a otra cosa
diciembre 9, 2023 § Deja un comentario
Decía Hegel que, con el tiempo, incluso la verdad pasaba a ser otra cosa. Es lo que constatamos con el cristianismo. Estamos bastante lejos —y no solo porque se trate de un modo de hablar— de la convicción de que nos hallamos en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre las fuerzas del bien y las del maligno, esto es, no solo entre los pobres y los poderosos —y quizá, por eso mismo, pasamos en su momento de la vocación a la militancia. Por no hablar de la resurrección de los muertos, la cual ha pasado a entenderse como si fuera una manera de referirse a un nos vemos en el más allá. Ciertamente, cuesta formular la esperanza creyente en los términos de una historia de zombies. Pero es que el lenguaje de la resurrección, a pesar de las apariencias, nunca apuntó a dichas historias, sino a un volver a encontrarnos con nuestras víctimas en carne y hueso—y no solo con su espectro— para que pudieran perdonarnos y, así, volver a empezar. O apocalipsis, o nihilismo.
¿Imposible? Por supuesto. Pero difícilmente nos hallamos ante Dios si no nos hallamos ante la posibilidad de su imposibilidad —ante la posibilidad de un final del mundo que dé pie a una humanidad nueva. No porque fantaseemos —pues toda fantasía se sitúa dentro de marco de lo posible, aunque altamente improbable—, sino porque la bondad tiene que pronunciar la última palabra. Así, el mundo no debe triunfar… porque alguien llegó a perdonar, más allá de la disyuntiva entre lo humano y lo divino, lo imperdonable. Los testigos de ese perdón esperan lo que en modo alguno puede transformarse en expectativa. Pero esa esperanza no puede evitar dirigirse hacia los últimos días. Pues el mundo nunca sabrá qué hacer con ese perdón.
sin tara
diciembre 8, 2023 § 1 comentario
Para comprender el alcance de la dogmática hay que tener en cuenta el horizonte de las historias que hay detrás, que no es otro que el apocalíptico. De lo contrario corremos el riesgo de leer las imágenes con las que se expresa como si fuera meramente descriptivas. Así, la imagen tan profética de la mujer estéril que, con todo, engendra apunta a un Dios capaz de lo imposible. Y lo imposible no es una posibilidad del mundo, sino de un mundo porvenir, en última instancia, de una nueva creación. El horizonte de las imágenes proféticas es, por tanto, el del fin del mundo. Difícilmente nos hacemos una idea de lo que se nos está diciendo con estas imágenes donde seguimos leyéndolas como si hablase de una fenómeno paranormal… dando por sentado que el Dios que hay detrás es una especie prestidigitador fantasmal.
Algo parecido podríamos decir con respecto a la imagen de la joven María, virgen y embarazada. Aunque el dogma hace referencia a la ausencia de pecado y no a su virginidad, lo cierto es que la devoción mariana tiende a interpretar el carácter inmaculado de la concepción de María como si María hubiese engendrado a Jesús siendo virgen. Pero esta lectura, ciertamente cargada de devoción, es la consecuencia de haber prescindido de la historia que la inspira, una historia quizá demasiado humana. Pues lo más probable es que el anciano de José acogiese a una mujer que fue repudiada por haber quedado embarazada tras una violación. El milagro aquí no tiene nada paranormal, sino en cualquier caso de sobrenatural. Pues es, sin duda, sobrenatural que esa joven fuese capaz de amar a un hijo que, cuando creciera, tendría los rasgos del rostro de quien la forzó. Y amarlo como un don de Dios. A mí me inspira más devoción —me resulta más milagroso, por así decirlo— el amor de María, un amor tan imposible como, según la tradición, innegable, que el portento cósmico de una mujer que queda embarazada sin haber pasado por ninguna cama. O por ninguna esquina. De otro modo, lo sobrenatural es queel pecado no la alcanzase —que no pudiera con la bondad inherente de María. En este sentido, me atrevería a decir que la devoción a la virginidad de María está a la altura de aquellos que creyeron que Jesús, como encarnación de Dios, nunca hizo caca.
el tinglado
diciembre 7, 2023 § Deja un comentario
Hoy en día, la creencia en Dios le debe mucho a la sugestión. En el fondo, se trata de un ver como, aunque, en este caso, quizá deberíamos decir de un como si: como si hubiera un Dios. Es cierto que ver es siempre un ver como. No vemos hechos químicamente puros, sino siempre hechos cargados de un cierto saber. Quien ve un matraz —y lo que ve porque posee, al menos, un cierto conocimiento de química— no ve una botella de cristal y luego la interpreta como matraz: directamente ve un matraz… y no puede dejar de verlo. Pues se le presenta como tal. Algo parecido podríamos decir con respecto a la experiencia de lo divino de los tiempos premodernos. Otro gallo nos canta hoy en día. Pues, al no darse Dios por descontado, el que veamos el mundo preñado de Dios corre a nuestro cargo. La cosa no tendría más importancia si no fuera que esta manera de ver no termina de congeniar con el trato que dispensamos a cuanto nos rodea. En este sentido, formalmente no hay mucha diferencia entre creer que hay un Dios que nos ampara y estar convencido de que hay extraterrestres que nos vigilan. Con todo, el que no demos a Dios por descontado —o mejor dicho, que no debamos darlo— quizá sea el pistoletazo de salida de la fe. Pues difícilmente habría habido cristianismo si el enviado no hubiera llorado sangre en Getsemaní. Pues Getsemaní significa puede que no haya Dios De hecho, solo desde esta posibilidad, vivida a flor de piel, el creyente llega a confesar al crucificado como Dios —y no como si fuera Dios.
senior
diciembre 6, 2023 § 1 comentario
¿Es posible que tras el culto a la juventud —de hecho, a la adolescencia— tan característico de las últimas décadas comencemos a ver como regresan los seniors? Si es cierto que las nuevas generaciones son, por lo común, unos maleducados —esto es, si con veinte y tantos años apenas saben leer, como quien dice; si muestran poca resistencia a la frustración; si, ya con hijos, siguen jugando a marcianitos; si su actitud básica es, en definitiva, la del consumidor…—, ¿acaso no aumentará el valor de quien no se deja vencer por la dificultad, es capaz de comprender un artículo de El País o simplemente quiere hacer las cosas bien? La sociedad es como un animal: que, para sobrevivir, se adapta al entorno… que ella misma ha generado. Donde los maestros muestran cada vez más signos de no saber de lo que hablan, la conexión a internet ocupa su lugar (y las aulas se llenan de PCs). Y dado que los seniors tiene fecha de caducidad ¿es posible que la IA acabe suplantando a nuestros jóvenes para las tareas de una complejidad media —o incluso notable—, mientras estos siguen colgando vídeos de tiktok?
la intuición de Buber
diciembre 5, 2023 § Deja un comentario
Dios es Dios. No el nombre de otra cosa. Esta fue la gran intuición de Buber. Todos sus escritos se alimentan de esta convicción: ante Dios nos hallamos expuestos a un tú, no a un ello. No es anecdótico que Abraham, el creyente, experimentase a Dios como la voz que llama —y llama al exilio en busca, precisamente, del lugar en el que te das de bruces con la realidad de Dios. Dios no es el post-it que ponemos encima del poder que sostiene la existencia o de la ignotum X del mundo. Dios es misterio, ciertamente. Pero no porque sea algo misterioso, sino porque Dios es el que es o, mejor dicho, será. Así, no es que primero topemos con el misterio y luego pasemos a denominarlo Dios. El nombre Dios no admite una descripción definida —no es el nombre de un concepto. Hablamos de la alteridad avant la lettre.
