androides que cuentan ovejas eléctricas

mayo 15, 2025 § Deja un comentario

La realidad es aquello que, cuando uno deja de creer en ella, no desaparece.

Philip K. Dick

curso de lingüística general

mayo 13, 2025 § Deja un comentario

Hay dos manera de situarse ante la dimensión desconocida. O también, de encontrarse abiertos a lo que nos supera. La primera es la más común: hay signos. Como el humo que vemos apunta a la combustión que no vemos. De ahí nace el sentimiento de formar parte. La segunda, en cambio, comprende simbólicamente la existencia. Y la comprende a flor de piel. Pues el símbolo, propiamente, remite a la parte que falta de una unidad original, una parte que perdimos de vista in illo tempore y cuya naturaleza, de haberla, ignoramos. Es lo de la rosa sin porqué del Silesius.

La música de fondo de la primera es armónica —y de ahí que su horizonte sea, precisamente, el de sintonizar con la buena onda. La de la segunda, disonante. Hay algo en lo dado que no podremos reparar por nuestra cuenta y riesgo. Aunque tampoco parece que pueda hacerlo un deus ex machina. Al menos, porque el carácter irreparable de la totalidad arraiga en un más allá de cuanto es, incluida la dimensión desconocida. Aquí lo que está en juego no es la posibilidad de armonizar —pues existimos como los arrancados—, sino un tener que responder a la situación.

La primera, termina con un dejarse llevar de corte ascético. Y eso, sin duda, puede resultar saludable. La segunda, con un primero obedeceremos y luego ya veremos. Y aquí la obediencia, la cual no excluye un hallarse en gracia, pasa por Mt 25… lo que ya nos da a entender, de por sí, que no estamos ante una variante de la antigua gnosis. Pues los salvados ignoraban que dieran de comer al hambriento en nombre de Dios. Puede que la carga de profundidad de ambas espiritualidades no sea la misma. Ni quizá complementarias. Aunque tampoco inevitablemente excluyentes.

la tecno del alma

mayo 12, 2025 § Deja un comentario

El cuidado de sí va con el trabajo sobre uno mismo. En esto los estoicos fueron unos expertos. Así, Marco Aurelio, a la hora de vencer la tentación de caer en los brazos de una mujer, recomendaba imaginarla como una saco de vísceras que corre hacia ti. Ciertamente, efectivo… si uno consigue interiorizar la imagen. Y del estocisimo al cristianismo medió un paso. El monje siempre fue un soldado. Es posible que las profundidades más oscuras del alma masculina se materialicen a través de la figura del héroe. Los cowboys, aunque supieran gozar del cuerpo de una mujer, nunca quisieron permanecer en el hogar.

Sin embargo, más inquietante sería que el anhelo más abisal de una mujer fuese, precisamento, retener al héroe, algo así como un imposible. Y aquí uno podría preguntarse en qué podría consistir el cuidado de sí donde no cabe lidiar con las contradicciones del propio deseo.

antropomorfismo

mayo 10, 2025 § Deja un comentario

Tras las espiritualidades sin Dios —las que podríamos denominar oceánicas— hay, sin duda, un intento de evitar el antropomórfismo del teísmo tradicional. Y esto, tras la crítica ilustrada a la religión, podemos entenderlo. Sin embargo, lo que dichas espiritualidades colocan en lugar del espectro paternal es un poder anónimo… del que no cabe esperar ninguna redención, sino, a lo sumo, una mejor salud. Como si, en el fondo, se tratase de depurarse siguiendo una dieta detox.

Nada que objetar… si no fuera porque no hay dieta —ni gnosis— que responda a la pregunta sobre el destino de los gaseados de la historia. Y es que sin resurrección de los muertos no hay redención. O lo que es lo mismo, sin una voluntad de fondo que busque la justicia, por así decirlo. Al océano le da igual disolver muñequitos de sal que hundir las pateras.

No obstante, la resurrección es tan increíble como imposible. la esperanza creyente no es, propiamente, una expectativa de la que podamos hacernos una idea. En cualquier caso, al rechazar la resurrección de los muertos por imposible, olvidamos que, en realidad, la fe en Dios siempre apuntó a lo inviable en nombre de. Comenzando por el Dios que se revela en el Gólgota.

problemas de lógica

mayo 9, 2025 § Deja un comentario

“Cada uno tiene su manera de expresar el cariño” -escucho, como quien no quiere la cosa, en un café. De acuerdo. Pero ¿vale cualquier manera? No me atrevería a decirlo. Y creo que tampoco lo firmaría quien lo dijo. Muchos tópicos están para no entrar al trapo: de esto no vamos a hablar. O incluso: sobre esto no quiero pensar.Mosca cojonera no fue simplemente un apodo para Sócrates.

Moisés ante Yavhé

mayo 8, 2025 § 1 comentario

Solo en la intimidad somos lo que somos, es decir, nadie. Aún. Como Yavhé ante Moisés. De aquí que la mayoría busque desesperadamente la distracción, ir de un sitio a otro como gallina sin cabeza. A nadie le gusta no ser, en el fondo, el que es: nadie. Sin embargo, esto tiene que ver con lo que preferimos, no con lo que queremos. Y es que, probablemente, lo que quisiéramos es desaparecer, habiendo, eso sí, dejado alguna huella. No en vano somos una réplica, acaso defectuosa, de Dios.

sin juez

mayo 7, 2025 § Deja un comentario

Nihilismo significa no habrá juicio. Da igual haber sido un genocida que Francisco de Asís. Nadie —ni nada— nos juzgará. Esto es, no esperes un nuevo comienzo. Tan solo el eterno retorno de lo mismo.

Por tanto, no nos enfrentamos al nihilismo poniendo encima de la mesa un ideal —o no, sin caer en el ridículo—, sino con otra actitud frente a la nada. De hecho, la disyuntiva ya la planteó Nietzsche en su momento: o Cristo o Dioniso. Y es que ambos, a una enorme distancia del común de los mortales, se acercaron al abismo. Y el abismo les devolvió la mirada.

La respuesta, sin embargo, no fue la misma. Dioniso se puso a bailar. Y esto, de algún modo, supone hacer las paces con los poderes demoníacos que nos superan. El crucificado, en cambio, en su respuesta a Dios —a su silencio— se enfrentó al lado oscuro de Dios. Y se enfrentó con Mt 25, por así decirlo. En el primer caso, no hubo resistencia, sino una salida por la tangente. En cambio, sí hubo resistencia en el segundo. Aunque aquí esta sea el envés de la sumisión. En tanto que expresa una rebeldía de fondo, la obediencia cristiana es, de hecho, paradójica . Al fin y al cabo, el enfrentarse a Dios se lleva a cabo en nombre de Dios. Esto es, en su lugar. De ahí que quien nos juzga —quien nos sitúa en la posición de quien debe responder a la acusación— no es Dios, sino su lugarteniente. En cristiano, Dios hecho hombre.

regreso al Gólgota

mayo 3, 2025 § Deja un comentario

El catolicismo romano se encuentra en fase terminal. Es obvio. Y no solo porque en Europa ya no sepamos qué hacer con el Dios que cuelga de una cruz, sino también porque China es, salvo imprevistos, el futuro. Y China es Confucio. O el Tao.

