lo presente

febrero 26, 2026 § Deja un comentario

La presencia del poder depende de sus imágenes. En la antigua Roma, todos sabían quién mandaba: la efigie del César era omnipresente. Y, por eso mismo, producía un clima, un mundo. En la cristiandad, no se dudaba de la existencia de Dios: el crucifijo, las vírgenes, las figuras de los santos, las catedrales… invadieron los espacios. Pocos se atrevieron a cuestionar la omnipresencia de Dios en tanto que, efectivamente, Dios se encontraba en cualquier esquina a través de sus representaciones. La creencia en Dios es, antes que nada, un asunto ambiental y, en definitiva, político. La secularización —la quema de las iglesias, la desnudez de los locales protestantes…— provocó un cambio climático. Una vez realizada, Dios dejó de estar en el presente. O, lo que es lo mismo, ya no pudo darse por descontado. Al desplazarse a la interioridad —al depender del sentimiento creyente—, Dios dio el último paso hacia la irrelevancia. Y es que el sentimiento íntimo, contra lo que suele suponerse hoy en día, es un sucedáneo de la experiencia.

Así, fueron llegando los impostores, con el propósito, no siempre deshonesto, de ganar cotas de realidad: los océanos, la energía positiva, la conexión astral… Evidentemente, aunque en algunos casos lo pretendieran, no consiguieron traducir a las nuevas categorías el viejo Dios del teísmo. Más bien, fueron distintos perros con el mismo collar. De hecho, resulta curioso, por no decir sintomático, que la catequesis cristiana, sobre todo la de corte progresista, haya renunciado a centrarse en la vidas de los santos para ofrecer, en su lugar, ninotets. Es decir, en vez de la paradójica verdad que se revela en los Gólgotas de la historia —y que atestiguan buena parte de los santos—, la promoción de los buenas vibraciones. Ciertamente, esto es importante. El problema es que, al final, la transmisión de la herencia se quede solo en eso.

En cualquier caso, lo cierto es que la muerte de Dios dejó al descubierto el hueso de la espiritualidad bíblica —y, por extensión, el del cristianismo. Pues dicha espiritualidad nunca hizo buenas migas con las imágenes. De hecho, cristianamente, la única imagen de Dios —y sin la cual aún no es nadie— es la de un crucificado en su nombre. Es cierto que no hay verdad que sobreviva históricamente sin el apoyo de una política, la cual, y extrañamente, solo podrá apoyarla falsificándola, esto es, pactando con el mundo. Pero ya no habrá política que valga para el cristianismo, salvo acaso la más perversa, la que, antes que falsificar la verdad, la traiciona. De ahí que su superviviencia exija que los cristianos tomen conciencia del carácter resistente de su fe frente al poder del mundo, una toma de conciencia que, ahora, solo podrá sostenerse sobre la base de las historias —humanas, demasiado humanas— que confieren inteligibilidad a las fórmulas del credo. O, al menos, es lo que me atrevería a decir.

dice el budismo

febrero 19, 2026 § Deja un comentario

Todo nos ha sido dado desde el horizonte del vacío, dice el budismo zen. Todo nos ha sido dado por Dios, dice el monoteísmo. ¿Dónde confluyen? En que la verdad de Dios es su vaciamiento de sí. ¿Donde se separan? No en la caridad a la que nos obliga el gran silencio —y esto es importante—, sino en lo que cabe esperar. En el caso del cristianismo, no la reencarnación —la purificación del karma, diría el hinduismo—, sino la resurrección de los muertos. En ambos casos, se trata de lo increíble. Sin embargo, para el cristianismo, lo increíble apunta a lo imposible en nombre de. Esto es, a una recreación. Y, por eso mismo, a un final de los tiempos. No es exactamente lo mismo que la rueda.

Así, no me atrevería a decir que la parábola de los ciegos y el elefante sea el mejor modo de comprender las discontinuidades entre las sensibilidades religiosas. Pues la esperanza cristiana no es, propiamente, un modo de palpar una realidad que nos excede por completo. Esto es, no es un hacerse una idea. El elefante, al fin y al cabo, es un Dios meramente formal, lógico, algo así como una variante del arkhé de los presocráticos. Poco que ver con un Dios que se revela como su porvenir.

más allá incluso de

febrero 13, 2026 § Deja un comentario

Me atrevería a decir que aún nos hallamos lejos de Dios, mientras sigamos creyendo que experimentar a Dios consiste en alcanzar la cima —o la profundidad— en la que el habita. Pues, en verdad, Dios siempre se encontró más allá de Dios.

Y quizá sea por esto mismo que Isarel comprendió, al pie del Sinaí, que lo decisivo con respecto a Dios no es la participación, sino la obediencia. Pues que ante Dios, estemos sin Dios, en el fondo, significa que, en nombre de Dios, hemos de enfrentarnos a su extrema inaccesibilidad. Como los huérfanos que deciden no abandonarse nunca.

dar razón

febrero 12, 2026 § Deja un comentario

Por lo común, el creyente permanece pegado a su mapa mental. Es decir, las cosas son —se dice a sí mismo— tal y como las siente. Hay un Dios que se preocupa por nosotros. Y cuanto más pegado, más satisfecho de su fe. Lc 18, 9-14.

Sin embargo, también se le pidió que diera razón de su esperanza. Y este es el asunto: que permanecer pegado supone un haber renunciado a la inquietud por la verdad. De hecho, la reflexión lo intranquiliza. Pues ¿acaso esta no exige tomar una cierta distancia?

Con todo, hay dos modos de distanciarse. Uno es el propio de la filosofía. El otro, el de quienes se encuentran en los Gólgotas de la historia. En ambos, Dios queda en suspenso, aunque esta suspensión —resulta obvio— no afecta por igual al filósofo que a los crucificados a causa de nuestra impiedad. En el segundo caso, el suspenso de Dios se experimenta en carne viva. Por eso, la reflexión altamente especulativa de quien ama la verdad solo será teológica si no la lleva a cabo en su nombre, sino en el de aquellos que se encuentran suspendidos. Como Dios mismo. Ahora bien, de llevarse a cabo, la creencia —mejor dicho, la fe— ya no tendrá como punto de partida el sentirse bien creyendo. Aunque tampoco hablamos de lo contrario.

creencia e interiorización

febrero 11, 2026 § Deja un comentario

Creer no consiste, exactamente, en permaneces pegados a la creencia. Y permanecemos pegados a la creencia cuando damos por sentado, por ejemplo, que Dios no espera con los brazos abiertos tras la muerte. En este sentido, la creencia a la que permanecemos pegados es el mapa mental que, habiéndolo interiorizado, nos facilita una orientación, un saber a qué atenernos.

