…y se oyeron voces en la casa deshabitada (1)

agosto 27, 2012 § Deja un comentario

Trascendencia es alteridad. Y la alteridad siempre da miedo. ¿Quién no se asusta ante la sorpresiva irrupción del fantasma? Puede que la fe en el más allá no pueda disociarse de la creencia en fantasmas. De ahí que quien ya no pueda creer en fantasmas, difícilmente pueda creer. Pues la sustitución del fantasma por la vibración del agua o las sinergias de la luz no lleva a una mejor fe, sino en cualquier caso a un mayor conocimiento.

merci

agosto 27, 2012 § Deja un comentario

Cuando ya no hay nada que hacer para bastarte a ti mismo, aun cabe permanecer ahí, ante lo abierto. Todo, entonces, te será dado como eso que debes preservar de la muerte, sea cual sea el precio. La Gracia es, sin duda, el Espíritu de la derrota.

c’est la vie

agosto 26, 2012 § Deja un comentario

El amor. Nadie puede preferirlo. Pero el amor dura más que la muerte.

estampitas de la dicha (7)

agosto 26, 2012 § Deja un comentario

antimito

agosto 26, 2012 § Deja un comentario

Un dios siempre tiene las de ganar. Él posee todo eso que a ti te falta. La perfección del dios te condena, por defecto, a la miseria. De ahí que solo pudiera liberarnos del hechizo del dios, aquella divinidad que se reveló como uno de los nuestros. Pues es sabido que la hembra perfecta deja de seducirnos cuando comienza a hablar.

juego de manos

agosto 26, 2012 § Deja un comentario

Entonces miras hacia arriba ¿y qué encuentras? A quién posee aquello que a ti te falta: un cuerpo sin mácula, un gran carácter, una inteligencia feroz, la santidad… Ése es tu modelo, tu ídolo, tu dios. Quieres ser como él. Pero ¿qué ocurre? Pues que cuanto más cerca, más lejos. Los ídolos, esas imágenes, son intocables para aquellos a quienes seducen. Si tu horizonte es la perfección —aunque sea bajo la excusa de la integridad moral—, entonces no tardarás mucho en odiarte. Cualquier desajuste, por mínimo que sea, te sepultará en la vergüenza. Como aquella monja que ya no puede soportarse más a sí misma por ser incapaz de besar la pústula del leproso. Un ideal no puede ser encarado sin que se transforme en un fantasma. Un ideal es como la felicidad o el sueño: un producto lateral, algo que solo cabe alcanzar… mientras no pretendamos alcanzarlo directamente. Es lo que saben quienes sufren de insomnio: que no es posible dormir donde uno se esfuerza en dormir. Que tu mano derecha no sepa, pues, lo que hace tu izquierda.

yoes (y 3)

agosto 25, 2012 § Deja un comentario

No es que nosotros creamos en unas cosas y los primitivos en otras. No es que el yo sea el mismo en cada caso solo que con distintas creencias. Su posición básica y la nuestra son distintas. Y, por eso mismo, el yo que está en juego no puede ser el mismo. En alma primitiva se halla a sí misma en relación con una realidad que la supera por entero. En cambio para nosotros el yo es tan fundamental que Dios solo puede darse como aquél que ha pasado la prueba de la metódica sospecha del yo.

yoes (2)

agosto 25, 2012 § Deja un comentario

Un yo no se encuentra al margen de su particular modo de ser. En todo caso, a una cierta distancia, pero no al margen. Sus logros e impotencias van con él. Esto quiere decir que hay algo en cada yo que no se discute. Es su sustancia, su prejuicio, el suelo sobre el que se asienta cualquier idea o saber sobre sí mismo y lo que le rodea. Y, así, el tipo de yo de quien, pongamos por caso, se encuentra sometido a la posibilidad de la intervención de Dios no es el mismo que aquel que simplemente supone que puede intervenir. En el primer caso, el centro del yo permanece fuera de sí, mientras que en el segundo, Dios solo puede darse según la medida del yo. El primer yo encara una realidad, mientras que el segundo se limita a observar la escena. Ambas situaciones son, como suele decirse, inconmensurables. Pues un espectador puede explicar las visiones del actor, pero nunca podrá ver lo que éste ve. Su mundo no es el mismo.