Sin embargo, si prescinidimos de la dimensión política del asunto, esta situación fue, de hecho, la del Gólgota. Pues no dio la impresión de que Dios estuviera de parte de su enviado. Así, me atrevería a decir que la respuesta cristiana a la crisis del cristianismo no pasa por actualizar un sentido que se supone garantizado. Más bien, por recuperar la respuesta de Israel a los pies del Sinaí: primero obedeceremos y luego ya veremos. Esto es, Mt 25 y esperar lo que no está en nuestras manos anticipar. Ni siquiera idealmente. Al fin y al cabo, las imágenes de la esperanza creyente siempre fueron delirantes.

la vida y la supervivencia

mayo 2, 2025 § Deja un comentario

Al fin y al cabo, nadie vive hasta que no resucita. La crisis es el principio. Antes, tan solo la inercia, la distracción, el polvo bajo la afombra. Israel, cuando menos, lo intuyó hace ya milenios. Como caídos, hemos de enfrentarnos a la culpa de Adán. O por decirlo en clave psicológica, se trata de sobrevivir al fracaso de nuestros padres. Aunque también es verdad que ello no dependerá solo de nuestras fuerzas.

trois brèves pièces pour piano (3)

mayo 1, 2025 § Deja un comentario

Dice el puritano, por ejemplo: hemos de en valorar el presente o evitar siquiera tener tentaciones. De acuerdo. Pues sería lo ideal. Pero la pregunta es si podemos hacerlo. Y la respuesta es que no. El puritanismo olvida que existimos como los que cayeron. De ahí su rigidez, su impostura, su máscara. En realidad, esta posibilidad depende de un hallarse en gracia. Y la gracia, al menos la que nos vuelve a poner en pie, siempre se nos dio al pie de una cruz. Nadie vive hasta que no está de vuelta. O por decirlo en cristiano, hasta que no regresa de los gólgotas con vida.

trois brèves pièces pour piano (2)

abril 30, 2025 § Deja un comentario

Dice el positivismo: el amor de una madre no es más que instinto encubierto de palabras que sobran. Pero ¿es así? No me atrevería a decirlo. Y es que, de por sí, ya es algo más. Tan solo porque la vida del hijo, incluso el instinto, es una excepción —un milagro— desde el fondo de la nada que abraza cuanto hay.

Ahora bien, este aparecer ¿no sería, por eso mismo, apariencia, un como si fuese un milagro, esto es, algo que solo tendría que ver con nosotros, los impresionables? Sin duda, lo sería… si fuese una perspectiva, un manera de ver lo que está más allá de cualquier perspectiva (y por eso mismo, permanece invisible). Así, en los cuerpos bellos, pongamos por caso, se muestra —se hace presente, aparece— una belleza que, en su carácter absoluto, no aparece. Pues los cuerpos bellos son siempre hasta cierto punto o relativamente bellos, nunca por entero. Lo dicho: en perspectiva. Pero el que haya algo en vez de nada no admite una descripción, ni, consecuentemente, una perspectiva. En vez de perspectiva, asombro. Al fin y al cabo, y a diferencia de los hechos, el acontecimiento del haber de lo que hay no representa nada. O mejor, representa la nada, esto es, ocupa su lugar. O como decía el Silesius con respecto a una rosa, a saber, que es sin porqué. Para una madre, la vida del hijo no ejemplifica ningún hijo ideal —o en platónico, la idea del hijo. Es don. Y ante el don, únicamente cabe dar gracias. De nada.

En cualquier caso, de la perspectiva dependería el caer en la cuenta o no.

trois brèves pièces pour piano (1)

abril 29, 2025 § Deja un comentario

Si Dios se apareciera, entonces no sería Dios, sino, a lo sumo, un ente superior. Más aún: si se apareciese y permaneciese ahí, frente a nosotros, o si se prefiere, a nuestro lado, entonces, con la costumbre, dejaría de parecernos incluso un dios. Dios solo puede valer como desaparecido. Esto es, como espíritu. Y por eso mismo, como el que ha de regresar. Eternamente.

De hecho, esto es lo que proclama el cristianismo: que Dios solo puede aparecer como hombre de Dios que, experimentando el abandono de Dios, se abandona a Dios.

formulación

abril 28, 2025 § Deja un comentario

Aun cuando en la práctica funcione como tal, el cristianismo no es una religión al uso. Al menos, porque la encarnación de Dios —que el crucificado sea el cuerpo de Dios— supone la quiebra de lo que espontáneamente se experimenta como divino. No hay Padre sin Hijo —y viceversa. Esto es, Dios no tiene otra entidad, otro quien, que el de aquel que murió colgando de un madero. ¿Aún no lo hemos pillado? ¿Quizá porque cuesta incorporar la revelación sin los recursos de la imaginación? ¿O quizá porque nos resulta más satisfactorio incorporarla fantaseando con un padre espectral que estando al pie de la cruz o, en su lugar, teniendo muy presentes las historias que hay detrás de las fórmulas de la fe?

dependencia del padre

abril 27, 2025 § Deja un comentario

Schleiermacher dejó escrito que la fe arraiga en un sentimiento de dependencia, se sobreentiende que con respecto a Dios. Pero ¿de qué Dios?

La dependencia es propia de los niños. O de los perros más fieles, como dijera Hegel. Y, ciertamente, quien ha tenido un padre que le cogiera de la mano cuando comenzó a dar sus primeros pasos lo tiene más fácil a la hora de sentir que hay una padre espectral que se preocupa por él, algo así como una variante del ángel de la guarda.

Sin embargo, los tiros de la paternidad de Dios, conforme a los textos bíblicos, no parece que vayan por ahí. Pues esta apunta a la Creación. Y la Creación concluyó en el séptimo día, aquel en el que Dios se retiró a un más allá inaccesible. Es verdad que en los fragmentos debidos a J, Dios se presenta como un personaje que está muy encima de sus elegidos. Como si fuese un marcaje al hombre. Pero, una vez Israel, tras la dura experiencia del exilio, abandona la monolatría para decantarse por el monoteísmo más estricto, la presencia de Dios es, incuestionablemente, la de un Dios por venir.

Por consiguiente, la dependencia a la que se refería Schleiermacher en verdad no se daría con respecto a un ente superior que imaginamos como un padre espectral, sino en relación con lo que se desprende de la radical trascendencia de Dios. Según Israel, el don de la vida y el deber de preservarla a cualquier precio frente a nuestra indiferencia o impiedad, esto es, la Ley. El cristianismo añadirá a lo anterior, el seguimiento y la esperanza de que al final nada caerá en saco roto.