Sin embargo, la fe —o la esperanza que constituye su envés— no se sostiene sobre un mapa mental. Pues el momento de la fe es aquel en el que los mapas mentales han sido hechos trizas. Ese momento es, literalmente, un momento crucial. De hecho, la esperanza nunca se nos dio como saber. Ni siquiera hipotético. Creemos. Esto es, confíamos. Y no porque sí, sino porque hemos sido testigos del acontecimiento de un perdón donde no cabía ningún perdón. O, en su defecto, porque nos fiamos de quienes han dado testimonio.

El nihilista, en cambio, no espera nada. El acontecimiento, sencillamente, caerá en saco roto. Sin embargo, frente a esta desesperanza, el creyente no cuenta con una previsión. En su lugar, un no debe caer en saco roto en nombre de. No es lo mismo. La genuina esperanza siempre anduvo sobre la cuerda floja. Aunque sea firmemente. La interiorización de la esperanza siempre dependió de un tener presente las historias que hay tras las fórmulas de la fe, no de lo psíquicamente conveniente.

a la espera

febrero 10, 2026 § Deja un comentario

Dice la Weil: creer es permanecer a la espera de Dios. De acuerdo. Pero esta espera ¿qué presupone acerca de Dios? Diría que, en principio, caben dos presupuestos. El primero apunta a la intervención ex machina de Dios. El segundo, a su existencia: ¿habrá, finalmente, Dios? Sin duda, ambos prejuicios están íntimamente relacionados. Pues el haber de Dios es indisociable de su poder. De ahí que la pregunta de fondo sea cómo esperamos que se ejerza.

Si ex machina, entonces ya podemos sentarnos —y ello aunque esta esperanza sea la más espontánea: ¿acaso el esclavo no espera, si fuese el caso, que alguien más poderoso que su amo le libere de sus cadenas? Y si digo que ya podemos esperar sentados es porque, desde el lado cristiano, la intervención de Dios es siempre a través de. Al fin y al cabo, el cristianismo fue, originariamente, un mesianismo. De hecho, solo el Mesías atestigua el haber de Dios. Por consiguiente, el permanecer a la espera de Dios equivale, cristianamente, a permanecer a la espera del regreso del Mesías.

Ahora bien, el creyente avant la lettre espera ese regreso porque se encuentra en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre el imperio y sus víctimas. Esto es, no porque busque una satisfacción personal. Otro asunto es que aún lo crea. O pueda creerlo. Pues nuestro clima es nihilista. Y nihilismo significa: no hay —ni habrá— redención para las víctimas. Es decir, no esperemos ningún final de la historia, ninguna sentencia que no sea la que pronuncie el verdugo. De hecho, el cristianismo comenzó a bailarle el agua al nihilismo, una vez dejó atrás el espíritu combativo de los inicios, transformándose en una receta para obetner la salud espiritual.

En realidad, la fe, y por extensión la esperanza en un juicio final, siempre apuntó a lo increíble —e increíble por imposible. Quienes aún no comprenden que la fe en Dios tiene que ver con lo imposible en nombre de se hallan lejos de la fe. Y decir imposible no equivale a decir paranormal. Al menos, porque lo paranormal es posible… en tanto que es relativo a lo que en un momento dado se nos da como normal.

amigo, amigo

febrero 8, 2026 § Deja un comentario

No creo que la intimidad le convega a Dios. Al menos, tal y como se entiende fácilmente hoy en día, esto es, en clave sentimental. Pues uno termina dirigiéndose a Dios como quien habla con su psiquiatra —o, lo que acaso sea aún más relevante, con un chatbot. De hecho, en el evangelio de Marcos, el momento de mayor intimidad es cuando el enviado cae de rodillas en Getsemaní, clamando a Dios por Dios. Y ahí la proximidad coloquial del Padre no es que se diera, precisamente, por descontada. Quien da por descontado a Dios —y más, cuando se lo imagina— aún está lejos de haber experimentado la realidad de Dios. Nada que ver, por tanto, con el amigo invisible de la infancia.

suposiciones del más allá

febrero 7, 2026 § Deja un comentario

Dar por hecho, que la muerte es un tránsito, más que acercarnos a Dios, nos aleja. Pues, en ese caso, dejamos de estremecernos ante la posibilidad de que no haya ningún más allá. Y sin este estremecimiento —tan del Israel de los primeros tiempos—, fácilmente caeremos en la idolatría. La vida nos ha sido dada desde el misterio de Dios. Y, por eso mismo, dejamos a un lado a Dios donde lo damos fácilmente por descontado. Dios lo será todo, menos sedante.

efigies

febrero 6, 2026 § Deja un comentario

La presencia siempre viene cargada de contenido, presupuestos, paradigmas. Así, toda presencia se da en el marco de una cosmovisíón, cuyas coordenadas no se discuten. Y no se discuten —salvo acaso por los filósofos— porque hay imágenes que la refuerzan sólidamente: en Roma, la efigie del emperador era algo así como una constante gravitatoria; en la cristiandad, la cruz. La presencia siempre estuvo acompañada de la espada. O lo que es lo mismo, de una política —de una coerción. Una vez se derrumban las estátuas, solo quedan los afectos personales y la fantasía como salvaguardas de las viejas creencias. No debería extrañarnos que la fe, modernamente, haya terminado apoyándose en el sentimiento de una dependencia fundamental, tal y como sostuviera Scheliermacher. Un débil apoyo, sin duda. Pues conduce, fácilmente, a comunidades de iluminados. La fe devino, así, romántica. En este sentido, Schelling fue más lúcido al afirmar que el monoteísmo es un ateísmo. Como no dejó de serlo cuando añadió, si no recuerdo mal, que el ateísmo es el único punto de partida de una fe que no le da la espalda a la verdad.

nihilismo básico

febrero 4, 2026 § Deja un comentario

No hay el gran Otro que posea el secreto, ni que esté pendiente de nuestra suerte. Níngún símbolo ahí, salvo el proyectado. En su lugar, una ignotum X —un puro significante. Esto es, como sabemos, Lacan. Pero, antes de Lacan, fue Israel. ¿O acaso en Ex 3,14 Yavhé no se le reveló a Moisés como una fórmula pendiente de resolver? ¿Y acaso no la resolvió paradójicamente el cristianismo con el abandonado de Dios que se abandonó a Dios?

