Dios es

enero 28, 2026 § Deja un comentario

Si Dios es el Dios que no quiso ser nadie sin el hombre, entonces Dios es, desde nuestro lado, el Dios que espera el hombre de Dios. ¿Desde el lado de Dios? El hombre de Dios que, como maldito de Dios, se abandonó a Dios.

paganismo y fe (1)

enero 21, 2026 § Deja un comentario

El paganismo —literalmente, una religión campesina— fue la creencia más espontánea: todo está lleno de dioses. Al fin y al cabo, la religión arraiga en el animismo. Hasta las piedras tienen un aura.

Por eso mismo, la fe de Israel —y, por extensión, la cristiana— es irreconciliable con la perspectiva pagana. Y es que el presupuesto de la fe, en tanto que esta consiste en permanecer confiadamente a la espera de Dios, es, precisamente, la desaparición de Dios. Donde Dios se revela como el Altísimo, el mundo deja de estar atravesado por poderes con los que nos vemos obligados a negociar.

Sin embargo, una vez el monoteísmo cristiano se impuso como obviedad política, la fe se transformó en el paganismo que inicialmente superó, aunque fuese con el motivo de un único dios. Tras esta vuelta a las andadas, la esperanza se convirtió en expectativa, el tener que responder al clamor de los hermanos que no cuentan en esa caridad puntual que nos hace sentir bien, el desquicio del profeta, en la admonición paternalista del pastor, el misterio de Dios —ese que roza el nadie— en el dios misterioso.

De ahí la importancia de la dogmática cristológica. Pues siempre cabrá la posibilidad de, al menos, volver a leerla con atención. De hecho, la crítica más radical de la cristiandad —de su docetismo implícito— se encuentra en dicha dogmática antes que en los atrabiliarios párrafos de Nietzsche. En ella y en la vida de los mártires. Pues, de hecho, la dogmática constituyó —y aún constituye— su clave hermenéutica.

ambas

enero 19, 2026 § Deja un comentario

De no estar acompañada de una cierta dureza, la ternura conduce a la tibieza o la narcisista satisfacción de sí. La dureza, sin unas buenas dosis de ternura, a la impiedad. Pues la dureza es dura porque está hecha con las piedras del Gólgota. Ahora bien, la dureza de los que regresaron con vida del Gólgota abraza la ternura. Pues lo que sucedió en el Gólgota fue la crucifixión del enviado. Pero lo que tuvo lugar —lo que aconteció— fue una imposible compasión.

El corazón cristiano contiene ambas. Y dependiendo del momento, pesará más una u otra. Kairós.

la esperanza creyente

enero 18, 2026 § Deja un comentario

Es evidente —o debería serlo—: los sujetos de la esperanza cristiana son los desesperados, aquellos que han sufrido la inapelable condena del mundo: para ti y tus hijos, las cámaras de gas. Sin embargo, si la esperanza esta lejos de la expectativa razonable es porque se asienta en el acontecimiento de un perdón imposible, por sobrehumano —por inconcebible, no anticipable o exigible. Un ejemplo, el de la madre colombiana que adoptó como hijo al sicario que asesinó al que tuvo como mujer. Ese perdón, al trascender cualquier obligación moral, supone la interrupción del ciclo de la violencia histórica, un reset de dimensiones cósmicas. En este sentido, no es casual que la redención, cristianamente, vaya asociada al fin del mundo —un fin que daría paso a una nueva creación, a una humanidad nueva. Es obvio que el horror sigue ahí, campando a sus anchas. Pero, por eso mismo, el ya sí, pero todavía no. De ahí que el cristianismo pierda su nervio donde sustituye el horizonte escatológico por una expectativa consoladora, por asumible. Esto es, donde da por hecho, lo que en modo alguno puede darse por hecho. Al menos, porque el todavía no mantiene en vilo —o debería mantener— los corazones cristianos.

Sin embargo, debido a esto último, el cristianismo se encuentra más cerca del nihilismo que de la religión o el paganismo. Al menos, porque aún es posible que el ya sí del acontecimiento sea, simplemente, una anomalía. Y más aún si tenemos en cuenta que Dios no es un deus ex machina.

teología y servicio

enero 17, 2026 § Deja un comentario

Suele decirse que el teólogo está al servicio de la comunidad cristiana. Por descontado. La pregunta, sin embargo, es qué tipo de servicio presta —pues El Corte Inglés también sirve. Y si es teológo no podrá eludir el compromiso con la verdad —en su caso, con la verdad que se nos reveló en el Gólgota. Y la verdad duele.

Me refiero a que la teología, aun cuando se haga de rodillas, no obtiene su salario de la piedad. O mejor dicho, de la piedad más espontánea, aquella que gira en torno al dedo que apunta al sol. De hecho, la teología, y por su compromiso con la verdad, tiene la misión de recordarle al creyente lo que no debería olvidar sin tomar el nombre de Dios en vano: que el dedo apunta, precisamente, al sol. Y el sol, cristianamente, es un Dios que quiso, y desde el principio, depender del hombre que depende de Dios. No es algo fácil de tragar para quien, campesinamente, cree que Dios es alguien al margen de su cuerpo.

donde menos te lo esperas

enero 14, 2026 § Deja un comentario

Para la tradición bíblica, Dios aparece donde menos se lo espera. Esto es, no en el prodigio paranormal o lo gigantesco, sino en lo minúsculo, lo despreciado, lo miserable. De acuerdo.

Ahora bien, este giro no supone, estrictamente, un cambio en el referente —como si, de repente, hubiésemos descubierto que el autor de Hamlet fue Marlowe y no, Shakespeare—, sino una alteración del significado de la palabra “Dios”. Pues esta no significa lo mismo donde apunta al silencio que cubre por igual el crecimiento de la hierba y el horror —a los verdugos y a sus víctimas— que al poder o fenómeno extraordinarios . La proclamanción cristiana —la revelación de Dios como un crucificado en su nombre— debió de sonar a oídos paganos —es decir, espontáneamente religiosos— como si hoy hubiésemos descubierto que Hamlet fue escrito por un chimpancé. Sencillamente, no es posible. Sin embargo, si fuese verdad que Hamlet hubiese sido escrito por un chimpancé , entonces no es que hubiésemos descubierto quien fue realmente “el autor de Hamlet”, sino que, más bien, la noción misma de autor quedaría en el aire. Únicamente, podríamos preservarla humanizando al chimpancé —como si el chimpancé fuese, en realidad, un humano con el aspecto, la apariencia del chimpancé.