Es posible que, teniendo en cuenta lo anterior, hoy en día lo tengamos más fácil para sintonizar con esta fe. Pues la figura del padre hace tiempo que saltó echa pedazos. Muchos hijos, hoy en día, experimentan la ausencia de un padre genuino, de aquel que, dándote la mano también es capaz, sin embargo, de negarte la filiación. Ciertamente, este echar en falta podría dar pie a imaginar, por compensación, un padre espectral al igual que los niños solitarios se imaginan un amigo invisible. Y algo de esto hay en el actual revival religioso, ambigüedades al margen. Pero hoy en día el efecto de la ausencia de Dios es, por lo común, el narcisismo. Y un narcisista solo sufre la falta de espejos. No fue este efecto el que experimentó Israel. Precisamente, porque padeció dicha ausencia. Y hasta el tuétano.

hallarse en paz

abril 26, 2025 § Deja un comentario

Hallar la paz. Es decir, haber abandonado la posición de quien se encuentra sub iudice. Como si hubiéramos sido exculpados de nuestros fracasos. Como si nuestra existencia fuese absoluta, literalmente, absuelta. Como si fuese la de un dios. En la paz, no somos nadie. Al fin. Hay sol. Las olas alcanzan la arena serenamente. Eso basta. Nada más. Para el dios, nunca hubo un más allá que no fuese el de la caída.

Pero ¿exculpados también de nuestros crímenes? Eso no dependerá de nosotros, sino de que nuestros muertos puedan perdonarnos. Pero para ello deberían resucitar. O esto, o aceptar que no hay redención para el genocida. A lo sumo, la inocencia del monstruo, la que se cegó al porvenir de una genuina alteridad.

inviable

abril 25, 2025 § 1 comentario

Creer en Dios no es tanto creer en la posibilidad del milagro como en la de lo imposible. En todo caso, el milagro sería un trailer. Evidentemente, hablamos de un poder capaz de resucitar a los muertos. Ahora bien, por eso mismo, es difícil que crea quien no parte de un hallarse en manos de —quien, ingenuamente, dé por descontado que es cierto que uno puede lograr cuanto se proponga. Tú sí que puedes.

La condición material de este sentimiento de dependencia fue, hasta hoy, la figura del padre. Pero ya no hay padres que valgan. Y de esas lluvias, estos lodos. El malcriado no puede creer. A lo sumo, se conducirá, espiritualmente, por lo que sabe o cree saber, algo así como seguir una dieta.

el espíritu como tercera persona

abril 24, 2025 § Deja un comentario

El espíritu de Dios es lo que queda de Dios donde ya no queda nada de Dios. Un ánimo —una fuerza, un poder. Pero ¿por qué ese poder se nos impone? ¿Acaso no podría entenderse como la respuesta de la interioridad al acontecimiento de la cruz, tras el tercer día? Quizá… si no fuera porque esa fuerza procede del exterior, al fin y al cabo, de la escena del Gólgota.

gay

abril 23, 2025 § Deja un comentario

Leo en una entrevista a una psicóloga: el homófobo no puede soportar al gay porque no puede admitir al homosexual que lleva dentro. De acuerdo. Pero la pregunta es si eso tiene que ver con lo que el homófobo es. O por decirlo en general: si lo que somos se reduce a nuestro inconsciente. La tesis habitual insiste en que somos lo que dicta nuestro insconsciente, en definitiva, aquello que nos hace posible o explica: el gen, el cerebro, la circunstancia… Pero ¿es así? Tengo mis dudas. Pues más bien diría que somos el conflicto con aquello que nos explica. Y por eso mismo, algo más que lo que nos explica.

Jakob y el ángel

abril 22, 2025 § Deja un comentario

¿Por qué Jakob en Penuel se enfrentó al ángel de Dios? Es, cuando menos, extraño. ¿Acaso Dios le desafió? El combate ¿solo tuvo que ver con Jakob —con su orgullo? En el cuadro de Rembrandt, una verdadera clave hermenéutica, no puede distinguirse la lucha del abrazo. ¿Deberíamos concluir que quien abraza a Dios —o es abrazado por Él— no puede menos que enfrentarse a Dios? ¿O más bien que los que se enfrentran a Dios terminarán siendo abrazados por Él?

Puede que Jakob supiese mejor que nosotros qué significa estar ante Dios. Como también Job. ¿Acaso el clamor de Job no fue una pro-vocación? ¿Es que la experiencia de Dios no comienza con un vivir a flor de piel su impiedad —su indiferencia, su extremo más allá? ¿Podría ser diferente tratándose, precisamente, de Dios? Hablar del amor de Dios antes de hora ¿no conduce a un dios a medida de nuestra necesidad de amparo?

Si el relato lo hubiera escrito un cristiano, el abrazo de Dios hubiese sido el del crucificado. Pues, según el cristianismo, la respuesta de Dios a la provocación del hombre —su Palabra— fue un abandonado de Dios que murió perdonando a sus verdugos. Como es sabido, fue Bonhoeffer quien dijo que ante Dios estamos sin Dios. Esto es, enfrentados a su misterio. Y de ahí Mt, 25. O en judío, la Ley que nos obliga a la fraternidad. Pues solo caemos cuenta de que somos hijos de un mismo Padre donde permanecemos expuestos al silencio de Dios.

dime de qué te alabas…

abril 21, 2025 § Deja un comentario

Quien necesita decirse a sí mismo lo bueno que es, necesita decírselo porque en el fondo sabe que no lo es. Algo parecido podríamos decir de quien está orgulloso de su fe. De hecho, los evangelios son claros al respecto. Por ejemplo, Lc 18, 9-14. Cuanto más cerca, más lejos. Siempre.

dos perspectivas y una sola esperanza

abril 20, 2025 § Deja un comentario

El asombro, como punto de partida. La rosa es sin porqué. No obstante, diría que ante lo dado —el motivo de nuestra admiración… y perplejidad— caben dos posiciones. O bien creemos que todo nos ha sido ofrecido por el Dios que habita en la alturas al modo de un ente superior; o bien, que el don es un testamento, en el sentido casi forense de la expresión. En el primer caso, hay mapa mental —y un mapa mental no resiste la crisis del Gólgota. En el segundo, hay interrogación de fondo, y en definitiva, fe. Pues la fe es permanecer a la espera de Dios: ¿volverá? Y la espera va con el clamor: maranathá.

Ahora bien, ¿qué Dios espera el creyente? Por lo común, algo así como un deus ex machina. Sin embargo, el cristianismo ofrece una respuesta, cuando menos, desconcertante: el que esperábamos muere como un apestado de Dios. Ciertamente, la historia no termina con la cruz. Pero el último capítulo admite una doble lectura. La primera es la literal: el crucificado regresa con vida de la muerte —y esta vida es la vida de Dios. La segunda, en cambio, es irónica. Como si se nos dijera, al tratarse de un imposible, que no hay solución.

