comencemos por ahí
marzo 21, 2026 § Deja un comentario
Este es el punto de partida de la Revelación: no hay Dios. Pues Dios es su Testamento.
(PS: Luego vendrá el matiz del teólogo parroquial: “la Revelación no revela que no haya Dios, sino un Dios que nunca nos llegamos a imaginar.” De acuerdo. Pero ¿cómo es que continúa predicando como si Dios siguiera siendo, precisamente, el que imaginamos y, por eso mismo, podemos religiosamente soportar? ¿Acaso el Dios inconcebible no es el que colgó de un madero como un apestado de Dios?)
la versión teológica de la dialéctica entre el amo y el esclavo
marzo 20, 2026 § 3 comentarios
Porque el hombre dependió de Dios, el mismo Dios terminó dependiendo del hombre. Al fin y al cabo, es lo que sostiene el cristianismo al confesar que no hay otro Dios que el encarnado —y confesarlo ante el crucificado. O, yendo un poco más allá: que el verdadero Dips es el que quiso, y desde el princpio, depender del hombre que depende de Dios. Otro asunto es qué implica la confesión cristiana con lo que naturalmente se entiende por divino. Pues es obvio que el cristianismo supuso —y sigue suponiendo— una discontinuidad.
fumando espero
marzo 16, 2026 § Deja un comentario
El creyente permanece a la espera de Dios. Y esto significa que su fe —su confianza— no se resuelve como un saber. ¿Habrá, finalmente, Dios? Y aquí doy por sentado, que esta esperanza va con el mazo dando, el de las obras y el de la gracia.
Luego irrumpe la reflexión, planteando la cuestión de si, en el caso de topar con Dios, sea post mortem o en vida, podríamos aceptarlo como Dios. Esto es, si donde Dios dejara de ser el misterio que abraza cuanto es —si se manifestara como ente superior o, si se prefiere supremo— cabría aún admitirlo, precisamente, como Dios. Pero, de no ser así, qué poder redimirá a quienes necesitan redención.
Cristianamente, este poder va unido al del Mesías. De ahí que, para un cristiano, la espera de Dios sea indisociable del maranatha. Sin embargo, de qué poder hablamos si no puede en verdad concebirse como ex machina. ¿Acaso del poder que se halla inscrito en la misma realidad de Dios, aquella que se realiza históricamente, esto es, in fieri?
dos modos de presencia
marzo 15, 2026 § Deja un comentario
Decir que hay Dios es referirse a la presencia de lo que no cabe ver. Y no porque Dios sea una hipótesis explicativa, como quien sabe que hay fuego tras el muro por el humo que provoca, sino porque el creyente siente su presencia. Sin embargo, esta sentimiento puede sobrevenir de dos modos. El primero es el tópicamente religioso, el que la Ilustración tachó de superstición. Así, religiosamente, se siente la presencia de Dios como puede sentirse la presencia de espíritus en un bosque —y más si, de repente, se hubiera hecho el silencio. El problema es que, hoy en día, este tipo de presencia ya no se da por descontado. Y, por eso, uno tiene que sentirla por su cuenta y riesgo… lo que afecta, sin duda, a la relación entre experiencia y verdad.
El segundo modo es el que inauguró Israel. Pues siendo Yavhé el Altísimo, su presencia era, más bien, la de su ausencia o porvenir. No en vano Dios se reveló como su promesa, esto es, como la promesa de Dios. De hecho, que la creencia en presencias invisibles que ejercían un poder particular a nuestro alrededor fuese denunciada como idolatría fue antes un audacia profética que ilustrada. El monoteísmo no es, simplemente, una cuestión de cantidad, sino que atañe a lo que se siente como divino. De ahí que la fe no termine de hacer buenas migas con la religión natural.
teísmo y nihilismo
marzo 13, 2026 § Deja un comentario
La superación ilustrada del teísmo conduce, subrepticiamente, al nihilismo. Pues un Dios que se revela como un eso, algo así como una variante del arjé, no ofrece una respuesta a la pregunta por la vida que pueden esperar aquellos a los que se les arrancó la vida antes de tiempo y sin piedad. ¿Una disolución en las aguas del océano? ¿Una eternidad espectral sin padre? Otro asunto es que el teísmo no sepa qué decir ante la sospecha de que la idea de un Dios-padre tiene que ver con nuestra necesidad de amparo que con la verdad de Dios. Y quizá no sabe qué responder porque aún está un tanto lejos de comprender qué supuso con respecto a Dios proclamar que no hay Padre sin Hijo. O, por decirlo de otro modo, que el crucificado fue verdadero hombre y verdadero Dios.
jesucentrismo
marzo 12, 2026 § Deja un comentario
El centro de gravedad del cristianismo es Jesús de Nazaret y no Dios. O mejor dicho, es Dios en tanto que Jesús ocupa su lugar, como quien dice. Pues es Jesús el que soporta la extrema trascendencia de Dios —aquella que anda rozando la nada— y, por eso mismo, Jesús es la respuesta de Dios al clamor de los sin Dios. Como Moisés lo fue en su momento. De ahí que la respuesta sea, en cualquier caso, la Ley. En Jesús, sin embargo, la Ley ya no será el medio para hacerse dignos de la misericorida divina, sino la respuesta a un perdón ofrecido de antemano, el que divide los tiempos en un antes y un después. Ahora bien, y a diferencia de Moisés, la respuesta que Jesús encarna —en definitiva, el perdón de Dios— se dio en el Calvario. Pues es bajo el insoportable silencio de Dios que invocó el perdón de Dios. Y porque, al invocarlo, lo encarna, sus verdugos fueron perdonados.
Otro asunto es qué hicieron con ese perdón.
sexo y vocación religiosa
marzo 8, 2026 § Deja un comentario
Que el sexo fuese, católicamente, pecaminoso halla su explicación más elemental en la vida del monje, el eremita, el dedicado a la causa. Y es que la vocación genuina no es tanto un me gustan las cosas de Dios —aunque algo tienen que gustarte— como un sentirse llamado a participar del combate entre Dios y el demonio. Y al soldado, todo lo que le aparte de las trincheras es tentación, obra del enemigo. Es decir, demoníaco.