Este fue, de hecho, el truco del doceta. No obstante, lo cierto es que si hubo cristiandad fue porque la Iglesia toleró de facto el docetismo que de iure condenó.

yo soy “ese”

enero 10, 2026 § Deja un comentario

Un Dios que se dijera a sí mismo Yo soy Dios, solo por eso mismo no sería Dios. Pues el Yo estaría, por defecto, más allá de la divinidad… con la que se identifica. No puede ser de otra manera. La identificación solo es posible donde el yo que se reconoce en un cuerpo, un carácter, en definitiva, un modo de ser o esencia difiere, continuamente, de aquello con lo que, de hecho, se identifica. Es este diferir lo que constituye la subjetividad, la conciencia de sí. No termino de ser lo que soy se dice, sinceramente, el yo. La posibilidad, irrefutable, de ser otro pertenece, por tanto, al yo. Así, te dicen, pongamos por caso, que eres bella. Pero, en el fondo, sabes que no lo eres —que estás más allá de la belleza que eres. La intimidad está hecha de materiales de derribo, de lo que no somos ahí donde somos quienes somos. La intimidad es, necesariamente, sin-cera —y por eso mismo, ignora el éxito… algo así como una tergiversación. Quien no se encuentra a sí mismo más allá de su triunfo es, sencillamente, plano.

De lo anterior se desprende, sin embargo, que el yo no es aún nadie sin los rasgos con los que se identifica. Es no siendo nadie aún, por así decirlo. Es pro-yecto de sí. Literalmente: hacia lo recto. Con todo, se trata de un viaje sin final. Pues, de alcanzar lo recto, tampoco podrá reconocerse por entero en esa rectitud. Quizá sea por eso mismo, nuestra posición más verdadera sea la del encorvado o, por decirlo en clave teológica, la del arrodillado.

Consecuentemente, no es secundario que Dios„ al declararse ante Moisés diciendo Yo soy el que soy —o, siendo más estrictos, seré —, rehúya toda definición. Moisés responde al clamor de los oprimidos de Egipto en nombre de Dios, esto es, de nadie aún. De ahí que los nadie de este mundo sean el envés de Dios. Para Israel, la presencia de Dios —su hacerse presente— es indisociable de su por-venir o promesa de sí. Esto es, Dios en sí mismo —el Padre— está por realizar. Se trata del principio de la cristologia. Pues el Padre solo es tal en el Hijo. O por decirlo de otro modo, Dios solo puede realizarse como Dios en quien le es fiel hasta el final. Y esto significa “en quien permanece fiel a Dios donde este se revela, a través de su implacable silencio, como aún nadie”. La Palabra de Dios no es de Dios, sino del hombre de Dios. Un Dios sin cuerpo —y un cuerpo humano, demasiado humano— tiene pendiente, precisamente, su divinidad. Díficilmente, comprenderemos el alcance de la Encarnación donde no nos imaginemos a Dios diciendo yo soy ese que cuelga de una cruz.

Otro asunto es que muchos cristianos sigan creyendo religiosamente en un Dios que es al margen de la carne. Por no hablar de quienes, pretendiendo actualizar, honestamente, el mensaje cristiano renuncian al alguien, haciendo de Dios el trasunto de un océano o de una vibración que, se supone, da buen rollo. Pero, como decíamos, este es otro asunto.

orar y clamar

enero 4, 2026 § Deja un comentario

Orar es clamar a Dios por Dios. El fariseo, al sentirse tan orgulloso de su fe, es incapaz de orar. Su oración, un espectáculo. En cambio, el publicano, sepultado por su miseria, no puede hacer más que clamar ante Dios. Sin embargo, si hay clamor y no tan solo petición es porque, como decía Bonhoeffer, ante Dios estamos sin Dios. Quien clama ni siquiera puede imaginar que haya un Dios de su parte. En lugar de Dios, el enviado.

Pues bien, como sabemos, tan solo el publicano fue justificado. Esto es, únicamente él —y no el fariseo— estuvo en el justo lugar ante Dios. Y diría que aún estamos lejos de pillarlo. Pues ¿acaso el creyente no supone con demasiada fácilidad que Dios sigue ahí, dispuesto a echarle un cable —o que, simplemente, tiene algún interés en escuchar su diálogo interior? ¿No hay aquí un exceso de prepotencia?

templis fugit

enero 3, 2026 § Deja un comentario

Con el cristianismo y su Dios crucificado, lo santo se queda sin Templo. Nietzsche erró en las fechas cuando escribió que las iglesias se habían convertido en los sacórfagos de Dios. De hecho, tras el triunfo histórico de la fe en un crucificado, lo que anteriormente era impuro —el leproso, la prostituta, el chivo expiatorio…— fue santificado. Es en esos cuerpos —y en ningún otro lugar—, donde Dios se hace presente. Pues, para la tradición bíblica, no hay encuentro con lo divino que no suponga un tener que responder a su clamor.

Desconcertante, cuando menos. Al menos, para quienes no ignoren que significó ser un dios. Otro asunto es nuestra tendencia humana, demasiado humana, a volverlo a colocar en los altares.

simple

diciembre 31, 2025 § Deja un comentario

O Dios es un quien o no es Dios, sino una fuente, se supone que con buenas vibraciones. Las espiritualidades del arjé, por decirlo en breve, son, más bien, recetarios, métodos para alcanzar una buena salud. Y estos son importantes. Pues hay en el mundo mucho que limpiar. SIn embargo, dejan a un lado la que me parece la cuestión fundamental, a saber: qué vida pueden esperar quienes murieron antes de tiempo a causa de nuestra impiedad.

Sé que la respuesta habitual, desde el lado de las espiritualidades del arjé, es la que apunta a una vida dichosa post mortem, por no hablar de la segunda oportunidad que supone la posibilidad de una reencarnación. Pero esto es mucho suponer. Y la fe cristiana está lejos de ser una suposición. Ahora bien, no porque ofrezca a cambio una certeza —la resurrección de los muertos no puede serlo—, sino porque el quién de Dios no es el de un abuelo espectral, sino el de un cuerpo humanos, demasiado humano, en definitiva, palpable … lo que significa que la esperanza está indisociablemente ligada al definitivo porvenir de Dios.

El creyente, al fin y al cabo, no tiene ni idea de cómo podrá suceder una nueva creación. Pero si se aferra a lo imposible es porque Dios y el imperativo de Dios —su deber ser— son las dos caras de la misma experiencia de Dios.

ante el árbol

diciembre 30, 2025 § Deja un comentario

Recuerdo una conversación con Richard Gassis, jesuita ya fallecido, en la que me decía, con sentida convicción, que el árbol que teníamos enfrente nos lo había puesto Dios para que nos diera sombra. Esa conversación provocó en mí una honda conmoción… a pesar de su carácter elemental. O por eso mismo. No por su contenido, sino por su corporalidad. Sin embargo, la pregunta es si, de hecho, es así.

La respuesta es no. Pues, como dijera Bonhoeffer, un DIos que existe, no existe. Ahora bien, quizá la pregunta sea si es verdadera, a pesar de que no haya hechos que la confirmen —ni pueda haberlos. Y aquí la respuesta es . Sin embargo, para comprender su porqué hay que ir más allá de los hechos. Pues la convicción de Gassis es verdadera como es verdad que la amada le ha robado el corazón al amante. Y lo es porque su pasión es más que un mero chute hormonal.