Dios es

enero 28, 2026 § Deja un comentario

Si Dios es el Dios que no quiso ser nadie sin el hombre, entonces Dios es, desde nuestro lado, el Dios que espera el hombre de Dios. ¿Desde el lado de Dios? El hombre de Dios que, como maldito de Dios, se abandonó a Dios.

paganismo y fe (1)

enero 21, 2026 § Deja un comentario

El paganismo —literalmente, una religión campesina— fue la creencia más espontánea: todo está lleno de dioses. Al fin y al cabo, la religión arraiga en el animismo. Hasta las piedras tienen un aura.

Por eso mismo, la fe de Israel —y, por extensión, la cristiana— es irreconciliable con la perspectiva pagana. Y es que el presupuesto de la fe, en tanto que esta consiste en permanecer confiadamente a la espera de Dios, es, precisamente, la desaparición de Dios. Donde Dios se revela como el Altísimo, el mundo deja de estar atravesado por poderes con los que nos vemos obligados a negociar.

Sin embargo, una vez el monoteísmo cristiano se impuso como obviedad política, la fe se transformó en el paganismo que inicialmente superó, aunque fuese con el motivo de un único dios. Tras esta vuelta a las andadas, la esperanza se convirtió en expectativa, el tener que responder al clamor de los hermanos que no cuentan en esa caridad puntual que nos hace sentir bien, el desquicio del profeta, en la admonición paternalista del pastor, el misterio de Dios —ese que roza el nadie— en el dios misterioso.

De ahí la importancia de la dogmática cristológica. Pues siempre cabrá la posibilidad de, al menos, volver a leerla con atención. De hecho, la crítica más radical de la cristiandad —de su docetismo implícito— se encuentra en dicha dogmática antes que en los atrabiliarios párrafos de Nietzsche. En ella y en la vida de los mártires. Pues, de hecho, la dogmática constituyó —y aún constituye— su clave hermenéutica.

ambas

enero 19, 2026 § Deja un comentario

De no estar acompañada de una cierta dureza, la ternura conduce a la tibieza o la narcisista satisfacción de sí. La dureza, sin unas buenas dosis de ternura, a la impiedad. Pues la dureza es dura porque está hecha con las piedras del Gólgota. Ahora bien, la dureza de los que regresaron con vida del Gólgota abraza la ternura. Pues lo que sucedió en el Gólgota fue la crucifixión del enviado. Pero lo que tuvo lugar —lo que aconteció— fue una imposible compasión.

El corazón cristiano contiene ambas. Y dependiendo del momento, pesará más una u otra. Kairós.

la esperanza creyente

enero 18, 2026 § Deja un comentario

Es evidente —o debería serlo—: los sujetos de la esperanza cristiana son los desesperados, aquellos que han sufrido la inapelable condena del mundo: para ti y tus hijos, las cámaras de gas. Sin embargo, si la esperanza esta lejos de la expectativa razonable es porque se asienta en el acontecimiento de un perdón imposible, por sobrehumano —por inconcebible, no anticipable o exigible. Un ejemplo, el de la madre colombiana que adoptó como hijo al sicario que asesinó al que tuvo como mujer. Ese perdón, al trascender cualquier obligación moral, supone la interrupción del ciclo de la violencia histórica, un reset de dimensiones cósmicas. En este sentido, no es casual que la redención, cristianamente, vaya asociada al fin del mundo —un fin que daría paso a una nueva creación, a una humanidad nueva. Es obvio que el horror sigue ahí, campando a sus anchas. Pero, por eso mismo, el ya sí, pero todavía no. De ahí que el cristianismo pierda su nervio donde sustituye el horizonte escatológico por una expectativa consoladora, por asumible. Esto es, donde da por hecho, lo que en modo alguno puede darse por hecho. Al menos, porque el todavía no mantiene en vilo —o debería mantener— los corazones cristianos.

Sin embargo, debido a esto último, el cristianismo se encuentra más cerca del nihilismo que de la religión o el paganismo. Al menos, porque aún es posible que el ya sí del acontecimiento sea, simplemente, una anomalía. Y más aún si tenemos en cuenta que Dios no es un deus ex machina.

teología y servicio

enero 17, 2026 § Deja un comentario

Suele decirse que el teólogo está al servicio de la comunidad cristiana. Por descontado. La pregunta, sin embargo, es qué tipo de servicio presta —pues El Corte Inglés también sirve. Y si es teológo no podrá eludir el compromiso con la verdad —en su caso, con la verdad que se nos reveló en el Gólgota. Y la verdad duele.

Me refiero a que la teología, aun cuando se haga de rodillas, no obtiene su salario de la piedad. O mejor dicho, de la piedad más espontánea, aquella que gira en torno al dedo que apunta al sol. De hecho, la teología, y por su compromiso con la verdad, tiene la misión de recordarle al creyente lo que no debería olvidar sin tomar el nombre de Dios en vano: que el dedo apunta, precisamente, al sol. Y el sol, cristianamente, es un Dios que quiso, y desde el principio, depender del hombre que depende de Dios. No es algo fácil de tragar para quien, campesinamente, cree que Dios es alguien al margen de su cuerpo.

donde menos te lo esperas

enero 14, 2026 § Deja un comentario

Para la tradición bíblica, Dios aparece donde menos se lo espera. Esto es, no en el prodigio paranormal o lo gigantesco, sino en lo minúsculo, lo despreciado, lo miserable. De acuerdo.

Ahora bien, este giro no supone, estrictamente, un cambio en el referente —como si, de repente, hubiésemos descubierto que el autor de Hamlet fue Marlowe y no, Shakespeare—, sino una alteración del significado de la palabra “Dios”. Pues esta no significa lo mismo donde apunta al silencio que cubre por igual el crecimiento de la hierba y el horror —a los verdugos y a sus víctimas— que al poder o fenómeno extraordinarios . La proclamanción cristiana —la revelación de Dios como un crucificado en su nombre— debió de sonar a oídos paganos —es decir, espontáneamente religiosos— como si hoy hubiésemos descubierto que Hamlet fue escrito por un chimpancé. Sencillamente, no es posible. Sin embargo, si fuese verdad que Hamlet hubiese sido escrito por un chimpancé , entonces no es que hubiésemos descubierto quien fue realmente “el autor de Hamlet”, sino que, más bien, la noción misma de autor quedaría en el aire. Únicamente, podríamos preservarla humanizando al chimpancé —como si el chimpancé fuese, en realidad, un humano con el aspecto, la apariencia del chimpancé.

