el Padre

octubre 30, 2023 § Deja un comentario

¿Quién es el Padre tras el Gólgota? El Hijo. Jesús es el quién del Padre, su modo de ser, su esencia. El Padre es —se hace presente como— la carne de aquel hombre de Dios que permaneció fiel a Dios a pesar de experimentar hasta el tuétano el abandono de Dios. Antes de su hacerse hombre, el Padre es la voluntad de reconocerse en el Hijo del Hombre. Esto es, en sí el aún nadie. El Hijo del Hombre como Hijo de Dios: esta es la convicción cristiana. Al igual que no hay alma —no hay conciencia de sí— con independencia del cuerpo con el que se identifica —y por eso difiere continuamente del mismo—, tampoco hay Padre sin el Hijo. Cristianamente, Dios no es solo el Padre. Como tampoco únicamente el Hijo. En el caso de que Dios fuese tan solo el Padre, entonces o bien Jesús sería a lo sumo su representante. O lo que sería peor, el Padre adoptando un aspecto humano. Pero no es esto lo que proclama el cristianismo.

Sin embargo, no tiene sentido hablar de Dios donde pasamos de largo de la cuestión sobre el poder de Dios. Y aquí el cristianismo se distingue de la expectativa típicamente religiosa. Desde la óptica cristiana, el poder de Dios no es efectivo sin el mazo del creyente. Pues un Dios que quiso desde el principio depender del hombre que depende de Dios no es un Dios que actúe ex machina. De ahí que la esperanza cristiana no termine de casar con las expectativas, los objetivos, la relación entre medios y fines. Hay que hacer lo que hay que hacer en nombre de —y no porque lo que debemos hacer resulte eficaz.

Otro asunto es que no podamos evitar imaginar que la voluntad de Dios se realizará apocalípticamente, esto es, tras el hundimiento de los cielos (y como intervención ex machina). Pues el progreso del mundo no conduce a la redención. Pero lo cierto es que, al margen del imaginario que hace posible su incorporación , seguimos sin tener ni idea sobre el cómo se realizará la esperanza. Al igual que también es cierto que, desde nuestro lado, lo más razonable es creer que el mundo no tiene remedio —que una nueva humanidad es, sencillamente, imposible. Y quizá sea por eso que quien cae en la cuenta la radicalidad de la proclamación cristiana entienda que esta se encuentra más cerca del nihilismo que de la ilusión religiosa.

ir, pero difícilmente volver

octubre 29, 2023 § 1 comentario

La mayoría vive pegada a su creencia —a su hipótesis— porque así lo siente. Como la mayoría vive pegada a su deseo. Hay tres modos de distanciarse de cuanto se siente verdadero o deseable, en definitiva, de la ilusión: por el paso de los días, por un sufrimiento indecente o a través de la reflexión. El primero conduce a la sabiduría del anciano —al texto sapiencial. El segundo, a otra vida aquí en la tierra, sea la del zombi o bien la del transformado. El tercero, es el propio de quien pretende situarse en la grada del dios. El problema, en este caso, será incorporar lo que se contempla sub specie aternitatis. Pues el cuerpo tiende a pasar las visiones de la razón. De ahí el memento mori de los filósofos. Como si la reflexión tuviera que apoyarse en la meditación para que, como la lluvia fina y constante, calara en la piel.

de la cháchara y la cópula

octubre 28, 2023 § Deja un comentario

Toda afirmación es cháchara, un hablar por hablar. Basta con tener en cuenta que nada se nos muestra en estado puro. Nada termina de ser lo que nos parece que es. No hay amor —no hay entrega— que no incluya su contrario. La trampa reside en la cópula. Pues afirmar —esto es así o asá— supone un juzgar antes de tiempo. Y quien juzga antes de tiempo se equivoca. No acabamos de saber de qué se trata en cada caso. Sin embargo, preferimos ilusionarnos, creyendo que la cópula garantiza que lo que vemos es tal y como nos gustaría que fuese. Incluso hubo unas dosis de inercia donde, siendo incapaz de orar, Óscar Romero siguió multiplicando el pan de cada día para dárselo a los que no tenían pan.

De ahí que Israel acaso diera en el clavo resistiéndose al presente indicativo. Hasta el punto de que, con respecto a Dios, prevalece el será —el porvenir. ¿Qué es —qué revela— el gesto de Romero? En principio, la santidad. Pero ya se verá. Esto es, Dios dirá —juzgará. No poseemos la balanza que nos permita dar con la medida. La diferencia entre el escepticismo socrático y el de Israel reside en que este último apunta a una última palabra —a un juicio final. Sin embargo, proceden de la misma constatación.

El brillo nos seduce. Y al seducirnos, nos ciega. El lenguaje —el ir más allá de la denominación por medio de la cópula— siempre fue un modo de prescindir de Dios. La confusión de lenguas se halla inscrita en el seno de cada lengua. Con todo, si no le hubiéramos dado la espalda a Dios, seguiríamos siendo unos monos, los cuales, como sabemos, son capaces de utilizar los colores como nombres, pero no de copular, de ver una cosa como otra. Y quizá por eso mismo, el lenguaje, al alejarnos de Dios, contiene la posibilidad simbólica de un regreso. Aunque, desde nuestro lado, siempre nos quedaremos a medio camino.

más allá de

octubre 26, 2023 § Deja un comentario

En tanto que mujeres y hombres, no podemos dejar de preguntarnos qué hay más allá de lo que nos parece que es. Ciertamente, todo se nos muestra o aparece. Nada es que no se haga de algún modo presente. Y por tanto no da la impresión de que podamos responder a la pregunta por lo real más allá de su revelarse a la sensibilidad o a la razón. Sin embargo, la razón es al menos capaz, en su uso dialéctico, de caer en la cuenta de que lo que trasciende el aparecer —en definitiva, lo que, en definitiva, aparece en cualquier aparecer— no pueda dársenos, precisamente, en los términos de un aparecer, sino en los de una falta fundamental. Y no es lo mismo encara la existencia dando por sentado que no hay más que cuanto podemos ver y tocar que sabiendo —y a menudo, a través de mucho sufrimiento— que si no hay más que cuanto podemos ver y tocar es porque hay un más.

Es verdad que podemos pasar del asunto y vivir como si no estuviéramos expuestos a este exceso —y a lo que se desprende de él. Pero en ese caso cuanto hacemos o dejamos de hacer sería indistinguible del movimiento de las bolas de billar. Aunque estas se desplacen alegremente por la mesa… lo cual, si lo pensamos bien, tampoco es que esté de más.

extraer consecuencias

octubre 25, 2023 § Deja un comentario

Bíblicamente, no cabe esperar la aparición de Dios. En verdad, Dios no aparece como dios. Tampoco podría hacerlo sin que desapareciese el mundo. Solo esporádicamente, Israel concibió el por-venir de Dios — su irrupción o advenimiento, en definitiva, el cumplimiento de la promesa— en los términos de la intervención un deus ex machina. En modo alguno podía haberlo concebido… si es cierto —que lo es— que Dios, en sí mismo, carece de concepto. Y quien dice concepto dice esencia o modo de ser. En lugar de Dios, el Mesías —el Hijo de Dios. El cristianismo dará un paso al frente al entender que el Mesías no fue tan solo un heraldo de Dios, sino el quién de Dios, su modo de ser. Cristianamente hablando, la esencia de Dios estuvo en el aire hasta el Gólgota.

De ahí que la esperanza no apunte al regreso de Dios, sino al del Hijo del hombre como Hijo de Dios. Sin embargo, ¿quién podrá creer sinceramente en este regreso? ¿Regresará el Cristo para poner un punto y final a los tiempos? ¿De verdad? La esperanza creyente nunca fue una expectativa. No podemos creer en el regreso del Cristo como quien cree que hay vida en Marte. Pero, precisamente por eso, el cristiano debe creer en ello. Esto es, no puede dejar de confiar en que habrá un nuevo comienzo. La cuestión es en nombre de qué —o de quién. Y obviamente no habrá respuesta donde sigamos instalados en el hogar.

hiatus: de Platón y la sofística (2)

octubre 24, 2023 § Deja un comentario

El haber de lo que vemos y tocamos es lo que siempre damos por descontado en el ver y el tocar. Esto es, el presupuesto fundamental de la experiencia es que las cosas que percibimos son, están ahí. Con respecto al hecho de estar-ahí, la rosa y el cerdo son lo mismo. Las diferentes cosas que hay tienen en común el hecho de que son. De momento, todo muy obvio.