Con todo, este más no remite a otro mundo, algo así como un trasunto big size del que nos ha tocado en suerte, sino a la nada —a su inherente paradoja. La rosa es sin porqué, dijo el Silesius. Y lo es porque su horizonte es, en realidad, el de la negación de sí que es inherente a la nada —a la nada de Dios. Desde este horizonte, todo nos ha sido dado —todo deviene aparición, milagro, extra-ordinario. Pero por eso mismo, también extraño.

Así, es verdad que ese árbol fue puesto por Dios. Pero no porque, de hecho, sea tal y como es dicho, sino porque todo es gracia. Y es que para interiorizar en el dia a día el sin porqué —para incorporarlo— no podemos evitar, como seres de carne y hueso, el uso de las figuras de la imaginación: hay alguien ahí arriba que

PS: El imaginario es una trampa —una que nos impide alcanzar la boca de la caverna — donde aún estamos de ida. Deja de serlo, donde estamos de vuelta. Pero, en ese caso, su uso será, forzosamente, irónico, que no cínico. Como el que hace un hombre del te quiero cuando se declara a una mujer… sabiendo que eso aún no es posible, pero siendo consciente, a la vez, de que tiene que decirlo antes de tiempo para que pueda tener lugar… en el mejor de los casos. Se trata de la sinceridad del buen actor, el que asume un papel, sabiendo que él es más que el papel que representa —y, por eso mismo, ese más se traslada, precisamente, a ese papel.

ser y lenguaje

diciembre 27, 2025 § Deja un comentario

No comprendemos la naturaleza del lenguaje mientras lo pensamos desde su función, esto es, como código o sistema de signos. Como escribiera Nietzsche, no nos libraremos de Dios hasta que no nos liberemos de la gramática. Y es que es en el lenguaje donde anida nuestra esencial exposición a una alteridad que no es nada en sí misma, sino, en cualquier caso, pro-vocación, el hágase más originario.

En este sentido, habría dos nihilismos, aunque diferentes de los que puso Nietzsche sobre la mesa. El primero sería el positivista, el cual solo ve cosas, nada más; el segundo, el de quien asume qué significa existir. Y con respecto a este último nihilismo, cualquier salida solo puede darse como fe en lo imposible. Y es que nada más imposible que lo más real, a saber, lo absolutamente otro que, en su hundimiento, funda el mundo. El cristianismo, como sabemos, concibe esto último como el amor de Dios. Pero este es otro asunto.

en manos de o arrojados

diciembre 26, 2025 § Deja un comentario

Es interesante el giro heideggeriano con respecto al sentimiento de hallarse en manos de, el cual, según Schleiermacher, constituía el envés del sentimiento de dependencia que sostenía la existencia creyente. En este giro, de hecho, se consuma el abandono moderno del poso cristiano, el cual ya anticipó Hegel, y con sarcasmo, al destilar la intuición que esta en la base de su pensamiento diciendo que, si fuera así, el perro tendría la fe más perfecta. Así, Heidegger propone, en lugar de un hallarse en manos de, el sentimiento —fundamental y, por eso mismo, insustituible— de un estar arrojados. No es exactamente lo mismo. Pues el experimentar la propia existencia como un haber sido arrancados sin que haya un de qué no equivale a experimentarla como estando en manos del Padre.

Aquí, ciertamente, podríamos hablar de secularización. Pero con este término, por lo común, se da a entender que, en el fondo, seguimos hablando de lo mismo… aunque sin admitirlo. No lo tengo tan claro. Pues también podríamos decir, siguiendo la estela de la moderna Ilustración, que el mito, más bien, supone una anticipación, deformada por su simbolismo, de una lucidez que se atreve a exponer crudamente lo que el mito amagaba con sus figuras aún demasiado humanas.

Frente a esta disyuntiva, el monoteísmo de Israel se alza como un tertium a tener en cuenta. Pues, para Israel, ni Dios se deja encerrar en las figuras de la religiosidad más espontánea, con lo que, en sí mismo, se encuentra más cerca del nadie que de cualquier dios campesino; ni el estar arrojados se comprende al margen de la promesa. Aunque esta apunte a lo imposible.

…para rescatarnos de toda impiedad…

diciembre 25, 2025 § Deja un comentario

Donde partimos del significado heredado —de la tradición—, díficilmente entendemos su alcance. De este modo, al decir, pongamos por caso, que Jesús es Dios espontáneamente proyectamos las emociones asociadas a la palabra Dios sobre el hombre que fue Jesús de Nazaret… convirtiéndolo en Dios antes de tiempo —y, de paso, cayendo en una variante del antiguo docetismo.

Así, para comprender lo desconcertante de la confesión creyente deberíamos retroceder hasta topar con el galileo… cuando aún nadie se atrevia a proclamar su filiación. Basta con imaginar que andamos en medio de tinieblas como los sobrantes —como quienes viven bajo la bota de un poder implacable y, por eso mismo, cruel— para caer en la cuenta de lo que pudo significar la irrupción de un hombre bueno que anunciaba la liberación de Dios. En esa situación, quienes se atrevieron a confesar tú eres el Cristo —y más, si fue al pie de la cruz—, estuvieron lejos de delirar. Pues un cristiano, por definición, siempre proclama su fe ante el tribunal del César, esto es, ante la impiedad del mundo. La genuina esperanza, a diferencia de la mera expectativa en un ideal, se incrusta en la carne como pro-vocación.

De lo anterior se desprende que donde recitamos el credo estando bien situados —donde solo vemos el horror por televisión—, no hacemos más que tomar el nombre de Dios en vano. Y en ese caso, quizá sea preferible sustituir el cristianismo por una creencia menos ambiciosa, una que no pretenda más que promover los buenos sentimientos.

el mar de las cañas

diciembre 24, 2025 § Deja un comentario

Lo revolucionario no fue que los esclavos de Egipto, tras el acontecimiento del Mar Rojo, tuvieran un Dios de su parte. Fue que lo creyeran. De hecho, con esta fe Israel dio el primer paso hacia el monoteísmo. Pues si había un Dios que jugaba a favor de los lumpen —algo, literalmente, increíble para quien supìera lo que significaba ser un Dios—, entonces podía estar del lado de cualquiera. Y un Dios de cualquiera es más Dios que el que habita solo en los bosques o en el vientre de un volcán.

Aun así, lo que nunca se imaginó el primer Israel es que un Dios que puede con todo, no puede con nada.

fundar

diciembre 22, 2025 § Deja un comentario

El fundamento va hacia el fondo. Hasta desaparecer. No es anterior al mundo, sino que lo funda en su sumergirse. El plano deviene relieve por el hundirse del fundamento. El fundamento: la desaparición de lo que aparece en el ahora.

El presente —el Sí— está marcado por la negatividad. De hecho —como vio Hegel—, el Sí es el efecto de una doble negación. Al fin y al cabo, el sacrificio de Dios —su kenosis— es el verdadero arjé. ¿El precio? El anhelo del Padre.