estampitas de la dicha (6)

agosto 25, 2012 § Deja un comentario

sobre los cuentos

agosto 25, 2012 § Deja un comentario

En religión, un mito funda una prosa. Aquí las cosas que nos traemos entre manos significan en la medida en que encarnan, aunque sea deficientemente, lo ejemplar. Pero los mitos no valen para los pobres. Un pobre, por defecto, es aquél que no puede creer en cuentos. O, por decirlo de algún modo, no puede creer que el mito vaya con él. Un pobre es alguien que ha tocado fondo. Un contrahecho, pongamos por caso, no puede esperar honestamente que la hembra perfecta caiga en sus brazos. High school musical no es su película. De ahí que su Dios, de tenerlo, no se revele como aquél que vive en plenitud o bellamente —esto es, como aquél cuya felicidad sostiene por aproximación el día a día del contrahecho—, sino como quien le lanza fuera de sí mismo porque es, precisamente, eso que el mundo no puede admitir y que, sin embargo, debe acontecer contra todo pronóstico.

las cositas del amor (3)

agosto 25, 2012 § Deja un comentario

Esto del amor tiene sus etapas, su fenomenología, aunque no todos las recorren. Así, del lado de los hombres, en primer lugar tan solo vemos piernas largas. Aquí una mujer esbelta es una diosa. Luego, si llega, de la mujer solo nos interesa su inteligencia, esa rara avis. Si no hay cerebro, un cuerpo bello es un rollo, una pérdida de tiempo. Finalmente, únicamente buscaremos su bondad. Y, si esto ocurre, es porque ya no somos quienes fuimos de buen comienzo.

procastinación

agosto 25, 2012 § Deja un comentario

Llama la atención este nuevo diagnóstico: la pereza se revela como una nueva enfermedad y no como una falta moral. A quien deja para mañana lo que puede hacer hoy —a quien posterga una y otra vez aquello que debe encarar— ya no es un cobarde o un mandrós, sino alguien que sufre de procastinación. Como quien coge una gripe o un cáncer. Soprende que en nuestra época tan científica volvamos a los tiempos de Homero, aquellos en los que el interior de los hombres era un mero campo de batalla entre agentes externos. Para quien padece esta nueva enfermedad no cabe, pues, un genuino combate interior ni, por descontado, un dominio de sí. La pereza ya no va con el perezoso. Ya no hay culpa original. Todo remedio aquí es técnico. Y cuando fracase la técnica, el que sufre de procastinación ya no sabrá que hacer de sí mismo, salvo resignarse. Curiosamente, cuando tu pereza no es tuya, sino que te cae encima como un día de lluvia, entonces no serás más que tu pereza. Un coach puede echarte una mano, sin duda. Pero no cuando descubras que tiene los pies de barro o cuando topes con el sinsentido de tot plegat. En cambio, si tu pereza te pertenece como esa sombra que te acompaña vayas donde vayas, entonces puedes ponerte en manos de aquello que se encuentra incuestionablemente por encima de ti y actuar debidamente. Como ese soldado que cumple las órdenes sin preguntarse demasiadas cosas, aun cuando sepa que no puede cumplirlas.

las cositas del amor (2)

agosto 25, 2012 § Deja un comentario

Una cosa es que un hombre y una mujer se encuentren y otra que se encuentren al servicio de la vida. El encuentro es poético, mientras que el servicio, prosaico. El primero exige un mito. El segundo, un manual de instrucciones, un cierto saber. En el primer caso, los amantes se miran a los ojos. En el segundo, ya no pueden apartar la mirada del hijo. En el primero, todo es coincidencia. En el segundo, hay que aprender a tratarse, a esquivar obstáculos. El encuentro es excepcional y, por eso mismo, tiene fecha de caducidad. La vida del Olimpo no es para nosotros. Sin embargo, para quienes se encuentran al servicio de la vida, un final es en realidad un comienzo, ya que solo cabe trascender el fracaso de los días amando al enemigo. La situación de los amantes es bella. La de los padres, verdadera. Se equivocan, pues, quienes creen que hay continuidad entre la belleza y la verdad. Un mito no sobrevive en las páginas de un diario.