¿Cabe preguntarse, sin embargo, por el haber en cuanto tal? ¿En qué consiste ser al margen de los diferentes modos de ser? Ciertamente, hay el haber. Sin embargo, el haber en cuanto tal, es decir, con independencia de su hacerse presente en el haber de las cosas, no es nada en concreto. Basta con imaginar que, de repente, desapareciese el mundo. ¿Acaso, de seguir existiendo, no estaríamos expuestos a la oscuridad y el silencio más absolutos —a un ahí sin forma? Si tan solo es lo que se hace presente bajo un aspecto u otro, entonces el haber en cuanto tal —y porque es en cuanto tal, es decir, al margen de su hacerse presente— estrictamente hablando no es. Sin embargo, es innegable que hay cosas. ¿Cómo entender, por tanto, que haya cosas y, a la vez, que no haya el haber en cuanto tal? ¿Es posible que haya cosas porque, precisamente, no hay el haber en cuanto tal —porque este no se hace presente a una sensibilidad? ¿Cómo entender, al fin y al cabo, este porqué? Vamos a enfrentarnos a estas preguntas a través de la idea de belleza, a la cual Platón recurre con frecuencia… lo que no es casual, como veremos.

Hay cuerpos bellos —cuerpos que vemos o reconocemos como tales. ¿Qué es lo real de un cuerpo bello en tanto que bello? Si lo real es, por defecto, lo que se hace presente bajo un determinado aspecto, entonces lo que se hace presente en un cuerpo bello en tanto que bello es, precisamente, la belleza. Ahora bien, lo cierto es que este hacerse presente es siempre relativo a un punto de vista o momento dado. Un cuerpo bello nunca es absoluta o incondicionalmente bello, esto es, bello desde cualquier óptica o sensibilidad. En ningún caso, un cuerpo bello será bello por entero. Tan solo hasta cierto punto o medida. Ahora bien, si únicamente es lo que permanece invariablemente por debajo del cambio, entonces ningún cuerpo bello termina de serlo en verdad Y lo que no termina de ser en verdad, estrictamente hablando no es. Hablando en propiedad, ningún cuerpo bello es bello, sino que se nos muestra como si lo fuera.

Así, cuando decimos de un cuerpo que es bello, en el fondo lo que decimos es que en ese cuerpo aparece la belleza —la muestra, revela o representa. Platón dirá que el cuerpo bello participa de la belleza como tal. De ahí el carácter ambivalente de las apariencias. Por un lado, el aparecer es, en cualquier caso, el aparecer de lo real: la belleza aparece o se hace presente en los cuerpos bellos. Y por eso podemos decir, aunque solo hasta cierto punto, que un cuerpo bello es, precisamente, bello. Pero por otro, la belleza nunca aparece de manera incondicional, sino siempre como copia imperfecta (la expresión es de Platón) —como el eco o reflejo de una belleza absoluta. Es como si la belleza solo pudiera manifestarse dejando atrás su carácter absoluto o sin resquicio. El mundo aparente, por tanto, es aparente en un doble sentido. Es aparente porque en él aparece o se muestra lo que es en verdad. Pero también es aparente —y aquí por aparente entendemos ilusorio— porque en el aparecer de lo que es en verdad, no aparece como tal lo que, al fin y al cabo, aparece o se revela. No es casual que la palabra revelación posea una doble acepción. Por un lado, apunta al descubrir. Como quien aparta un velo. Pero por otro, significa volver a velar. Podríamos decir que la belleza como tal desaparece o da un paso atrás en su aparecer como cuerpo bello.

En consecuencia, hay belleza. Pues de lo contrario no podríamos reconocerla en los cuerpos más o menos bellos. Pero la belleza en cuanto tal no es visible —no se hace presente a una sensibilidad. La belleza en cuanto tal o absoluta tan solo puede ser pensada… como la condición de los cuerpos bellos. En este sentido, la belleza es idea. Ahora bien, se trata de una condición que no es solo formal, como creyeron los sofistas, sino también —y sobre todo— real . Hay belleza y no solo una definición formal de belleza—y por eso mismo, vacía de contenido. Sin embargo, que haya belleza y no solo una definición formal de belleza nos obliga racionalmente a admitir un hiato entre lo absolutamente real y su hacerse presente en lo sensible. En este sentido, Platón dirá que lo real trasciende el ámbito de cuanto podemos ver y tocar. Y no puede dejar de hacerlo. Como sabemos, la manera de expresar el carácter trascendente de lo real será por medio de la imagen de los dos mundos.

Sin embargo, llegados a este punto alguien podría preguntarse por qué hay cosas y no tan solo idea. La respuesta, de haber entendido lo anterior, es inmediata: nada es real que no se haga presente de un modo u otro; sin embargo, el hacerse presente de lo real va con la pérdida de su carácter absoluto… o realmente real, por decirlo así. Así, la belleza, pongamos por caso, solo puede mostrarse o hacerse presente relativamente, esto es, en relación con un punto de vista o manera de ver. Por eso un cuerpo bello solo es aparentemente bello —y aquí hay que tener en cuenta el doble sentido de la palabra apariencia.

Es verdad Platón en el Timeo responde a la cuestión contando una historia: el mundo que habitamos fue creado por una divinidad artesana —un demiurgo— como copia del mundo real y sobre la base de una materia prima que se resiste a adoptar la forma de la idea —y de ahí que las cosas sean copias imperfectas de la idea. Sin embargo, el Platón de la madurez —el de El Sofista— ofrecerá una explicación más racional, la que hemos desarrollado aquí: lo real —es decir, el lo que de lo que aparece— solo puede hacerse presente dejando atrás su carácter absoluto o incondicional. Hay cuerpos bellos porque hay belleza. Pero el haber de la belleza en cuanto tal es lo que tuvo que desaparecer en su hacerse presente como cuerpo bello. Es como si el darse de la belleza fuera con su negación de sí. O por decirlo a la manera de Heráclito: el sí va con el no —la aparición con la desaparición del carácter absoluto de lo que aparece.

experiencia e interrogación

octubre 24, 2023 § 1 comentario

Decimos: Dios es misterio. De acuerdo. Pero muchos se dirigen a Dios como si fuera el poderoso vecino del ático del que nunca sale, viviendo nosotros en el sótano… en un rascacielos sin ascensor. En cualquier caso, hablaríamos de un vecino misterioso. Pero su misterio sería anecdótico o provisional —al fin y al cabo, un trasunto imaginario del misterio tot court. Que Dios sea el misterio que abraza el mundo, por decirlo a la Jüngel, significa que la experiencia de Dios es inseparable de la cuestión de Dios. Así, quien soporta sobre sus espaldas el peso de Dios no puede evitar preguntarse dónde está Dios. Y preguntárselo ante Dios. Ahora bien, y teniendo en cuenta que Dios no es el vecino enigmático, este ante Dios equivale a un permanecer a la espera de Dios. Como Abraham.

Por consiguiente, si Dios es misterio y no solo un enigma que podamos resolver, aunque fuese post mortem, entonces la revelación de Dios no puede darse como la aparición del vecino del ático. Como si este se presentase de repente en el sótano que habitamos para invitarnos a su fiesta. Dios permanece más allá de cualquier dios. De hecho, esto es lo que proclama el cristianismo: que Dios se revela, contra pronóstico, en el rostro agonizante de un apestado de Dios que muere invocando a Dios. Así, Dios no tiene otra esencia o modo de ser que el del abandonado de Dios que se abandonó a Dios. Pero solo porque Dios —estrictamente, el Padre— no quiso ser alguien sin la entrega del hombre de Dios.

esto de la verdad

octubre 23, 2023 § 2 comentarios

No es posible decidir sobre la verdad desde nuestro lado. Desde nuestro lado no cabe ir más allá de lo que nos parece que es. Y aquí es cierto aquello de tans caps, tans barrets. Donde no hay amor a la verdad, prevalece el griterío, la cacofonía, el ruido y la furia. En definitiva, la demagogia. Twitter.