Sin embargo, el cristianismo —no tanto, la cristiandad— nunca se andó con medias tintas: no encontrarás al Padre, sino en el Hijo. Pues Dios no quiso ser Dios sin aquellos que lo encarnan. Es un decir.

Yavhé y Baal

diciembre 21, 2025 § Deja un comentario

¿Es posible que el Yavhé de Job sea un trasunto de Baal —por su indiferencia y aparente falta de piedad? ¿Acaso el que siempre niega no estaba junto a Yavhé desde el comienzo del relato? Ciertamente, da esta impresión. Pero, a diferencia de Yavhé, Baal admite sacrificios. Demasiado cercano como para revelarse como la verdad de Dios. Según Israel, la trascendencia de Dios es extrema. Y de ahí que no sea posible negociar. Dios es el que es. Con respecto a Dios no hay descripción que valga. Ni siquiera por comparación. Y, por eso mismo, no cabe ningún trato. Punto y aparte. ¿Un dios de nuestra parte? Quizá. Pero aún quedaría lejos de Dios.

Job, ciertamente, supo que significaba hallarse ante Dios. Baal —como el estallido del volcán, la devastación que provoca el tornado…— inspira miedo. El silencio de Yavhé, el que cubre por igual la alegría de tus hijos como su gaseamiento, temor y temblor. No es lo mismo. Aun cuando lo parezca. Y porque lo parece la religión siempre estuvo próxima al acto de fe.

el pueblo elegido

diciembre 17, 2025 § Deja un comentario

De la monolatría —un dios de nuestra parte— al monoteísmo —un Dios presente como el ausente o por venir— a través de un duro exilio. La elección de Israel ya no significará un favoritismo, sino la responsabilidad del testimonio.

La seriedad —el sentir de lo verdadero— comienza donde los mapas mentales —las perspectivas— saltan a pedazos.

Marta y María y el mazapán de El Corte Inglés

diciembre 15, 2025 § Deja un comentario

El padre, moribundo, pide un mazapán. La hija menor le ofrece uno del club del gourmet, el mejor. Carísimo. La mayor se lo recrimina: si no se dará ni cuenta y lo agradecerá igual; y sabes que no vamos muy bien de dinero. Pues eso. Marta y María.

una más

diciembre 7, 2025 § Deja un comentario

No puedo evitar la impresión de que la fe de muchos creyentes reposa, principalmente, en el gusto. Esto es, en el me siento bien creyendo en que hay un Dios que se preocupa por mí y en Jesús como hombre de Dios. Bueno, es lo normal. Nadie se pregunta por la verdad de su suposición. Ahora bien, el problema de escamotear la pregunta por la verdad es que entonces la creencia se encuentra exclusivamente al servicio de uno mismo, de su necesidad de sentido.

Con todo, la cruz, antes que cualquier argumento, constituye la prueba del nueve, la que hace posible el tránsito de la creencia a la fe. De hecho, este es el camino que recorrió el enviado —y que debe recorrer de nuevo el creyente.

Israel y el nihilismo

diciembre 6, 2025 § Deja un comentario

Decíamos: nihilismo significa que, desde la óptica de un tiempo sin final, da igual una operación de exterminio que la sonrisa inocente de un niño. Otro asunto, obviamente, es que no nos lo parezca. Pero que no nos lo parezca no significa, y con igual obviedad, que no sea así. El movimiento de las galaxias seguiría imperturbable etsi homo non daretur.

Ahora bien, probablemente Jerusalén fue más lúcida que Atenas con respecto a este asunto. Pues Israel intuyó lo siguiente: que la vida nos ha sido dada desde el horizonte de la nada, del retroceso de Dios; y que, por esos mismo, debemos preservar la vida en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Israel no se atreve a proponer un sentido que dote de sentido al cumplimiento del deber. Israel no dice: hay que cumplir la Ley porque solo de este modo alcanzaremos la dicha moral, sino hay que obedecer por obedecer…. y luego ya entenderemos. Pues vida y obediencia son las dos caras de una misma moneda. Kant fue, en el fondo„ un converso.

Por tanto, que el nihilista sostenga que la existencia carece de sentido —que no hay meta— apenas importa. Simplemente, porque el tema no es que la vida tenga o no sentido, sino qué hacer una vez caemos en la cuenta del acontecimiento. El resto no se decide desde nuestro lado. Si es que se decide..

elegidos

noviembre 29, 2025 § Deja un comentario

La noción de elección divina ha jugado un papel, me atrevería a decir que constituyente, en la formación del sujeto occidental, el cual tiene dos vectores: el que apunta al sacerdote y el que apunta al übermensch nietzscheano. El punto de partida, como es sabido, fue la autocomprensión de Israel como pueblo elegido. Aquí Israel dio una vuelta de tuerca con respecto a la monolatría inicial: no es solo que Israel tuviera un dios de su parte, sino que, como pueblo, había también sido elegido para dar testimonio a la humanidad del Dios verdadero, lo que no coincide exactamente con un dar cuenta de la verdad de Dios —de hecho, este será el paso que dará Atenas. Esta vuelta de tuerca afecta, es evidente, a la experiencia misma de la divinidad. Al menos porque Dios deja de percibirse como simplemente lo gigantesco. Abraham, el primer creyente, responde a una llamada —y, a partir de ese momento, creer será responder a la invocación de Dios. Y todo responder carga con una responsabilidad.

El profetismo supuso igualmente un paso al frente en esta dirección. Y es que el profeta no es alguien capaz de conectar con la otra dimensión, sino el llamado. El chaman no tiene vocación de chaman. Pero fue en los tiempos de Ezequiel en donde la elección recayó oficialmente en el individuo. La salvación comienza a comprenderse como un asunto judicial: los fieles serán absueltos, mientrras que los impíos, condenados. Paralelamente, desde el horizonte apocalíptico en el que se inscribe el cristianismo, la llamada va adherida a la proclamación: id y anunciad fue el mandato sin el cual la resurrección, de haberla habido, no habría sido más que un fenómeno paranormal.

¿Por qué entonces esto de los dos vectores? ¿Quizá porque la raíz es la misma? Tan solo hizo falta que la palabra Dios perdiera su relevancia social como para que el hombre ocupase el lugar de Dios. El sujeto moderno ya no se comprende a sí mismo como jugando un papel en la historia de la salvación, un relato de trazo cósmico, sino como el que debe transformar el mundo por su cuenta y riesgo, un deber que no responde a ninguna llamada de lo alto, sino únicamente al impulso. Conatus essendi. Como si la llamada procediera de lo más profundo de la psique. Como si la invocación solo pudiera entenderse únicamente como inquietud.