 

estampitas de la dicha (5)

agosto 24, 2012 § Deja un comentario

las cositas del amor (1)

agosto 24, 2012 § Deja un comentario

Quien cree que está con alguien porque no concibe otro (u otra) que pueda gustarle tanto no sabe lo que le espera, pues tarde o temprano aparecerá alguien que le guste más. Es cuestión de tiempo. Ningún vínculo se sostiene sobre nuestras preferencias, por muy intensas que sean. No es causal que los ejemplos bíblicos de amor siempre sean paterno-filiales. Pues ninguna pareja está de por vida ligada a los hijos que engendraron porque le guste su modo de ser, sino porque, más allá del instinto, representan una vida que le ha sido dada desde el fondo mismo de la nada, como quien dice. De ahí que no sea lo mismo estar con una mujer porque te gusta que estarlo porque es la madre de tus hijos (aunque si te gusta, las cosas del día a día fluyen, sin duda, con mayor facilidad). Con todo, para comprender el valor de lo segundo, hay que tener muy presente que no vamos a vivir eternamente. Nuestros tiempos, pues, son aquellos en los que la fidelidad ha llegado a ser un asunto espiritual.

Deus caritas est

agosto 24, 2012 § Deja un comentario

De acuerdo, Dios es amor. Pero ¿qué es el amor? ¿Acaso le gustamos mucho a Dios? ¿Se trata de que Dios quiso tener un buen rollo con nosotros? ¿Hemos de creer que Dios está presente cuando cantamos con las manos entrelazadas l'hora dels adeus? Los ejemplos bíblicos de amor son siempre inaceptables para quien espera que el amor sea un remedio para su infelicidad. Pues no hay amor que no sea sacrificial. Y, así, no estamos diciendo que el amor sea divino —eso sería más griego que cristiano—, sino que pertenece a la esencia misma de Dios su sacrificio. Ahora bien, lo cierto es que muchos cristianos siguen creyendo en Dios como si éste no colgara de una Cruz. No debería extrañarnos, pues, que algunos den un paso al frente y digan que el cristianismo es una vía entre otras para acceder a la divinidad.

la invasión de los ultracuerpos (y 3)

agosto 24, 2012 § Deja un comentario

Hay un más allá. Pero está en nuestro mundo. De hecho, se trata de un submundo. El de las favelas, el de los campos de refugiados, el de los gulag. No hay otra trascendencia para quien se encuentra en manos de un Dios que se hizo maldito por nosotros. Quiero decir que si la hay, ya no tiene que ver con quienes se hallan en esas manos. Pues la esperanza creyente no espera nada más (aunque tampoco nada menos) que aquellos que tienen la vida pendiente puedan vivir la vida que no pudieron vivir. Algo ciertamente difícil, por no decir imposible. Y si hay algo más, Dios dirá. Pues en nombre de Dios, cualquier otro más allá no es de nuestra incumbencia.

la invasión de los ultracuerpos (2)

agosto 24, 2012 § Deja un comentario

Supongamos que unos extraterrestres desembarcaran en nuestro mundo dispuestos a echarnos un cable. Supongamos, además, que lo hicieran con la convicción de que cada uno de nosotros es su Señor y que, consecuentemente, se pusieran en nuestras manos. Nuestro desconcierto sería notable, por decir algo. ¿Cómo esa raza superior podía humillarse hasta tal punto? ¿Cómo ellos podían tratarnos a nosotros, esos gusanos, como si fuéramos su Dios? ¿Se trataba de un delirio cósmico? Sea como sea, algunos no tardaríamos en aprovecharnos de sus capacidades. Algunos no dudaríamos en convertirlos en nuestros sirvientes. Así, los extraterrestres, pasarían a ser de repente unos pardillos. Incluso algunos llegarían a decir que en verdad no eran extraterrestres.