En cualquier caso, y a la hora de pensar la resurrección, fácilmente olvidamos que no se trata de una expectativa —quizá lo fuese para los testigos de la resurreción, pero ya no puede serlo hoy en día—, como de tampoco un ya me gustaría, sino de una esperanza “a la judía”: es lo que debe acontecer en nombre de. Y aquí no hay saber de por medio. Ni siquiera supuesto.

gurú

abril 19, 2025 § 2 comentarios

Los sometidos a una vida de trabajo y consumo necesitan oír de vez en cuando que la vida es algo más que trabajo y consumo. Que al final —o en el fondo— todo es luz, belleza, paz. Océano. La espiritualidad como consuelo. Una vez más. Antes, los consolados fueron los incontables —los que no cuentan para nadie—. También necesitaron que un representante les dijera que sí contaban para Dios. Más aún: que eran sus preferidos. Al final, los mismos perros con distintos collares.

Según cuentan, en Auschwitz también los prioneros más despiadados se sintieron consolados cuando, en el barracón, aparecía alguien realmente bueno, capaz de dar el pan que le sobraba al hambriento. O incluso, aunque no le sobrase. Como si los despiadados tuvieran que decirse a sí mismos que el infierno no era la última palabra. Sin embargo, esta necesidad no les condujo a la conversión. Más bien, les permitió seguir siendo unas bestias con los más débiles. Sin caridad, la esperanza siempre fue una excusa.

¿Cómo se nos pudo olvidar tan pronto que la esperanza va con el seguimiento?

nietzscheanas 68

abril 18, 2025 § Deja un comentario

El sacerdote venció. Pero la venganza del noble consistió en hacerse garante de la cristiandad. Pues el cristianismo, al convertirse en la religión oficial del Imperio, dejó atrás el Dios que se humilló a sí mismo para colocar al ente supremo en su lugar. Y de aquí a que este se revelase como ficción media un paso. La astucia del noble fue hacernos creer que fue él quien lo dio, aunque antes tuviera que transformarse en burgués, cuando lo cierto es que quién nos reveló el carácter ilusorio del dios-ente fue Dios mismo en la cima del Sinaí —y por extensión, en la del Gólgota.

nietzscheanas 67

abril 17, 2025 § Deja un comentario

Hay algo de nostalgia del padre en el desprecio del noble hacia el esclavo. Quiero decir que podríamos entender la figura del noble como un intento, aunque ciertamente inconsciente, de reivindicar, por parte de Nietzsche, la figura paterna en un mundo que, tras la muerte de Dios, ya no sabe qué hacer con ella. Y es que un padre —y aquí conviene tener presente que un padre no coincide necesariamente con nuestro padre biológico— no es quien, a diferencia de la figura materna, se deja llevar por el emotivismo ante la debilidad del hijo, sino aquel que le ordena levántate y anda. Algo así como la resurrección de los muertos. Un padre siempre dice: no te lamas las heridas, exigiendo que los demás te tengan en cuenta como si no hubiera nadie más que tú en el mundo. Aún queda mucha mies por segar.

nihilismo y esperanza

abril 16, 2025 § Deja un comentario

Es ingenuo suponer que la humanidad no se extinguirá jamás. ¿Homero, Bach, el de Nazaret…. hundidos en la nada? ¿Dios mismo? También… si es cierto que Dios es el Dios que no quiso serlo al margen de la carne.

Ahora bien, ¿acaso la esperanza cristiana no apunta igualmente a un final de los tiempos? Sí, pero con un nuevo comienzo… que no será un más de lo mismo. ¿Difícil de creer? Por supuesto. De ahí que la esperanza creyente no pueda reducirse a una expectativa. Más bien, se trata de un debe tener lugar en nombre del acontecimiento de la bondad en el centro de lo infernal. Y quizá no sea secundario que las imágenes de dicha esperanza sean delirantes. Quienes aún crean que la fe en Dios no apunta a lo imposible probablemente cuenten con un dios a medida de su me gustaría.

nietzscheanas 66

abril 15, 2025 § 1 comentario

Alguien podría haberle objetado a Nietzsche que el desprecio del noble hacia el débil expresa, más bien, la debilidad que el noble no puede soportar en sí mismo. Y que por eso mismo, la nobleza del noble no sería, en el fondo, tan inocente como Nietzsche nos da a entender.

Sin embargo, Nietzsche hubiera respondido que este tipo de desprecio es propio, más bien, del esclavo. Pues el noble no tiene necesidad de despreciar de este modo. Pues su desprecio sería análogo a apartar la mosca que nos molesta. O más bien, aplastar.

narcisismo y muerte de Dios

abril 14, 2025 § Deja un comentario

Exponerse en Instagram… con la misma foto, una y otra vez… ¿acaso no es enfermizo? ¿Qué pretendes? ¿Que los demás te aprueben? Y luego dirás que te vistes como quieres… Pero el espejo nunca miente: no eres la más bella. Sin embargo, insistirás. No saldrás del bucle de Narciso, el cual acabó ahogándose en las aguas que le reflejaban, y no porque se gustase a sí mismo, sino por todo lo contrario. Como dijera Nietzsche con respecto al ateísmo, si no crees en Dios, pregúntate qué dios has puesto en el altar vacío de Dios. El ateísmo es, ciertamente, lo más difícil.

Traducción: ¿crees que te liberaste del padre —crees que nadie te juzga, que haces lo que quieres? Simplemente, pregúntate quiénes han ocupado su lugar. Son los cualquiera, la gente. Y quien depende de juicio de cualquiera es un cualquiera. Sin un padre que nos aleje del bucle narcisista, caemos reos de lo impersonal: de lo que se hace, se dice… Ciertamente, te dirás que no es así. Pues tus camisetas son singulares. Pero te equivocarás. La mona sigue siendo una mona, aunque se vista de seda.

La muerte de Dios va con la de la figura paterna. Nadie sabe lo que quiere mientras no se enfrente a lo que su padre, no necesariamente el biológico, quiere de él. Ahora bien, lo que nuestro padre exige de nosotros trasciende cuanto podamos desear. Pues, lo primero que te dirá un padre es tú no importas, el tema no eres tú; importa lo que hay que hacer —la cosa, encarar el mundo. Donde falta el padre, seguimos atados —asfixiados— por el cordón umbilical que nos une al útero materno. Los hábitos quizá sigan siendo patriarcales. Pero nuestra época, al menos en Occidente, está, sin duda, dominada por la madre. Que no se rompa el niño —que disfrute mientras pueda. Y así, hasta la cuarentena.

Con todo, el padre más eficaz fue siempre el padre muerto —el que te da como herencia su voz, su mandato. Pero, como Hamlet, ya no sabemos qué hacer con el fantasma del padre. No debería extrañarnos, pues, que las espiritualidades tan en boga hoy en día prefieran un océano plácido a Yavhé.