Sin embargo, el riesgo es que le demos la razón a Buber porque suponemos que hay un daimon cargado de esteroides que, de algún modo a menudo desconcertante, nos tutela desde la otra dimensión. Este sería, en cualquier caso, un asunto de la psicología, esto es, del cuerpo. Y aunque la fe no pueda evitar apoyarse en cómo procesamos los datos —pues, de lo contrario, no sería nuestra fe—, la experiencia de hallarse ante Dios hace pedazos cualquier incorporación que se decida desde nuestro lado. Y la hace pedazos en tanto que el tú de Dios-como-tal se encuentra eternamente en falta —y por eso mismo no admite el tuteo, el coleguismo, una excesiva familiaridad.
¿Dónde estás?: esta es la pregunta de la inquietud creyente. Pero esta inquietud ¿no es también un tema de la psicología? Quiero decir, dicha inquietud ¿no comenzaría en el hombre y terminaría con él? Quizá, si no fuera porque la búsqueda de Dios, desde nuestro lado, fracasa —y tiene que fracasar. Y es que nuestra búsqueda de Dios no termina donde creemos haber encontrado a Dios. Al menos, porque lo que encontraríamos en ese caso sería un sucedáneo de Dios —un ídolo, un arjé, una fuerte sensación . Termina donde Dios nos encuentra. Y nos encuentra crucificándolo.
De ahí que, cristianamente, el tú de Dios sea el de un crucificado en nombre de Dios —y, por extensión, como Dios. Es un tú que se revela como el ese al que despreciamos. Si cabe incorporar la fe es porque antes tuvo lugar la incorporación de Dios. Tampoco es anecdótico que, desde la óptica cristiana, el tú de Dios se manifieste como interrogación del hombre: ¿y tú quién dices que soy yo? (Mt 16,13-19). La fe es, al fin y al cabo, la respuesta de Pedro.
lo imposible
diciembre 4, 2023 § 1 comentario
¿Cabe lo otro —lo nuevo como tal, el milagro, una aparición que no se resuelva como apariencia? ¿Cabe lo real —una exterioridad pura y, por eso mismo, inmodificable? Una alteridad avant la lettre es imposible. Y es imposible porque su retroceso o desaparición es la condición del mundo. Ahora bien, nada más real —nada más absoluto— que lo imposible.
Espartaco
diciembre 3, 2023 § Deja un comentario
Los prisioneros —los esclavos— esperan, de Dios, que envíe a un libertador, a alguien que tenga el suficiente poder como para sacarlos del zulo en el que se encuentran. Y sobre todo, que llegue a tiempo para evitar la entrada en la cámara de gas. Sin embargo, en su lugar, el cristianismo les ofrece un mesías crucificado. ¿En serio? ¿Acaso el cristianismo no se está burlando de las víctimas? Este “pellejo” es lo que obtendréis. Sin embargo, Espartaco también terminó sus días colgando de una cruz. Aunque si no hubiera sido así es probable que , tras la euforia inicial, hubiésemos vuelto a la casilla de salida. Pues los espartacos que triunfaron, con el tiempo, acabaron tiranizando al pueblo que liberaron. Esta es la ley de la historia. La violencia parece detentar la última palabra. El cristianismo es, sin embargo, muy consciente de ello. De ahí que ofrezca el Reino de Dios a los justos… tras el reset de dimensiones cósmicas que supuso la resurrección. Pero esta solución, ¿acaso no supone redoblar la burla? Quizá. A menos que comencemos a comprender qué significa estar ante Dios.
inmortalidad
diciembre 2, 2023 § Deja un comentario
Hay algo en la creencia en la inmortalidad que quizá merezca ser tenido en cuenta. Ciertamente, hay quien da por descontado que la muerte es como cruzar una puerta. Es un modo de evitar el vértigo —una maniobra de distracción. También es sabido que el Israel de los patriarcas aceptó que no hay ningún más allá para ninguno de nosotros. En cualquier caso, una larga vida para los benditos de Dios. Es lo que tiene experimentar la existencia como un don —y de paso, la diferencia infranqueable que nos separa de lo divino. No podemos esperar más. Sin embargo, una madre tras la partida del hijo, y tras dos mil años de cristiandad, ¿acaso no se dirá a sí misma en el momento de su propia muerte, voy hacia ti? Como escribiera Gabriel Marcel, amar a alguien es decirle: tú no debes morir . Y con todo, sigue en el aire que sea así. Como Dios mismo. De hecho, aquí el no debes es el índice de una genuina fe. La esperanza nunca fue un whisful thinking.
aparición y apariencias
diciembre 1, 2023 § 1 comentario
Todo es aparición —todo es milagro desde el fondo de la nada que abraza cuanto es. Ahora bien, podríamos decir que ello ¿depende del punto de vista que lo sea o no? En absoluto. Ante la aparición no cabe un punto de vista. No hay apariencia de la aparición —y de ahí que Platón dijera que la aparición solo puede ser pensada como tal, en definitiva, únicamente reconocida, rememorada. El punto de vista —la donación— transforma la aparición en apariencia —en aquello con lo que hay que negociar— ahí donde la aparición penetra en el mundo.
prudencia política
noviembre 30, 2023 § Deja un comentario
No es fácil ser prudente, en el sentido clásico de la palabra —cortar el atún por dónde hay que cortarlo, sin pasarse, ni quedarse corto. El horizonte de la existencia es un no terminar de saber. Por eso el sabio es sabio: porque sabe que con respecto al tener que juzgar la situación no hay recetas que valgan. Al menos, porque el punto justo —el equilibrio— entre dos extremos depende de variables que no acabamos de controlar. Quien se guía por las recetas es sencillamente un insensato, alguien que cree tener claro de que van los asuntos más densos. Un bocazas.
Se trata, en definitiva, de un saber práctico —de un saber anclado en la experiencia… la cual, para no quedarse simplemente en lo sensacional, exige una cierta inquietud por lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Hablamos del saber de quien sabe, pongamos por caso, tocar el violín —y no simplemente lo rasga. El virtuoso del violín tiene un completo dominio de su instrumento. Es capaz de extraer su potencia. En manos del virtuoso, el violín da de sí lo que puede dar de sí. Sin embargo, ese dominio lo ejerce sin saber conscientemente cómo es capaz de mover los dedos tan ágilmente… en el momento de interpretar un capriccio de Paganini. Paralelamente, el virtuoso de sí mismo alcanza un completo dominio de sí… sin aplicar directamente ninguna instrucción. Y ello en nombre de lo que importa, al fin y al cabo, del bien. Está en juego la libertad: que no te pueda lo que no vale la pena —en el caso del virtuoso del violín, el poder interpretar cualquier partitura.
Platón, como es sabido, entiende la cuestión acerca de la justicia política en los términos de la justicia moral. Y viceversa. Por aquello de la analogía estructural entre las diferentes clases de hombres y las dimensiones del alma. Así, la pregunta sobre cómo ser justos con los demás es el envés de la que se interroga sobre cómo ser justo con un mismo —cómo llevar a cabo una vida buena, una vida ajustada al bien. O, por decirlo de otro modo, qué voz —que inclinación—, de las que habitan dentro de nosotros, debe gobernar, guiar, orientar nuestra existencia. Pues no es lo mismo dejarse llevar por lo elemental que por lo mejor que hay en nosotros mismos, la aspiración al bien. Al fin y al cabo, quien quiere ser médico, perseverará en su intento de llegar a ser un buen médico (y no solo se limitará a curar lo que cualquier médico puede curar, siguiendo los protocolos habituales).