Sin embargo, hoy en día, las vocaciones difícilmente se sostienen sobre el espíritu soldadesco. Más bien, y en general, sobre una fuerte inclinación a hacer el bien en nombre de Dios —y, de paso, autorrealizarse. ¿El resultado? La deserción. Y uno puede desertar sin abandonar la disciplina de la vida religiosa. Basta con convertirla en oficio. Así, la lucha interior ha pasado a entenderse como una lucha contra uno mismo y no contra el demonio. Y es más “fácil” resistirse al demonio que habita en ti que a una pulsión natural —y por extensión, saludable. Con todo, tampoco cabe volver atrás. Pues nadie elige lo que se le muestra como hecho. O, por decirlo de otro modo, el mundo al que pertenece.
tipologías creyentes
marzo 5, 2026 § Deja un comentario
Hay quienes sienten que Dios les llama. Y todo se les muestra desde esta perspectiva. Quiero decir que no salen de ella. Ni a golpe de Holocausto. Hay quienes sienten la presencia de Dios. Y, sin embargo, se preguntan si ese sentimiento acaso solo tendrá que ver con su necesidad de un amparo sobrenatural. Antiguamente, no se lo hubiesen preguntado. La pregunta, de haberla, era si acaso Dios no les habría abandonado. Al fin y al cabo, el asunto Dios, de entrada, tiene que ver con lo que la época nos permite dar por sentado. Sin embargo, el Dios que se nos ofrece de entrada —incluso si esta entrada corre por nuestra cuenta y riesgo— siempre fue un Dios en falso. Y es que la fe, a diferencia de la mera creencia, da su primer paso con la experiencia de la orfandad. Y donde esta se impone, la respuesta no revelará la orfandad como transitoria. Aunque tampoco como definitiva. Más bien, como un mientras tanto.
del fariseo y el publicano, una vez más
marzo 3, 2026 § Deja un comentario
¿Es posible que el fariseo leyera Lc 18, 9-14 y no se reconociese? Quizá lo podríamos dar por descontado. Pues la hipocresía farisaica encuentra su base en una creencia sincera. La buena gente —y los fariseos, conviene recordarlo, fueron buena gente— ¿acaso no se siente satisfecha de pertenecer a su mundo? En ese mundo, todo cuadra. Sin embargo, no hubo ningún mundo para el cobrador de impuestos. ¿Ese hijo de puta arrepentido estuvo más cerca de Dios? ¿Va en serio? Es como si, hoy en día, el enviado nos dijera que el SS que, sepultado por el espíritu de sus víctimas, clamaba por Dios se hallaba justamente ante Dios —y no los fieles que cantan el agermanats como si el pasar de largo no fuera con ellos. ¿Aún no hemos comprendido que la fe es el paso al frente de los desencajados, de los que ni siquiera pueden sentir un Dios de su parte? ¿Acaso las celebraciones cristianas no comienzan con la confesión de la propia indignidad? ¿O es que esta confesión no significa que la legitimidad de dichas celebraciones depende de que nos identifiquemos, precisamente, con los desencajados?
el final de la esperanza
marzo 1, 2026 § Deja un comentario
Al fin y al cabo, la esperanza del creyente es muy elemental —muy a flor de piel: que alguien nos saque de esta prisión. O, frente a la muerte: seguir con vida unos días más —y se sobrentiende que saludable. Aquí no caben — literalmente: no encuentran su sitio— las acrobacias de la reflexión. Tampoco las invalida, sin embargo. Podríamos decir que la esperanza más corpórea es algo así como un chutar el balón hacia delante. ¿La portería? Ya se verá.
Sin embargo, ¿que diríamos si pudiéramos liberarnos de la prisión o seguir con vida simplemente porque sí —porque, simplemente, sucedió? Probablemente, no era eso lo que esperábamos. O no solo. La esperanza es, casi por defecto, mesiánica. El creyente espera un libertador que, además, proporcione un porqué definitivo. El Mesías siempre ocupó el lugar de Dios. Y lo ocupó porque —y esta es la intuición de fondo del mesianismo— Dios no procede, ni puede proceder, ex machina. Ahora bien, por eso mismo, el último porqué siempre será un porqué sí —porque Dios quiso. Y aquí deberíamos tener en cuenta, si pretendiéramos captar el alcance del amor de Dios, que no hay querer que no sea sacrificial.
furor
febrero 28, 2026 § Deja un comentario
Puedo entender el furor iconoclasta. Pues sus raíces son proféticas. Es cierto que sin imágenes es difícil que lleguemos a incorporar —literalmente, hacer cuerpo de— lo que se nos reveló al pie de una cruz. Pero también lo es que caemos en la idolatría donde adoramos con devoción religiosa lo que la imagen nos sugiere. En este sentido, todas las vírgenes locales son intercambiables. Pues su función es satisfacer nuestra necesidad de contar con un amparo sobrenatural. Así, para que la imagen sea, cristianamente, relevante, hay que tener presente la historia que hay detrás, aquella que nos saca del quicio del hogar y, por extensión, del refugio. Solo entonces, los santos darán testimonio. De lo contrario, lo que sus imágenes logran es atarnos —todavía más— a ese quicio.
contra el principio de razón suficiente
febrero 27, 2026 § Deja un comentario
La rosa es sin porqué. De acuerdo. Pero, por eso mismo, también lo fue Auschwitz. Esta es, de hecho, la lección del libro de Job. Por lógica, todo tiene su razón de ser. Con todo, es posible que esa razón no sea, propiamente, una razón. El hágase original fue, en realidad, un Sí porque sí.