El único modo de acercarse a lo que en verdad tiene lugar más allá de lo que nos parece que sucede es a través de la razón. Pues únicamente la razón nos permite situarnos del lado de lo real o, como suele decirse, trascender las apariencias. Y las trasciende en tanto que en el ejercicio de la razón no hay algo así como un punto de vista. Literalmente. La razón no ve nada, sino que deduce lo que en verdad tiene lugar a partir de la idea misma de lo real, la cual no podemos obviar o pasar por alto. Pues solo sobre su base cabe la experiencia. La razón únicamente atiende a lo necesario. Aunque lo necesario sea que lo necesario tiene que desaparecer para que haya mundo. O aunque el resultado del implacable ejercicio de la razón sea, precisamente, el reconocimiento de una irracionalidad de fondo.

Sea como sea, la única forma de situarse del lado de lo real es partir de la idea misma de lo real para ver lo que se desprende necesariamente de ella. En modo alguno fue una boutade que Sócrates, ese campeón de la racionalidad, terminase admitiendo, frente a la prepotencia de quien cree saber, que lo único que sabía era que no sabía nada. Y es que lo que no vamos a comprender fácilmente, estando situados del lado de lo real, es el paso de la idea de lo real a la existencia de lo particular. No en vano, en el Timeo, Platón se verá obligado a poner un demiurgo de por medio para garantizar el paso… lo cual, sin embargo, supone claudicar frente a la historia, esto es, frente al mito. A menos que la idea de lo real-absoluto incluya en su seno la negación de lo absoluto. Esto es, que lo primero sea el negarse a sí mismo, por así decirlo, de lo absoluto. Y esto fue lo que acaso comprendió el último Platón en su intento de fundamentar la ignorancia socrática.

cuencos

octubre 22, 2023 § Deja un comentario

El hombre moderno es impermeable —por emplear el afortunado término de Charles Taylor— a la trascendencia. Puede que haya algo así como una dimensión oculta poblada de seres superiores. Pero no la reconoceremos como normativamente superior. Poco queda del antiguo sentimiento de dependencia que caracterizaba al creyente. Hoy, cualquier dependencia sería circunstancial. Ciertamente, nuestro orgullo —nuestra vana ingenuidad— puede hacernos ignorar de quién dependemos en realidad. Pero, sea como sea, lo que espontáneamente vivimos a flor de piel es que la superioridad del dios está para ser vencida. No es casual que el Renacimiento bebiera de fuentes griegas.

De ahí que la pregunta sea —una pregunta de raíz bíblica— ¿quién será aún capaz de Dios? Aunque la pregunta última que se planteó Israel fue si Dios sería capaz del hombre. Esto es, si podría apiadarse de sus hormigas hasta el punto de sacrificarse por ellas. Pues de permanecer en las alturas, la humanidad estaría condenada al ruido y la furia. La necesidad de una redención no se entiende si no partimos de ahí. Ahora bien, esta posibilidad, para quien sepa que significa ser un dios, roza lo delirante. No hay teología natural que, de algún modo, no pacte con el paganismo.

hiatus: de Platón y la sofística (1)

octubre 21, 2023 § Deja un comentario

Hay un hiato entre el sentido y su realización. No hay justicia, belleza, amor o bien… que se realicen a la perfección. Siempre, hasta cierto punto o medida. Esto es, no sin ciertas dosis de su contrario. De ahí que siempre quepa discutir el carácter justo de una decisión justa. Esto es sencillamente así. Y no tiene que ver con nuestra falta de pericia o habilidad. Tiene que ver con la estructura misma del hacerse presente de lo real.

Un sofista —y nosotros mismos, espontáneamente— diría que, porque no podemos superar la perspectiva, no hay justicia, belleza, amor o bien…, sino diferentes opiniones sobre lo justo, la belleza, el amor, el bien… Ciertamente, los diferentes pareceres con respecto a lo justo, lo bello, el amor, el bien… se apoyan sobre sus definiciones formales. Estas definiciones son lógicamente incontestables. Pues negar, por ejemplo, que la justicia consista en darle a cada uno lo que se merece sería, de hecho, irracional. Pero precisamente porque estas definiciones son incontestables desde la óptica de la razón, no significan nada en concreto. Es como cuando decimos que está lloviendo… o no. Nadie podrá negarlo, sin caer en contradicción. Pero al igual que nadie podrá hacerse una idea de qué tiempo está haciendo. Así, de la definición de lo justo no se desprende qué se merece cada uno. La concreción de lo justo dependerá, en cualquier caso, de la sensibilidad —de lo que por lo común nos parezca justo. Ahora bien, con respecto a lo que nos parece… siempre cabe cambiar de punto de vista. En lo relativo a los asuntos de la polis no podemos ir, por consiguiente, más allá de lo que nos parece que es.

Con todo, que discutamos sobre lo justo o bueno —que, en estos casos, la discusión tenga sentido— presupone lógicamente que tiene que haber una solución, es decir, que cabe demostrar que un punto de vista es el correcto. En definitiva, que es posible determinar que el aborto, pongamos por caso, es un crimen —o lo contrario. El sofista sabe que esto no es posible. Pero también sabe que aquellos a los que seduce su retórica no lo saben (o cuando menos, discuten como si lo ignorasen). Y es que si puede seducir a quienes lo escuchan es porque estos dan por descontado que tiene que haber un opinión verdadera. El sofista, en el fondo, no deja de ser un prestidigitador.

Platón hilará más fino. La tesis de fondo será que si hay justicia —o belleza, o bien…— es, precisamente, porque no la hay. Ahora bien, esto nos obliga a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos del haber. Y quien dice haber, dice ser. El punto de partida es que hay cosas. Sin embargo el que haya cosas —el haber al margen de su hacerse presente como el haber de las cosas— no se hace presente como tal. Pues de hacerlo —de percibir un puro haber— nada se nos haría presente. Esto es, lo que se nos haría presente es la nada, la oscuridad y el silencio más absolutos ahí.

paralelismos

octubre 20, 2023 § 3 comentarios

Si es cierto que, como viera Sócrates, lo único que podemos saber es que no tenemos mucha idea de lo que significan nuestras grandes palabras —que hay un hiato insalvable entre el sentido y su realizacíón; si es verdad que Getsemaní nos espera para desmentir nuestras ilusiones, entonces o bien el nihilista tiene razón o bien todo comienza a partir de entonces. Y me atrevería a decir que no salimos de elcorteinglés mientras no caigamos en la cuenta de lo que en defintiva es algo así como la ley de la gravedad de la existencia.

Gaza

octubre 19, 2023 § Deja un comentario

Un hombre quiere matar a otro hombre. Va a hacerlo. Esto es enorme. ¿Cómo es posible? ¿Quizá porque el otro ha sido reducido a cucaracha —a la mala hierba que hay que arrancar de raíz? Es cosa, ya no, un interlocutor. Se ha cancelado el habla. ¿Hay alguna manera de evitarlo? Un enemigo común. Pero ¿qué enemigo puede valer para la humanidad? ¿Acaso un ángel exterminador? Si el dios hubiese querido que nos amásemos los unos a los otros ¿no hubiera sido más fácil presentarse como un Moloch que no admite negociación —como el extraterrestre más o menos espectral que busca la aniquilación del género humano —aunque de hecho nunca terminase de apretar el gatillo? ¿No será el dios-amor una trampa mortal para los hombres?

the philosopher

octubre 18, 2023 § Deja un comentario

El que anda entre escandalizado y asombrado por el campo de batalla viendo los cadáveres alrededor. No ignora que el siguiente será él. La primera escena de Terminator 2: unos niños columpiándose y luego un montón de cenizas. Todo es cuestión de perspectiva, sí. Pero la perspectiva es un desde donde. Y verlo todo desde elcorteinglés no es una buena perspectiva. De hecho, es la del bonobo. Y aquí me atrevería a decir que, más allá del bonobo, caben dos: o ver cuanto es sub specie aeternitatis a la manera de Spinoza; o como propuso Adorno, desde la óptica de la redención. La primera es la de sabio. La segunda, la del santo. Aunque, cuando topamos con uno, no podamos evitar la sensación de estar ante un delirante.

antidoceta

octubre 17, 2023 § Deja un comentario

La dogmática cristológica, a pesar de su galimatías conceptual, no deja de ser un modo de hacer frente a la deriva doceta, la herejía que afirma que Dios adoptó el aspecto del hombre y que, por tanto, su humanidad fue una apariencia. Y es que lo que sostiene propiamente la dogmática cristológica no es la encarnación de Dios, sino la del Hijo. Así, lo divino no es “el dios”, sino la relación entre Padre e HIjo, lo cual, y teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, impide que podamos comprender religiosamente la realidad de Dios, como si Dios fuera un ente inconmensurablemente superior. De ser así, no tiene sentido, mientras sepamos qué significa ser un dios, hablar de un Dios-hecho-hombre. Pues de hacerse hombre dejaría de ser dios —al igual que el hombre dejaría de ser hombre si se hiciera lombriz. Por consiguiente, desde la óptica doceta, la encarnación solo puede entenderse como simulacro: como si Dios tan solo se pusiera la máscara del hombre. Dios, sencillamente, no puede dejar de ser Dios.