Ahora bien, con respecto a cómo lograr una vida buena o justa no vale una respuesta de manual —una definición formal del bien o de lo justo. Pues una respuesta de manual no deja de ser trivialmente verdadera o tautológica: nadie podrá racionalmente negarla, sin caer en contradicción. Pues es cómo decir que lo justo es darle a cada uno lo que se merece. Obvio. Ninguna definición formal nos dirá cómo actuar —qué decidir— en cada momento o situación. De ahí que , en las situaciones particulares, lo habitual sea que nos dejemos llevar por la sensibilidad común, la opinión —lo que se dice, se hace…—, el impulso. En cambio, lo excepcional es guiarse por la prudencia, la sabiduría, el sopesar. Al fin y al cabo, en los asuntos humanos, todo es mezcla: no hay sentimiento químicamente puro. Aquí la claridad de quien tiene una opinión es signo de estupidez. La ignorancia siempre fue prepotente.
Con todo, el hecho es que no todos poseen la sabiduría de quien sabe determinar qué hay que hacer según la circunstancia… porque es capaz de verlo —como el virtuoso del violín ve cómo hay que interpretar una partita de Bach. ¿Es el momento de condenar o de perdonar? ¿El de dejar a la mujer con la que vives o de permanecerle fiel? ¿El de apagar el fuego de la sartén? No hay, como decíamos, recetas que valgan. Las fronteras de lo que se halla entre dos extremos son difusas, desplazables, densas. Esta es, de hecho, la moraleja de la paradoja sorites. Es evidente que, a menos que sigamos siendo unos niños, no sirve como criterio el me gusta o no me gusta. Quien se guía por este criterio sigue sin saber de qué va el juego.
Sin embargo, porque no todos somos sabios o prudentes, Platón ofrece, al problema moral del saber qué hacer en cada momento, una solución política: dejémonos guiar —gobernar— por el sabio. Pero, quien sabe leer entre líneas, fácilmente admitirá que la propuesta de Platón no es, estrictamente, una solución. Pues la mayoría, precisamente, prefiere apedrear al sabio. Esta es, de facto, la ley de gravedad de lo político. No hay manera de racionalizar la política —el juego del ejercicio del poder. La utopia no es un ideal al que podamos aproximarnos. Es un imposible. Y esto es lo mismo que decir que en el ámbito de lo político gana la violencia. Pues el ámbito en el que se decide cómo vivirán los hombres, quién muere y quien vive —y aquí quizá convenga señalar que, socialmente, uno muere o está de más cuando se ve obligado a vivir como un perro. Y gana la violencia aunque sea de forma encubierta o amable, esto es, como si no la hubiese. De hecho, el encubrimiento es lo común de la vida en común.
lo que resta
noviembre 29, 2023 § Deja un comentario
¿Cómo es que tan solo nos damos cuenta del valor de aquellos que nos rodean y decimos querer tras perderlos de vista —y sobre todo, cuando los perdimos sin remedio? ¿Quizá porque mientras los tenemos a mano prevalece el trato, la negociación, el intercambio —la satisfacción y la insatisfacción? Una vez se han ido, ya no hay pacto que valga. Y de ahí que tan solo reste lo que fueron en realidad. Luego diremos que lo real es cuanto cabe ver y tocar. Aunque de algún modo es así. Pues lo que podemos ver y tocar es, en sí mismo, lo intangible. Espíritu.
la vida es muy extraña
noviembre 28, 2023 § Deja un comentario
Cuando los amantes se encuentran —esto es, donde están más allá de la negociación—, las piezas encajan: todo es sí. Es el momento de la sensación verdadera. Ellos quisieran permanecer ahí, que el instante se detuviera. Sin embargo, pronto volverán al tiempo —y el tiempo erosiona cuanto alcanza. Tendrán que volver a negociar. El tiempo es caída.
Y sin embargo, también es salvación. Pues los amantes no podrían soportar que se realizara, precisamente, aquello a lo que aspiran. No podemos, como humanos, tolerar una dicha sin fin. El tiempo nos redime, pues, de la eternidad. La gracia es el envés de la condena.
re-conexión
noviembre 26, 2023 § Deja un comentario
No todo es reacción. No todo es cuerpo. No todo es fenómeno. Hay más allá. Pero este más allá no es el de un mundo sobrenatural, a pesar de que no podamos evitar imaginarlo así. Pues un mundo sobrenatural, de haberlo, sería más de lo mismo. El más —la trascendencia— es, por contra, lo que fue dejado atrás una vez fuimos arrojados al mundo. Y fue dejado atrás hasta el punto de la inexistencia. Es así que lo propiamente real o enteramente otro es lo que eternamente está por ver o regresar. Ahora bien, es desde este horizonte que todo es aparición —todo es milagro. Las apariencias encuentran su raíz en el aparecer. Pero a la vez que lo expresan, lo ocultan. Inevitablemente. En el día a día, no cabe percibir la aparición que hay tras las apariencias. De hecho, ninguna aparición se percibe: se revela. Puede que el problema de la Modernidad, en lo que respecta a la cuestión del más allá, sea precisamente el haber olvidado la escisión que constituye el mundo.
De ahí que la cuestión no sea cómo volver a conectarse con la fuente —pues no podemos vivir continuamente como iluminados—, sino cómo tener presente lo olvidado. La transfiguración no es resultado de poner los dedos en el enchufe, sino de la incorporación de lo que tuvimos que dejar atrás. Frente a las técnicas de relajación, la insistencia de Israel en el memorial. Shema.
una nota al pie a la Genealogía
noviembre 25, 2023 § Deja un comentario
Es sabido que Nietzsche acusa al cristianismo de resentimiento. Así, dice el sacerdote: el noble no es lo que parece; es como cualquiera, un pobre hombre; su altura es aparente, una máscara —postureo diríamos hoy. En el fondo, el débil es incapaz de soportar la superioridad del noble. Lo dicho: envidia, resentimiento. De acuerdo. Es evidente que algo de esto hay. Sin embargo, la pregunta no es —o no tanto— qué nos impulsa a rebajar al macho alfa de la fiesta —o la más bella—, sino si es verdad que, ante Dios —un Dios que, estando en las alturas, guarda un silencio que espanta—, todos somos iguales. Y el que lo sea —o no— en modo alguno se decide con respecto a los motivos de una psicología particular. Que en el territorio de los sentimientos todo es mezcla es algo que ya podíamos dar por descontado. Lo que no está tan claro es qué ingrediente pesa más.
de la plata y la ganga: una breve introducción al platonismo
noviembre 24, 2023 § Deja un comentario
¿Qué es el amor de una madre? Pues, en principio, lo que debe ser: ternura, entrega, sacrificio… Sin embargo, cuando nos preguntamos qué hay en el abrazo de una madre, por poco lúcidos que seamos, caeremos en la cuenta de que no solo se manifiesta el amor al hijo. También el amor al vínculo con el hijo. No es exactamente lo mismo. Pues el amor al vínculo tiende a destruir al hijo. La cuestión es qué pesa más en ese abrazo. Pues las proporciones de la mezcla varían según sea el caso.
Con todo, podríamos preguntarnos si podría haber un amor al hijo que no suponga un amor al vínculo con el hijo. Y la respuesta es que no. El amor de una madre solo puede presentarse —llegar al presente— dejando atrás su carácter absoluto o incondicional, esto es, sin tara. En definitiva, el amor de una madre solo puede realizarse a través de su contrario, renunciando a la pureza. El amor puro no es nada en concreto —o dicho de otro modo, es no siendo nada en concreto. El amor puro tiene que negarse a sí mismo, como quien dice, para llegar a ser, precisamente, amor. Por tanto, no hay Amor, con mayúscula, para el hijo. Para el hijo tan solo el amor realizado. Es lo que tiene que el Amor —o el Bien, la Justicia, la Belleza…— solo sea siendo el amor que debe ser.