Israel, sin embargo, fue también —y sobre todo— Moisés: tras la revelación, la Ley, ese manual de resistencia ante Dios: primero obedeceremos y, luego, Dios dirá. Así, quien comprende la Ley, comprende que fuimos impelidos a la fraternidad por, literalmente, la impasibilidad de Dios. Más aún: que esa impasibilidad es, en realidad, el reverso de su amor.
lo presente
febrero 26, 2026 § Deja un comentario
La presencia del poder depende de sus imágenes. En la antigua Roma, todos sabían quién mandaba: la efigie del César era omnipresente. Y, por eso mismo, producía un clima, un mundo. En la cristiandad, no se dudaba de la existencia de Dios: el crucifijo, las vírgenes, las figuras de los santos, las catedrales… invadieron los espacios. Pocos se atrevieron a cuestionar la omnipresencia de Dios en tanto que, efectivamente, Dios se encontraba en cualquier esquina a través de sus representaciones. La creencia en Dios es, antes que nada, un asunto ambiental y, en definitiva, político. La secularización —la quema de las iglesias, la desnudez de los locales protestantes…— provocó un cambio climático. Una vez realizada, Dios dejó de estar en el presente. O, lo que es lo mismo, ya no pudo darse por descontado. Al desplazarse a la interioridad —al depender del sentimiento creyente—, Dios dio el último paso hacia la irrelevancia. Y es que el sentimiento íntimo, contra lo que suele suponerse hoy en día, es un sucedáneo de la experiencia.
Así, fueron llegando los impostores, con el propósito, no siempre deshonesto, de ganar cotas de realidad: los océanos, la energía positiva, la conexión astral… Evidentemente, aunque en algunos casos lo pretendieran, no consiguieron traducir a las nuevas categorías el viejo Dios del teísmo. Más bien, fueron distintos perros con el mismo collar. De hecho, resulta curioso, por no decir sintomático, que la catequesis cristiana, sobre todo la de corte progresista, haya renunciado a centrarse en la vidas de los santos para ofrecer, en su lugar, ninotets. Es decir, en vez de la paradójica verdad que se revela en los Gólgotas de la historia —y que atestiguan buena parte de los santos—, la promoción de los buenas vibraciones. Ciertamente, esto es importante. El problema es que, al final, la transmisión de la herencia se quede solo en eso.
En cualquier caso, lo cierto es que la muerte de Dios dejó al descubierto el hueso de la espiritualidad bíblica —y, por extensión, el del cristianismo. Pues dicha espiritualidad nunca hizo buenas migas con las imágenes. De hecho, cristianamente, la única imagen de Dios —y sin la cual aún no es nadie— es la de un crucificado en su nombre. Es cierto que no hay verdad que sobreviva históricamente sin el apoyo de una política, la cual, y extrañamente, solo podrá apoyarla falsificándola, esto es, pactando con el mundo. Pero ya no habrá política que valga para el cristianismo, salvo acaso la más perversa, la que, antes que falsificar la verdad, la traiciona. De ahí que su superviviencia exija que los cristianos tomen conciencia del carácter resistente de su fe frente al poder del mundo, una toma de conciencia que, ahora, solo podrá sostenerse sobre la base de las historias —humanas, demasiado humanas— que confieren inteligibilidad a las fórmulas del credo. O, al menos, es lo que me atrevería a decir.
dice el budismo
febrero 19, 2026 § Deja un comentario
Todo nos ha sido dado desde el horizonte del vacío, dice el budismo zen. Todo nos ha sido dado por Dios, dice el monoteísmo. ¿Dónde confluyen? En que la verdad de Dios es su vaciamiento de sí. ¿Donde se separan? No en la caridad a la que nos obliga el gran silencio —y esto es importante—, sino en lo que cabe esperar. En el caso del cristianismo, no la reencarnación —la purificación del karma, diría el hinduismo—, sino la resurrección de los muertos. En ambos casos, se trata de lo increíble. Sin embargo, para el cristianismo, lo increíble apunta a lo imposible en nombre de. Esto es, a una recreación. Y, por eso mismo, a un final de los tiempos. No es exactamente lo mismo que la rueda.
Así, no me atrevería a decir que la parábola de los ciegos y el elefante sea el mejor modo de comprender las discontinuidades entre las sensibilidades religiosas. Pues la esperanza cristiana no es, propiamente, un modo de palpar una realidad que nos excede por completo. Esto es, no es un hacerse una idea. El elefante, al fin y al cabo, es un Dios meramente formal, lógico, algo así como una variante del arkhé de los presocráticos. Poco que ver con un Dios que se revela como su porvenir.
más allá incluso de
febrero 13, 2026 § Deja un comentario
Me atrevería a decir que aún nos hallamos lejos de Dios, mientras sigamos creyendo que experimentar a Dios consiste en alcanzar la cima —o la profundidad— en la que el habita. Pues, en verdad, Dios siempre se encontró más allá de Dios.
Y quizá sea por esto mismo que Isarel comprendió, al pie del Sinaí, que lo decisivo con respecto a Dios no es la participación, sino la obediencia. Pues que ante Dios, estemos sin Dios, en el fondo, significa que, en nombre de Dios, hemos de enfrentarnos a su extrema inaccesibilidad. Como los huérfanos que deciden no abandonarse nunca.
dar razón
febrero 12, 2026 § Deja un comentario
Por lo común, el creyente permanece pegado a su mapa mental. Es decir, las cosas son —se dice a sí mismo— tal y como las siente. Hay un Dios que se preocupa por nosotros. Y cuanto más pegado, más satisfecho de su fe. Lc 18, 9-14.
Sin embargo, también se le pidió que diera razón de su esperanza. Y este es el asunto: que permanecer pegado supone un haber renunciado a la inquietud por la verdad. De hecho, la reflexión lo intranquiliza. Pues ¿acaso esta no exige tomar una cierta distancia?