Ahora bien, que Jesús de Nazaret fuese Dios verdadero y hombre verdadero solo puede entenderse admitiendo que el Padre aún no es nadie sin el Hijo (y viceversa). Y ello porque quiso no ser nadie al margen del fiat de Adán —porque el Padre es esta voluntad. La dogmática exige, por tanto, dejar a un lado la noción de naturaleza … cosa que no hace, sin embargo, la dogmática en su intento de hacerse inteligible en el mundo griego (y de ahí el galimatías). Al fin y al cabo, la revelación que tiene lugar al pie de la cruz (y tras el tercer día) es que Dios tiene cuerpo… lo cual, si se piensa bien, dificulta, cuando menos, que podamos seguir siendo teístas. Si Dios es un Dios hecho carne, entonces no cabe dirigirse a Dios al margen de su cuerpo. Dios en sí mismo —el Padre— es un fantasma, por así decirlo (y un fantasma que clama por volver a tener un cuerpo). Pero quien invoca al espectro de su padre no escuchara otra voz que la que quiera escuchar. Nadie es al margen del cuerpo con el que se identifica… aunque la identificación solo sea posible donde continuamente diferimos del cuerpo con el que, de hecho, nos identificamos.

un hombre arrodillado

octubre 16, 2023 § Deja un comentario

O arrodillado —o en la posición del loto: se trata de las dos posiciones de la profundidad humana. En ambos casos, topamos con la nada —y aquí o se cierran los ojos, o estos acaban saliendo de sus órbitas. Pero entonces ¿ante qué o quién, caemos de rodillas? Esta es la primera certeza creyente: el nadie ocupa el lugar del Dios. Ninguna suposición —ningún saber— sobrevive a la aparición del rostro, el único exceso verdadero. Y quizá por eso mismo la santidad consista en responder a su demanda sin Dios mediante, dándole el pan del que carece. Mientras, y frente a cualquier ilusión, aguardamos lo que cualquier mundo tendrá que rechazar. Pues ante la revelación de la nada como el horizonte de cuanto es, algo —y algo absolutamente nuevo— debe suceder. Con todo, también es cierto que nada asegura que suceda.

back to basics

octubre 15, 2023 § Deja un comentario

¿Cuáles son las implicaciones teológicas de que la cuestión de Dios ya no pueda legítimamente plantearse en relación con el problema de la verdad? ¿Cómo comprender la pretensión de la revelación cristiana… si es que cabe comprenderla de otro modo que el tradicional? Es indudable que gracias a la tolerancia democrática nos hemos liberado del poder eclesial, en el peor sentido de la expresión. Pero no hay plata sin ganga. Y aquí la ganga tiene que ver, me atrevería a decir, con el empobrecimiento del sujeto, un empobrecimiento que no tiene tanto que ver con la liberación del poder eclesial, sino con el hecho de haber tirado, con el agua sucia, al niño del imaginario religioso. Pues difícilmente el sujeto podrá dar cuenta de sí mismo más allá de sus necesidades o proyectos donde carece de un lenguaje que le permita reconocerse como el que se halla expuesto a una desmesura esencial. La subjetividad, por decirlo de algún modo, se ha adelgazado… al no poder comprender que significa la ex-sistencia. Pues existir supone un haber sido arrancados del origen —y por eso mismo un estar frente a un exceso irreparable desde nuestro lado, el que apunta, en última instancia, a una ausencia fundamental. Quizá tuviera razón Alexandre Kojève cuando dijo que probablemente el übermensch terminase siendo, literalmente, un idiota, alguien incapaz de interesarse por algo que no fuese su satisfacción. Quizá quienes nos sucedan serán capaces tanto de bailar sobre un campo de amapolas como sobre una pila de cadáveres —tal y como quizá le hubiese gustado a Nietzsche. Pero lo harán como chimpancés.

pegados a la creencia

octubre 13, 2023 § Deja un comentario

Crees en que hay una conspiración para acabar con la mitad de la población por medio de pandemias periódicas. O que las aspirina lo cura todo. O que tenemos que evitar el espíritu de los bosques. Y no sales de ahí. Porque así lo sientes. Se trata de un resto del viejo sentimiento religioso —o no tan viejo—, aquel por el que creemos estar en manos de poderes que nos sobrepasan o formando parte de un dibujo cuyos últimos contornos se nos escapan.

Sin embargo, Platón diría que, en estos casos, aún vivimos entre sombras, confundiendo lo que nos parece que es con lo que es. Pues mientras permanezcamos pegados a la creencia que se nos impone como se imponen nuestros deseos —aun cuando estemos convencidos de que son nuestros— estamos lejos de la verdad. Y no porque quepa alcanzar la verdad como quien alcanza un objetivo, sino, precisamente, porque quien vive frente a la verdad —a lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede— tarde o temprano caerá en la cuenta de que únicamente podemos buscarla. Esto es, perseguirla o amarla. El problema de permanecer pegados a la creencia es que fácilmente damos por sentado que el puzle se ha completado. Y con ello, cesa la inquietud que, en definitiva, somos.

No obstante, si la verdad no es objeto de una descripción —ni puede serlo— ¿acaso el sentimiento de estar expuestos al misterio y, por extensión, en manos de no podría comprenderse como el correlato corporal de una realidad que nos trasciende por entero? De algún modo esto es cierto. Ahora bien, la realidad que nos trasciende por completo es la de nada —en bíblico, la de un Dios que, desde el principio, no quiso ser Dios sin el cuerpo del hombre. Toda presencia es el resultado de una doble negación —del hecho de que la nada no es. Y por eso mismo, al recrear el carácter retrasado de lo real a través de las figuras del imaginario religioso, al tiempo que lo expresamos, lo traicionamos. Así, quien permanece pegado a la creencia deja a un lado lo que, según mi parecer, constituye el núcleo duro de la experiencia bíblica de Dios, a saber: que con respecto a Dios tan solo cabe la esperanza. Y esto está bastante lejos de haber cuadrado un puzle.

la nada de un puro haber

octubre 12, 2023 § Deja un comentario

Ante la absoluta oscuridad y silencio —ante la imposición de lo que no aparece, ni puede aparecer—, el sujeto ya no es más sujeto de conocimiento. Ninguna grada en la que situarse. Ningún objeto frente a sí —ninguna objetividad que valga. Tan solo es el expuesto. Deviene lo que fue desde un principio. La oscuridad y el silencio más impenetrables son lo arcaico —y como lo arcaico, lo que tuvimos que olvidar, lo siempre retrasado o dejado atrás. Abrazado por lo absoluto —literalmente, por lo absuelto— hasta casi la asfixia, el hombre deja de ser el separado. Sin embargo, tampoco le embarga la sensación de formar parte. Sencillamente, todo él es temor y temblor. Y, de no sucumbir, también un aguardar la aparición. Al menos, porque desde la nada alguien debe aparecer. Aunque sea un algo. Pues cualquier algo será de alguien al aparecer como milagro, como excepción, en definitiva, como dado. Sin embargo, puede que nada surja de la nada —puede que la promesa, el debe suceder, no se cumpla. Pero, en ese caso, habríamos llegado al infierno.