la invasión de los ultracuerpos (1)

agosto 24, 2012 § Deja un comentario

El mundo de los pobres es, sin duda, un mundo aparte. Ahora bien, por eso mismo es un mundo y, en tanto que mundo, las relaciones que los hombres mantenemos unos con otros —las buenas y las malas— se reproducen por igual, aunque sea por otros medios. Así, nos encontramos con pobres que se aprovechan de otros pobres, pobres que imponen su ley sobre otros. Y pobres que, consecuentemente, están por debajo. Quien hace de los pobres unos pobrets, olvida que los pobres son tan humanos como nosotros. A nadie debería sorprenderle, pues, que las ONG del blanco, en la mayoría de los casos, se implanten en ese mundo como un nuevo recurso del que hay que aprovecharse. Como si de repente hubieran aparecido en nuestros barrios acomodados unos extraterrestres boy scouts dispuestos a repartir sus remedios contra el cáncer o a organizar algunas comunidades de vecinos según sus principios. Probablemente, les estaríamos agradecidos. Como quien agradece un día de lluvia tras meses de sequía.

las cosas pendientes

agosto 23, 2012 § Deja un comentario

¿Qué hay pendiente en tu vida? ¿De qué de-pendes? ¿De tu confirmación, de tu éxito? ¿De que alguien te quiera en lo que vales? El yo es un déspota oscuro, dice Jüngel. Y es verdad. Hay, sin embargo, algunos que viven pendientes de que acontezca el milagro, de que resuciten los muertos, en definitiva, de la interrupción del mundo o, si se prefiere, de su final. Son los marcados por la pérdida, por lo que ya no podrá ser. Para ellos el mundo, ya es otro mundo. Y su mientrastanto, una urgencia, una necesidad de responder.

jugar con dos barajas

agosto 23, 2012 § Deja un comentario

Que la tradición cristiana tiene algo de jugar con dos barajas es evidente cuando tenemos en cuenta, por ejemplo, la definición de Dios como aquél que todo lo sabe y todo lo puede. Pues un Dios de esta guisa acaso pueda ser divino, pero en modo alguno alguien. Sin embargo, ¿cuántos cristianos se dirigen aún hoy en día a este Dios como si fuera un Tú? Si Dios es omnisciente y omnipotente, entonces no hay nada en verdad otro para Dios. Y si no hay alteridad que valga para Dios, entonces Dios no puede ser alguien para sí mismo. Esto es, no puede ser un Yo. La razón es muy simple. Las cosas son en verdad algo otro para nosotros porque siempre hay algo que no llegamos a ver en las cosas que vemos. Nuestra percepción de algo no alcanza, precisamente, el carácter otro de eso que vemos. La alteridad es invisible. O, por decirlo de otro modo, siempre podemos preguntarnos qué es, en última instancia, eso que tenemos ahí delante. Aquello en verdad otro tan solo se da en el marco de una interrogación. Por esto mismo, si una mujer, pongamos por caso, es alguien para su amante (y no simplemente carne para comer) es porque el amante reconoce que en realidad no la posee por entero allí donde aparentemente la posee por entero —o también donde no pueda saber quién le interpela en verdad donde ella le interpela—. Te he tenido entre mis brazos y, sin embargo, no te he tenido, dice quien ama. De hecho, la experiencia de la alteridad es el envés de la experiencia de uno mismo como yo, pues un yo siempre es alguien otro para sí mismo, un constante diferir con respecto a lo que se encuentra ahí afuera, incluyendo el propio cuerpo. El carácter otro de lo dado solo puede manifestarse, pues, como límite infranqueable, como resistencia absoluta, como ignotum X. Ahora bien, si esto es así —que lo es—, entonces un Dios omnisciente y omnipotente no puede dirigirse al hombre. Y si no se dirige a nada otro (aunque eso otro sea lo otro de sí mismo), entonces Dios, como decíamos de buen comienzo, no puede ser alguien. No hay Yo sin Otro. ¿Debería sorprendernos, pues, que el destino de la tradición del Dios que todo lo puede y todo lo sabe termine desembarazándose del carácter personal de Dios para hacer de Dios un océano?