Con todo, hay dos modos de distanciarse. Uno es el propio de la filosofía. El otro, el de quienes se encuentran en los Gólgotas de la historia. En ambos, Dios queda en suspenso, aunque esta suspensión —resulta obvio— no afecta por igual al filósofo que a los crucificados a causa de nuestra impiedad. En el segundo caso, el suspenso de Dios se experimenta en carne viva. Por eso, la reflexión altamente especulativa de quien ama la verdad solo será teológica si no la lleva a cabo en su nombre, sino en el de aquellos que se encuentran suspendidos. Como Dios mismo. Ahora bien, de llevarse a cabo, la creencia —mejor dicho, la fe— ya no tendrá como punto de partida el sentirse bien creyendo. Aunque tampoco hablamos de lo contrario.
creencia e interiorización
febrero 11, 2026 § Deja un comentario
Creer no consiste, exactamente, en permaneces pegados a la creencia. Y permanecemos pegados a la creencia cuando damos por sentado, por ejemplo, que Dios no espera con los brazos abiertos tras la muerte. En este sentido, la creencia a la que permanecemos pegados es el mapa mental que, habiéndolo interiorizado, nos facilita una orientación, un saber a qué atenernos.
Sin embargo, la fe —o la esperanza que constituye su envés— no se sostiene sobre un mapa mental. Pues el momento de la fe es aquel en el que los mapas mentales han sido hechos trizas. Ese momento es, literalmente, un momento crucial. De hecho, la esperanza nunca se nos dio como saber. Ni siquiera hipotético. Creemos. Esto es, confíamos. Y no porque sí, sino porque hemos sido testigos del acontecimiento de un perdón donde no cabía ningún perdón. O, en su defecto, porque nos fiamos de quienes han dado testimonio.
El nihilista, en cambio, no espera nada. El acontecimiento, sencillamente, caerá en saco roto. Sin embargo, frente a esta desesperanza, el creyente no cuenta con una previsión. En su lugar, un no debe caer en saco roto en nombre de. No es lo mismo. La genuina esperanza siempre anduvo sobre la cuerda floja. Aunque sea firmemente. La interiorización de la esperanza siempre dependió de un tener presente las historias que hay tras las fórmulas de la fe, no de lo psíquicamente conveniente.
a la espera
febrero 10, 2026 § Deja un comentario
Dice la Weil: creer es permanecer a la espera de Dios. De acuerdo. Pero esta espera ¿qué presupone acerca de Dios? Diría que, en principio, caben dos presupuestos. El primero apunta a la intervención ex machina de Dios. El segundo, a su existencia: ¿habrá, finalmente, Dios? Sin duda, ambos prejuicios están íntimamente relacionados. Pues el haber de Dios es indisociable de su poder. De ahí que la pregunta de fondo sea cómo esperamos que se ejerza.
Si ex machina, entonces ya podemos sentarnos —y ello aunque esta esperanza sea la más espontánea: ¿acaso el esclavo no espera, si fuese el caso, que alguien más poderoso que su amo le libere de sus cadenas? Y si digo que ya podemos esperar sentados es porque, desde el lado cristiano, la intervención de Dios es siempre a través de. Al fin y al cabo, el cristianismo fue, originariamente, un mesianismo. De hecho, solo el Mesías atestigua el haber de Dios. Por consiguiente, el permanecer a la espera de Dios equivale, cristianamente, a permanecer a la espera del regreso del Mesías.
Ahora bien, el creyente avant la lettre espera ese regreso porque se encuentra en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre el imperio y sus víctimas. Esto es, no porque busque una satisfacción personal. Otro asunto es que aún lo crea. O pueda creerlo. Pues nuestro clima es nihilista. Y nihilismo significa: no hay —ni habrá— redención para las víctimas. Es decir, no esperemos ningún final de la historia, ninguna sentencia que no sea la que pronuncie el verdugo. De hecho, el cristianismo comenzó a bailarle el agua al nihilismo, una vez dejó atrás el espíritu combativo de los inicios, transformándose en una receta para obetner la salud espiritual.
En realidad, la fe, y por extensión la esperanza en un juicio final, siempre apuntó a lo increíble —e increíble por imposible. Quienes aún no comprenden que la fe en Dios tiene que ver con lo imposible en nombre de se hallan lejos de la fe. Y decir imposible no equivale a decir paranormal. Al menos, porque lo paranormal es posible… en tanto que es relativo a lo que en un momento dado se nos da como normal.
amigo, amigo
febrero 8, 2026 § Deja un comentario
No creo que la intimidad le convega a Dios. Al menos, tal y como se entiende fácilmente hoy en día, esto es, en clave sentimental. Pues uno termina dirigiéndose a Dios como quien habla con su psiquiatra —o, lo que acaso sea aún más relevante, con un chatbot. De hecho, en el evangelio de Marcos, el momento de mayor intimidad es cuando el enviado cae de rodillas en Getsemaní, clamando a Dios por Dios. Y ahí la proximidad coloquial del Padre no es que se diera, precisamente, por descontada. Quien da por descontado a Dios —y más, cuando se lo imagina— aún está lejos de haber experimentado la realidad de Dios. Nada que ver, por tanto, con el amigo invisible de la infancia.
suposiciones del más allá
febrero 7, 2026 § Deja un comentario
Dar por hecho, que la muerte es un tránsito, más que acercarnos a Dios, nos aleja. Pues, en ese caso, dejamos de estremecernos ante la posibilidad de que no haya ningún más allá. Y sin este estremecimiento —tan del Israel de los primeros tiempos—, fácilmente caeremos en la idolatría. La vida nos ha sido dada desde el misterio de Dios. Y, por eso mismo, dejamos a un lado a Dios donde lo damos fácilmente por descontado. Dios lo será todo, menos sedante.