Sin embargo, aquí la sospecha podría ejercerse contra sus maestros. Pues quién se cree el héroe de la transformación ¿acaso no es el títere de una anónima voluntad de poder cuyo principio es el de si es posible, debe realizarse, sean cuales sean las consecuencias? ¿Acaso no es este el principio mismo de la voracidad capitalista?

cristo-lógicas (3)

noviembre 22, 2025 § Deja un comentario

Quien busca la fuente de la vida, precisamente, en una fuente ¿no es, por eso mismo, un idiotés? Literalmente, alguien que ve —y piensa— con el ombligo. Como el que va hurgando entre los desperdicios con la intención de encontrar algo con lo que saciar su hambre. Muy distinto es el del ánimo del que anhela un con quien. Comenzando por el de Dios. Pues ¿acaso no se nos dijo que Dios, en verdad, renunció a su forma divina con la voluntad de encontrarse con el otro de sí mismo, en definitiva, con alguien? ¿Es no fue este su acto más creador? El asunto trasciende la inclinación a la compañía. ¿La razón? El con quién significa con quien quiero ser. Y esto equivale a preguntarse qué quiere de mí aquél con quiero ser. Pues aún no serás nadie mientras no respondas a su demanda.

cristo-lógicas (2)

noviembre 21, 2025 § Deja un comentario

Si Dios es algo, entonces es irrelevante como Dios. ¿La salvación? Acertar con la fuente de la vida. Como quien acierta con el enchufe. Sabiduría, en cualquier caso. Pero seguiremos estando solos. En el fondo, el espíritu religioso es el del niño abandonado que busca a su madre —que busca la relación, el vínculo, la religación. El algo no se interesa por nadie. La matriz —el océano— aún está lejos de ser mamá. Más: el debe —el error— no puede imputársenos por entero. Pues el conflicto es demasiado característico como para reposar sin mala conciencia. ¿Quién podría admitir una paz eterna sin tener la sensación de hallarse en un mundo virtual? Además, Dios, como alguien, ¿no permanecería extrañado de sí mismo o, como decíamos, más allá de su divinidad? Ciertamente. Y en ese caso, ¿no querría ser, precisamente, otro? Pero el otro de Dios ¿no es, acaso, el sin Dios?

cristo-lógicas (1)

noviembre 20, 2025 § Deja un comentario

Si Dios fuese alguien —si fuese una especie de ente espectral tamaño big size—, entonces en sí mismo estaría más allá de sí mismo, esto es, de su divinidad. Es lo que tiene la estructura de la subjetividad: un continuo diferir de los rasgos con los que uno se identifica. Ahora bien, lo que esto significa es que en sí mismo no es nadie. O, también, que ese más allá de su divinidad es, precisamente, el cuerpo de un abandonado de Dios —de un sin Dios.

Más aún: Dios es más que divino —Dios se realiza como hombre de Dios— porque el abandonado de Dios se abandonó a Dios. Y por eso, Dios es.

ahí arriba (y 2)

noviembre 10, 2025 § Deja un comentario

Si es verdad —y lo es— que los capaces de Dios son los que claman a Dios por Dios donde no parece que haya Dios, ¿cómo podemos creernos capaces de Dios donde damos por descontado al dios que nos atiende desde su más allá? ¿Acaso no sufriremos del mal de las primeras filas (Lc 18, 9-14)? ¿Es que Dios no respondió al clamor de los sin Dios con un crucificado en su nombre?

ahí arriba

noviembre 5, 2025 § Deja un comentario

Hablas con Dios y crees que Dios te escucha. ¿Dios?

Es verdad que el de Nazaret fue diciendo aquello de que pedid y se os dará. Pero a él se le dio el cáliz que no pidió, aun cuando aceptó.

Más aún: cómo te quedas creyendo que Dios te escucha, sabiendo que hay tantos que muerden el polvo clamando a Dios por Dios.

not religio

octubre 27, 2025 § Deja un comentario

Para comprender mejor por qué el cristianismo no es, estrictamente, una religión entre otras, basta con tener en cuenta que, tanto el docetismo como el arrianismo, acaso los dos corrientes cristianas que, durante los primeros siglos, a punto estuvieron de sobrepasar la interpretación que terminaría siendo la canónica —la que se cristalizó en la dogmática cristológica—, fueron, de hecho, una lectura religiosa del acontecimiento de la cruz. Y es que, tanto si Jesús es visto como Dios disfrazado de hombre, como si solo es admitido como hombre de Dios pero no como Dios —un hombre de Dios que, tras su muerte y por sus méritos, fue elevado a la altura de Dios… a la manera de los héroes de la antigua Grecia—, Dios permanece en la alturas como un Dios ya realizado, esto es, al margen de su encarnación. Ahora bien, no es esto lo que confiesa el cristianismo. El Dios verdadero y hombre verdadero del credo no hace buenas migas con la revelación. Y es que el Padre no es sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre. Y esto, evidentemente, no dejan las cosas de Dios como estaban.

Otro asunto es que el docetismo o el arrianismo hayan sobrevivido históricamente en la mente de muchos cristianos, bajo la forma de un cristianismo conservador o de izquierdas, respectivamente. De hecho, si hubo cristiandad es porque la Iglesia toleró de facto lo que de iure condenó.

sentir a Dios

octubre 26, 2025 § 1 comentario

La fe hay que vivirla. Dicen. Y en cierto modo es así. Sin embargo, en la promoción de la fe se insiste en el sentimiento. Así, solemos aplaudir a quienes manifiestan sentir a Dios. Y quien dice aplaudir dice poner como ejemplo. También tiene que ser así. Pues es una mala idea comenzar la casa por el tejado. No se les puede exigir a quienes comienzan a salir, pongamos por caso, que se amen de verdad. Pues el amor, de darse, siempre se dará a mitad de trayecto o, lo que es más común, en la tercera fase, cuando los amantes tienen algo que hacerse perdonar y no, meramente, disculpar. En los inicios, prevalece la ilusión del unboxing, la excitación corporal, el enamoramiento que pasa por amor —y es bueno utilizar esta palabra antes de tiempo… para que, precisamente, pueda haber amor, con el paso de los años.

¿El problema? Detenerse en el sentimiento. O creer que la experiencia consiste en el sentir que existimos bajo el amparo de Dios. Pero el sentimiento es frágil… salvo que sea terminal. De ahí que el sentir de los satisfechos poco tenga que ver con el de quien ha experimentado realmente a Dios. Al menos, porque la experiencia de Dios divide la existencia en un antes y un después. Nada volverá a ser como antes.

De hecho, la experiencia de Dios, la que nos obliga a dar el salto de la fe, tiene lugar, precisamente, cuando no hay sentimiento que la apoye. O mejor dicho, cuando el sentimiento es el de una profunda desolación o desamparo. Oscar Romero, antes de morir asesinado dando el pan de cada día a quienes no tienen pan, hacía meses que se sentía incapaz de sentir a Dios. Y es que Dios no pronunciará su Palabra, si antes el creyente no ha cargado sobre sus espaldas el peso de su silencio. Ninguna fe mientras no nos sangren las rodillas.