Este fue, de hecho, el truco del doceta. No obstante, lo cierto es que si hubo cristiandad fue porque la Iglesia toleró de facto el docetismo que de iure condenó.

yo soy “ese”

enero 10, 2026 § Deja un comentario

Un Dios que se dijera a sí mismo Yo soy Dios, solo por eso mismo no sería Dios. Pues el Yo estaría, por defecto, más allá de la divinidad… con la que se identifica. No puede ser de otra manera. La identificación solo es posible donde el yo que se reconoce en un cuerpo, un carácter, en definitiva, un modo de ser o esencia difiere, continuamente, de aquello con lo que, de hecho, se identifica. Es este diferir lo que constituye la subjetividad, la conciencia de sí. No termino de ser lo que soy se dice, sinceramente, el yo. La posibilidad, irrefutable, de ser otro pertenece, por tanto, al yo. Así, te dicen, pongamos por caso, que eres bella. Pero, en el fondo, sabes que no lo eres —que estás más allá de la belleza que eres. La intimidad está hecha de materiales de derribo, de lo que no somos ahí donde somos quienes somos. La intimidad es, necesariamente, sin-cera —y por eso mismo, ignora el éxito… algo así como una tergiversación. Quien no se encuentra a sí mismo más allá de su triunfo es, sencillamente, plano.

De lo anterior se desprende, sin embargo, que el yo no es aún nadie sin los rasgos con los que se identifica. Es no siendo nadie aún, por así decirlo. Es pro-yecto de sí. Literalmente: hacia lo recto. Con todo, se trata de un viaje sin final. Pues, de alcanzar lo recto, tampoco podrá reconocerse por entero en esa rectitud. Quizá sea por eso mismo, nuestra posición más verdadera sea la del encorvado o, por decirlo en clave teológica, la del arrodillado.

Consecuentemente, no es secundario que Dios„ al declararse ante Moisés diciendo Yo soy el que soy —o, siendo más estrictos, seré —, rehúya toda definición. Moisés responde al clamor de los oprimidos de Egipto en nombre de Dios, esto es, de nadie aún. De ahí que los nadie de este mundo sean el envés de Dios. Para Israel, la presencia de Dios —su hacerse presente— es indisociable de su por-venir o promesa de sí. Esto es, Dios en sí mismo —el Padre— está por realizar. Se trata del principio de la cristologia. Pues el Padre solo es tal en el Hijo. O por decirlo de otro modo, Dios solo puede realizarse como Dios en quien le es fiel hasta el final. Y esto significa “en quien permanece fiel a Dios donde este se revela, a través de su implacable silencio, como aún nadie”. La Palabra de Dios no es de Dios, sino del hombre de Dios. Un Dios sin cuerpo —y un cuerpo humano, demasiado humano— tiene pendiente, precisamente, su divinidad. Díficilmente, comprenderemos el alcance de la Encarnación donde no nos imaginemos a Dios diciendo yo soy ese que cuelga de una cruz.

Otro asunto es que muchos cristianos sigan creyendo religiosamente en un Dios que es al margen de la carne. Por no hablar de quienes, pretendiendo actualizar, honestamente, el mensaje cristiano renuncian al alguien, haciendo de Dios el trasunto de un océano o de una vibración que, se supone, da buen rollo. Pero, como decíamos, este es otro asunto.

orar y clamar

enero 4, 2026 § Deja un comentario

Orar es clamar a Dios por Dios. El fariseo, al sentirse tan orgulloso de su fe, es incapaz de orar. Su oración, un espectáculo. En cambio, el publicano, sepultado por su miseria, no puede hacer más que clamar ante Dios. Sin embargo, si hay clamor y no tan solo petición es porque, como decía Bonhoeffer, ante Dios estamos sin Dios. Quien clama ni siquiera puede imaginar que haya un Dios de su parte. En lugar de Dios, el enviado.

Pues bien, como sabemos, tan solo el publicano fue justificado. Esto es, únicamente él —y no el fariseo— estuvo en el justo lugar ante Dios. Y diría que aún estamos lejos de pillarlo. Pues ¿acaso el creyente no supone con demasiada fácilidad que Dios sigue ahí, dispuesto a echarle un cable —o que, simplemente, tiene algún interés en escuchar su diálogo interior? ¿No hay aquí un exceso de prepotencia?

templis fugit

enero 3, 2026 § Deja un comentario

Con el cristianismo y su Dios crucificado, lo santo se queda sin Templo. Nietzsche erró en las fechas cuando escribió que las iglesias se habían convertido en los sacórfagos de Dios. De hecho, tras el triunfo histórico de la fe en un crucificado, lo que anteriormente era impuro —el leproso, la prostituta, el chivo expiatorio…— fue santificado. Es en esos cuerpos —y en ningún otro lugar—, donde Dios se hace presente. Pues, para la tradición bíblica, no hay encuentro con lo divino que no suponga un tener que responder a su clamor.

Desconcertante, cuando menos. Al menos, para quienes no ignoren que significó ser un dios. Otro asunto es nuestra tendencia humana, demasiado humana, a volverlo a colocar en los altares.

simple

diciembre 31, 2025 § Deja un comentario

O Dios es un quien o no es Dios, sino una fuente, se supone que con buenas vibraciones. Las espiritualidades del arjé, por decirlo en breve, son, más bien, recetarios, métodos para alcanzar una buena salud. Y estos son importantes. Pues hay en el mundo mucho que limpiar. SIn embargo, dejan a un lado la que me parece la cuestión fundamental, a saber: qué vida pueden esperar quienes murieron antes de tiempo a causa de nuestra impiedad.