Es posible que a Nietzsche se le escapara que la muerte de Dios va, en realidad, con Dios; que el creyente no es el que da por descontado que Dios está en el piso de arriba, sino el que, al no oír ningún paso, acepta su testamento y se pone manos a la obra —al fin y al cabo, Mt 25—… mientras permanece a la espera del imposible regreso de Dios. El fantasma expresa la verdad de Dios. Y es que un fantasma clama por volver a tener un cuerpo.

la oración cristiana

abril 13, 2025 § 1 comentario

Sentirse un insecto. Por tu traición. Por la pérdida de quien amaste y no supiste amar. Entonces diriges tu llanto hacia un cielo vaciado de presencia. Más allá incluso de dios. Y por eso lo diriges a Dios. Como el náufrago que deja su mensaje en las aguas del océano, ahora violentas. Pero no obtendrás otra respuesta que la de las manos tendidas de los huérfanos que deambulan por el arrabal.

fe y poder

abril 12, 2025 § Deja un comentario

La fe en Dios es fe en el poder de Dios. No puede ser de otro modo, tratándose de Dios. ¿Cómo, si no, el creyente puede esperar lo imposible, la resurrección de los muertos? Y este es el problema. Pues si Dios no es un deus ex machina ¿cómo podrá? ¿Qué poder para el Dios que, desde el principio, no quiso ser Dios al margen de la carne?

Ciertamente, el crucificado, según las Escrituras, fue levantado de entre los muertos por el poder del Espíritu de Dios. Y el Espíritu es un resto, lo que queda de Dios donde, en el presente, ya no queda nada de Dios. Tampoco es poca cosa. Pues el Espíritu de Dios es la fuerza de Dios. Ahora bien, si Dios es, en verdad, un Dios encarnado, entonces la fuerza de Dios no es independiente de aquella de la que sea capaz la comunidad de creyentes. Dios no tiene otros brazos que los nuestros, decía la Hillesum. No es posible, por tanto, tomarse en serio la realidad del mal —y por extensión, la fe en el poder del cuerpo de Dios— donde falta el espíritu de combate.

Sin embargo, ¿cómo comprender desde esta óptica un final de los tiempos? ¿Acaso como el triunfo de los ejercitos de Dios y, por extensión, de la Ley de Dios, la que nos empuja a la fraternidad? Habrá una nueva tierra… Pero ¿sin muerte? El deus ex machina saca su nariz entre las perplejidades de la esperanza creyente.

autómata

abril 11, 2025 § Deja un comentario

Cuando muere alguien cercano decimos “se ha ido”. ¿También lo diríamos del humanoide? Ciertamente, decimos algo parecido de un ordenador: “se ha muerto”. Pero dejar de funcionar —morir— no equivale a irse a otra parte. Como si al lenguaje —al menos, al nuestro— le costase aceptar que la muerte es un final y no un punto y aparte.

Sin embargo, quizá otro gallo cantara si llegáramos a reconocer al humanoide como semejante, esto es, si pudiéramos empatizar o encariñarnos con él. Ahora bien, como siempre, la pregunta es si aquí el lenguaje se limita solo a expresar nuestra impresión —lo que nos parece— o, al hacerlo, da en el clavo de lo que es. No podemos saberlo… y ello al margen de los interrogantes que surgen ante la posibilidad de una vida más allá: ¿seguiríamos siendo nosotros?; ¿hasta qué punto podríamos soportar una dicha eterna?…

Aun así, la sospecha de que difícilmente esperaríamos encontrarnos con un humanoide en el otro mundo —el tú no debes morir que un padre le exige al hijo difícilmente se lo exigiríamos a un mecanismo— sugiere, cuando menos, que la esperanza de reencontrarnos con quienes quisimos se decide en el terreno de los sentimientos, y que, por eso mismo, no traspasa el horizonte de los que nos parece. Y quien dice esto último dice de lo que nos gustaría que fuese.

Y dicho sea de paso, puede que no sea secundario que la sensibilidad religiosa del primer Israel, aquella que asume la mortalidad como lo propio del hombre frente a Dios —y consecuentemente, la vida como gracia—, estuviese más cerca de saber qué significa estar ante Dios que quienes, posteriormente, dieron por descontado que Dios garantiza la inmortalidad de los bienaventurados. Aunque también es cierto que el Israel posterior a la época de los Macabeos nunca lo dio por descontado. Su esperanza de una justicia post mortem estuvo, más bien, construida con los materiales del imperativo: Dios no puede abandonar a las víctimas inocentes de nuestra impiedad. No diría que sea exactamente lo mismo.

último megacasting

abril 10, 2025 § Deja un comentario

La intención con la que hacemos lo debido no cuenta —ni tiene que contar— a la hora de valorar la integridad moral de quien cumple con su obligación. Pues dicha intención tampoco es que sea transparente. Al fin y al cabo, no hay intención o propósito que sean químicamente puros. Aunque, por eso mismo, también podríamos decir que no hay nadie moralmente íntegro. Ciertamente, podríamos decir que la buena voluntad es lo que no podemos evitar exigirnos unos a otros, incluso a nosotros mismos. Pues es el presupuesto desde el que condenamos a la amiga interesada. Sin embargo, teniendo en cuenta lo dicho, a saber, que no hay modo de determinar hasta qué punto nuestra intención es pura, el único criterio efectivo de valoración moral es el que tiene en cuenta las consecuencias de nuestros actos o decisiones. Si estas resultasen beneficiosas para la mayoría, entonces no habría nada que condenar… aun cuando lo que tuvimos que hacer para alcanzar dichas consecuencias, se supone que buenas, fuera desagradable o, incluso, intuitivamente inmoral. Pero ¿es así? Y si lo fuese, ¿podríamos deducir que la moral, en definitiva, el bien no tiene nada que ver con la integridad? ¿Cómo podríamos sostener lo contrario?

lo que pasa

abril 10, 2025 § Deja un comentario

Una madre, joven, le dice a su amiga, mientras toman un café: “no sé, tía, pero siento que aún tengo que realizarme. Alfredo bien, es el hombre de mi vida… pero no me veo toda la vida con él, haciendo siempre lo mismo.” En resumen, un lío. Nietzsche fue más lúcido: ¿qué esperas? No habrá más que el eterno retorno de lo mismo. Traducción: una vez Dios ha muerto, todo pasa y nada termina de tener lugar. Es decir, la novedad —otro trabajo, la independencia del hogar, una nueva pareja…—, salvo que la decisión inicial haya sido una flagrante equivocación, tarde o temprano se revelará como repetición de la que ya viviste. Quizá cambien las correas. Pero los perros serán los mismos. Ya lo dijeron los antiguos: de lo que se trata es de saber vivir, esto es, de caer en la cuenta de que el juego no va de lo que, de entrada, te imaginaste. Sin embargo, ese saber nos está vedado donde el mundo se percibe, de facto, como un enorme supermercado. Y es que quien vive como consumidor nunca se liberará de sí mismo. A lo sumo, cambiará de marca… creyendo, ingenuamente, que todo comienza de nuevo. Pero, como decía, no hay nada nuevo en la novedad. Al fin y al cabo, nihilismo significa que lo ordinario —el desmentido, el No— prevalece frente a la ilusión.