(Con todo, se confirma una vez más que los enunciados sobre el Dios judeocristiano solo son inteligibles como formando parte de una puesta en cuestión del sentido religioso de la divinidad o, como suele decirse en bíblico, como afirmaciones pertenecientes a una crítica radical de la idolatría. Pues decir de Dios que es omnipotente supone reconocer que el hombre no se encuentra sometido a Dios donde Dios es simplemente un poder que opera en el mundo, sino solo donde donde Dios se revela como aquél que tiene el mundo en sus manos, como aquél que mantiene el mundo en vilo. Un creyente vive bajo la posibilidad (de momento, incomprensible y misericordiosamente diferida) de la aniquilación del mundo o, como también suele decirse, de un final de los tiempos. El problema surge cuando los dioses han desaparecido del mapa y nos quedamos con unos dichos acerca de Dios que, precisamente porque ya no hay dioses que superar, quedan pendientes de confirmación como si simplemente fueran suposiciones metafísicas acerca de Dios.)

estampitas de la dicha (4)

agosto 23, 2012 § Deja un comentario

invocare

agosto 23, 2012 § Deja un comentario

Toda invocación de Dios que no parta de la invocación de Dios, tarde o temprano, debería admitir que no invoca a Dios, sino a un fantasma. Pues el hombre en verdad no puede invocar honestamente a Dios, a menos que antes haya sido invocado por Dios. Y ya sabemos cómo invoca Dios al hombre. De ahí que quienes hacen de Dios un océano deberían admitir que un océano nunca va hacia el hombre y menos si ese océano es infinito. Ante un océano, el hombre solo puede desear bañarse. O perecer.

estampitas de la dicha (3)

agosto 22, 2012 § Deja un comentario

credo quia absurdum

agosto 22, 2012 § Deja un comentario

Creer es creer en el milagro, en la posibilidad de la intervención de Dios. Quien no cree en esta posibilidad —quien no puede creer en ella—, no cree, aun cuando crea que cree. Aquel cuya vida no apunta a la posibilidad de la excepción al orden natural de las cosas es alguien cuya vida no necesita de dicha excepción, pues aún confía en las posibilidades de sus propios recursos. De ahí que el hecho de plantear la posibilidad de que haya o no un Dios, no pertenece a quien ya no es más que una invocación de Dios, una súplica, un clamor. La fe o su falta son, ciertamente, un síntoma de quienes somos, es decir, de la situación en la que nos encontramos, y no un simple supuesto pendiente de confirmación. Nadie decide creer como quien decide apuntarse a un curso de yoga para cargarse de energías positivas.