Al igual que los amantes que no superan la decepción que sucede al unboxing nunca sabrán qué significa amar, el creyente difícilmente podrá dar el paso de la fe donde siga creyendo que el sentimiento de hallarse bajo la presencia de Dios es el no va más de la experiencia de Dios.

Simple. Pero, a la vez, tan difícil. Pues tampoco es algo que podamos humanamente preferir: que pase de mí este cáliz.

ateísmo, agnosticismo y religión

octubre 24, 2025 § Deja un comentario

Suelo decir que el cristianismo está más cerca del ateísmo que de la religión. La razón es que la religión, en general, suele responder a las preguntas últimas antes de tiempo. Y, desde la óptica cristiana, incluso la verdad de Dios se halla en manos de Dios, por así decirlo.

Sin embargo, ¿por qué ateísmo y no agnosticismo? Acaso porque el agnosticismo deja la puerta a que haya algo más allá. Es decir, admite la posibilidad de que la religión dé en el clavo. Ahora bien, es posible que la religión dé en el clavo. Pero aún no será el clavo de Dios.

Y es que cuestión, diría, no es que haya algo más, sino si, al final, podremos vivir en paz, como hijos de un mismo padre. Que Caín no vuelva nunca más a alzar su mazo contra Abel. De haber algo más ahí arriba , no sería Dios, sino a lo sumo dios. Y esta es la cuestión porque, para la tradición bíblica, la realidad de Dios, su extrema trascendencia, no tiene nada que ver con más de lo mismo, pero a lo grande y ahí arriba, sino con la promesa —el por-venir— de Dios. El asunto se las trae. Al menos, porque la realización de Dios —su presentarse— va con el final del mundo. El haber de Dios nunca fue el de los entes. Ni siquiera donde añadimos superiores.

De ahí que, desde los comienzos, el horizonte de la esperanza creyente fuese una nueva humanidad, la recreación, un reset de dimensiones cósmicas, en definitiva, la resurrección de los muertos. Hablamos, sin duda, de lo increíble por imposible. Es en este sentido que me refiero a la la proximidad con el ateísmo. Y es que sostener que no podemos esperar nada más allá, salvo lo imposible, es casi como decir que no hay nada que esperar. Y sin el casi, de entender el cristianismo como la gran ironía de Occidente.

Quizá no sea causal que la revolución sea un asunto de raíz cristiana. Pues revolución significa hacer tábula rasa del pasado para comenzar de nuevo. Pero nada nuevo puede surgir de unas manos que aún conservan los restos de la sangre de Abel. Sencillamente, sin Dios, Nietzsche tiene razón. No esperes más que la reiteración, los mismos perros, con distintos collares.

¿El problema? Que no vamos a refutar a Nietzsche donde nos limitamos a decir aquello de siento que hay un Dios que me ama locamente. Quiero decir que el cristianismo tiene sus días contados donde se limita a cultivar el narcisismo espiritual. A menos que se conforme con la secta, renunciando a su catolicismo. Sin duda, es posible que sobreviva su ethos. Pero sobrevivirá, sin la excusa de Dios. Es decir, con culpable ingenuidad.

los malos

octubre 23, 2025 § Deja un comentario

Hay quienes parece que disfruten haciendo daño. Son los malos. Espontáneamente, podríamos decir que hay buena hierba y mala hierba, quienes nacen predispuestos a la bondad, y quienes se sienten inclinados hacia el mal. Sin embargo, muchos creen que la maldad es algo así como una crosta de la que podríamos desprendernos; que, en el fondo de cada uno, habita el amor al bien. La pregunta es si esto es así o, más bien, estamos ante una creencia en la que necesitamos creer, un trankimazin.

En cualquier caso, lo cierto es que, cristianamente, cabe una condena eterna —cabe el irredimible. Pues aún podemos rechazar la redención que se nos dio de antemano. Así, podría suceder que el soldado que sigue con vida gracias a sangre de su víctima —la sangre que ahora corre por sus venas—, coja de nuevo el fusil para terminar el trabajo. Es posible volver a crucificar a Dios, la posesión demoníaca. Freud nos habló de la pulsión de muerte. Probablemente, no regase fuera de tiesto. En este sentido, recuerdo aquel fragmento de Ernst Jünger en el que sintetiza su paso por las trincheras de la guerra del 14: la primera muerte no puedes soportarla; con la segunda, te acostumbres; la tercera la deseas.

Ahora bien, para que pudieran haber ángeles de Dios, uno tuvo que caer, el más lúcido, el que siempre niega. Y caer junto a Dios, tal y como podemos leer en el Libro de Job.

Todo lo profundo siempre fue muy extraño.

lecciones del Gólgota

octubre 22, 2025 § Deja un comentario

Frente a la hipótesis, la suposición, ¿qué es la fe? Simple: seguir confiando donde ya no somos capaces de seguir confiando. Fe es fidelidad al amo… donde el amo parece habernos abandonado. Y una fidelidad confiada en que finalmente no sea así. Ciertamente, hablamos de algo que anda rozando lo insensato.

Así el creyente confía en que, al final, el verdugo no se saldrá con la suya… a pesar de que las evidencias le dan a entender lo contrario. Y a pesar también de que ignore el cómo. El horizonte de la fe, por tanto, es la liberación, un mundo en el que la impiedad quede sepultada por la bondad. En definitiva, una nueva humanidad —el Reino. Y aquí sigue habiendo mucha insensatez.

Sin embargo, aún podemos hacernos un par de preguntas. Si la fe presupone un amo —un Señor—, en definitiva, una situación de dependencia, quien, por carácter o modernidad, no admite hallarse en manos de ¿podrá dar el paso de la fe? Esta ¿acaso no exige un sujeto infantil? Por otro lado, de realizarse la esperanza creyente, ¿hasta cuándo podríamos soportar un mundo sin sombra?

Con todo, estas preguntas no se las hace el desesperado, el que se encuentra en la situación de creer. Pues la fe, a diferencia del mapa mental, es un clamor que da un paso al frente. Ahora bien, por eso mismo, el sentido de la fe no pertenezca a quien da el paso. Salvo que regrese con vida de la muerte. Pero este ya es otro cantar.

simul

octubre 20, 2025 § Deja un comentario

Que en la vida hay quienes salen ganando y quienes pierden —quienes someten y quienes viven sometidos, quienes cuentan y quienes no— es algo que se ve a lo lejos cuando todo a nuestro alrededor está en orden. Un trabajo digno —o más que digno—, unos hijos que crecen saludables y sin preocupación… al fin y al cabo, una amable rutina, un hogar. Para quienes vivimos en la posición de confort, el cristianismo es un mapa mental que, con la excusa de Jesús de Nazaret, promueve los buenos sentimientos. Hay otros mapas. En los setenta, se hablaba de cristianismo burgués.