PS: de lo anterior se desprende que la cuestión de la verdad —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— no llega a plantearse seriamente donde se formula desde la primacía del sujeto del conocimiento, esto es, donde la epistemología deviene ciencia primera.

hacia adelante, hacia atrás

octubre 11, 2023 § Deja un comentario

La verdad supera la ficción. Pero al superarla, la conserva como el único modo de incorporar la verdad. Esto es, de hacerla cuerpo. Quizá Hegel dijera algo parecido.

por fases

octubre 10, 2023 § Deja un comentario

Primero: estás pillado por la idea de que Dios me hizo, de que Dios me quiere, de que Dios me pide que le siga… Y no sales de ahí. El puzle cuadra. Aunque, hoy en día, pocos estén de acuerdo, puedes dormir tranquilo.

Segundo: viene la noche oscura, Getsemaní, Job… Dejas de intimar. La sequedad del corazón. Mientras tanto, con el mazo dando —repartiendo el pan.

Tercero: te abandonas, sin embargo, a ese Dios de la infancia, sin ninguna hipótesis de trabajo. Al Dios que te abandonó. Ciegamente. Pues no entiendes nada. Y seguirás sin entender.

Cuarto: ¿la revelación? Para otros —no, para el inmolado. Esto es, solo para quienes vieron de qué manera moría el hombre de Dios. Como un perro fiel. No hay Dios al margen de ese cuerpo.

verdad y devoción

octubre 9, 2023 § Deja un comentario

Se dice: Dios es misterio. De acuerdo. Ahora bien, esto no deberíamos entenderlo como si Dios fuese un ente enigmático o por descubrir. Ni tampoco como si hablásemos de un ser cuya esencia nos fuese inaccesible —como la nuestra lo es para los topos que escarban la tierra. Si Dios es misterio, entonces ni siquiera podemos decir que exista como existen las rocas o las plantas solo que en otra dimensión En este sentido, la pregunta por Dios permanece —y tiene que permanecer— irresuelta. De hecho, el cristianismo afirma que, con respecto a la existencia de Dios, tan solo cabe señalar a un crucificado en su nombre. Dios existe como cuerpo de Dios. El Padre no es aún nadie sin la fe del Hijo. Y esto no termina de hacer buenas migas con el amigo invisible. Y no porque no quepa dirigirse a Dios, sino porque este dirigirse topa con el muro de las lamentaciones. Es su eco el que escuchamos como respuesta.

Con todo, de quedarnos aquí uno podría perfectamente preguntarse dónde queda el asunto del poder salvífico de Dios. Pues al margen de dicho poder, la cuestión de Dios deviene irrelevante.

BW

octubre 8, 2023 § Deja un comentario

La verdad es que todos nos vemos obligados a hacer más de lo que hacemos correctamente, si queremos hacer algo en absoluto.

Bernard Williams

antenas para Kane

octubre 7, 2023 § 2 comentarios

Hay una escena en El tercer hombre en la que los dos protagonistas contemplan un parque de atracciones desde lo alto de una noria. ¿Y que ven —o habrían visto si…—? Hormigas. Esto es, desde la distancia del dios, no somos más que insectos (y desesperados). No merecemos la vida que nos ha tocado en suerte. El exterminio es impune sub specie aeternitatis. Pero ¿es así? Aquí topamos con la seriedad de la pregunta por la verdad. ¿Desde que lado se decide lo que es? Ya conocemos la respuesta del escéptico: desde ningún lado. Y sin embargo, hay revelación. Incluso para el dios. Pues lo revelado es, precisamente, que no habría nada si la nada no hubiese dado un paso atrás… y permaneciese en ese pasado inmemorial como la eterna amenaza del mundo. Esto es así desde cualquier punto de vista. Al menos, porque no se trata de algo que podamos ver. Tan solo pensar.

los ricos también lloran (o no…)

octubre 5, 2023 § Deja un comentario

Este es el consuelo de los pobres;: que los ricos también lloran. O al menos, como diría Nietzsche, es lo que necesitan decirse. Sin embargo, ¿es posible que sus lágrimas, dejando a un lado la desgracia, sean de cocodrilo? Puede que no sea casual que en la Antigüedad la nobleza estuviera, a ojos del vulgo, emparentada con los dioses. Y no porque se dijera, sino porque era evidente. Pues ¿acaso no es encantador que sus temas de conversación —sus preocupaciones— giren en torno a si la nueva serie de bolsos de Hermés será lo más o si los Rupérez habrán comprado a tocateja su helicóptero como nosotros? Ahora bien, lo que no se tiene tan presente —como tampoco, diría, lo tuvo Nietzsche— es que los antiguos también creyeron que los dioses envidiaban el valor de los mortales. O al menos, el de sus héroes. Y es que no hay comparación entre quien ha sido curtido por mil batallas que aquel cuyo máximo riesgo ha sido subirse al Dragon Khan.

De hecho, es posible que Nietzsche, al ensalzar el carácter noble, no tuviera tan en mente al noble común como al hombre cruel. Por no hablar del psicópata. Sin embargo, si fuera así, entonces la división entre el noble y el esclavo difícilmente podría emplearse para mostrar el polvo que hay bajo la alfombra cristiana. Pues crueles hay en todas partes. Incluso en las iglesias.

follar

octubre 4, 2023 § 2 comentarios

Algo significa algo si puede comprenderse como representación de algo más alto. El origen del significado fue siempre divino. Por ejemplo, una relación de pareja adquiere sentido solo si puede entenderse a sí misma como ejemplificación de un relato ejemplar, por lo común, el que se narra en las películas o novelas románticas. Es a través de estos relatos que sabemos en qué consiste el amor verdadero —qué esperamos de una relación. Perdimos los cielos. Pero aún nos queda Netflix. De ahí que el follar por follar, como suele decirse, siempre resulte decepcionante. Y quien crea lo contrario es que aún sigue siendo un ingenuo. O si lo proclamase a los cuatro vientos, un farsante. Pues, si no hay más, todo está de más.

nada, vacío, Dios, dios

octubre 3, 2023 § Deja un comentario

Con el vacío, nos hacemos una idea de la nada. Con dios, de Dios. En ambos casos, estamos lejos de comprender. Aunque quizá lo que haya que comprender que, con respecto a estos asuntos y desde nuestro lado, tan solo podamos hacernos una idea. De ahí la importancia de aferrarse a los testimonios —a quienes soportaron sobre sus espaldas el peso de la nada o de Dios: ¿qué has visto tú —y nosotros no? Pues únicamente desde sus historias lograremos salir de la autocomplacencia —al fin y al cabo, de la traición.

y se hizo hombre…

octubre 2, 2023 § Deja un comentario

Para hacerse una idea de lo que supuso —y supone— el dogma de la Encarnación basta con imaginarse a Jesús de Nazaret defecando u oliendo mal. También enamorándose —y desenamorándose. Al señalar a Dios, un cristiano señala —o debería señalar— a este hombre, aunque no solo porque oliese mal, obviamente. Más aún: lo señala mientras agoniza colgando de un madero. Y si esto no hace pedazos nuestra infantil idea de Dios, que baje Dios y lo vea.