distancias

abril 9, 2025 § Deja un comentario

Ninguna reflexión de sí —ninguna superación del bonobo— es posible donde no tomamos una debida distancia. Sin embargo, aquí caben dos posibles distanciamientos. Aquel que se sitúa en las gradas del dios —el que da pie, precisamente, a la teoría— y la de quien vive a flor de piel el hecho de que la existencia suponga un vivir como arrancados. En ambos casos, hay extrañamiento. Pero no el mismo. En el primero, el de la mirada del entomólogo, no vamos a ver más que insectos que dicen no serlo. Y, por eso mismo, la conclusión será que, en el fondo, somos aquellos que no podemos hacernos cargo de lo que, en definitiva, somos, a saber, nada más que insectos. En el segundo, sin embargo, el insecto se enfrenta a la posibilidad de la nada —a su paradójica realidad. Ahora bien y debido a ello, el insecto será algo más que un insecto.

Sea como sea, dirimir entre ambas distancias exige plantear la cuestión de en qué consiste el haber, esto es, la cuestión de la metafísica par excellence. Pues de lo que se trata es si somos o no algo más. En definitiva, si hay algo más en relación con lo cual seamos algo más que insectos. Aunque ese algo más sea el de una nada que es no siendo nada. Sin embargo, solo formando parte de la escena podemos aventurar esto último. Al menos, porque no hay el haber sin nada —y este no hay es, en definitiva, lo que hay. Tiempo.

reflexión y parálisis

abril 8, 2025 § Deja un comentario

Un ciempiés sabe —y no simplemente cree saber— cómo mover sus cien pies a la hora de desplazarse. Pero si le preguntásemos cómo lo hace no sabría qué decirnos. Y si se entretuviera analizando su movimiento, ese nuevo conocimiento de sí tampoco le serviría a la hora de andar. Es decir, que sepa andar no depende de aplicar un conocimiento teórico. Más aún: si lo intentara, no sabría cómo moverse. Quedaría paralizado.

Algo parecido sucede con cuanto nos traemos ente manos. Y digo parecido porque no sucede exactamente lo mismo. Pues en nuestro caso, el resultado de la reflexión no es la constatación de que, antes de ponernos a reflexionar, sabíamos, por ejemplo, en qué consiste el amor o el bien , sino, más bien, que creíamos saberlo (y ahora no). Y ello porque, a diferencia del ciempiés, nos interesa la verdad… aunque prefiramos vivir de espaldas a ella.

Aparentemente, que el horizonte de la reflexión sea una saber paradójico —el solo sé que no sé nada socrático— compromete la posibilidad de un dominio de sí, en definitiva, de una tekné del alma. Sin embargo, lo cierto es que esta docta ignorancia nos eleva por encima de lo impersonal —de lo que se dice, se hace… Al menos, porque lo impersonal ha sido configurado con los materiales de lo que, comúnmente, damos por descontado… sin habernos atrevido a ponerlo en cuestión. Y donde no hay cuestionamiento de sí seguimos siendo unos bonobos, quizá más listos, pero bonobos al fin y al cabo.

De ahí que las ciencias del espíritu no terminen de congeniar con las que se ocupan de la naturaleza de las cosas. El saber del ingeniero —el resultado de haber analizado las estructuras— sirve para levantar puentes, pero no para levantarse a uno mismo. Entre otras razones, porque solo el espíritu se enfrenta a la posibilidad de la nada.

meditaciones cartesianas 22

abril 7, 2025 § Deja un comentario

La posibilidad de que nuestras representaciones mentales del mundo sean falsas, aun cuando nos parezcan indiscutiblemente verdaderas, no conduce a la certeza del cogito: la presupone. El ejercicio de la duda metódica no deja de ser un espléndido ejemplo de retórica eficaz. Un viejo chamán podría admitir, por ejemplo, que sus visiones solo son posibles durante el sueño o a través de alguna sustancia alucinógena. Pero nunca aceptaría la posibilidad de que no tengan nada que ver con el mundo al que accede, precisamente, mientras sueña o ingiere peyote. Pues está convencido de que, aunque sea necesaria una traducción, es posible la comunicación entre los mortales y el espíritu de los muertos, como quien dice. En cambio, una sospecha por defecto solo es posible donde, de algún modo, damos por sentado nuestra enajenación del mundo. Dicha sospecha presupone, de hecho, una alteración de la noción de verdad.

En el caso del chamán, lo verdadero es lo que tiene lugar o acontece en medio de cuanto sucede. Ciertamente, el chamán admite la posibilidad del error. Pero la entendería como un error de interpretación, en modo alguno como un delirio que solo estuviese en su cabeza. Esta posibilidad solo se plantea una vez la representación mental sustituye al haber del mundo como punto de partida de la aspiración a la verdad. Al partir de nuestras representaciones, la verdad solo podrá concebirse como adecuación entre estas y los hechos, la cual, al depender de un criterio de adecuación, será siempre problemática. Así, al tomar como punto de partida el contenido mental, la verdad, de haberla, únicamente podrá determinarse en relación con las condiciones de posibilidad de la experiencia y, por eso mismo, en relación con los esquemas conceptuales de la subjetividad. En este sentido, no es casual que la reflexividad moderna comience con la cuestión de la certeza, y no con la que se interroga sobre lo que tiene lugar en medio de cuanto simplemente pasa, esto es, no con la pregunta sobre lo que aparece en el aparecer. En realidad, las Meditaciones Metafísicas tienen muy poco de metafísicas. La certeza del cogito, al estar cargada de prejuicio, quizá no sea tan apodíctica como Descartes nos dio a entender.

espacios seguros

abril 5, 2025 § Deja un comentario

Hoy topamos, y de manera a menudo agresiva, con la necesidad de habilitar espacios seguros. Vale. Sin embargo, la pregunta es hasta qué punto podemos asegurar un espacio. Donde pretendemos asegurarlo normativamente hasta el final, es decir, al margen del sentido común, caemos en una especie de neurosis colectiva… como podemos constatar casi a diario. Y es que la búsqueda de un espacio seguro es lo más parecido a diseñar un espacio virtual… en donde el otro no tiene cabida. Pues que haya otros significa que pueden irrumpir molestamente, incluso dañándonos.