efigies
febrero 6, 2026 § Deja un comentario
La presencia siempre viene cargada de contenido, presupuestos, paradigmas. Así, toda presencia se da en el marco de una cosmovisíón, cuyas coordenadas no se discuten. Y no se discuten —salvo acaso por los filósofos— porque hay imágenes que la refuerzan sólidamente: en Roma, la efigie del emperador era algo así como una constante gravitatoria; en la cristiandad, la cruz. La presencia siempre estuvo acompañada de la espada. O lo que es lo mismo, de una política —de una coerción. Una vez se derrumban las estátuas, solo quedan los afectos personales y la fantasía como salvaguardas de las viejas creencias. No debería extrañarnos que la fe, modernamente, haya terminado apoyándose en el sentimiento de una dependencia fundamental, tal y como sostuviera Scheliermacher. Un débil apoyo, sin duda. Pues conduce, fácilmente, a comunidades de iluminados. La fe devino, así, romántica. En este sentido, Schelling fue más lúcido al afirmar que el monoteísmo es un ateísmo. Como no dejó de serlo cuando añadió, si no recuerdo mal, que el ateísmo es el único punto de partida de una fe que no le da la espalda a la verdad.
nihilismo básico
febrero 4, 2026 § Deja un comentario
No hay el gran Otro que posea el secreto, ni que esté pendiente de nuestra suerte. Níngún símbolo ahí, salvo el proyectado. En su lugar, una ignotum X —un puro significante. Esto es, como sabemos, Lacan. Pero, antes de Lacan, fue Israel. ¿O acaso en Ex 3,14 Yavhé no se le reveló a Moisés como una fórmula pendiente de resolver? ¿Y acaso no la resolvió paradójicamente el cristianismo con el abandonado de Dios que se abandonó a Dios?
Dios es
enero 28, 2026 § Deja un comentario
Si Dios es el Dios que no quiso ser nadie sin el hombre, entonces Dios es, desde nuestro lado, el Dios que espera el hombre de Dios. ¿Desde el lado de Dios? El hombre de Dios que, como maldito de Dios, se abandonó a Dios.
paganismo y fe (1)
enero 21, 2026 § Deja un comentario
El paganismo —literalmente, una religión campesina— fue la creencia más espontánea: todo está lleno de dioses. Al fin y al cabo, la religión arraiga en el animismo. Hasta las piedras tienen un aura.
Por eso mismo, la fe de Israel —y, por extensión, la cristiana— es irreconciliable con la perspectiva pagana. Y es que el presupuesto de la fe, en tanto que esta consiste en permanecer confiadamente a la espera de Dios, es, precisamente, la desaparición de Dios. Donde Dios se revela como el Altísimo, el mundo deja de estar atravesado por poderes con los que nos vemos obligados a negociar.
Sin embargo, una vez el monoteísmo cristiano se impuso como obviedad política, la fe se transformó en el paganismo que inicialmente superó, aunque fuese con el motivo de un único dios. Tras esta vuelta a las andadas, la esperanza se convirtió en expectativa, el tener que responder al clamor de los hermanos que no cuentan en esa caridad puntual que nos hace sentir bien, el desquicio del profeta, en la admonición paternalista del pastor, el misterio de Dios —ese que roza el nadie— en el dios misterioso.
De ahí la importancia de la dogmática cristológica. Pues siempre cabrá la posibilidad de, al menos, volver a leerla con atención. De hecho, la crítica más radical de la cristiandad —de su docetismo implícito— se encuentra en dicha dogmática antes que en los atrabiliarios párrafos de Nietzsche. En ella y en la vida de los mártires. Pues, de hecho, la dogmática constituyó —y aún constituye— su clave hermenéutica.
ambas
enero 19, 2026 § Deja un comentario
De no estar acompañada de una cierta dureza, la ternura conduce a la tibieza o la narcisista satisfacción de sí. La dureza, sin unas buenas dosis de ternura, a la impiedad. Pues la dureza es dura porque está hecha con las piedras del Gólgota. Ahora bien, la dureza de los que regresaron con vida del Gólgota abraza la ternura. Pues lo que sucedió en el Gólgota fue la crucifixión del enviado. Pero lo que tuvo lugar —lo que aconteció— fue una imposible compasión.
El corazón cristiano contiene ambas. Y dependiendo del momento, pesará más una u otra. Kairós.
la esperanza creyente
enero 18, 2026 § Deja un comentario
Es evidente —o debería serlo—: los sujetos de la esperanza cristiana son los desesperados, aquellos que han sufrido la inapelable condena del mundo: para ti y tus hijos, las cámaras de gas. Sin embargo, si la esperanza esta lejos de la expectativa razonable es porque se asienta en el acontecimiento de un perdón imposible, por sobrehumano —por inconcebible, no anticipable o exigible. Un ejemplo, el de la madre colombiana que adoptó como hijo al sicario que asesinó al que tuvo como mujer. Ese perdón, al trascender cualquier obligación moral, supone la interrupción del ciclo de la violencia histórica, un reset de dimensiones cósmicas. En este sentido, no es casual que la redención, cristianamente, vaya asociada al fin del mundo —un fin que daría paso a una nueva creación, a una humanidad nueva. Es obvio que el horror sigue ahí, campando a sus anchas. Pero, por eso mismo, el ya sí, pero todavía no. De ahí que el cristianismo pierda su nervio donde sustituye el horizonte escatológico por una expectativa consoladora, por asumible. Esto es, donde da por hecho, lo que en modo alguno puede darse por hecho. Al menos, porque el todavía no mantiene en vilo —o debería mantener— los corazones cristianos.
Sin embargo, debido a esto último, el cristianismo se encuentra más cerca del nihilismo que de la religión o el paganismo. Al menos, porque aún es posible que el ya sí del acontecimiento sea, simplemente, una anomalía. Y más aún si tenemos en cuenta que Dios no es un deus ex machina.
teología y servicio
enero 17, 2026 § Deja un comentario
Suele decirse que el teólogo está al servicio de la comunidad cristiana. Por descontado. La pregunta, sin embargo, es qué tipo de servicio presta —pues El Corte Inglés también sirve. Y si es teológo no podrá eludir el compromiso con la verdad —en su caso, con la verdad que se nos reveló en el Gólgota. Y la verdad duele.