Dios en los cielos…

octubre 1, 2023 § Deja un comentario

Si Dios, en los cielos, seguiría siendo un misterio —según el dictum de Rahner—, entonces la esperanza, cristianamente hablando, no puede apuntar a una intervención de Dios, sino a la de aquel que ocupa su lugar. O en cristiano, a la de su quién. Estrictamente, el misterio pertenecería al Padre. Pues si incluso en los cielos el Padre seguiría estando por ver es porque del Padre no hay nada que ver. Quizá no sea secundario que para un cristiano no haya otra presencia de Dios que la de su cuerpo.

ya sí, aún no

septiembre 30, 2023 § Deja un comentario

Es posible que tan solo podamos esperar lo que de algún modo ya está sucediendo: el milagro, la aparición. Como también es posible, como dice una sentencia judía, que el mesías ya hubiese venido y nosotros no nos hubiéramos enterado. O también: que haya verdad, pero no para nosotros. Para nosotros su imagen —esto es, la falsificación que la expresa. Todo esto posee, indudablemente, un aire de familia —el aire que recogen los grandes textos de la cultura. Será una lástima que de aquí a unos años —si no, ya— queden muy pocos que puedan si quiera leerlos. A esto lo podríamos denominar empobrecimiento. Lo que equivale a decir que volveremos a ser los chimpancés que fuimos. Aunque con iphones. Será cierto que en el origen está el final.

paráfrasis de Heráclito

septiembre 29, 2023 § Deja un comentario

Por decirlo en breve, un mundo en el que no hubiese mal —ni tampoco pudiera haberlo— no sería bueno De hecho, de habitar ese mundo, aunque fuese como espectros puros, no podríamos evitar la sensación de irrealidad. Si el todo fuese el todo, no habría el todo. Para que haya lo que hay, el puro haber —estricta oscuridad y silencio— tiene que desaparecer en el haber de las cosas. Sin embargo, lo que no aparece —lo que no se hace presente de algún modo— propiamente no es. El puro haber no es nada —y aquí conviene tener en cuenta que una doble negación equivale a una afirmación. Y por eso mismo —porque la nada no es— hay mundo. El mundo es, al fin y al cabo, el resultado de la negación de la nada —de la voluntad de no ser nada. Al principio, hubo el hágase —y un hágase por el cual lo absoluto se dirige, en la negación de sí, hacia lo otro de sí. El único absoluto es el absoluto que es no siendo nada.

En cierto sentido, podríamos entender el pensamiento dialéctico de Heráclito como una prolongación del de Parménides. Como si Heráclito se limitase a estirar el chicle. Ahora bien, al estirarlo hasta rozar la contradicción, el chicle termina por romperse. Ciertamente, decir lo real equivale a decir lo Uno —o eterno, ilimitado, etc. Pero lo real aparece en lo diverso —y por eso mismo lo real no aparece como tal. No vemos el todo-uno… como tampoco lo eterno o ilimitado. De ahí que lo real en sí solo pueda ser pensado. Hasta aquí Parménides.

Sin embargo, porque no hay realidad que no se haga presente, de un modo u otro, lo real en sí propiamente no es. O mejor dicho: es no siendo nada. La condición del mundo es la desaparición o paso atrás de lo real en sí o absoluto. Lo real se hace presente dejando como tal —esto es, en tanto que Uno, eterno, etc— de estar presente. Y aquí comienza Heráclito. Lo real se muestra en aquello que, de algún modo, lo niega. El modo del haber traiciona el haber… al hacerlo presente. Todo es, por consiguiente, tiempo, el paso del ser al no ser —y viceversa. No es casual que Heráclito eligiese la imagen del fuego para referirse al arjé. Pues el fuego avanza consumiendo —negando— aquello que lo hace posible.

abc

septiembre 28, 2023 § 1 comentario

La pregunta por la verdad de nuestras creencias acerca de Dios es uno de los puntos de partida de la salida de sí. El otro es el sufrimiento. Nadie llega a Dios sin haber topado con un Dios en estado de suspensión. Y topar seriamente. Pues Dios en verdad no tiene el aspecto que nos hubiese gustado que tuviera. De hecho, el aspecto de Dios es un hombre de Dios que, habiendo sido abandonado por Dios, se abandona a Dios. Este aspecto es tan inaceptable, religiosamente hablando, que el cristianismo tardo cuatro siglos en admitirlo. Un Dios-en sí está eternamente en el aire.

principio y fundamento —o verdad e imagen

septiembre 27, 2023 § Deja un comentario

En verdad, la mujer que tienes ante ti es un milagro. Pero la tratas como si no lo fuera (y no puedes dejar de hacerlo). En verdad, dependemos de Dios —de su no ser nada o nadie aún. Pues ante Dios en verdad, se decide el sí o el no de nuestra entera existencia. Pero hoy en día creemos que este sentimiento de dependencia, en tanto que apunta a una figura espectral, es un residuo de la infancia. La rosa es sin porqué. Pero no tenemos ningún reparo en cortarla para el sant Jordi. Es verdad que la mujer —o en general, el prójimo— es un milagro; que la rosa es sin razón. Pero solo porque todo cuanto es acontece desde el horizonte de la nada —en último término, de la nada de Dios. Ahora bien, la urgencia de la adaptación nos obliga a alejarnos de la verdad: todo tiene que darse como un posible objeto de dominio. No hay supervivencia sin trato —sin profanación. De ahí que la pregunta sea si es o no posible vivir en contacto con lo que en verdad tiene lugar. O mejor dicho, hasta qué punto es posible. No podemos permanecer ante el milagro sin perecer. Pero tampoco vivimos —a lo sumo sobrevivimos— donde de algún modo no encaramos la verdad, lo que en verdad tiene lugar en cuanto pasa. Y me atrevería a decir que la única manera de encarar la verdad en el día a día —en medio de la dispersión a la que nos fuerza la adaptación— es por medio de aquellas imágenes que al mismo tiempo que la expresan, la deforman.

Ciertamente, resultará difícil vivir a flor de piel nuestra dependencia de un Dios que es no siendo nada —o nadie aún—… a menos que nos encontremos en aquellas situaciones en la que esto se nos revela sin que quepa apelación. Y es que el Dios que en sí mismo es el que no es nada —o nadie aún— en modo alguno puede aparecer como un dios al uso. Mientras no nos encontremos en la situación donde cabe la revelación, nuestra congénita dependencia de Dios solo puede incorporarse a través del imaginario en el que Dios es concebido a la manera de un padre espectral. Si podemos creer en esta representación —si podemos tomárnosla en serio—, entonces estamos cerca de la verdad. Aunque, con respecto a Dios, la distancia entre estar cerca de su verdad y ser abrazados por ella sea insalvable desde nuestro lado. De ahí que el riesgo del imaginario sea el de confundir el dedo con aquello a lo que apunta.

Sin embargo, el problema, hoy en día, es que ya no podemos tomarnos dicho imaginario en serio. Donde irrumpió la sospecha —y en la Modernidad la sospecha prevalece sobre el asombro— no vuelve a crecer la hierba. Y ante el derrumbe del imaginario religioso —ante el tópico que lo entiende como superstición—, diría que no hay otro modo de incorporar la verdad que interiorizando la historia que dio pie a la revelación. Otro asunto es que quienes pertenecen a las canchas cristianas anden entre el imaginario y la historia. Pero al igual que no hay plata sin ganga, nada dura sin mezcla. Esto, sencillamente, es así.

PS: con respecto a la mujer o la rosa, la estrategia será, hasta cierto punto, distinta. En el caso de la mujer: que haya zonas intocables, esto es, sagradas; que no todo en su cuerpo esté a tu disposición. En el de la rosa: que para st Jordi haya rosas que no puedan cortarse, aun cuando ello suponga una pérdida económica. Al fin y al cabo, que haya espacios —o tiempos— que el profanador que somos no pueda pisar. Se trata de preservar la distancia de la alteridad. Hablamos, en definitiva, de la relación entre lo sagrado y la Ley. Aun así, va a resultar muy difícil que lo consigamos donde el antiguo sentido de lo sagrado se ha disuelto como azúcar en el café —en definitiva, donde ya no hay dios que imponga el tabú. Pues el hombre no puede decidir por sí mismo que permanecerá fuera del trato. O no puede decidirlo sin que la decisión se tambalee como un castillo de naipes.

neo-estoicismo

septiembre 26, 2023 § Deja un comentario

Se acusó al cristianismo —y con buenas razones— de promover la resignación. Así, en nombre de Dios había que soportar la desgracia —sea natural o política— porque, de este modo, se ganaban los cielos. Ya se te compensará. La denuncia profética, la cual no podía dejar de clamar a Dios aquello del venga a nosotros tu reino, fue progresivamente apartada por un cultivo, cada vez más acentuado, de la piedad —hoy diríamos de la interiorización. Pues bien, aunque haya mucho de verdad en el estoicismo, ¿no podríamos decir algo parecido de aquellos gurús que a través de libros de autoayuda, aunque cada vez más camuflados, o videoblogs, promueven, precisamente, que la única libertad es la de la indiferencia estoica? No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. De acuerdo. Pero donde nos quedamos solo con la receta sin asumir sus implicaciones hasta el final ¿acaso no seguimos fumando opio? Vuelven los mismos perros aunque con distintos collares. Normal.