Sé que la respuesta habitual, desde el lado de las espiritualidades del arjé, es la que apunta a una vida dichosa post mortem, por no hablar de la segunda oportunidad que supone la posibilidad de una reencarnación. Pero esto es mucho suponer. Y la fe cristiana está lejos de ser una suposición. Ahora bien, no porque ofrezca a cambio una certeza —la resurrección de los muertos no puede serlo—, sino porque el quién de Dios no es el de un abuelo espectral, sino el de un cuerpo humanos, demasiado humano, en definitiva, palpable … lo que significa que la esperanza está indisociablemente ligada al definitivo porvenir de Dios.

El creyente, al fin y al cabo, no tiene ni idea de cómo podrá suceder una nueva creación. Pero si se aferra a lo imposible es porque Dios y el imperativo de Dios —su deber ser— son las dos caras de la misma experiencia de Dios.

ante el árbol

diciembre 30, 2025 § Deja un comentario

Recuerdo una conversación con Richard Gassis, jesuita ya fallecido, en la que me decía, con sentida convicción, que el árbol que teníamos enfrente nos lo había puesto Dios para que nos diera sombra. Esa conversación provocó en mí una honda conmoción… a pesar de su carácter elemental. O por eso mismo. No por su contenido, sino por su corporalidad. Sin embargo, la pregunta es si, de hecho, es así.

La respuesta es no. Pues, como dijera Bonhoeffer, un DIos que existe, no existe. Ahora bien, quizá la pregunta sea si es verdadera, a pesar de que no haya hechos que la confirmen —ni pueda haberlos. Y aquí la respuesta es . Sin embargo, para comprender su porqué hay que ir más allá de los hechos. Pues la convicción de Gassis es verdadera como es verdad que la amada le ha robado el corazón al amante. Y lo es porque su pasión es más que un mero chute hormonal.

Con todo, este más no remite a otro mundo, algo así como un trasunto big size del que nos ha tocado en suerte, sino a la nada —a su inherente paradoja. La rosa es sin porqué, dijo el Silesius. Y lo es porque su horizonte es, en realidad, el de la negación de sí que es inherente a la nada —a la nada de Dios. Desde este horizonte, todo nos ha sido dado —todo deviene aparición, milagro, extra-ordinario. Pero por eso mismo, también extraño.

Así, es verdad que ese árbol fue puesto por Dios. Pero no porque, de hecho, sea tal y como es dicho, sino porque todo es gracia. Y es que para interiorizar en el dia a día el sin porqué —para incorporarlo— no podemos evitar, como seres de carne y hueso, el uso de las figuras de la imaginación: hay alguien ahí arriba que

PS: El imaginario es una trampa —una que nos impide alcanzar la boca de la caverna — donde aún estamos de ida. Deja de serlo, donde estamos de vuelta. Pero, en ese caso, su uso será, forzosamente, irónico, que no cínico. Como el que hace un hombre del te quiero cuando se declara a una mujer… sabiendo que eso aún no es posible, pero siendo consciente, a la vez, de que tiene que decirlo antes de tiempo para que pueda tener lugar… en el mejor de los casos. Se trata de la sinceridad del buen actor, el que asume un papel, sabiendo que él es más que el papel que representa —y, por eso mismo, ese más se traslada, precisamente, a ese papel.

ser y lenguaje

diciembre 27, 2025 § Deja un comentario

No comprendemos la naturaleza del lenguaje mientras lo pensamos desde su función, esto es, como código o sistema de signos. Como escribiera Nietzsche, no nos libraremos de Dios hasta que no nos liberemos de la gramática. Y es que es en el lenguaje donde anida nuestra esencial exposición a una alteridad que no es nada en sí misma, sino, en cualquier caso, pro-vocación, el hágase más originario.

En este sentido, habría dos nihilismos, aunque diferentes de los que puso Nietzsche sobre la mesa. El primero sería el positivista, el cual solo ve cosas, nada más; el segundo, el de quien asume qué significa existir. Y con respecto a este último nihilismo, cualquier salida solo puede darse como fe en lo imposible. Y es que nada más imposible que lo más real, a saber, lo absolutamente otro que, en su hundimiento, funda el mundo. El cristianismo, como sabemos, concibe esto último como el amor de Dios. Pero este es otro asunto.

en manos de o arrojados

diciembre 26, 2025 § Deja un comentario

Es interesante el giro heideggeriano con respecto al sentimiento de hallarse en manos de, el cual, según Schleiermacher, constituía el envés del sentimiento de dependencia que sostenía la existencia creyente. En este giro, de hecho, se consuma el abandono moderno del poso cristiano, el cual ya anticipó Hegel, y con sarcasmo, al destilar la intuición que esta en la base de su pensamiento diciendo que, si fuera así, el perro tendría la fe más perfecta. Así, Heidegger propone, en lugar de un hallarse en manos de, el sentimiento —fundamental y, por eso mismo, insustituible— de un estar arrojados. No es exactamente lo mismo. Pues el experimentar la propia existencia como un haber sido arrancados sin que haya un de qué no equivale a experimentarla como estando en manos del Padre.

Aquí, ciertamente, podríamos hablar de secularización. Pero con este término, por lo común, se da a entender que, en el fondo, seguimos hablando de lo mismo… aunque sin admitirlo. No lo tengo tan claro. Pues también podríamos decir, siguiendo la estela de la moderna Ilustración, que el mito, más bien, supone una anticipación, deformada por su simbolismo, de una lucidez que se atreve a exponer crudamente lo que el mito amagaba con sus figuras aún demasiado humanas.

Frente a esta disyuntiva, el monoteísmo de Israel se alza como un tertium a tener en cuenta. Pues, para Israel, ni Dios se deja encerrar en las figuras de la religiosidad más espontánea, con lo que, en sí mismo, se encuentra más cerca del nadie que de cualquier dios campesino; ni el estar arrojados se comprende al margen de la promesa. Aunque esta apunte a lo imposible.

…para rescatarnos de toda impiedad…

diciembre 25, 2025 § Deja un comentario

Donde partimos del significado heredado —de la tradición—, díficilmente entendemos su alcance. De este modo, al decir, pongamos por caso, que Jesús es Dios espontáneamente proyectamos las emociones asociadas a la palabra Dios sobre el hombre que fue Jesús de Nazaret… convirtiéndolo en Dios antes de tiempo —y, de paso, cayendo en una variante del antiguo docetismo.