Me refiero a que la teología, aun cuando se haga de rodillas, no obtiene su salario de la piedad. O mejor dicho, de la piedad más espontánea, aquella que gira en torno al dedo que apunta al sol. De hecho, la teología, y por su compromiso con la verdad, tiene la misión de recordarle al creyente lo que no debería olvidar sin tomar el nombre de Dios en vano: que el dedo apunta, precisamente, al sol. Y el sol, cristianamente, es un Dios que quiso, y desde el principio, depender del hombre que depende de Dios. No es algo fácil de tragar para quien, campesinamente, cree que Dios es alguien al margen de su cuerpo.
donde menos te lo esperas
enero 14, 2026 § Deja un comentario
Para la tradición bíblica, Dios aparece donde menos se lo espera. Esto es, no en el prodigio paranormal o lo gigantesco, sino en lo minúsculo, lo despreciado, lo miserable. De acuerdo.
Ahora bien, este giro no supone, estrictamente, un cambio en el referente —como si, de repente, hubiésemos descubierto que el autor de Hamlet fue Marlowe y no, Shakespeare—, sino una alteración del significado de la palabra “Dios”. Pues esta no significa lo mismo donde apunta al silencio que cubre por igual el crecimiento de la hierba y el horror —a los verdugos y a sus víctimas— que al poder o fenómeno extraordinarios . La proclamanción cristiana —la revelación de Dios como un crucificado en su nombre— debió de sonar a oídos paganos —es decir, espontáneamente religiosos— como si hoy hubiésemos descubierto que Hamlet fue escrito por un chimpancé. Sencillamente, no es posible. Sin embargo, si fuese verdad que Hamlet hubiese sido escrito por un chimpancé , entonces no es que hubiésemos descubierto quien fue realmente “el autor de Hamlet”, sino que, más bien, la noción misma de autor quedaría en el aire. Únicamente, podríamos preservarla humanizando al chimpancé —como si el chimpancé fuese, en realidad, un humano con el aspecto, la apariencia del chimpancé.
Este fue, de hecho, el truco del doceta. No obstante, lo cierto es que si hubo cristiandad fue porque la Iglesia toleró de facto el docetismo que de iure condenó.
yo soy “ese”
enero 10, 2026 § Deja un comentario
Un Dios que se dijera a sí mismo Yo soy Dios, solo por eso mismo no sería Dios. Pues el Yo estaría, por defecto, más allá de la divinidad… con la que se identifica. No puede ser de otra manera. La identificación solo es posible donde el yo que se reconoce en un cuerpo, un carácter, en definitiva, un modo de ser o esencia difiere, continuamente, de aquello con lo que, de hecho, se identifica. Es este diferir lo que constituye la subjetividad, la conciencia de sí. No termino de ser lo que soy se dice, sinceramente, el yo. La posibilidad, irrefutable, de ser otro pertenece, por tanto, al yo. Así, te dicen, pongamos por caso, que eres bella. Pero, en el fondo, sabes que no lo eres —que estás más allá de la belleza que eres. La intimidad está hecha de materiales de derribo, de lo que no somos ahí donde somos quienes somos. La intimidad es, necesariamente, sin-cera —y por eso mismo, ignora el éxito… algo así como una tergiversación. Quien no se encuentra a sí mismo más allá de su triunfo es, sencillamente, plano.
De lo anterior se desprende, sin embargo, que el yo no es aún nadie sin los rasgos con los que se identifica. Es no siendo nadie aún, por así decirlo. Es pro-yecto de sí. Literalmente: hacia lo recto. Con todo, se trata de un viaje sin final. Pues, de alcanzar lo recto, tampoco podrá reconocerse por entero en esa rectitud. Quizá sea por eso mismo, nuestra posición más verdadera sea la del encorvado o, por decirlo en clave teológica, la del arrodillado.
Consecuentemente, no es secundario que Dios„ al declararse ante Moisés diciendo Yo soy el que soy —o, siendo más estrictos, seré —, rehúya toda definición. Moisés responde al clamor de los oprimidos de Egipto en nombre de Dios, esto es, de nadie aún. De ahí que los nadie de este mundo sean el envés de Dios. Para Israel, la presencia de Dios —su hacerse presente— es indisociable de su por-venir o promesa de sí. Esto es, Dios en sí mismo —el Padre— está por realizar. Se trata del principio de la cristologia. Pues el Padre solo es tal en el Hijo. O por decirlo de otro modo, Dios solo puede realizarse como Dios en quien le es fiel hasta el final. Y esto significa “en quien permanece fiel a Dios donde este se revela, a través de su implacable silencio, como aún nadie”. La Palabra de Dios no es de Dios, sino del hombre de Dios. Un Dios sin cuerpo —y un cuerpo humano, demasiado humano— tiene pendiente, precisamente, su divinidad. Díficilmente, comprenderemos el alcance de la Encarnación donde no nos imaginemos a Dios diciendo yo soy ese que cuelga de una cruz.
Otro asunto es que muchos cristianos sigan creyendo religiosamente en un Dios que es al margen de la carne. Por no hablar de quienes, pretendiendo actualizar, honestamente, el mensaje cristiano renuncian al alguien, haciendo de Dios el trasunto de un océano o de una vibración que, se supone, da buen rollo. Pero, como decíamos, este es otro asunto.
orar y clamar
enero 4, 2026 § Deja un comentario
Orar es clamar a Dios por Dios. El fariseo, al sentirse tan orgulloso de su fe, es incapaz de orar. Su oración, un espectáculo. En cambio, el publicano, sepultado por su miseria, no puede hacer más que clamar ante Dios. Sin embargo, si hay clamor y no tan solo petición es porque, como decía Bonhoeffer, ante Dios estamos sin Dios. Quien clama ni siquiera puede imaginar que haya un Dios de su parte. En lugar de Dios, el enviado.