El Amor es, por consiguiente, idea. Pero no porque sea una quimera, sino porque su realidad solo puede ser pensada como lo que tuvo que desaparecer para que pudiera hacerse presente. Y sin embargo, porque el Amor es lo que debe llegar a ser, en el amor particular de una madre subsiste la exigencia de ser solo amor. Aunque, de hecho, no pueda darse en absoluto.
orar
noviembre 23, 2023 § 1 comentario
Probablemente, quienes se dirigen a Dios se sorprenderían si, de repente, se les apareciese Dios para interesarse por su petición. No puede ser —se dirían a sí mismos. Y no por falta de costumbre, sino porque, en el fondo, no ignoran aquello tan bíblico de que Dios no aparece como dios. Dios en verdad es más que dios… hasta el punto de rozar la irrealidad. ¿En que consiste, por tanto, este dirigirse a Dios que no apunta a un dios? ¿Quizá se trate de un resto del clamor que habita en lo más profundo de cada uno? ¿Acaso quien invoca a Dios no lo hace como el náufrago que arroja una botella en alta mar?
conciencia judía
noviembre 22, 2023 § Deja un comentario
Del antiguo Israel sobrevivieron dos sensibilidades, la mesiánica y la farisaica. La primera espera la aparición, si no de Dios —pues Dios no puede aparecer como tal—, la de su heraldo. Es la sensibilidad de quienes ya no pueden esperar nada del mundo —y por eso mismo claman por un nuevo comienzo. Pues para ellos el mundo es su condena. La segunda, en cambio, no sabe a ciencia cierta qué esperar. Pues vive de la convicción de que la existencia es debida al sacrificio de Dios —a su paso atrás o desaparición en favor del hombre. Es en este sentido que Dios es Padre. Pues es Padre el que deja ir al hijo a quien le dio la vida —el que corta el cordón umbilical que lo une a su madre, aunque aguarde su regreso. En este sentido, toda madre es pagana. De ahí que el centro de la espiritualidad farisea sea la Ley, un tener que responder a la donación —y por ende, el preservar la memoria de la santidad del Padre, lo que el trato, incluso religioso, tiende precisamente a olvidar. ¿Su horizonte? Acaso la bendición —pues quién se la merecerá realmente. Pero también lo imposible. Y es que del fin, al estar en manos de Dios, no podemos tener ni idea.
Así, lo que tienen en común ambas sensibilidades es la fe en el día de la reparación. De no haberla, el nihilismo estaría en lo cierto. Por eso mismo, la posibilidad de que no haya un tiempo más allá de la aniquilación es la sombra de toda fe. Y sin esta sombra, la fe es una mera suposición, el trampantojo con el que se consuela quien no afronta el peso de lo real.
creer y creer
noviembre 21, 2023 § Deja un comentario
La creencia de quien dice que siente que hay Dios no es la misma que la de quien lo confiesa ante el praetor. En el primer caso, hay demasiado psiquismo de por medio como para que el mismo creyente no se sorprendiera si topara con aquel en quien dice creer. Pues aquí no se trata de dar un paso al frente, sino de satisfacer nuestra congénita necesidad de espíritus. En el segundo, la fe apunta a la carne y al hueso del que ocupa el lugar de Dios. Cristianamente, solo vale la fe que equivale a un dar fe. El creyente que se dirige a Dios prescindiendo de la carne y el hueso, se dirige, de hecho, a cualquier dios. Y de estas lluvias los lodos transconfesionales.
lo que resta
noviembre 20, 2023 § Deja un comentario
¿Qué vienen a decirnos los evangelios? Pues que hay vida tras la muerte. O mejor que cabe volver con vida de la muerte. Que la muerte —el Mal— no tiene la última palabra. Ahora bien, esto no debe entenderse inicialmente como si hablásemos de la supervivencia del alma en otro mundo o de la posibilidad de convertirse en un zombi, aunque sea en plan bonachón. Hablamos de lo que queda de Dios donde pisamos los infiernos de este mundo. Y lo que queda son aquellos hombres y mujeres que ofrecen un gesto de perdón a sus verdugos: su violencia no pudo con la llamada a la bondad. Es decir, algo imposible —e imposible porque el mundo no sabe qué hacer con ese gesto, porque no entra dentro de sus posibilidades. Sin embargo, ¿cuál es el futuro de este acontecimiento si es que tiene alguno? Lo ignoramos. Aquí no hay saber, ni siquiera hipotético, sino en cualquier caso un debe suceder en nombre de. La esperanza creyente nunca fue una expectativa razonable. Y puede que sea por eso que incluso con respecto a la verdad de Dios estamos en manos de Dios.
ver objetivamente
noviembre 19, 2023 § Deja un comentario
Aunque no nos lo parezca, un lobo con piel de cordero, sigue siendo un lobo. Y lo sigue siendo porque su conducta es la del lobo. Esta sería básicamente la tesis de los denominados sociobiólogos. Evidentemente, la cultura influye. Pero solo inhibiendo o canalizando una respuesta que en el fondo se encuentra genéticamente determinada. Así, si estamos obligados por el gen a establecer jerarquías entre nosotros, no hay nada que hacer… por mucho que pretendemos suprimirlas. Desde esta óptica, no debería extrañarnos que comencemos a constatar características humanas en los bonobos. Como si la distinción en el fondo fuera de grado.
Sin embargo, un lobo que se diga a sí mismo que no es un lobo —o que no debería serlo— ya no puede entenderse en los mismos términos en que entendemos la naturaleza de un lobo. Desde fuera ciertamente veremos únicamente a un lobo que afirma no serlo. O a un lobo que dice yo pienso que. Pero, aun cuando no veamos a ese yo —aunque no podamos medir la escisión interior —, difícilmente podremos negar que lo haya donde lo que observamos es, precisamente, los intentos de modificarse a sí mismo, comenzando por la ocultación de la tara, de aquello que, en su cuerpo, le avergüenza. Un lobo es cuerpo. El lobo que cree que no es un lobo tiene cuerpo. Y ello a pesar de que no pueda escapar de su dominio.
no es no (pero a veces sí)
noviembre 18, 2023 § Deja un comentario
Decía Hegel que donde la ley penetra en el territorio de lo tácito o el sentido común —donde el Estado pretende dibujar con tiralíneas la frontera, ciertamente borrosa, que separa unos cuantos granos de arena de lo que es un montón— tarde o temprano acaba envenenando el ambiente. Y si no dijo esto, algo parecido. Esto viene a cuento del sí es sí. Hay una chica, poco agraciada, o al menos ella es como se ve, a la que un chico le hace caso. No es que le guste mucho, aun cuando es, sin duda, majete. Tampoco se atreve a decirle que no. Pues teme quedarse a dos velas. Es un no pero sí. Aunque también, un sí pero no. Sea como sea, la zona es densa. Demasiado. Tampoco es una situación, sino la situación.
El caso es que si la relación llega a romper los platos, entonces fácilmente, y digo fácilmente porque la ley le proporciona el relato, esa chica podrá decirse a sí misma que en el fondo era un no —pero que en modo alguno fue capaz de pronunciarlo… porque él la engatusó y ya sabemos quiénes son los brutos). Retrospectivamente, podrá decirse así misma que hubo demasiada violencia de por medio.
Sin embargo, nadie dijo que la seducción fuese químicamente pura. ¿acaso desde el principio no era la pasión? ¿Es preferible una relación contractual, aunque incluya una miríada de cláusulas? Pero ¿qué interés tiene una película que ya sabes cómo terminará?
palabras que los nuestros ignoran
noviembre 17, 2023 § Deja un comentario
No es una anécdota. Es un problema social de primer orden. Y las escuelas —mejor dicho, sus direcciones, incluyendo, sobre todo, las de la administración—, como si oyeran llover. De momento, se dedican a matar al mensajero. Quien crea que la enseñanza mejorará procurando que los chicos desarrollen tropecientas competencias y treballant en equip fuma demasiado. La mayoría de nuestros jóvenes, sencillamente, no sabe leer. Así, tal cual. De ahí que sea incapaz de resumir un artículo de El periódico. La diferencia entre los que saben leer y los que no se acentúa cada vez más —por no decir que ya es abismal. Y se acentúa porque la escuela no sabe —ni quiere— ponerle remedio a este asunto (y digo ni quiere porque no parece que nadie esté por cogerle los cuernos a este toro). Es lo que hay, se nos repite. Vale. Sin embargo, el efecto colateral es que un profesor que pretenda tomarse en serio la enseñanza queda fuera de juego. Forma parte de un equipo cuyo entrenador ha tirado la toalla. Aunque diga lo contrario.