la reflexión y la hierba

septiembre 25, 2023 § Deja un comentario

Sócrates fue condenado por impiedad, esto es, por no dar el debido culto a los dioses. También por corromper a la juventud. Ambas acusaciones tienen sentido. Al menos, porque, como dijera Hegel, donde irrumpe la reflexión no vuelve a crecer la hierba. Aunque también podría haber dicho que la hierba que crece es otra. En cualquier caso, no parece que los resultados de la reflexión contribuyan a una mayor cohesión social o política. De hecho, esta cohesión depende de que hayan temas que no se tocan —temas tabú. Y para el filósofo —para quien es su inquietud por lo verdadero, por lo que en verdad tiene lugar en todo cuanto pasa— no hay tema tabú. Como tampoco hay creencia que no sea interrogada. El filósofo, en el fondo, se atreve a cuestionar lo que se da por descontado. Y no como pasatiempo, sino porque lo que está en juego es, precisamente, la libertad —al fin y al cabo, un estar por encima de lo que sucede y no importa. Dicho de otro modo, lo que está en juego es precisamente la individualidad, el no quedar disuelto por lo impersonal: por lo que se dice, se hace, se espera… Y es que nadie llega a ser dueño de sí mismo sin tomar una cierta distancia con respecto a lo que cree, siente, desea… “espontáneamente”. Ahora bien, debido a esa distancia interior, el resultado de la reflexión no va a ser un saber más cosas , sino un saber paradójico. Y es que lo que sabe quien sabe de lo que habla es que nunca terminamos de saber de lo que hablamos cuando empleamos, sobre todo, grandes palabras. Platón se limitará a justificar esta ignorancia. Pues no tiene que ver con una falta de habilidad —Sócrates no es que fuera un incapaz— , sino con el carácter absoluto de la realidad propiamente dicha. Y aquí hay que tener en cuenta que absoluto significa, literalmente, ab-suelto, esto es, lo sin juicio, lo que queda sin decir. Pero este es otro asunto.

la alegría de los gaseados

septiembre 24, 2023 § Deja un comentario

Veríamos el mal como mal si las víctimas no clamasen al cielo —si no fuesen desgarradas por la desgracia. Basta con imaginar a los torturados, a los gaseados, a los que van a ser fusilados a causa de su raza… asumir con indiferencia —o incluso alegría— su tortura, las cámaras de gas, la fosa común. Como si la calamidad no fuera con ellos. Como si estuvieran por encima de las reacciones del cuerpo. Imaginemos, pues, que no hubiese turbación, ni espanto al oler el humo de los hornos crematorios. Ni siquiera cuando las chimeneas esparciesen las cenizas de sus hijos. Como si nada fuese de por sí terrible. ¿Acaso no tendríamos que decir con Nietzsche que no hay hechos morales, sino en cualquier caso, una lectura moral de los hechos?

Ahora bien, si no hubiese nada que fuese intrínsecamente terrible, entonces el bien y el mal difícilmente podrían distinguirse de nuestras preferencias. Y ya sabemos que las preferencias son oscilantes. Decir que Auschwitz fue terrible sería algo parecido a decir que nos repugnan las pústulas de la lepra. Así, o hay lo absoluto, o el nihilista, sencillamente, tiene razón y, en el fondo, todo da igual… aun cuando no nos lo parezca.

Sin embargo, podríamos estirar el hilo —aunque no por simple pasatiempo. Pues lo absoluto —literalmente, lo absuelto o separado— es, al fin y al cabo, la realidad de una alteridad que es no siendo nada. Y porque es así —en definitiva, porque lo absolutamente Otro se da en su negación de sí hacia lo otro de sí, a saber, el cuerpo del prójimo— hay lo terrible. Pues lo terrible es impedir que la nada —o mejor dicho, el aún nadie— lleve a cabo su voluntad, aquella por la cual es no siendo nada. Nunca lo primero fue algo, sino la negación de sí de la nada. La afirmación más originaria —la afirmación anterior a los tiempos y por la que hay, precisamente, tiempos— fue la expresión de una doble negación, por así decirlo. Es posible que el nihilista aún no haya profundizado lo suficiente en el carácter dialéctico de la nada que abraza cuanto es. O por decirlo de otro modo, que se haya limitado a pensar la nada desde su lado y no desde el de la nada.

Kierkegaard y el nihilismo

septiembre 23, 2023 § Deja un comentario

Según Kierkegaard, hagas lo que hagas te equivocas. De acuerdo. Pero ¿por qué? ¿Acaso no es posible acertarla? Claro. Kierkegaard, tampoco rechazaría esta posibilidad. Sin embargo, los tiros del asunto quizá vayan por otro lado. Pues lo que aquí se pone encima de la mesa es la relación entre el momento del instante verdadero —el acierto— y el tiempo. Al menos, porque con el paso de los días incluso el acierto pasa a ser otra cosa: oficio. Y el oficio, desde la óptica del anhelo de verdad, es caída, algo así como un error existencial. Aunque, como caídos, esto tampoco debería sorprendernos. Hay verdad. Pero no para nosotros. A lo sumo, para nosotros el momento de la verdad.

Por eso la pregunta es si cabe un vínculo con el instante verdadero que no sea el de la fidelidad a ese instante que nos fue dado como milagro o excepción. Y una fidelidad en el oficio. Al menos, porque no hay más remedio. Nadie puede permanecer en el instante verdadero. Sin embargo, esto significa que el día a día estará tensado por la memoria y la esperanza. Donde estas falten inevitablemente el instante verdadero se nos mostrará como una mera ilusión óptica. Y de ahí a abrazar el nihilismo media un paso: el valor es un trompe-l’oeil. Ahora bien, faltarán donde entendamos la verdad como tan solo la adecuación entre nuestras representaciones y los hechos a los que apuntan. Esto es, donde dejemos de tener en cuenta que la verdad es también —y quizá principalmente— la irrupción de lo que es en verdad, de lo que tiene lugar y no simplemente pasa. Hablamos, como es obvio, de la escisión que constituye nuestro estar en el mundo —y por extensión, el mundo como tal. De hecho, este sentido de la escisión es lo que se perdió con Giordano Bruno y su comprensión del universo como infinito y homogéneo.

Con todo, porque existimos alejados de lo que es en verdad —porque para nosotros tan solo cabe el instante verdadero— resulta también inevitable que lo que es en verdad se nos (haga) presente como el bien que debe acontecer. Aunque no podamos concebir el cómo. Y esto es Platón. Aunque también, en cierto modo, Israel. Como viera Filón.

2 Tim 2,13

septiembre 22, 2023 § Deja un comentario

La exposición dialéctica de la realidad de Dios —en sí Dios es la negación de sí hacia lo otro de sí, en. definitiva, su voluntad de encarnarse en el hombre de Dios— parece chocar frontalmente con aquello que leemos en 2 Tim 2,13, a saber: Dios no puede negarse a sí mismo. Evidentemente, el autor de la carta no pretendía transmitir los resultados de la alta especulación teológica. Por tanto, lo que dice es muy simple, sobre todo teniendo en cuenta lo que dice justo antes —si fuéramos infieles, él permanece fiel—: Dios es su fidelidad.