Pues bien, como sabemos, tan solo el publicano fue justificado. Esto es, únicamente él —y no el fariseo— estuvo en el justo lugar ante Dios. Y diría que aún estamos lejos de pillarlo. Pues ¿acaso el creyente no supone con demasiada fácilidad que Dios sigue ahí, dispuesto a echarle un cable —o que, simplemente, tiene algún interés en escuchar su diálogo interior? ¿No hay aquí un exceso de prepotencia?
templis fugit
enero 3, 2026 § Deja un comentario
Con el cristianismo y su Dios crucificado, lo santo se queda sin Templo. Nietzsche erró en las fechas cuando escribió que las iglesias se habían convertido en los sacórfagos de Dios. De hecho, tras el triunfo histórico de la fe en un crucificado, lo que anteriormente era impuro —el leproso, la prostituta, el chivo expiatorio…— fue santificado. Es en esos cuerpos —y en ningún otro lugar—, donde Dios se hace presente. Pues, para la tradición bíblica, no hay encuentro con lo divino que no suponga un tener que responder a su clamor.
Desconcertante, cuando menos. Al menos, para quienes no ignoren que significó ser un dios. Otro asunto es nuestra tendencia humana, demasiado humana, a volverlo a colocar en los altares.
simple
diciembre 31, 2025 § Deja un comentario
O Dios es un quien o no es Dios, sino una fuente, se supone que con buenas vibraciones. Las espiritualidades del arjé, por decirlo en breve, son, más bien, recetarios, métodos para alcanzar una buena salud. Y estos son importantes. Pues hay en el mundo mucho que limpiar. SIn embargo, dejan a un lado la que me parece la cuestión fundamental, a saber: qué vida pueden esperar quienes murieron antes de tiempo a causa de nuestra impiedad.
Sé que la respuesta habitual, desde el lado de las espiritualidades del arjé, es la que apunta a una vida dichosa post mortem, por no hablar de la segunda oportunidad que supone la posibilidad de una reencarnación. Pero esto es mucho suponer. Y la fe cristiana está lejos de ser una suposición. Ahora bien, no porque ofrezca a cambio una certeza —la resurrección de los muertos no puede serlo—, sino porque el quién de Dios no es el de un abuelo espectral, sino el de un cuerpo humanos, demasiado humano, en definitiva, palpable … lo que significa que la esperanza está indisociablemente ligada al definitivo porvenir de Dios.
El creyente, al fin y al cabo, no tiene ni idea de cómo podrá suceder una nueva creación. Pero si se aferra a lo imposible es porque Dios y el imperativo de Dios —su deber ser— son las dos caras de la misma experiencia de Dios.
ante el árbol
diciembre 30, 2025 § Deja un comentario
Recuerdo una conversación con Richard Gassis, jesuita ya fallecido, en la que me decía, con sentida convicción, que el árbol que teníamos enfrente nos lo había puesto Dios para que nos diera sombra. Esa conversación provocó en mí una honda conmoción… a pesar de su carácter elemental. O por eso mismo. No por su contenido, sino por su corporalidad. Sin embargo, la pregunta es si, de hecho, es así.
La respuesta es no. Pues, como dijera Bonhoeffer, un DIos que existe, no existe. Ahora bien, quizá la pregunta sea si es verdadera, a pesar de que no haya hechos que la confirmen —ni pueda haberlos. Y aquí la respuesta es sí. Sin embargo, para comprender su porqué hay que ir más allá de los hechos. Pues la convicción de Gassis es verdadera como es verdad que la amada le ha robado el corazón al amante. Y lo es porque su pasión es más que un mero chute hormonal.
Con todo, este más no remite a otro mundo, algo así como un trasunto big size del que nos ha tocado en suerte, sino a la nada —a su inherente paradoja. La rosa es sin porqué, dijo el Silesius. Y lo es porque su horizonte es, en realidad, el de la negación de sí que es inherente a la nada —a la nada de Dios. Desde este horizonte, todo nos ha sido dado —todo deviene aparición, milagro, extra-ordinario. Pero por eso mismo, también extraño.
Así, es verdad que ese árbol fue puesto por Dios. Pero no porque, de hecho, sea tal y como es dicho, sino porque todo es gracia. Y es que para interiorizar en el dia a día el sin porqué —para incorporarlo— no podemos evitar, como seres de carne y hueso, el uso de las figuras de la imaginación: hay alguien ahí arriba que…
PS: El imaginario es una trampa —una que nos impide alcanzar la boca de la caverna — donde aún estamos de ida. Deja de serlo, donde estamos de vuelta. Pero, en ese caso, su uso será, forzosamente, irónico, que no cínico. Como el que hace un hombre del te quiero cuando se declara a una mujer… sabiendo que eso aún no es posible, pero siendo consciente, a la vez, de que tiene que decirlo antes de tiempo para que pueda tener lugar… en el mejor de los casos. Se trata de la sinceridad del buen actor, el que asume un papel, sabiendo que él es más que el papel que representa —y, por eso mismo, ese más se traslada, precisamente, a ese papel.
ser y lenguaje
diciembre 27, 2025 § Deja un comentario
No comprendemos la naturaleza del lenguaje mientras lo pensamos desde su función, esto es, como código o sistema de signos. Como escribiera Nietzsche, no nos libraremos de Dios hasta que no nos liberemos de la gramática. Y es que es en el lenguaje donde anida nuestra esencial exposición a una alteridad que no es nada en sí misma, sino, en cualquier caso, pro-vocación, el hágase más originario.
En este sentido, habría dos nihilismos, aunque diferentes de los que puso Nietzsche sobre la mesa. El primero sería el positivista, el cual solo ve cosas, nada más; el segundo, el de quien asume qué significa existir. Y con respecto a este último nihilismo, cualquier salida solo puede darse como fe en lo imposible. Y es que nada más imposible que lo más real, a saber, lo absolutamente otro que, en su hundimiento, funda el mundo. El cristianismo, como sabemos, concibe esto último como el amor de Dios. Pero este es otro asunto.
en manos de o arrojados
diciembre 26, 2025 § Deja un comentario
Es interesante el giro heideggeriano con respecto al sentimiento de hallarse en manos de, el cual, según Schleiermacher, constituía el envés del sentimiento de dependencia que sostenía la existencia creyente. En este giro, de hecho, se consuma el abandono moderno del poso cristiano, el cual ya anticipó Hegel, y con sarcasmo, al destilar la intuición que esta en la base de su pensamiento diciendo que, si fuera así, el perro tendría la fe más perfecta. Así, Heidegger propone, en lugar de un hallarse en manos de, el sentimiento —fundamental y, por eso mismo, insustituible— de un estar arrojados. No es exactamente lo mismo. Pues el experimentar la propia existencia como un haber sido arrancados sin que haya un de qué no equivale a experimentarla como estando en manos del Padre.