Inevitablemente, no hay alternativa: o nos dedicamos a los que saben leer —y a los que no, ya les pondremos un cinco—; o nos dedicamos a los que encuentran muy costoso leer cuatro o cinco páginas seguidas —y dejamos tirados en la cuneta a los que quieren y pueden aprender. Aun cuando siempre habrá quien, harto de humo, apelará a la tautología: hemos de estimular a los “mejores”, mientras procuramos “levantar” a los que se quedan atrás. Esto sobre el papel está muy bien. De hecho, es irrefutable. Pero dadas las condiciones actuales no es posible. Es como pretender edificar un rascacielos sobre terreno pantanoso.
Llama la atención que una pedagogía cuyo horizonte es la inclusión social haya terminado de facto siendo más selectiva —más elitista— que la tradicional. Mucho más. Con todo, era de prever… una vez comenzábamos a constatar que, de hecho, el proyecto se llevaba a cabo bajando el listón: en la ESO no hacer nada sale gratis (o casi). Por no hablar de que a los disruptivos —a los que bloquean, literalmente, la clase— no puedes ni siquiera sancionarlos: tienes que comprenderlos, hacerles ver, en definitiva, amarlos. No exagero: esta es la instrucción —la orden que viene de arriba. Ciertamente, no se trata de vigilar y castigar. Pero primero el respeto y luego, si se tercia, el amor. Y no hay respeto —autoridad— sin unas pocas dosis de temor. Donde las riendas las lleva el maestro, todo fluye (y para quien está en las trincheras es obvio que esto, precisamente, es lo que piden los alumnos, incluso los disruptivos… o principalmente estos). Lo dicho: fumadores. En cualquier caso, si el lenguaje es la munición de la inteligencia, pues ya nos podemos imaginar qué nos viene encima: una generación de idiotas. Eso sí, la mar de felices con sus tiktok. Y diría que el mundo laboral comienza a notarlo. Por suerte, la IA ya compensará este desaguisado cultural.
Estas son algunas de las palabras que desconocen buena parte de nuestros bachilleres —anotadas durante los últimos días:
gélido
inherente
acecho
coerción
inserto
sustancial
integrar
enguany
supresión
consumado
desasosiego
implícito
concepción
desarraigo
… y una última, aunque sea para nota: estulticia.
contrastes
noviembre 16, 2023 § Deja un comentario
Dice el paganismo: hay dioses por todas partes —o en tono menor, algo más allá de lo prosaico. Dice la Biblia: no hay dioses —en realidad, un solo Dios… del que no hay, de momento, noticia. En cualquier caso, los dioses son entes con los que debemos negociar —y Dios, si es cierto que solo Dios nos puede en verdad, no admite ninguna negociación. Según el paganismo, el poder más real —aquel que no es posible derrotar— es el de lo gigantesco o monstruoso, un poder que tanto provoca nuestro temor como puede también llenarnos de gozo. Y aquí podríamos añadir que cabe creer como paganos de un solo dios. De hecho, es lo más común en quienes aún poseen una cierta sensibilidad religiosa. En cambio, para los patriarcas de Israel el poder de Dios en verdad se manifiesta como una trascendencia que anda rozando la indiferencia, por no decir la nada. No es, ni de lejos, lo mismo.
Algo parecido podemos aún experimentar si caemos en la cuenta de que el cosmos en su exceso no nos tiene en cuenta —a pesar de las vibraciones positivas a las que podemos conectarnos de vez en cuando—: porque no contamos —porque para un cosmos lleno de piedras incandescentes apenas somos algo más que bacterias—, la vida se nos ha dado como excepción… y solo dentro de un plazo. El poder: no hay un más allá para las bacterias. Aquello que nos paraliza —la muerte— es al mismo tiempo fuente de gracia. El orgullo es, ciertamente, un error. Y llegados a este punto quizá convenga tener en mente que la esperanza en la resurrección de los muertos es aquella que surge ante la cuestión mesiánica por excelencia, a saber, qué vida pueden esperar aquellos inocentes que murieron antes de tiempo a causa de nuestra falta de compasión. Y ello en nombre de un Dios que, en su retroceso hacia un porvenir absoluto, nos ha concedido una medida de gracia. Aun cuando no podamos ni siquiera imaginar el cómo, salvo con imágenes delirantes. Pero nadie dijo que Dios, en realidad, tuviera que ver con las posibilidades de la existencia.
ir al gimnasio
noviembre 15, 2023 § Deja un comentario
Es normal. Donde el cristianismo pierde fuelle, su lugar lo ocupa, una vez más, el paganismo. Pues el paganismo es una religiosidad campesina, elemental, espontánea. Ciertamente, hoy en día una sensibilidad pagana difícilmente se concretará como antaño. Hace tiempo que las hadas y los gnomos dejaron de habitar los bosques. Pero tampoco anda tan lejos: en su lugar, la fuerza de los árboles, la energía de las piedras, el destino astral… El paganismo se ha vuelto abstracto. Como nuestra entera existencia. Sin figuras que le ayuden a incorporar la creencia, tiene suficiente con la idea de poder. El problema es que al prescindir de las figuras de lo sobrenatural —ante la imposibilidad de que su creencia se haga cuerpo—, el trato con el mundo irá por un lado —como si no hubiera otro poder que el socioeconómico— y la creencia por otro. Algo parecido sucede con el cristianismo, sin embargo.
En cualquier caso, y como decíamos, esto es normal. Pues una vida ajetreada en un mundo secularizado no puede tener continuamente presente lo que se encuentra por encima o en las profundidades. Para que fuera así, deberíamos ocuparnos por nuestra cuenta y riesgo. Pero carecemos de tiempo. De ahí que nos baste con decirnos a nosotros mismos que hay algo más allá. Y si pretendemos compensar la enorme dispersión del día a día, siempre podremos comprar un curso de yoga o de piedras mágicas durante el fin de semana. Es como ir al gimnasio para quitarse de encima el sobrepeso… mientras seguimos alimentándonos en el McDonald’s. En el fondo, se trata de satisfacer una necesidad. Así, el individuo moderno anda en busca del sentido como quien busca el agua con la que saciar su sed. O un nuevo iphone. Nada que ver con un estar expuestos al exceso de Dios, un exceso que en verdad no apunta a lo gigantesco —algo así como un más de lo mismo—, sino a la elevación de un crucificado. Pero ¿quién podrá siquiera vislumbrarlo hoy en día?
conatus essendi
noviembre 14, 2023 § Deja un comentario
No hay afirmación inocente. Por ejemplo, la tesis de Spinoza —todo ente tiende a perseverar en su ser, conatus essendi— parece elemental, por no decir una obviedad. Sin embargo, basta con que nos preguntemos qué es lo que no dice —y, en la misma línea, podría haber dicho. Y lo que no dice es lo que, siglos antes, Tomas de Aquino defendía sin pestañear, a saber, que todo cuanto es anhela el bien. No es exactamente lo mismo.
cruz y revelación
noviembre 13, 2023 § Deja un comentario
¿Hubo revelación para el crucificado? No, ni pudo haberla. Pues él es el revelado. Para el crucificado, un Dios al que le dio por callar. Pues tampoco podía hacer otra cosa… si es que su palabra colgaba de una cruz.