Sin embargo, la revelación —la que te deja en un estado de suspensión— solo alcanza a quienes viven a flor de piel el haber sido expulsados del mundo, el derrumbe de los cielos. Y por nuestra violencia, la cual también está hecha con los materiales de una desahogada indiferencia.

¿Estiércol? Sin duda. Pero aquí hay que tener presente que no hay flor que crezca donde la tierra no ha sido abonada. Como también es cierto que demasiado estiércol quema la planta. Simul.

de la misma naturaleza

octubre 19, 2025 § Deja un comentario

El Credo, como sabemos, declara que el Hijo es de la misma naturaleza que el Padre. El asunto se las trae. Pues si partimos del Padre, es decir, si asumimos el presupuesto de la sensibilidad religiosa —Dios, arriba, siendo un ente aparte, y la humanidad, abajo—, entonces fácilmente caeremos en la lectura doceta de la Encarnación: Jesús de Nazaret es, sencillamente, Dios… solo que con un disfraz humano. Como sabemos, esta lectura fue rechazada por la Iglesia, casi desde el principio. Pues, de ser así, lo que quedaría comprometido es, precisamente, aquello de y hombre verdadero.

Por tanto, si la Encarnación es el hacerse hombre de Dios, entonces la naturaleza de Dios, su modo de ser, no es anterior a este hacerse hombre. En cualquier caso, lo anterior sería la voluntad de Dios —la voluntad que es Dios en sí mismo— de reconocerse en su imagen, en definitiva, su kenosis. El crucificado no fue el avatar de Dios, sino su quién.

Ahora bien, entender esto último supone entender que el que Dios sea un Dios con cuerpo —y un cuerpo humano— no significa, simplemente, que Dios sea simplemente humano, ni mucho menos que el hombre sea Dios: significa que Dios es ese hombre que cuelga de una cruz, el abandonado de Dios que, con todo, permaneció fiel a Dios. No hay otro Dios.

Ciertamente, es más fácil, religiosamente hablando, seguir con la interpretación doceta —o, en su defecto, arriana. Y, por eso mismo, la Iglesia ha perdurado a lo largo de dos mil años porque pastoralmente toleró las herejías cristológicas que oficialmente tuvo que condenar para preservar la revelación. Al fin y al cabo, la verdad solo sobrevive históricamente a costa de su simulación.

las dos trascendencias

octubre 16, 2025 § Deja un comentario

Para la religión, la trascendencia es ubicable, un asunto espacial: hay una dimensión superior y de la cual solo obtenemos señales. En cambio, para la fe bíblica, la trascendencia es temporal, un porvenir: Dios no se encuentra en los cielos, sino tras el final de los tiempos. Aquí la trascendencia de Dios es la de su retroceso, el que dio pie al mundo, hacia el futuro del hombre como el futuro mismo de Dios. Y aquí, en vez de señales, contamos con historias, tan humanas que rozan lo sobrehumano.

No parece que se trate de lo mismo. Aunque siempre hay parroquianos que intentan cuadrar el círculo diciendo que la trascendencia es espacio-temporal. Claro.

la resurrección y el poder de Dios

octubre 15, 2025 § Deja un comentario

El creyente permanece a la espera de Dios. Pero ¿a quién —o qué— espera? ¿Al ente superior? ¿Su intervención milagrosa? Y quien espera de este modo, ¿acaso no espera como el niño que da sus primeros pasos espera a que papá le levante de nuevo?

El cristianismo fue, desde el principio, tremendamente provocador. ¿Esperáis a Dios? Ahí lo tenéis, colgando de un madero. Ciertamente, no parece que esto fuese lo que esperaban quienes le siguieron. Pero, con el crucificado, Dios cumple su promesa. ¿Un abandonado de Dios es el que satisface la esperanza creyente? ¿En serio? ¿No estamos cerca del desmentido? ¿Se ríe Dios de sus fieles?

Por supuesto… Sin embargo, hubo resurrección, se nos dirá. La historia no termina en el Gólgota. De acuerdo. Ahora bien, también hubieron dioses en la Antigüedad. Pero ya no pueden haberlos para nosotros. Para nosotros meras fuerzas que los antiguos vieron como expresión del poder de un dios. Modernamente, la interpretación religiosa que iba incrustada en la visión ha quedado separada de la visión. Y este es el tema, hoy en día: que no sabemos ya qué hacer con la resurrección. Ni siquiera, de viajar en el tiempo como periodistas del pasado, podríamos ver lo que ellos vieron. Como no podríamos sentir la presencia de Vulcano en el estallido de un volcán. Ahora bien, sin resurrección la fe cristiana se tambalea. Pablo dixit.

Es cierto que para los primeros cristianos las apariciones y la tumba vacía fueron señales. Entre el no está donde lo dejaron y el he visto al Señor se coció el porvernir, una nueva esperanza. Unos creyeron que dichas señales apuntaban a la simple exaltación del crucificado. Otros, a su haber sido levantado de entre los muertos por el poder de Dios. Estos últimos, terminaron, como sabemos, imponiendo su lectura. Y de esas lluvias los lodos de la cristiandad. En cualquier caso, hoy en día, María de Magdala sería una alucinada. Como lo es el chamán que nos cuenta sus visiones tras cruzar la puerta, con la ayuda de unas dosis de peyote. Pues en nuestro mundo no puede darse lo que, en el de la Palestina de entonces, fue, cuando menos y para algunos, una posibilidad: la posibilidad de lo imposible. Si vieron lo que vieron es porque su marco mental era el de la apocalíptica judía, un marco que, evidentemente, en modo alguno puede ser el nuestro.

Quizá no fuese casual que, en el evangelio más tardío —y por eso mismo, más madurado teológicamente—, cruz y resurrección fueran presentados como dos caras de lo mismo. Pero ¿qué es ese lo mismo? Pues, ni más ni menos, que la identificación de Dios con un crucificado en su nombre: Dios es Jesús.

Y de ahí a la dogmática trinitaria media un paso, un paso que el cristianismo dio a lo largo de cuatro siglos. Y es que la confesión creyente no deja las cosas de Dios como estaban.

Con todo, esta identificación solo posee fuerza motivadora —esto es, anima una nueva esperanza— donde aún cabe confiar en el poder de Dios. ¿De qué poder hablamos, sin embargo? Si nos tomamos en serio lo que significa que Dios sea un Dios encarnado, entonces este poder no puede ejercerse ex machina, es decir, al margen de los cuerpos de quienes vuelven con vida de la muerte, comenzando con el del crucificado. Y aquí, como siempre, hemos de recurrir a las historias que hay detrás de las fórmulas cristianas para, cuando menos, comprender de qué va este asunto. Así, basta con tener presente, por ejemplo, a la madre que amó al hijo que engendró tras una violación como el hijo que Dios le dio. Una locura. O mejor, un imposible. Aquí hay que tener en cuenta que esa madre, tras el trauma, está muerta: ningún porvenir que no sea miserable. ¿Un caso de resiliencia? Sí… si únicamente se tratase de una superación psicológica que la víctima logra por su cuenta y riesgo. Pero aquí hay un niño de por medio, un inocente fruto de la violencia, un responder al cruel desafío de Dios. Y por este gesto —un gesto que interrumpe la continuidad de lo histórico— cabe esperar un nuevo mundo, una nueva humanidad. Aun cuando no sepamos cómo sucederá. Ni si sucederá. En cualquier caso, Ha-Satán no debe alzarse con la victoria.