Aquí, ciertamente, podríamos hablar de secularización. Pero con este término, por lo común, se da a entender que, en el fondo, seguimos hablando de lo mismo… aunque sin admitirlo. No lo tengo tan claro. Pues también podríamos decir, siguiendo la estela de la moderna Ilustración, que el mito, más bien, supone una anticipación, deformada por su simbolismo, de una lucidez que se atreve a exponer crudamente lo que el mito amagaba con sus figuras aún demasiado humanas.
Frente a esta disyuntiva, el monoteísmo de Israel se alza como un tertium a tener en cuenta. Pues, para Israel, ni Dios se deja encerrar en las figuras de la religiosidad más espontánea, con lo que, en sí mismo, se encuentra más cerca del nadie que de cualquier dios campesino; ni el estar arrojados se comprende al margen de la promesa. Aunque esta apunte a lo imposible.
…para rescatarnos de toda impiedad…
diciembre 25, 2025 § Deja un comentario
Donde partimos del significado heredado —de la tradición—, díficilmente entendemos su alcance. De este modo, al decir, pongamos por caso, que Jesús es Dios espontáneamente proyectamos las emociones asociadas a la palabra Dios sobre el hombre que fue Jesús de Nazaret… convirtiéndolo en Dios antes de tiempo —y, de paso, cayendo en una variante del antiguo docetismo.
Así, para comprender lo desconcertante de la confesión creyente deberíamos retroceder hasta topar con el galileo… cuando aún nadie se atrevia a proclamar su filiación. Basta con imaginar que andamos en medio de tinieblas como los sobrantes —como quienes viven bajo la bota de un poder implacable y, por eso mismo, cruel— para caer en la cuenta de lo que pudo significar la irrupción de un hombre bueno que anunciaba la liberación de Dios. En esa situación, quienes se atrevieron a confesar tú eres el Cristo —y más, si fue al pie de la cruz—, estuvieron lejos de delirar. Pues un cristiano, por definición, siempre proclama su fe ante el tribunal del César, esto es, ante la impiedad del mundo. La genuina esperanza, a diferencia de la mera expectativa en un ideal, se incrusta en la carne como pro-vocación.
De lo anterior se desprende que donde recitamos el credo estando bien situados —donde solo vemos el horror por televisión—, no hacemos más que tomar el nombre de Dios en vano. Y en ese caso, quizá sea preferible sustituir el cristianismo por una creencia menos ambiciosa, una que no pretenda más que promover los buenos sentimientos.
el mar de las cañas
diciembre 24, 2025 § Deja un comentario
Lo revolucionario no fue que los esclavos de Egipto, tras el acontecimiento del Mar Rojo, tuvieran un Dios de su parte. Fue que lo creyeran. De hecho, con esta fe Israel dio el primer paso hacia el monoteísmo. Pues si había un Dios que jugaba a favor de los lumpen —algo, literalmente, increíble para quien supìera lo que significaba ser un Dios—, entonces podía estar del lado de cualquiera. Y un Dios de cualquiera es más Dios que el que habita solo en los bosques o en el vientre de un volcán.
Aun así, lo que nunca se imaginó el primer Israel es que un Dios que puede con todo, no puede con nada.
fundar
diciembre 22, 2025 § Deja un comentario
El fundamento va hacia el fondo. Hasta desaparecer. No es anterior al mundo, sino que lo funda en su sumergirse. El plano deviene relieve por el hundirse del fundamento. El fundamento: la desaparición de lo que aparece en el ahora.
El presente —el Sí— está marcado por la negatividad. De hecho —como vio Hegel—, el Sí es el efecto de una doble negación. Al fin y al cabo, el sacrificio de Dios —su kenosis— es el verdadero arjé. ¿El precio? El anhelo del Padre.
Sin embargo, el cristianismo —no tanto, la cristiandad— nunca se andó con medias tintas: no encontrarás al Padre, sino en el Hijo. Pues Dios no quiso ser Dios sin aquellos que lo encarnan. Es un decir.
Yavhé y Baal
diciembre 21, 2025 § Deja un comentario
¿Es posible que el Yavhé de Job sea un trasunto de Baal —por su indiferencia y aparente falta de piedad? ¿Acaso el que siempre niega no estaba junto a Yavhé desde el comienzo del relato? Ciertamente, da esta impresión. Pero, a diferencia de Yavhé, Baal admite sacrificios. Demasiado cercano como para revelarse como la verdad de Dios. Según Israel, la trascendencia de Dios es extrema. Y de ahí que no sea posible negociar. Dios es el que es. Con respecto a Dios no hay descripción que valga. Ni siquiera por comparación. Y, por eso mismo, no cabe ningún trato. Punto y aparte. ¿Un dios de nuestra parte? Quizá. Pero aún quedaría lejos de Dios.
Job, ciertamente, supo que significaba hallarse ante Dios. Baal —como el estallido del volcán, la devastación que provoca el tornado…— inspira miedo. El silencio de Yavhé, el que cubre por igual la alegría de tus hijos como su gaseamiento, temor y temblor. No es lo mismo. Aun cuando lo parezca. Y porque lo parece la religión siempre estuvo próxima al acto de fe.
el pueblo elegido
diciembre 17, 2025 § Deja un comentario
De la monolatría —un dios de nuestra parte— al monoteísmo —un Dios presente como el ausente o por venir— a través de un duro exilio. La elección de Israel ya no significará un favoritismo, sino la responsabilidad del testimonio.
La seriedad —el sentir de lo verdadero— comienza donde los mapas mentales —las perspectivas— saltan a pedazos.