catástrofe y revelación
noviembre 12, 2023 § Deja un comentario
Si es cierto que la revelación solo tiene lugar donde los cielos se hunden, entonces nada de lo que hayamos podido creer o hacer antes tiene mucha importancia. Quiero decir que hasta el momento de la verdad, no hay nadie justo. A lo sumo, fariseísmo. Tan solo Dios da la justicia. Y en cristiano esto equivale a decir que la absolución o la condena —la fraternidad o el infierno de la soledad— dependen de la repuesta a la demanda de un crucificado. Ahora bien, es difícil que alguien comprenda el evangelio cristiano sin escandalizarse. Pues, el mensaje es que las rameras, los traficantes de drogas, los pederastas… —aquellos que despreciamos con asco— pueden dar un paso al frente y la buena gente quedarse atrás. El fin del mundo, para la sensibilidad apocalíptica, siempre supuso un nuevo comienzo para los rotos . O si se prefiere, para los podridos por dentro.
cuerpo y alma —o del haber y lo sagrado
noviembre 11, 2023 § Deja un comentario
La mujer que tienes ante ti —el hombre, incluso el árbol, la piedra, el ácaro…— es un milagro. Y lo es porque desde el horizonte de la nada —de un haber que en sí mismo es no siendo nada en concreto y, por tanto, haciéndose presente a la inteligencia como lo que desaparece del campo de visión—, todo es acontecimiento. Y quien dice acontecimiento dice sagrado. Pues la mujer que aparece ante ti como si fuera, literalmente, un revelación es intocable. Y no porque, de hecho, no puedas tocarla, sino porque su carácter milagroso o excepcional retrocede al tocarla. Tocar es, en cualquier caso, profanar.
Sin embargo, el mundo nos obliga al trato —a la profanación. El cuerpo de esa mujer —de ese hombre, del árbol, la piedra…— tiene que ser tratado. Esto es,utilizado. Y ya sabemos que el destino de lo útil es lo inútil —el container. Así, la verdad permanece oculta tras el tratamiento —la aparición, tras las apariencias. La escisión entre lo que contempla el alma y lo que necesita un cuerpo se impone, por consiguiente, como un dato. No hablamos de una opinión entre otras, sino de lo que la razón, tarde o temprano, debe admitir. Es por ello que Platón decía que el territorio del alma es el de la verdad —el mundo verdadero. Y que, por eso mismo, el cuerpo es una cárcel. Pues en la cárcel las ventanas son muy estrechas. Por no hablar del cielo abierto.
(Al fin y al cabo, estamos apuntando a la sensibilidad religiosa. Pues el asunto principal de la religión es cómo permanecer conectados a la revelación en medio de un mundo que solo admite el (con)trato.)
avatar
noviembre 10, 2023 § Deja un comentario
¡Soy así, soy así!… te dices a ti misma tras maquillarte. ¿Por qué insistes en decírtelo? Porque sabes que no eres así —que por debajo del brillo hay bastante suciedad. Por eso, seguirás siendo una esclava de tu temor: que se descubra el pastel, tu olor animal. No quieras ser lo que a los otros les gustaría que fueses: tu avatar.
edad
noviembre 9, 2023 § Deja un comentario
Ya no te seduce el canto de las sirenas. Prefieres su silencio. Aunque, como decía Kafka, no puedas soportarlo. Pero ¿acaso el poeta no dijo también que toda belleza es terrible?
(Y cuando comprendes esto —cuando lo vives a flor de pìel— ¿podrás evitar que el habla común te parezca un hablar por hablar, el aullido del simio que llevamos dentro?)
¿hay dioses?
noviembre 8, 2023 § Deja un comentario
Obviamente: el poder de un cosmos indiferente. Ante el despliegue de las galaxias, por así decirlo, apenas somos algo más que polvo. Para Adán, fue evidente que el fuego caía del cielo. O que el estallido de un volcán obedecía al poder de un dios. Así, funciona nuestra mente. De ahí que Prometeo, al darnos el poder del fuego —un poder arrebatado—, nos liberase de la sujeción a la divinidad —y de paso, del temor que la acompaña. Ningún dios puede estar de nuestra parte. Como nosotros no podemos estar de parte de los ácaros del polvo. Por eso resulta desconcertante para un sensibilidad espontáneamente religiosa que Israel proclamase en su momento que la extrema trascendencia de Dios es el envés de su piedad. Como si esta se revelase en su retroceso o paso atrás —aunque ello no quita que, retrocediendo, Dios se dirija hacia un futuro absoluto. En el caso de Prometeo fue un dios el que nos liberó de los dioses. En el de Yavhé, el Dios. Sin embargo, a pesar del aire de familia, el mito de Israel no constituye una variante del de Prometeo. Pues el mensaje de Israel es que lo que nos puede en verdad no es el temblor de la tierra o la fuerza devastadora del huracán, sino la ausencia de Dios. O por decirlo de otro modo, que la realidad de Dios se manifieste como la de un Dios por-venir.
piedras conscientes
noviembre 7, 2023 § 1 comentario
Imaginemos que la tierra se hubiera vuelto inhabitable para nosotros, los humanos, y que, sin embargo, pudiéramos implementar nuestra mente en los animales o, incluso, en lo inorgánico. ¿Seguiría habiendo humanidad? Sí… sobre el papel. Aunque no los reconoceríamos como tales. De hecho, Adán tampoco nos admitíría entre los suyos. Y es que, en tanto que conscientes de nuestros límites, somos la posibilidad de ir más allá —de trascender nuestra naturaleza. Esto es, la posibilidad de lo in-humano —o si se prefiere de lo sobrehumano. No hay nada que, con el tiempo, no pase a ser otra cosa.
(Con todo, si al final fuéramos piedras conscientes —en un mundo en donde no habría otra violencia que la del cosmos— ¿seguiría habiendo quien esperase la resurrección de los muertos?)
dialéctica y escatología
noviembre 6, 2023 § Deja un comentario
Difícilmente comprendemos de qué va el cristianismo donde lo reducimos a un modo de proporcionar, con la excusa cristológica, los buenos sentimientos. La esperanza cristiana no puede prescindir del horizonte escatológico sin transformarse en una variante de las espiritualidades del más allá: como si todo se decidiese post mortem. La convicción de que estamos en medio de un combate entre las fuerzas del mal y las del bien pertenece a los orígenes. Sin ella el cristianismo pierde su nervio inicial. Y es que la esperanza creyente apunta a un reset de dimensiones cósmicas, de hecho, a una nueva creación. Ciertamente, la metanarrativa cristiana ya no encaja en nuestro mundo —como tampoco, sus alternativas. Sin embargo, podríamos preguntarnos si es que puede encajar dentro de los límites de una tópica. Pues el significado de las figuras de la escatología cristiana solo se revela como adecuado a la situación ahí donde caen los cielos.
No obstante, también podríamos preguntarnos si es posible que triunfe el bien. Y no porque sospechemos que el no tendrán la última palabra, sino porque no podríamos evitar la sensación de irrealidad. ¿Acaso no buscaríamos una punta de negatividad? ¿Hasta qué punto seríamos capaces de soportar un mundo feliz? En verdad, no hay luz sin oscuridad (y viceversa). No hace falta haber leído a Heráclito para entender que donde todo fuese luz, no habría luz. Los topos no pueden ver la luz… y por eso no escarban a ciegas.