el tercer milagro

agosto 22, 2012 § Deja un comentario

Película notable ésta de la polaca Agnieszka Holland. Un sacerdote postulador, Frank Shore, el «asesino de milagros» (un difícilmente mejorable Ed Harris), se encarga de investigar el caso de una mujer ya fallecida, Helen O'Reagan, a la que unos parroquianos le atribuyen unos cuantos milagros. La cuestión de fondo que se plantea es precisamente la de la fe: hasta qué punto podemos hoy en día creer en la intervención de Dios. Los hechos extraordinarios están ahí, sin duda, pero puede que Dios no tenga nada que ver. Los personajes se dividen en cuatro clases, las cuales representan las únicas situaciones posibles con respecto a Dios. En primer lugar, tenemos a los hombres y mujeres de fe elemental, pero inquebrantable, la mayoría de los cuales llevan sobre un sí una vida devastada por la soledad y la miseria. Son los que imploran la intercesión de los santos… porque ya no pueden hacer nada más. En segundo lugar, aparecen los Frank Shore de nuestro tiempo, aquellos que imbuidos de un legítimo racionalismo se resisten a creer sin pruebas. Ahora bien, no parece que puedan haber pruebas para un racionalismo que, por defecto, no admite la posibilidad de una intervención de Dios. Con todo, Frank Shore arrastra sobre sí el peso de aquel que destruye la última esperanza de los humildes. Y es que esos hombres buenos, a los que los pobres hacen santos antes de tiempo, no parecen tan buenos cuando «el asesino de milagros» comienza a hurgar en su vida. Sin embargo, Frank Shore, el cual atraviesa una profunda crisis de fe, quiere creer. De hecho, sin apenas fe, acabará defendiendo una fe que ya no puede ser la suya. Como si la fe de los otros, fuera la única fe a su alcance. Sus diálogos con el abogado del diablo venido de Roma son, ciertamente, impagables (la lástima es que hayan sido filmados con pulso televisivo). Las grandes preguntas aquí se responden del único modo posible, con un silencio elocuente. En tercer lugar, está la hija de la santa, una joven descreída a la que su madre abandonó por Dios siendo adolescente. Ella ni puede, ni quiere creer. Algo muy normal hoy en día. Ella será la tentación de Frank Shore, su otra orilla. En cuarto lugar, se encuentran los acólitos del poder eclesial, los cuales mantienen una fe por defecto (y, quizá, por eso mismo, defectuosa), en medio, eso sí, de una opulencia insultante. Son los cancerberos de una Iglesia cada vez más alejada del sufrimiento de los hombres. En definitiva, tenemos a un postulador que quiere creer, pero no puede. Al abogado del diablo, el cual se resiste a admitir el milagro que ha visto con sus propios ojos, ya que le obligaría a reconocer la existencia de un Dios arbitrario que atiende solo a los rezos de sus elegidos. Y finalmente a los desamparados, los cuales ni se plantean las lícitas dudas del abogado del diablo, pues dan por hecho, aun cuando no sepan cómo formularlo, que la fe de quien solo puede confiar en Dios es la puerta por la que Dios puede alcanzar la vida de los hombres. Y ahí queda eso. La fe es poderosa, suelta Frank Shore en un momento de la película. Como si la fe bastara, aun cuando no hubiera ningún Dios por en medio. En cualquier caso, es cierto que solo cree quien puede creer. Que tener fe es encontrarse de lleno en la fe, estar poseído por una increíble esperanza. Que la fe, al fin y al cabo, no es una opción para quien evalúa su viabilidad.

fiji time

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

En el Fiji de Sant Pol, casi rozando el mar. Es media tarde y apenas quedan unos cuantos bañistas. Por los altavoces, Elvis. Se confirma la intuición de hace un año. Que nosotros somos el más allá de un mundo que, de por sí, no quiere saber de nosotros.

estampitas de la dicha (2)

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

 

las aguas que nos cubren

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

Para muchos cristianos de hoy en día, Dios sería (sorprendentemente) algo así como el mar. Y el hombre, ese muñequito de sal, cuyo destino es el de formar parte de ese mar. Pero lo cierto es que el hombre solo puede disolverse en el mar, dejando de respirar.