Así, para comprender lo desconcertante de la confesión creyente deberíamos retroceder hasta topar con el galileo… cuando aún nadie se atrevia a proclamar su filiación. Basta con imaginar que andamos en medio de tinieblas como los sobrantes —como quienes viven bajo la bota de un poder implacable y, por eso mismo, cruel— para caer en la cuenta de lo que pudo significar la irrupción de un hombre bueno que anunciaba la liberación de Dios. En esa situación, quienes se atrevieron a confesar tú eres el Cristo —y más, si fue al pie de la cruz—, estuvieron lejos de delirar. Pues un cristiano, por definición, siempre proclama su fe ante el tribunal del César, esto es, ante la impiedad del mundo. La genuina esperanza, a diferencia de la mera expectativa en un ideal, se incrusta en la carne como pro-vocación.

De lo anterior se desprende que donde recitamos el credo estando bien situados —donde solo vemos el horror por televisión—, no hacemos más que tomar el nombre de Dios en vano. Y en ese caso, quizá sea preferible sustituir el cristianismo por una creencia menos ambiciosa, una que no pretenda más que promover los buenos sentimientos.

el mar de las cañas

diciembre 24, 2025 § Deja un comentario

Lo revolucionario no fue que los esclavos de Egipto, tras el acontecimiento del Mar Rojo, tuvieran un Dios de su parte. Fue que lo creyeran. De hecho, con esta fe Israel dio el primer paso hacia el monoteísmo. Pues si había un Dios que jugaba a favor de los lumpen —algo, literalmente, increíble para quien supìera lo que significaba ser un Dios—, entonces podía estar del lado de cualquiera. Y un Dios de cualquiera es más Dios que el que habita solo en los bosques o en el vientre de un volcán.

Aun así, lo que nunca se imaginó el primer Israel es que un Dios que puede con todo, no puede con nada.

fundar

diciembre 22, 2025 § Deja un comentario

El fundamento va hacia el fondo. Hasta desaparecer. No es anterior al mundo, sino que lo funda en su sumergirse. El plano deviene relieve por el hundirse del fundamento. El fundamento: la desaparición de lo que aparece en el ahora.

El presente —el Sí— está marcado por la negatividad. De hecho —como vio Hegel—, el Sí es el efecto de una doble negación. Al fin y al cabo, el sacrificio de Dios —su kenosis— es el verdadero arjé. ¿El precio? El anhelo del Padre.

Sin embargo, el cristianismo —no tanto, la cristiandad— nunca se andó con medias tintas: no encontrarás al Padre, sino en el Hijo. Pues Dios no quiso ser Dios sin aquellos que lo encarnan. Es un decir.

Yavhé y Baal

diciembre 21, 2025 § Deja un comentario

¿Es posible que el Yavhé de Job sea un trasunto de Baal —por su indiferencia y aparente falta de piedad? ¿Acaso el que siempre niega no estaba junto a Yavhé desde el comienzo del relato? Ciertamente, da esta impresión. Pero, a diferencia de Yavhé, Baal admite sacrificios. Demasiado cercano como para revelarse como la verdad de Dios. Según Israel, la trascendencia de Dios es extrema. Y de ahí que no sea posible negociar. Dios es el que es. Con respecto a Dios no hay descripción que valga. Ni siquiera por comparación. Y, por eso mismo, no cabe ningún trato. Punto y aparte. ¿Un dios de nuestra parte? Quizá. Pero aún quedaría lejos de Dios.

Job, ciertamente, supo que significaba hallarse ante Dios. Baal —como el estallido del volcán, la devastación que provoca el tornado…— inspira miedo. El silencio de Yavhé, el que cubre por igual la alegría de tus hijos como su gaseamiento, temor y temblor. No es lo mismo. Aun cuando lo parezca. Y porque lo parece la religión siempre estuvo próxima al acto de fe.

el pueblo elegido

diciembre 17, 2025 § Deja un comentario

De la monolatría —un dios de nuestra parte— al monoteísmo —un Dios presente como el ausente o por venir— a través de un duro exilio. La elección de Israel ya no significará un favoritismo, sino la responsabilidad del testimonio.

La seriedad —el sentir de lo verdadero— comienza donde los mapas mentales —las perspectivas— saltan a pedazos.

Marta y María y el mazapán de El Corte Inglés

diciembre 15, 2025 § Deja un comentario

El padre, moribundo, pide un mazapán. La hija menor le ofrece uno del club del gourmet, el mejor. Carísimo. La mayor se lo recrimina: si no se dará ni cuenta y lo agradecerá igual; y sabes que no vamos muy bien de dinero. Pues eso. Marta y María.

una más

diciembre 7, 2025 § Deja un comentario

No puedo evitar la impresión de que la fe de muchos creyentes reposa, principalmente, en el gusto. Esto es, en el me siento bien creyendo en que hay un Dios que se preocupa por mí y en Jesús como hombre de Dios. Bueno, es lo normal. Nadie se pregunta por la verdad de su suposición. Ahora bien, el problema de escamotear la pregunta por la verdad es que entonces la creencia se encuentra exclusivamente al servicio de uno mismo, de su necesidad de sentido.

Con todo, la cruz, antes que cualquier argumento, constituye la prueba del nueve, la que hace posible el tránsito de la creencia a la fe. De hecho, este es el camino que recorrió el enviado —y que debe recorrer de nuevo el creyente.

Israel y el nihilismo

diciembre 6, 2025 § Deja un comentario

Decíamos: nihilismo significa que, desde la óptica de un tiempo sin final, da igual una operación de exterminio que la sonrisa inocente de un niño. Otro asunto, obviamente, es que no nos lo parezca. Pero que no nos lo parezca no significa, y con igual obviedad, que no sea así. El movimiento de las galaxias seguiría imperturbable etsi homo non daretur.

Ahora bien, probablemente Jerusalén fue más lúcida que Atenas con respecto a este asunto. Pues Israel intuyó lo siguiente: que la vida nos ha sido dada desde el horizonte de la nada, del retroceso de Dios; y que, por esos mismo, debemos preservar la vida en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Israel no se atreve a proponer un sentido que dote de sentido al cumplimiento del deber. Israel no dice: hay que cumplir la Ley porque solo de este modo alcanzaremos la dicha moral, sino hay que obedecer por obedecer…. y luego ya entenderemos. Pues vida y obediencia son las dos caras de una misma moneda. Kant fue, en el fondo„ un converso.