La cuestión, ciertamente, es en qué medida pueden molestarnos —qué cantidad de daño deberíamos poder tolerar. Pero donde la respuesta es ninguno, la convivencia deviene un infierno. Pues vivir significa rozarse. Y los roces, inevitablemente, hieren la piel… aunque el tamaño de la herida dependerá, sin duda, del tipo de piel. Más aún: porque esto es así, tenemos palabras como disculpa y perdón. La tolerancia cero con respecto a cualquier roce o insinuación es un eufemismo de intolerancia. Y donde rige la intolerancia, no hay perdón que valga. En su lugar, el peso de la dura lex. Aunque, a continuación, añadamos el sed lex.

nietzscheanas 65

abril 4, 2025 § Deja un comentario

Según Nietzsche, no hay algo así como la verdad. Todo sería perspectiva… si la palabra fuese adecuada. Pues una perspectiva es, en cualquier caso, relativa a algo que se sitúa más allá de cuanto podamos decir al respecto desde un punto de vista. Y, por eso mismo, suponemos que ese algo es un en sí al que podríamos acceder a través de un lenguaje cuya validez trascendiese, precisamente, la perspectiva. Para el racionalista este lenguaje sería, de hecho, el de la matemática. Ahora bien, según Nietzsche, al igual que para los empiristas, la matemática no dejaría de ser un artificio, una simplificación excesiva del en sí… si lo hubiese. De hecho, la idea de un en sí por debajo de las apariencias es, en última instancia, un truco del lenguaje —una ilusión lingüística.

Así, para Nietzsche no hay verdad —ni puede haberla— porque no cabe la posibilidad de hechos puros, hechos con respecto a los cuales, al estar al margen de la perspectiva, fuera posible establecer la verdad de nuestros enunciados acerca del mundo. No hay hechos que sean con independencia de los presupuestos que constituyen una cosmovisión —es decir, una perspectiva— y, por ende, un mundo. Los presupuestos que rigen, pongamos por caso, una cosmovisión religiosa —hay otro mundo por encima del que habitamos— no son los mismos que los que dibujan el perfil de nuestra actual visión científica del mundo. Por consiguiente, los hechos de la primera cosmovisión no serán los mismos que los de la segunda (y de ahí que Nietzsche dijera que hubo Dios… y que ahora en modo alguno podía haberlo). El chamán admitirá que tiene visiones del más allá porque ha ingerido peyote. Pero añadirá que no solo porque lo haya ingerido: si puede ver lo que ve es porque no cuestiona que haya otro mundo.

El ver es siempre un ver como. No hay visión que no posea una carga teórica —que no incorpore un cierto saber. Así, quien ve un martillo ve un clavo. Si no lo viese al ver un martillo, no vería un martillo, sino otra cosa —por ejemplo, un arma defectuosa o rara. El martillo sería la metáfora del clavo. La esencia del lenguaje es, por eso mismo, metafórica: cualquier cosa remite al resto. Todo es lo que no es —aunque Nietzsche, al carecer de instinto dialéctico, no llegó, ciertamente, tan lejos.

Sin embargo, qué ve aquel al que se le aparece algo incomparable —algo que, aun cuando pueda decir que es, no sabe qué es o en qué consiste. Ese algo absolutamente extraño se mostraría como un puro algo-ahí… y, por eso mismo, sería la metáfora de Dios, su símbolo o índice. Pues Dios es el nombre de lo absolutamente extraño u otro —de una pura alteridad. De asimilar a Dios —de verlo como, por ejemplo, un padre… a la hora de una idea de lo que pueda ser Dios—, Dios dejaría de ser Dios para devenir un dios a medida —a la medida, precisamente, de las condiciones de nuestra receptividad. Al fin y al cabo, lo extraño siempre se hace presente como algo relativo a unos esquemas sensoriales o mentales —y de ahí lo inevitable de la analogía: esto es como…. O dicho de otro modo, al añadir un cierto saber a la aparición de lo absolutamente extraño, Dios pasaría a formar parte del mundo. Y esto sería así aun cuando, debido a que ese saber continuaría siendo incompleto, al mismo tiempo dijéramos que pertenece a un mundo superior. En realidad, siendo más precisos, formaría parte del todo. Sin embargo, lo cierto es que lo absolutamente extraño u otro tiene que permanecer, por definición, como ab-suelto del todo, esto es, sin juicio —sin lenguaje. Nuestra necesidad de comprender a Dios expresaría, por tanto, nuestra congénita incapacidad para soportar a Dios y, en definitiva, para enfrentarnos a una alteridad sin rostro.

Es cierto que llegados a este punto, alguien podría objetar que los humanos seríamos absolutamente extraños para los ácaros del polvo, si fueran conscientes, y no por ello seríamos dioses. Sin duda, esta —que fuéramos dioses— sería su impresión. Pero se equivocarían. Pues no somos dioses. Como tampoco un dios es Dios.

Ahora bien, quien plantease dicha objeción no tendría en cuenta que esto es así tan solo con respecto a cualquier objeto insólito, no con respecto a la nada. Al menos, porque la nada es, de hecho, lo que en modo alguno cabe asimilar. Y por eso mismo, es lo único que puede comprenderse como lo absolutamente extraño. En modo alguno, la nada se hace presente como tal. Ninguna metáfora ontológica vale para la nada… salvo el todo, lo que no implica que la nada sea asimilable. Pues el todo tampoco lo es. Ciertamente, podríamos creer que la nada remite a, por ejemplo, el vacío. Pero esta remisión sería meramente literaria o epistemológica, en modo alguno ontológica. El martillo remite al clavo —y esta remisión es entre cosas (y por eso mismo, hablamos de una remisión ontológica: no se trata simplemente de hacerse una idea de la naturaleza de un martillo… como cuando comparamos la nada con el vacío). Ontológicamente, la nada solo puede remitir al todo. Pues hay el todo porque la nada no es. Es decir, porque la nada es en su negación de sí, hay el todo. Y aquí topamos, de nuevo, con Dios —con el acto creador que es Dios en sí. Pues Dios crea el mundo retirándose —o por decirlo en cristiano, vaciándose de sí mismo. Sin embargo, esto no deberíamos entenderlo como si primero hubiera Dios y, posteriormente, se vaciase de sí mismo. Nada hay antes del acto creador. Dios, en sí, es el acto de negación de sí en pos de lo otro de sí —en filosófico, el no es nada de un puro haber. En esto consiste el amor de Dios. Y nadie dijo que el amor no fuese excesivo, sin medida,terrible. Por el amor de Dios, hay Dios como el eterno por-venir de Dios. Y, consecuentemente, por este mismo amor hay el todo.

Evidentemente, lo anterior no es Nietzsche. Pero conecta con Nietzsche. O mejor, es lo que acaso hubiera dicho Nietzsche de poseer, como decía, un instinto dialéctico más afilado. Con todo, lo que sí intuyó Nietzsche es la profunda conexión entre nihilismo y el monoteísmo cristiano. Y esto es lo que cuesta, religiosamente, de tragar.

nietzscheanas 64

abril 3, 2025 § Deja un comentario

En Nietzsche podemos rastrear dos críticas al cristianismo. Una es explícita —y es la que figura en los manuales. La otra es subyacente y tira de ironía. Bastante. La primera se dirige directamente a la cristiandad —y podríamos decir que tiene que ver con la transformación del cristianismo en un platonismo para el pueblo, una vez se impone como la religión oficial de Occidente. La segunda es, según mi parecer, la más interesante. Pues se sirve del cristianismo para dinamitar la cristiandad. Pero aquí hay que leer entre líneas. En este sentido, es posible que Nietzsche entendiera el cristianismo mejor que muchos cristianos.