Ratzinger

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

Dice Joseph Ratzinger: el hecho de que la tierra, el cosmos, reflejen el Espíritu creador significa también que sus estructuras racionales —que, más allá del orden matemático, se hacen casi palpables en el experimento— llevan en sí también una orientación ética. El Espíritu que los ha plasmado es más que matemática, es el Bien en persona, el cual, mediante el lenguaje de la creación, nos señala el camino de la vida recta. Pero ¿es esto cristiano? De hecho, sí, pues el cristianismo siempre jugó con dos barajas, la semítica y la pagana. Y lo anterior, dejando a un lado las referencias explícitas al espíritu creador, está muy cerca del orden arquetípico de, pongamos por caso, el cosmos pitagórico. La cuestión más bien es si esto es judío y la respuesta es que no. Para el AT, la Creación no es un cosmos, un sistema ejemplar. Para el judío hay algo de inconcluso en la Creación —algo que no acaba de funcionar—. El mal no es tan solo achacable a una desobediencia puntual, corregible como creyeron en un primer momento los profetas. El mal es el otro lado del bien, su envés, su sombra. Si YWHW es Señor de la luz y la oscuridad (Is 45, 7) —si ambas son debidas a la radical trascendencia de YWHW—, entonces la Creación no es una última palabra, sino eso que exige una última palabra. Si el mundo se revela como creado no es porque Dios sea su arquitecto, sino porque el mundo se encuentra atravesado por el Mandato de un Dios que está por ver, Mandato o Voluntad que no acaba de coincidir con la Ley del mundo. La Ley del mundo no conoce la piedad. La belleza inagotable de las galaxias avanza a lomos de la destrucción. Todo cuanto ocurre en el mundo es lo que tiene que ocurrir. Pero la Voluntad de Dios es lo que debe ser más allá de lo que tiene que ser. Para el judío, pues, la experiencia creyente no es la de encontrarse bajo aguas que nos cubren —o, por decirlo con otras palabras, la de participar de un orden—, sino la de encontrarse sometido a un Dios cuya Voluntad solo puede realizarse como fin del mundo.

las relaciones elementales de parentesco

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

A la vista, un modelo, un paradigma, una imagen ejemplar. Por ejemplo, el de una familia feliz. Cada uno ocupa el lugar que le corresponde. Cada uno se ajusta a lo que se espera de su papel. Esto es, todo coincide con lo que tiene que ser según el orden natural de las cosas. Aquí aún hay sitio para las reglas de la autoayuda. Uno puede creer que es posible mejorar, si sigue las instrucciones para pulirse. Luego, sin embargo, viene Freud y saca los trapos sucios. La familia se revela como un cuarto oscuro. El amor de madre posee un envés en cuya nervadura perecen los hijos por asfixia. El padre será respetado mientras no confiese sus fantasías. La compasión hacia el hermano más débil está llena de una secreta satisfacción por su debilidad. Todo es aquí mezcla. No es que uno haya dejado de hacer los deberes. Es que no es posible separar la luz de la oscuridad. Ambas van de la mano. Finalmente, y con un poco de suerte, acaso el hijo perdone al padre que abusó de él. O la madre al hijo que la despreció. O Abel a Caín. Pero esto ya son cosas de otro mundo. (En resumen: lo primero es religión, mejor dicho, religión como estupidez. Lo segundo, la cruda verdad. Lo tercero, cristianismo, el cual no puede evitar situarse más allá de la verdad.)

padre e hijo (y 2)

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

Un padre es quien bendice tu obra, mientras que un mecenas es quien, porque confía en ti, te da los recursos para que realices tu obra. A veces pienso que te libera más el segundo que el primero. Pues el primero solo te bendecirá, si tu obra no le supera. Un padre siempre exige de sus hijos lo que, por otro lado, nunca podrá aceptar: que consigan lo que él mismo no alcanzó. De ahí que un padre siempre sea un mal asunto. De hecho, un padre es una lápida. Ya lo dijo Freud: uno tiene que quitarse de encima a su padre, si quiere ocupar su lugar. Lo que no dijo es que eso tan solo era posible con una buena financiación.

estampitas de la dicha (1)

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

 

 

ultimate

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

Qué tendrán las cosas últimas que en realidad nunca se alcanzan aunque de hecho se alcancen. Así, Pessoa, que coronó cimas que él nunca admitió. O esa monja que cree que aún no ama lo suficiente a los leprosos a quienes ha dedicado su vida porque es incapaz de besar sus llagas. Será verdad que la experiencia de lo real le está vedada a quien simplemente observa. El observador —el espectador— no verá más que hechos. Cuando la realidad es, precisamente, ese por-venir que permanece fuera de nuestra capacidad.