Ahora bien, de lo anterior no se desprende que la esperanza cristiana sea un completo absurdo. Pues si es cierto que solo deviene inteligible en los límites del mundo, entonces antes que una expectativa o ideal es un confiado clamor: en nombre de la bondad, la desgracia debe terminar. Aunque no podamos hacernos una idea del cómo. De ahí esas imágenes imposibles. Y para imágenes imposibles la del regreso de un resucitado. Quizá no sea casual que el Nuevo Testamento termine con la palabra maranatha.
rompetechos
noviembre 5, 2023 § Deja un comentario
La creencia es una programación de la mente, una manera de ver las cosas, un enfoque. Pocos se preguntan si aquello en lo que creen, —aquello que sienten como verdadero es, precisamente, tal y como lo creen o sienten. De oca en oca y tiro porque me toca. Tan solo a través de la razón podemos ir más allá. Aunque lo que la razón descubre no es algo que el creyente pueda asumir como quien no quiere la cosa. El mapa va a ser muy distinto. También cabe, sin embargo, otro trayecto —otro método—: es el del sufrimiento. Y si se trata de una alternativa es porque, en ambos casos, se pasa por la crisis de la perspectiva. Y la crisis no es un bache. Tras ella, nada vuelve a ser como antes (y si no, es que no fue una crisis). Pues no es que después de la crisis coloquemos una cosa en lugar de otra, sino que no podemos poner cosa alguna.
vida debida
noviembre 4, 2023 § Deja un comentario
No solo la vida como don desde la desaparición de Dios —esto es, no como algo que podamos pensar—, sino también como debida a un Dios que quiso darnos la existencia —y aquí la actitud básica es la de un sentirse agradecido, de un reconocerse a uno mismo como debido a. Hace unos años, Richard Gassis, jesuita en Loyola, me dijo, señalando a un árbol, que Dios había puesto ese árbol para que nos diera sombra. Me impresionó profundamente la naturalidad con la que lo dijo… aun cuando me resistiera a admitirlo. Sin embargo, es así. O mejor dicho, aunque de hecho no sea así —ni pueda serlo—, en verdad lo es. No entendemos el imaginario religioso —la verdad que soporta— mientras sigamos creyendo que se trata de una superstición. Ciertamente, lo es para quien no sepa leerlo. Pero solo a través del imaginario podemos incorporar la verdad. Y quien dice incorporar, dice hacer cuerpo. El amante no se equivoca cuando dice que su amada le ha robado el corazón. En realidad está más cerca de la verdad —de lo que en verdad acontece y no simplemente sucede— que aquel que se limita a poner encima de la mesa la analítica que certifica un chute hormonal. Pues todo acontecimiento es vertical. Probablemente tiramos al niño con el agua sucia una vez quisimos comprendernos como si no fuéramos más que chimpancés solo que un poco más listos.
la historia como drama cósmico
noviembre 3, 2023 § Deja un comentario
La crisis posmoderna del metarrelato va con la crisis del sentido cristiano de la existencia., el cual fue, en su origen, apocalíptico Y no solo porque ya no se sepa que hacer con Dios salvo considerarlo como un asunto interno —un asunto excesivamente personal—, sino porque impide que podamos comprendernos como aquellos que se encuentran en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre las fuerzas del bien y las del mal. Los restos de esta sensibilidad quedan para la ciencia ficción —para las diferentes entregas deStar Wars. Sin embargo, quienes vieron el rostro impasible de los ángeles de la muerte antes de entrar con sus hijos en las duchas de Auschwitz no tuvieron duda alguna de que, aunque de hecho no fuera exactamente así, en verdad estaban formando parte de un drama de dimensiones cósmicas.., en donde lo que estaba en juego era la victoria de la bondad sobre la impiedad. El cristianismo pierde su nervio —por no decir sus vocaciones— donde queda reducido a un cultivo de los buenos sentimientos con la excusa de Dios.
hiatus: de Platón y la sofística (y 3)
noviembre 2, 2023 § Deja un comentario
Cuanto hemos dicho de la belleza, podríamos también decirlo de lo justo o el bien. Y, en definitiva, del haber —el ser— en general. De hecho, que podamos decirlo tampoco es anecdótico. Pues no es posible pensar el haber en cuanto tal sin tener en cuenta lo que debe ser. Esto es, lo bello, justo, el bien… Al fin y al cabo, como veremos, ser y deber ser son dos caras de una misma moneda.
Es evidente que no cabe decir que, como tal, el haber sea en el mismo sentido en que decimos que las cosas son. Nada es que no aparezca. Cuanto es real se hace presente de un modo u otro —y por eso mismo, siempre relativamente, esto es, en relación con un punto de vista. Ahora bien, lo cierto es que, como dijimos, el haber en cuanto tal —el puro haber— no se hace sensiblemente presente, esto es, no admite un punto de vista. El puro haber —el ahí en cuanto tal— no se puede ver ni tocar. Pues de hacerse presente se haría presente como nada. El puro haber es oscuridad y silencio… absolutos. Al fin y al cabo, existir significa haber sido arrancado de la nada. De ahí que la nada se revele como el fondo inescrutable de la existencia. E inescrutable porque en la nada no hay nada que escrutar. Es lo que nos distingue de los bonobos. Estos no existen, son. Tan solo el hombre se encuentra a sí mismo como el que se halla expuesto a la nada —a la oscuridad y silencio de un puro haber. La nada es la imposible posibilidad del mundo. Es imposible porque no se trata de una posibilidad del mundo. Más bien, su posibilidad, de realizarse, implicaría el fin del mundo. Y es posible porque, al proceder de la nada de un puto haber —estrictamente de su negación—, el mundo es lo que es bajo la amenaza de una completa aniquilación.
Todo esto tiene bastante de obvio… si se piensa bien. Y aquí hay que tener en cuenta que lo obvio es lo que tiene que ser obviado… si queremos evitar la parálisis que provoca la reflexión. De ahí que una vida reflexionada, aquella que cuestiona precisamente lo obviado, no puede evitar vivir en un cierto estado de suspensión. Como se supone que vive un dios: en el aire, esto es, en suspenso.
Si hay cosas es porque, en definitiva, hay el haber, aunque en sí mismo, no sea nada en particular… ni pueda serlo. En cierto sentido, podríamos decir que el haber como tal se hace presente como lo que tiene que desaparecer o dar un paso atrás para que haya mundo. De ahí que el mundo sea aparente, en el doble sentido de la palabra. O dicho de otro modo, todo cuanto es o hay se encuentra sometido al tiempo —y por eso mismo, a la desaparición— porque participa del puro haber, por decirlo a la platónica, esto es: porque el haber se realiza en el haber de las cosas; porque el haber de las cosas representa o encarna el haber en cuanto tal. Así, el puro haber, el haber en cuanto tal, es no siendo, es decir, no mostrándose como tal, sino como el haber de las cosas. El haber de las cosas sería la forma del haber —el modo del haber…, un modo sin el cual no hay ningún haber. Por consiguiente, las cosas son no terminado de ser lo que parecen o muestran ser… precisamente porque son. Porque las cosas participan del haber en cuanto tal —y en tanto que pertenece al haber en cuanto tal el revelarse como lo que tiene que desaparecer en cuanto tal para que haya aparición—, nada es o hay que no tenga como horizonte la desaparición, en definitiva, el no-ser.
Por eso, todo cuanto es incluye dentro de sí a su contrario. Nada se nos da en una estado químicamente puro. No hay, por ejemplo, amor sin celos. No hay entrega o sacrificio-por-el-otro que no vaya con la necesidad de tenerlo. La cuestión es en qué medida se dan lo uno y su contrario —qué ingrediente pesa más. Y esta es una cuestión decisiva… si de lo que se trata es de la felicidad, esto es, del saber vivir. Al menos, porque la felicidad dependerá de que sepamos ver, precisamente, qué pesa más, en definitiva, de que sepamos calibrar —discernir, juzgar, sopesar— la situación. Por tanto, nos equivocamos donde creemos que nuestra felicidad depende de topar con lo que no tiene tara —donde creemos, en definitiva, que nuestra felicidad dependerá de que se realicen nuestras fantasías. Toda fantasía es evasión —un encerrarse en un mundo virtual. De ahí que Sócrates dijera que la infelicidad —el daño que provocas y, por eso mismo, te provocas— es, en el fondo, ignorancia. No supimos de qué iba el juego. Los bonobos tampoco lo saben. La diferencia entre ellos y nosotros es que nosotros podemos saberlo.