En el principio está el final, ciertamente. Quizá no sea anecdótico que Lucas comience su evangelio con el anuncio de María.

catástrofe

octubre 12, 2025 § Deja un comentario

Catástrofe significa, literalmente, la caída de los cielos estrellados sobre nuestras cabezas. La catástrofe hace saltar por los aires nuestros mapas mentales, en definitiva, nuestro mundo. ¿Qué queda, por tanto? No un mundo, sino su ruina, una pura exterioridad. Todo deviene oscuridad y silencio. Aunque sea mediodía. Y tú frente a ese ahí, sin mundo.

Hay que reconocer la audacia cristiana cuando nos hace ver que lo de Dios comienza justo en ese momento.

teodicea básica

octubre 9, 2025 § Deja un comentario

Todavía hay creyentes que se preguntan por qué, habiendo Dios, hay tanta maldad y sufrimiento injusto. Aquí, las respuestas suelen ser desconcertantes, por no decir ridículas. Que si Dios, con todo, nos acompaña siempre, como la enfermera que le da su mano al que agoniza en el hospital; que si Dios prefiere dejarnos libres, antes que intervenir; que si Dios sufre con los que sufren,,, Y digo desconcertantes, porque no diríamos de una madre, pongamos por caso, que es una buena madre… si dejara que su criatura se arrojara desde un balcón porque decidió arrojarse o si sufriera junto al hijo que sufre… sin hacer nada para que dejase de sufrir.

Siendo más sofisticados, algunos teólogos recurren al libro de Job para simplemente decir que ignoramos el porqué —y no puede ser de otro modo, tratándose de Dios. Sin embargo, al sostenerlo, acaso demuestren tener poca perspicacia. Pues una lectura más penetrante del libro de Job nos haría caer en la cuenta de que, ciertamente, hay bien —o gracia— porque hay Dios… pero también de que hay desgracia porque hay Dios. La luz y la oscuridad son debidas al mismo Dios (Is 45,7). Pero no porque Dios lo quiera, sino porque tanto el don como el horror se desprenden de la extrema trascendencia de Dios, un trascendencia que, siendo extrema, anda rozando la inexistencia.

El problema de la pregunta de la teodicea tal y como habitualmente se entiende —¿por qué Dios lo permite?— es que apunta al Dios que espontáneamente concebimos como Dios, algo así como un ángel de la guarda big size, … y que nada tiene que ver con la realidad de Dios. Así, la cuestión teológicamente relevante es si la historia tendrá o no un final. Es decir, si al final se separará el trigo de la cizaña o si, más bien, no cabe esperar más que la eterna reiteración de lo mismo. En definitiva, hablamos de quién podrá más, si el Dios de la Justicia, el que decidió tomarse un descanso tras el sexto día, o el príncipe de este mundo. Y, evidentemente, no es algo que sepamos. Creer antes de tiempo, dando por descontado que la película terminará bien, más que una ingenuidad es un tomar el nombre de Dios en vano. Pues creer no es suponer.

De ahí que la pregunta no sea si hay o no hay Dios, sino si lo habrá. O mejor dicho, si regresará. No es casual que el dirigirse a Dios propio de un crisitiano sea un clamar no ya por la presencia de Dios, sino por la vuelta de aquel sin el cual Dios no es aún nadie. Maran atha.

carpintero

octubre 6, 2025 § Deja un comentario

Podemos discutir sobre qué rasgos comparten el Dios cristiano y la divinidad a la que apuntan las diferentes religiones. E incluso creer que ese denominador común, de haberlo, es propiamente Dios —y que el resto son perspectivas. Pero, en cualquier caso, eso lo haremos siempre desde la distancia. Así, difícilmente entenderemos que la fe, aunque se exprese oficialmente a través de una serie de declaraciones, es un clamor, algo así como agarrarse a un clavo ardiendo. A pesar de que, cristianamente, sea un clamor esperanzado. Y cuando digo esperanzando no me refiero a ingénuamente esperanzado. Pues el clamor creyente —el maranathá con el que concluye el Nuevo Testamento— conserva el temblor de piernas. Como el resucitado conservó las marcas de la crucifixión.

otra de Job

octubre 5, 2025 § Deja un comentario

¿De verdad? ¿Un Dios que se interesa por nosotros? Cambia de óptica. Como tuvo que hacer el bueno de Job. Entonces quizá te preguntes ¿cómo pudimos tomarnos en serio que hay un Dios que nos quiere y además sentir a flor de piel que no somos más que polvo? ¿Puede haber un Dios que tenga en cuente a los que no cuentan y, por eso mismo, seguir siendo Dios? Quizá hayamos olvidado qué significó inicialmente la palabra Dios.

Los autores de los libros sapienciales supieron ver que Dios se encuentra por encima del dios conveniente, el dios de nuestra parte. Y que, consecuentemente, la actitud es la de quien cae de rodillas ante el exceso que supone que tanto la luz como la oscuridad —la bondad y el exterminio—sean debidas a la radical trascendencia de Dios (Is 45,7). De ahí que la realidad de Dios no pueda entenderse en los términos de un Dios-ente, ni siquiera superior o, si se prefiere, supremo. El verdadero más allá no es el de otro mundo. De haberlo, su trascedencia sería, obviamente, relativa.

Moisés añadió un capítulo extra. Pues vio que, de la trascendencia de Dios, se desprende la Ley que nos obliga a la fraternidad. Ante Dios estamos sin Dios, como dijo Bonhoeffer. De ahí que, en nombre de Dios permanezcamos enfrentados a Dios, a su aparente indiferencia. Y esperando, quizá inocentemente, que el poder de Dios al final se decante por la bondad.

Posteriormente, vino la cristiandad y su Dios íntimo, el Dios que habitando en lo más profundo del alma, nos escucha y con el que es posible charlar. Al creerlo, la cristiandad conservó los restos del viejo gnosticismo. Y como acaso intuyera Nietzsche, de esas lluvias, los lodos del ateísmo moderno. Y es que si podemos decirnos a nosotros mismo que el alma es una chispa divina —una lectura ciertamente atrevida del a imagen y semejanza— es porque nos hemos alejado de la experiencia originaria de Dios.

El error del gnosticismo fue creer que la chispa divina es algo así como una fuente de poder que tenemos que aprender a desbloquear. Hay chispa divina. Pero esta permanece apagada como nada. En realidad, esa chispa es la huella interior del retroceso de Dios, de su eterno más allá. El Espíritu siempre fue un Ave Fénix.

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