Conforme a la primera, el cristianismo, en tanto que platonismo popular, proporciona una sentido a la existencia —un hacia dondedesde las alturas, por decirlo de algún modo. Así, la vida posee un significado únicamente en la medida que encarna el ideal, lo que debe ser, en definitiva, lo que realmente vale… aun cuando sea hasta cierto punto. La vida, por consiguiente, no posee valor en sí misma. Ahora bien, lo que esto implica es que, desde la perspectiva cristiano-platónica, la vida, en cuanto tal, queda devaluada. Hasta aquí nada que no sepa quien haya leído a Nietzsche con un mínimo de interés.

En cambio, según la segunda, el ateísmo moderno es un hijo bastardo de la proclamación cristiana. Nietzsche, como decía, no lo afirma explícitamente (y por eso, hay que leer entre líneas). Pero es imposible, debido a su sólida formación teológica, que Nietzsche ignorase que los primeros en proclamar la muerte de Dios fueron, precisamente, los cristianos. Me cuesta imaginar que Nietzsche no tuviera en mente, al escribir y nosotros lo hemos matado tras proclamar la muerte de Dios, las resonancias cristianas de este nosotros. Y es que, conforme a la confesión creyente, quien colgó de una cruz no fue simplemente el enviado de Dios, sino el quién de Dios, aquel con el que Padre se identifica, —el Hijo—… y sin el cual Dios aún no es nadie.

Para el cristianismo, Dios tiene cuerpo. Al margen de su cuerpo, el haber de Dios anda rozando el del un nadie. Pues la encarnación no debe entenderse como si Dios adoptase un aspecto humano. De hecho, esta lectura del hacerse cuerpo de Dios fue condenada —y ferozmente— por la Iglesia, desde casi el principio. La presencia de Dios, al margen de la corporalidad, es la de un eterno ausente o en falta. Es decir, Dios no tiene otra entidad que la del cuerpo de quien acabó muriendo como un perro bajo el implacable silencio de Dios, aunque también abandonándose a Dios… lo que para Nietzsche sería, ciertamente, absurdo. Por consiguiente, según la confesión creyente, el único aspecto de Dios —su forma, esencia o modo de ser— es el de un crucificado en nombre de Dios… esto es, en su lugar. Desconcertante —muy desconcertante— para los que poseen una típica sensibilidad religiosa. Pues esta da por descontado que Dios existe en una especie de dimensión desconocida a la manera de un ente superior —o, si se prefiere, supremo—, tutelando, de manera a menudo incomprensible, la vida de sus criaturas. Y digo desconcertante, por no decir escandaloso o, sencillamente, inaceptable… para quien necesita decirse a sí mismo que goza del amparo de un poder sobrehumano.

En este sentido, podríamos sostener que, en tanto que aún no es nadie sin la adhesión incondicional del hombre de Dios, el Dios cristiano nos libera de la dependencia de lo divino, en definitiva, de lo gigantesco. Y nos libera porque la cruz revela la impotencia de Dios, al fin y al cabo, el envés del poder de la nada. Pues el poder que puede con el todo —el todopoderoso— es el de una nada que permanece agazapada en su negación de sí —y en esto consiste el amor de Dios— más allá del todo (y por eso mismo, de los tiempos). En realidad, el horizonte del amor siempre fue la inmolación.

Evidentemente, para el cristianismo el asunto no termina con la cruz. Pues hubo resurrección. Esta proporcionaría, por tanto, un hacia donde a la existencia. Sin embargo, probablemente Nietzsche nos diría que hay que aprender a leer. Pues que la resurrección de los muertos —ese imposible— se venda como la solución es como decir que no hay solución. En este sentido, el cristianismo, bien leído, sería un brutal ejercicio de ironía.

Así, en nombre de este Dios, estamos solos. Y por eso caben dos opciones. O bien, asumimos que somos hermanos debido a una común orfandad (y actuamos en consecuencia… esperando lo imposible). O bien, y esta sería la propuesta de Nietzsche, nos ponemos a bailar. Y da igual si lo hacemos rodeados de amapolas o encima de la pira de los gaseados. Todo vale. Y por eso mismo, nada vale. O al revés. Sin embargo, en el caso de emular a Dioniso, el dios bailongode la Antigüedad, lo que dejaríamos atrás sería, precisamente, lo que hasta el momento había constituido nuestra humanidad. No secundariamente, Nietzsche entendió el dilema de la existencia como un tener que apostar por Cristo o por Dioniso.

Con todo, la cuestión es quién será capaz de bailar de este modo. Pues este baile no es, ciertamente, para el hombre.

paradojas creyentes, una vez más

abril 2, 2025 § Deja un comentario

El verdadero Dios es el que no existe. Lo dice la Biblia. De hecho, en esto consiste su trascendencia, por encima incluso de la de los dioses. Lo repitió Bonhoeffer: un Dios que existe, no existe. Y para más inri, los muertos resucitarán.

Al final, será cierto que el cristianismo es una creencia en la que no podemos creer. O mejor, una creencia que no es posible tomarla en serio sin acabar desquiciados. ¿Hermanos? ¿De verdad? ¿Y que hacemos tan tranquilos, tirados sobre el sofá?

Quizá de estas lluvias procedan los lodos de las adaptaciones: en el fondo —se nos dice—, es cuestión de descubrir la experiencia que hay por debajo del lenguaje que se empleó en los orígenes, de encontrar nuevos modos de decir lo mismo. ¿Y, con ello, no queda modificada la experiencia?

recursividad

abril 1, 2025 § Deja un comentario

Podemos preguntarnos en qué consiste la realidad de Dios. Pero también en qué consiste la creencia en Dios. De hecho, la reflexión es recursividad, la posibilidad de desplazar la interrogación sobre el objeto a la interrogación misma. Ahora bien, el efecto lateral de este desplazamiento es, precisamente, el extrañamiento del sujeto de su creencia. Pues no es lo mismos dirigirse a Dios —invocarlo— que inspeccionar el sentido de esa invocación.

Ahora bien, esta interrogación de segundo orden tiene también sus presupuestos. Pues no es lo mismo pensar la creencia en Dios donde Dios se da por descontado que donde no. Agustín, Anselmo, Tomás de Aquino… no dudaron. O mejor: a pesar de sus dudas, nunca se pusieron en el lugar de Dios. Así, no es que la sospecha moderna conduzca a la increencia, sino que esta —al fin y al cabo, la negación de Dios— precede al ejercicio de la sospecha.

Aunque, en realidad, cristianamente, el gran extrañamiento tuvo lugar sobre el Gólgota. No es el mismo extrañamiento que el del filósofo. A pesar del aire de familia.