En el fondo, Platón interpretará dialécticamente la sentencia de Parmenides. La nada, ciertamente, no es. Y el puro haber no es nada —pues tan solo es lo particular o concreto, cuanto muestra una forma. Ahora bien, si esto es así —que lo es—, entonces hay mundo porque la nada no es. Dicho de otro modo: porque el haber del puro haber incluye en su seno la negación de su carácter absoluto o incondicional. Hay mundo porque lo absoluto es la negación de lo absoluto. O por decirlo con otras palabras, lo absoluto posee un carácter doblemente negativo: la nada no es. Y sabemos que una doble negación equivale a una afirmación. El fundamento del mundo es la nada negándose a sí misma. De otro modo: lo que es se hace presente de una forma u otra (y aquí no decimos nada que no sepamos por defecto). Sin embargo, este lo que —el haber en cuanto tal— es la nada siendo no nada de un puro haber. Y esto es lo que cuesta de ver. De hecho, es lo que no cabe ver en nuestro trato con las cosas.
Paralelamente, hay mundo —hay el haber de las cosas— porque el envés de la negación de sí es untiene que haber algo. De ahí que ser y deber ser —esto es, el Bien— vayan de la mano. Y de ahí también que Platón dijera que la idea de Bien está más allá del ente —de cuanto posee entidad. El hiato entre el puro haber y el haber de las cosas —que lo real en sí trascienda el ámbito de lo sensible— se salva, por tanto, por el movimiento negativo de la nada hacia lo otro de sí. La nada es no siendo… nada. El fundamento del mundo —de las cosas— no es una cosa, sino un deber ser, en definitiva, el Bien como exigencia de ser por entero lo que no acaba de ser por entero.
Quizá no sea casual que quienes aceptan el reto de la reflexión —quienes andan en busca de la verdad— no terminen de adaptarse al mundo. Pues la reflexión exige un distanciarse del mundo. Al menos, de vez en cuando. Y quien se distancia de las apariencias fácilmente queda fuera de juego. Pues una vez lo anterior es interiorizado por la conciencia, el mundo —la vida que nos ha tocado en suerte—, al menos hasta el punto en que esto es posible, se revele como ficción, una ficción de la que, sin embargo, no podemos escapar. Pues no hay mundo verdadero —o más verdadero que este—, aunque haya verdad. Porque la verdad no es para nosotros —para nosotros tan solo las cosas que la expresan, esto es, la verdad a medias o hasta cierto punto—, no hay mundo más verdadero que el que nos ha tocado en suerte. Y es que lo que siempre tiene lugar frente a lo que simplemente pasa —el haber en cuanto tal— es no siendo nada en concreto. De ahí que la ironía del filósofo sea el único modo de tomarse en serio la existencia: como el buen actor que asume seriamente su papel… sabiendo que solo tenemos papeles que representar. La sinceridad no pasa por desprenderse de la máscara —pues de hacerlo no veríamos a nadie—, sino por no tomarse demasiado en serio a uno mismo. Y ello en nombre de lo que importa.
De hecho, la raíz de la libertad interior entendida como dominio de sí —de un estar por encima de lo que te sucede y carece de importancia… aunque te parezca lo contrario— es la conciencia de que, en el fondo, el mundo es lo que es debido a la exigencia que se halla incrustada en la nada del puro haber, aquella por la que cuanto cabe ver y tocar se encuentra sometido al principio del deber ser por entero lo que no acaba de ser… ni puede acabar de ser. De hecho, para sobrevivir a la catástrofe —al hundimiento del sentido de tot plegat—, hay que tener la musculatura, en definitiva mental, de un dios. Al menos, porque la cuestión de la libertad es, en definitiva, la cuestión del poder: que no te pueda lo que te sucede y carece de importancia… Y aquí es donde podemos equivocarnos, creyendo que se trata de un poder hacer impunemente cuanto uno desea —del poder de la invisibilidad: nadie te ve, nadie te juzga. Sin embargo, este poder tiene los pies de barro. Como viera Platón, como mujeres y hombres no podemos modificar lo que sucede —o solo circunstancialmente—: no somos dioses. Únicamente podemos estar por encima (y quien dice por encima, dice en el aire o en suspenso). Y esto ya es mucho. Acaso lo único que nos acerca a un dios.
todo Platón en una sola frase
noviembre 2, 2023 § Deja un comentario
Hay verdad, pero no para nosotros. Para nosotros la verdad realizada.
agnosticismo cristiano
noviembre 1, 2023 § Deja un comentario
Por lo común, se dice que un agnóstico es aquel que no se pronuncia con respecto a la existencia de Dios: puede haber Dios… o no. Y aquí la cuestión es parecida a la que podríamos plantearnos sobre la posible existencia del Yeti. Sin embargo, que quepa suspender el juicio en relación con el asunto Dios es un síntoma de nuestra situación. Así, que nos dé igual que haya o no un Dios, da por sentado que, de haberlo, tampoco nos cambiará la vida. El Dios sobre cuya existencia nos interrogaríamos sería algo así como un arjé o un superarquitecto. Por eso mismo su descubrimiento sería simplemente sensacional: como si de repente supiéramos que nuestro mundo es el resultado del experimento de unos marcianos. Ahora bien, el exceso al que nos enfrentaríamos en este caso sería un más de lo mismo.
Sin embargo, desde la óptica bíblica, la trascendencia de Dios no puede comprenderse como la de algo —o alguien— gigantesco. Como si Dios fuese un ente superior, cuya superioridad fuese tan solo un en mayor medida (y esto seguiría siendo así aun cuando admitiésemos que no tenemos patrón para medir la diferencia). Bíblicamente, un Dios que existe, no existe (Bonhoeffer, dixit). El exceso del Dios que se revela en el Gólgota no es el de un ente superior: es el de un Dios que, en tanto que omnipotente, desciende hasta identificarse con un crucificado en nombre, precisamente, de Dios. El exceso de Dios es el de un Dios crucificado.
Con todo, hay un agnosticismo cristiano, el que apunta, precisamente, a la esperanza. Y es que no hay saber con respecto a cómo terminará el asunto. La fe siempre fue, principalmente, un acto de confianza en nombre de.
el Hijo
octubre 31, 2023 § Deja un comentario
La fe que salva no es la podamos tener por nuestra cuenta y riesgo, aunque estimulados por la comunidad, sino la de Jesús en el Gólgota. Si cabe creer es porque él creyó antes que nosotros —y por nosotros, esto es, en nuestro lugar—… donde no era posible ninguna fe. Ahora bien, el inmolado ignoró el significado de su fe —lo que revelaba acerca de Dios. Jesús no dijo de sí mismo que era el Hijo de Dios… sin el cual el Padre no puede hacer más que guardar un silencio elocuente, aunque sangrante. El carácter salvífico de su fe sería un trampantojo de haber sido consciente de ello. El significado de la cruz no pertenece al crucificado. De hecho, porque el momento de la fe es en cualquier caso crucial, la entrega creyente siempre tendrá lugar sin Dios mediante. Esto es, en aquellas situaciones en las que no podremos sentir que haya un dios de nuestro lado. Mientras tanto, un tener presente —un cultivar— lo que aún no se ha hecho presente. O no del todo. Y puede que gracias a Dios.