Ahora bien, esta fidelidad —y ahora nos desplazamos al territorio del comentario—, no debe entenderse como la necesidad que va con una determinada naturaleza. Como si dijéramos que una foca no puede, por definición, dejar de serlo. Pues la naturaleza o modo de ser de Dios es lo que Dios quiso tener pendiente desde el principio. La fidelidad de Dios es expresión de la voluntad de Dios —de la voluntad que es Dios en sí. Y esa voluntad —su fidelidad— no puede llevarse a cabo sin una renuncia a ejercer el poder a la manera de una divinidad al uso. La fidelidad a Israel traduce, por tanto, la fidelidad de Dios a su voluntad o promesa. Pues Dios en verdad, como leemos en otro texto de Pablo, es el Dios que quiso arrodillarse ante el hombre para que el hombre fuese de nuevo capaz de Dios.

el juego de las siete diferencias (aunque con una basta)

septiembre 21, 2023 § 1 comentario

Creer —y creerlo a flor de piel— que nos hallamos bajo el poder de Dios o no. Esta es la cuestión. Y lo que nos separa de la Antigüedad es que nuestro sentimiento fundamental ya no es el de la dependencia. El síntoma es que, modernamente, esta creencia, en tanto que vivida, ha pasado a entenderse como patológica. Al menos, porque va con el temor de Dios. ¿Y acaso no está enfermo quien teme a los fantasmas? ¿La salida? Pasar de la epidermis a la idea. Y así en vez de experimentarnos como quienes se hallan bajo el poder de Dios —o de los dioses— pasamos a suponerlo. Así vemos cuanto nos rodea —y subrayo el vemoscomo si hubiera un Dios que nos ampara.

Decía Julien Green que Dios no habla, pero que todo nos hablaba de Dios. Sin embargo, ¿de qué Dios? ¿Del benevolente? ¿O acaso de uno indiferente a nuestra suerte? ¿Desde que lugar se decide la respuesta? Pues eso: hipótesis. Aunque esté avalada por un fuerte sentimiento. Ciertamente, esta modifica la percepción de cuanto nos rodea —y de paso nuestro estar en el mundo. Pero ello no quita que el centro esté ocupado por el sujeto de la percepción. Yo creo —dice el creyente—. Sin embargo, ¿acaso hoy en día no lo dice como quien está convencido, por los motivos que sean, de su suposición? ¿Es que el yo creo no fue inicialmente una confesión ante el que colgó de una cruz en nombre de Dios? La fe ¿cabe proclamarla donde no hay ningún rostro que nos la exija —donde ya no escuchamos la pregunta que nos dirige el crucificado: y tú que dices de mí? Puede que no sea secundario que la Biblia siempre que trata sobre el encuentro entre Dios y el hombre hable de desquiciamiento. Literalmente.

los atributos de Dios

septiembre 20, 2023 § 1 comentario

Según la teología tradicional —o quizá mejor, tradicionalista— no cabe diferenciar entre Dios y sus atributos. Pues de hacerlo, Dios se encontraría más allá de su misericordia, pongamos por caso. Esto es, no terminaría de coincidir con su carácter misericordioso… lo cual implica decir que Dios, en sí mismo, no termina de ser lo que es. Así, de diferenciar entre Dios y sus atributos, la posibilidad de dejar atrás su misericordia —la posibilidad de convertirse en un Dios sin piedad— estaría anclada en la realidad de Dios… con lo que Dios, estrictamente hablando, no sería bueno: la bondad de Dios permanecería frente a Dios. Para quienes diferencian entre Dios y sus atributos, la libertad de Dios debe comprenderse como la posibilidad de ser de otro modo, una posibilidad que permanecería siempre abierta. Dios es misericordioso porque quiere serlo. Y si tiene sentido decir que quiere serlo es porque podría decidir no serlo. Se entiende, por tanto, que la teología tradicional, en tanto que nunca pondrá en cuestión que Dios sea amor, no esté dispuesta a admitir que Dios pueda renunciar a la misericordia. Desde su óptica, la libertad divina se realiza como un compromiso originario con la misericordia, la benevolencia, la justicia…. Esta libertad consistiría, por consiguiente, en el acto por el que hizo suyas la misericordia, la benevolencia, la justicia… Y por eso mismo podemos decir que son de Dios. En este sentido, Dios es libre porque pudo decidir no ser misericordioso, justo… —y no porque aún podría decidirlo.

Ahora bien, si la libertad de Dios consiste en haberse atado a lo que, desde nuestra óptica, son sus atributos, entonces el riesgo de Dios es que podamos prescindir de Dios. Pues, bastaría con creer que existimos abrazados por una benevolencia de fondo. Hasta podríamos decir que de estas lluvias, los lodos de las espiritualidades sin Dios. Así sería lo mismo decir que Dios es amor que decir que el amor de Dios es Dios. Dios es un amor que desciende, decía Rahner —aunque no solo decía esto, por supuesto. Es verdad que, en principio, no parece que esta convicción suponga ningún riesgo para Dios. Al menos, porque podríamos decir que esto, en realidad, es lo que Dios quiso: que, al renunciar a la posibilidad de la ira, dejáramos de tenerlo en cuenta… como Dios. Pues un Dios es, por defecto, terrible. Sin embargo, el problema de prescindir de Dios para quedarnos solo con sus atributos —el problema de dar por descontado que Dios no puede dejar a un lado su misericordia… porque quiso atarse a ella— es que difícilmente podremos comprendernos sub iudice, esto es, como aquellos que se encuentran bajo la demanda, en el doble sentido de la expresión, de los abandonados de Dios, los únicos que, según la Biblia, son capaces de Dios. Ciertamente, podemos sentir compasión hacia ellos. Pero el hallarnos sub iudice va más allá del sentimiento de compasión… en tanto que donde solo hay sentimiento de compasión todavía seguimos demasiado centrados en nosotros mismos.

Más aún: una vez creemos que Dios se identifica hasta el final con sus atributos, va a resultar muy difícil confesar que el crucificado es el quién de Dios y no aquel que ejemplifica los atributos de Dios, su esencia o modo de ser. Me atrevería a decir que los tiros de la Encarnación no van por ahí. Pues lo que confiesa el cristianismo es que Jesús no fue un hombre de Dios —o el más destacado si se prefiere—, sino el modo de ser de Dios. Cristianamente, el amor de Dios no es independiente de su in-corporación. Si la Encarnación revela el amor de Dios es porque la voluntad de hacerse cuerpo es originaria. Ahora bien, si esto es así, entonces Dios en sí mismo carece de esencia. En tanto que voluntad de salir de sí hacia lo otro de sí —su voluntad de ser alguien—, Dios, estrictamente el Padre, aún no es nadie con anterioridad a la adhesión del Hijo (y por eso mismo, en el Gólgota no pudo hacer más que guardar (el) silencio). Cristianamente, los atributos de Dios se dan en el Hijo. El crucificado, no representa la Palabra de Dios, sino que es la Palabra de Dios. Y esto no parece hacer muy buenas migas con la idea de que no cabe diferenciar a Dios de sus atributos. De hecho, el Padre no podría identificarse con el Hijo si no difiriese del mismo. Aunque el precio de este diferir sea, precisamente, su kénosis.

verdad y milagro

septiembre 19, 2023 § Deja un comentario

La mujer que tienes ante ti es un milagro. Aun cuando se esté hurgando la nariz —aun cuando te resulte desagradable en un momento dado. Y lo es porque surge de la nada. Vamos a traducirlo: porque el horizonte de cuanto cabe ver y tocar es la nada. La rosa es sin porqué, que decía el Silesius. Y aquí quien ofrece una explicación a cambio demuestra no haber entendido de qué va este asunto.

Sin embargo, en el día a día la mujer que tienes ante ti no aparece como tal, sino como cuerpo tratable —o mejor, como el cuerpo con el que debes tratar de un modo u otro. Es obvio que vivimos de espaldas a lo que es en verdad. De algún modo, la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— se ubica más allá. La superstición acierta al hablarnos de los cielos en donde todo es a salvo del tiempo, definitivamente real. Pues es lo mismo decir de la mujer que tienes ante ti que es un milagro que decir que es una diosa, a saber, en verdad intratable. Quizá no terminemos de comprender la superstición religiosa mientras creamos que dice algo distinto a lo que decíamos antes: que vivimos de espaldas a la verdad. De ahí que con respecto a la verdad no valga el saber, sino tan solo la revelación. Al menos, porque lo sabido es lo que fácilmente damos por descontado —lo que es fácilmente obviado y, por eso mismo, pre-supuesto. El mundo solo es posible en donde la verdad es, precisamente, dejada atrás. Únicamente a través de las figuras de la imaginación podemos recuperar la verdad, aunque no sin malentendidos de por medio. Pero el destino del imaginario en la Modernidad es el de Casandra, la cual, como sabemos, fue condenada a que nadie la creyese cuando dijera la verdad.