Por tanto, que el nihilista sostenga que la existencia carece de sentido —que no hay meta— apenas importa. Simplemente, porque el tema no es que la vida tenga o no sentido, sino qué hacer una vez caemos en la cuenta del acontecimiento. El resto no se decide desde nuestro lado. Si es que se decide..

elegidos

noviembre 29, 2025 § Deja un comentario

La noción de elección divina ha jugado un papel, me atrevería a decir que constituyente, en la formación del sujeto occidental, el cual tiene dos vectores: el que apunta al sacerdote y el que apunta al übermensch nietzscheano. El punto de partida, como es sabido, fue la autocomprensión de Israel como pueblo elegido. Aquí Israel dio una vuelta de tuerca con respecto a la monolatría inicial: no es solo que Israel tuviera un dios de su parte, sino que, como pueblo, había también sido elegido para dar testimonio a la humanidad del Dios verdadero, lo que no coincide exactamente con un dar cuenta de la verdad de Dios —de hecho, este será el paso que dará Atenas. Esta vuelta de tuerca afecta, es evidente, a la experiencia misma de la divinidad. Al menos porque Dios deja de percibirse como simplemente lo gigantesco. Abraham, el primer creyente, responde a una llamada —y, a partir de ese momento, creer será responder a la invocación de Dios. Y todo responder carga con una responsabilidad.

El profetismo supuso igualmente un paso al frente en esta dirección. Y es que el profeta no es alguien capaz de conectar con la otra dimensión, sino el llamado. El chaman no tiene vocación de chaman. Pero fue en los tiempos de Ezequiel en donde la elección recayó oficialmente en el individuo. La salvación comienza a comprenderse como un asunto judicial: los fieles serán absueltos, mientrras que los impíos, condenados. Paralelamente, desde el horizonte apocalíptico en el que se inscribe el cristianismo, la llamada va adherida a la proclamación: id y anunciad fue el mandato sin el cual la resurrección, de haberla habido, no habría sido más que un fenómeno paranormal.

¿Por qué entonces esto de los dos vectores? ¿Quizá porque la raíz es la misma? Tan solo hizo falta que la palabra Dios perdiera su relevancia social como para que el hombre ocupase el lugar de Dios. El sujeto moderno ya no se comprende a sí mismo como jugando un papel en la historia de la salvación, un relato de trazo cósmico, sino como el que debe transformar el mundo por su cuenta y riesgo, un deber que no responde a ninguna llamada de lo alto, sino únicamente al impulso. Conatus essendi. Como si la llamada procediera de lo más profundo de la psique. Como si la invocación solo pudiera entenderse únicamente como inquietud.

Sin embargo, aquí la sospecha podría ejercerse contra sus maestros. Pues quién se cree el héroe de la transformación ¿acaso no es el títere de una anónima voluntad de poder cuyo principio es el de si es posible, debe realizarse, sean cuales sean las consecuencias? ¿Acaso no es este el principio mismo de la voracidad capitalista?

cristo-lógicas (3)

noviembre 22, 2025 § Deja un comentario

Quien busca la fuente de la vida, precisamente, en una fuente ¿no es, por eso mismo, un idiotés? Literalmente, alguien que ve —y piensa— con el ombligo. Como el que va hurgando entre los desperdicios con la intención de encontrar algo con lo que saciar su hambre. Muy distinto es el del ánimo del que anhela un con quien. Comenzando por el de Dios. Pues ¿acaso no se nos dijo que Dios, en verdad, renunció a su forma divina con la voluntad de encontrarse con el otro de sí mismo, en definitiva, con alguien? ¿Es no fue este su acto más creador? El asunto trasciende la inclinación a la compañía. ¿La razón? El con quién significa con quien quiero ser. Y esto equivale a preguntarse qué quiere de mí aquél con quiero ser. Pues aún no serás nadie mientras no respondas a su demanda.

cristo-lógicas (2)

noviembre 21, 2025 § Deja un comentario

Si Dios es algo, entonces es irrelevante como Dios. ¿La salvación? Acertar con la fuente de la vida. Como quien acierta con el enchufe. Sabiduría, en cualquier caso. Pero seguiremos estando solos. En el fondo, el espíritu religioso es el del niño abandonado que busca a su madre —que busca la relación, el vínculo, la religación. El algo no se interesa por nadie. La matriz —el océano— aún está lejos de ser mamá. Más: el debe —el error— no puede imputársenos por entero. Pues el conflicto es demasiado característico como para reposar sin mala conciencia. ¿Quién podría admitir una paz eterna sin tener la sensación de hallarse en un mundo virtual? Además, Dios, como alguien, ¿no permanecería extrañado de sí mismo o, como decíamos, más allá de su divinidad? Ciertamente. Y en ese caso, ¿no querría ser, precisamente, otro? Pero el otro de Dios ¿no es, acaso, el sin Dios?

cristo-lógicas (1)

noviembre 20, 2025 § Deja un comentario

Si Dios fuese alguien —si fuese una especie de ente espectral tamaño big size—, entonces en sí mismo estaría más allá de sí mismo, esto es, de su divinidad. Es lo que tiene la estructura de la subjetividad: un continuo diferir de los rasgos con los que uno se identifica. Ahora bien, lo que esto significa es que en sí mismo no es nadie. O, también, que ese más allá de su divinidad es, precisamente, el cuerpo de un abandonado de Dios —de un sin Dios.

Más aún: Dios es más que divino —Dios se realiza como hombre de Dios— porque el abandonado de Dios se abandonó a Dios. Y por eso, Dios es.

ahí arriba (y 2)

noviembre 10, 2025 § Deja un comentario

Si es verdad —y lo es— que los capaces de Dios son los que claman a Dios por Dios donde no parece que haya Dios, ¿cómo podemos creernos capaces de Dios donde damos por descontado al dios que nos atiende desde su más allá? ¿Acaso no sufriremos del mal de las primeras filas (Lc 18, 9-14)? ¿Es que Dios no respondió al clamor de los sin Dios con un crucificado en su nombre?

ahí arriba

noviembre 5, 2025 § Deja un comentario

Hablas con Dios y crees que Dios te escucha. ¿Dios?

Es verdad que el de Nazaret fue diciendo aquello de que pedid y se os dará. Pero a él se le dio el cáliz que no pidió, aun cuando aceptó.

