bien que cada día puedas descubrir nuevos horizontes… Como si el otro mundo fuera un ideal que podemos implementar técnicamente en el más acá. Como si tuviéramos que transformar el carbón en un cristal puro. Cómo si fuera posible integrar la eternidad con el paso de los días, convertir este mundo en un edén. Sin embargo, la lucidez consiste en aceptar el hiato, el carácter irreconciliable de la existencia. Uno es en gran medida lo que hace. Y una cosa es contemplar el crecimiento de la hierba y otra tener que segarla. De ahí que la solución de los primitivos —aquella que consiste en marcar ritualmente el tiempo profano— sea probablemente la más sensata. Sabemos que tenemos que segar la hierba. Pero una cosa es segarla por completo y otra dejar un resto —porque así lo indica una ley indiscutible, divina—. Pues solo de este modo tendremos presente lo que descubrimos en los tiempos originales, a saber: que la verdad de lo que tenemos ahí enfrente solo se muestra si permanece fuera de nuestro alcance. Ahora bien, sin un dios que valga —sin un dios que confiera autoridad al tiempo originario, que nos impida, al fin y al cabo, ver ese tiempo como una ilusión, como un engaño— no hay presente que pueda escapar de su vacuidad o irrelevancia.
mirada de lince
julio 12, 2012 § Deja un comentario
¿Qué significa ver más allá? Pues que si calzas unas Nike, seas capaz de ver las huellas dactilares del niño sucio que tuvo que escupir sangre para cosértelas.
contrastes
julio 12, 2012 § Deja un comentario
A— Joana Bonet escribe en La vanguardia:
Canosos y bronceados, con gafas de cristales azulados o variaciones de Ray Ban; los ojos pequeños igual que dos chinchetas, tan inquietos como sus cuentas suizas; la voz ronca, casi inaudible. «Acérquense us-tedes, yo no levanto la voz. Que grite este si quiere», dijo Flavio Briatore, dirigiéndose al intérprete, en la presentación de su nuevo club marbellí. Porque tanto él como los Abramovic, Trump o Hilton pertenecen a ese tipo de ricos que sólo levantan la voz cuando el champán está caliente. No se trata de una especie en extinción, pues su vigor no entiende de crisis ni de formalidades y éticas. Mientras abren sus generosas alforjas para la familia y amigos, mandan a sus gorilas por la puerta de atrás para dejar las cosas claras con quien se haya atrevido a toserles. […] Además de sus guardaespaldas, cuyo componente estético cada vez es más importante a fin de establecer castas entre los otros intocables, los acompañan mujeres que, a pesar de la voluptuosidad de sus curvas y de sus labios perfilados, no logran arrancarse el mohín de fastidio: de nada importa que sus brillantes sean proporcionales al tamaño de sus tetas, ni que en su alienante ociosidad traten a sus mascotas como bebés y a sus bebés como mascotas. Y aguardan en silencio un par de posibles destinos: los brazos de otro millonario o el psiquiátrico.
B— en El País de hoy:
Marisol y sus hijos se enfrentan hoy a su segundo desahucio (hace un mes los activistas frenaron el primero). Al contrario que en otros casos, Bankia no ha aceptado ofrecerle un alquiler social por sus bajos ingresos. Ni siquiera a pesar de contar con el aval de diez profesoras que han aportado sus nóminas como respaldo. De 37 años y ecuatoriana, tiene cinco hijos (el mayor, de 18 años; el menor, de seis meses) y solo percibe ayuda económica del padre del bebé, que está a punto de echar a andar. Encontrar trabajo se ha convertido casi en misión imposible para muchas madres solteras con hijos a su cargo. Sin posibilidad de pagar ayuda y sin familiares que puedan echarles una mano, sus casos son a veces desesperados. Los tres niños medianos de Marisol, de 6, 7 y 11 años, pintan en el salón carteles sobre su desahucio mientras su madre expone en otra habitación su caso. De poco sirve que intente ocultárselo, los niños están perfectamente al tanto de la situación de la familia. Fue precisamente que ellos pudieran jugar tranquilos lo que la movió a buscar un piso, explica. Antes los habían echado al menos de cinco pisos compartidos: “Mi meta era tener una casa donde a nadie moleste su bulla y anden a sus anchas”, dice Marisol, que se aferra al piso, un bajo de unos 50 metros con tres habitaciones de Carabanchel.
Hamlet
julio 12, 2012 § Deja un comentario
Un Padre es un fantasma, mejor dicho, un fantasma que te exige lo imposible —vengarte de la madre, arrancar las raíces que te atan a la tierra, una entrega sin fisuras…— y, por tanto, aquél que te mantiene en falso, en la indecisión, la culpa. Tú sabes, en lo más recóndito de ti mismo, que no puedes hacer lo que debes. De ahí que la redención pase por matar al Padre, por librarse del fantasma. Hamlet no pudo y, por eso, tuvo que optar por el arte, esto es, por la sublimación de su impotencia. Jacob, en cambio, supo abrazarlo hasta la extenuación, hasta provocar su silencio. El primero fue condenado a una perpetua juventud. El gesto del segundo, en cambio, reveló el verdadero rostro del Padre: su debilidad, su carencia, su falta de valor. Pero será por esto mismo que solo Jacob fue, al fin y al cabo, capaz de obedecerle.
más Barth
julio 12, 2012 § Deja un comentario
«Yo soy el que soy», el desconocido, el invisible, el eterno, es el que nos llama y, como tal, le amamos. En el instante en que le amáramos de otro modo, en una relación directa, como poseedores, degustadores o asegurados, entonces Dios ya no sería Dios y nosotros dejaríamos de ser los que hemos sido llamados por Dios. Porque son llamados aquellos a los que Dios ha destinado «a reproducir la imagen de su Hijo» y la «imagen» que ellos deben «reproducir» es la muerte de Jesús (Flp 3, 10).
Karl Barth