Más aún: cómo te quedas creyendo que Dios te escucha, sabiendo que hay tantos que muerden el polvo clamando a Dios por Dios.

not religio

octubre 27, 2025 § Deja un comentario

Para comprender mejor por qué el cristianismo no es, estrictamente, una religión entre otras, basta con tener en cuenta que, tanto el docetismo como el arrianismo, acaso los dos corrientes cristianas que, durante los primeros siglos, a punto estuvieron de sobrepasar la interpretación que terminaría siendo la canónica —la que se cristalizó en la dogmática cristológica—, fueron, de hecho, una lectura religiosa del acontecimiento de la cruz. Y es que, tanto si Jesús es visto como Dios disfrazado de hombre, como si solo es admitido como hombre de Dios pero no como Dios —un hombre de Dios que, tras su muerte y por sus méritos, fue elevado a la altura de Dios… a la manera de los héroes de la antigua Grecia—, Dios permanece en la alturas como un Dios ya realizado, esto es, al margen de su encarnación. Ahora bien, no es esto lo que confiesa el cristianismo. El Dios verdadero y hombre verdadero del credo no hace buenas migas con la revelación. Y es que el Padre no es sin el Hijo, ni el Hijo sin el Padre. Y esto, evidentemente, no dejan las cosas de Dios como estaban.

Otro asunto es que el docetismo o el arrianismo hayan sobrevivido históricamente en la mente de muchos cristianos, bajo la forma de un cristianismo conservador o de izquierdas, respectivamente. De hecho, si hubo cristiandad es porque la Iglesia toleró de facto lo que de iure condenó.

sentir a Dios

octubre 26, 2025 § 1 comentario

La fe hay que vivirla. Dicen. Y en cierto modo es así. Sin embargo, en la promoción de la fe se insiste en el sentimiento. Así, solemos aplaudir a quienes manifiestan sentir a Dios. Y quien dice aplaudir dice poner como ejemplo. También tiene que ser así. Pues es una mala idea comenzar la casa por el tejado. No se les puede exigir a quienes comienzan a salir, pongamos por caso, que se amen de verdad. Pues el amor, de darse, siempre se dará a mitad de trayecto o, lo que es más común, en la tercera fase, cuando los amantes tienen algo que hacerse perdonar y no, meramente, disculpar. En los inicios, prevalece la ilusión del unboxing, la excitación corporal, el enamoramiento que pasa por amor —y es bueno utilizar esta palabra antes de tiempo… para que, precisamente, pueda haber amor, con el paso de los años.

¿El problema? Detenerse en el sentimiento. O creer que la experiencia consiste en el sentir que existimos bajo el amparo de Dios. Pero el sentimiento es frágil… salvo que sea terminal. De ahí que el sentir de los satisfechos poco tenga que ver con el de quien ha experimentado realmente a Dios. Al menos, porque la experiencia de Dios divide la existencia en un antes y un después. Nada volverá a ser como antes.

De hecho, la experiencia de Dios, la que nos obliga a dar el salto de la fe, tiene lugar, precisamente, cuando no hay sentimiento que la apoye. O mejor dicho, cuando el sentimiento es el de una profunda desolación o desamparo. Oscar Romero, antes de morir asesinado dando el pan de cada día a quienes no tienen pan, hacía meses que se sentía incapaz de sentir a Dios. Y es que Dios no pronunciará su Palabra, si antes el creyente no ha cargado sobre sus espaldas el peso de su silencio. Ninguna fe mientras no nos sangren las rodillas.

Al igual que los amantes que no superan la decepción que sucede al unboxing nunca sabrán qué significa amar, el creyente difícilmente podrá dar el paso de la fe donde siga creyendo que el sentimiento de hallarse bajo la presencia de Dios es el no va más de la experiencia de Dios.

Simple. Pero, a la vez, tan difícil. Pues tampoco es algo que podamos humanamente preferir: que pase de mí este cáliz.

ateísmo, agnosticismo y religión

octubre 24, 2025 § Deja un comentario

Suelo decir que el cristianismo está más cerca del ateísmo que de la religión. La razón es que la religión, en general, suele responder a las preguntas últimas antes de tiempo. Y, desde la óptica cristiana, incluso la verdad de Dios se halla en manos de Dios, por así decirlo.

Sin embargo, ¿por qué ateísmo y no agnosticismo? Acaso porque el agnosticismo deja la puerta a que haya algo más allá. Es decir, admite la posibilidad de que la religión dé en el clavo. Ahora bien, es posible que la religión dé en el clavo. Pero aún no será el clavo de Dios.

Y es que cuestión, diría, no es que haya algo más, sino si, al final, podremos vivir en paz, como hijos de un mismo padre. Que Caín no vuelva nunca más a alzar su mazo contra Abel. De haber algo más ahí arriba , no sería Dios, sino a lo sumo dios. Y esta es la cuestión porque, para la tradición bíblica, la realidad de Dios, su extrema trascendencia, no tiene nada que ver con más de lo mismo, pero a lo grande y ahí arriba, sino con la promesa —el por-venir— de Dios. El asunto se las trae. Al menos, porque la realización de Dios —su presentarse— va con el final del mundo. El haber de Dios nunca fue el de los entes. Ni siquiera donde añadimos superiores.

De ahí que, desde los comienzos, el horizonte de la esperanza creyente fuese una nueva humanidad, la recreación, un reset de dimensiones cósmicas, en definitiva, la resurrección de los muertos. Hablamos, sin duda, de lo increíble por imposible. Es en este sentido que me refiero a la la proximidad con el ateísmo. Y es que sostener que no podemos esperar nada más allá, salvo lo imposible, es casi como decir que no hay nada que esperar. Y sin el casi, de entender el cristianismo como la gran ironía de Occidente.

Quizá no sea causal que la revolución sea un asunto de raíz cristiana. Pues revolución significa hacer tábula rasa del pasado para comenzar de nuevo. Pero nada nuevo puede surgir de unas manos que aún conservan los restos de la sangre de Abel. Sencillamente, sin Dios, Nietzsche tiene razón. No esperes más que la reiteración, los mismos perros, con distintos collares.

¿El problema? Que no vamos a refutar a Nietzsche donde nos limitamos a decir aquello de siento que hay un Dios que me ama locamente. Quiero decir que el cristianismo tiene sus días contados donde se limita a cultivar el narcisismo espiritual. A menos que se conforme con la secta, renunciando a su catolicismo. Sin duda, es posible que sobreviva su ethos. Pero sobrevivirá, sin la excusa de Dios. Es decir, con culpable ingenuidad.

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