antropología básica

agosto 19, 2012 § Deja un comentario

De obvio, a veces nos pasamos de largo. Pues, lo obvio es que, en tanto que conscientes de nosotros mismos, no acabamos de coincidir con un determinado modo de ser. Siempre nos encontramos fuera de donde estamos. Por eso no acabamos de ser eso que parecemos ser. Por eso somos un fundamental no ser. O, si se prefiere, la posibilidad de ser algo distinto a lo que circunstancialmente somos. Ser consciente de uno mismo supone contemplar el propio modo de ser como un límite, como una circunscripción. Pero el hecho de experimentar el límite como tal ya nos arroja a la posibilidad de su transgresión, aun cuando esa posibilidad no sea nunca realizada. El simple deseo de ir más allá ya nos sitúa más allá. Aun cuando siempre acabemos deciendo a la presión del instinto o la del temor al castigo, por el hecho de no coincidir con nuestros actos, ya somos los que nos encontramos más allá. De ahí que quienes entienden de estos asuntos digan que el Hombre, así con mayúsculas, carece de esencia. Que el Hombre es, en definitiva, la posibilidad de su transformación o metamorfósis. Ahora bien una cosa es el Hombre y otra los individuos. Y es que, si diferenciamos entre el Hombre y cada uno de los hombres, es porque los hombres, aun cuando estemos arrojados a nuestra posibilidad, siempre permanecemos atados a un determinado carácter, al agujero negro de una impotencia, de un tema por resolver. No en vano los antiguos, antes que Freud, decían aquello de que un carácter es un destino. Como, si al fin y al cabo, los hombres no pudiéramos realizar la posibilidad de ir más allá de nuestro particular modo de ser sin traicionarnos. Sin embargo, el Hombre no se encuentra ligado a las profundidades abisales de una psicología y, por eso mismo, debe realizar eso que puede realizar. Así, supongamos que pudiéramos alcanzar la inmortalidad —que hubiéramos sido capaces de controlar el gen del envejecimiento—. Ningún principio moral impediría que algunos dieran un paso al frente. ¿Qué serían, sin embargo, los hombres de esa nueva era? Ya no serían de los nuestros, aun cuando esa posibilidad, sin duda, pertenece al Hombre. Pues nuestro particular modo de ser permanece ligado a la muerte, a la vida como plazo. De hecho, nosotros pasaríamos a ser algo así como la prehistoria de la nueva raza: algo más que monos, pero menos que hombres. Ahora bien, tengo mis dudas de que esos hombres fueran mejores. Sin muerte —sin un cuerpo que se resista, sin la experiencia del límite que hace posible el conflicto interior y, en definitiva, nuestro interior— esos hombres difícilmente podrían soportarse, difícilmente podrían no coincidir con su beatitud o su voluntad de poder. Ángeles o demonios, pero en cualquier caso otra cosa. Nada que ver con nosotros. El Hombre se encuentra por encima de los hombres. O, por decirlo de otro modo y a diferencia del resto de los animales, los hombres no son una ejemplificación del Hombre. De lo anterior se deduce que los sueños que conciben un más allá de almas inmortales —los sueños que ubican en otro mundo lo que cada vez más es una posibilidad de nuestro mundo— no tienen que ver con nosotros, aun cuando sean nuestros sueños. No es causal que el cristianismo no conciba otra redención que la de la carne. Pues la muerte va con el redimido o esa redención no es para nosotros.

una mano no siempre es una mano

agosto 18, 2012 § Deja un comentario

Puede que el milagro, como decía Bernanos, sea el de las manos vacías, quizá la única pureza que pueda alcanzar el hombre. Pero cabe, por contra, que el verdadero milagro sea el de responder a Dios con las manos llenas de mugre. Pues el primer milagro no necesita de ningún Dios. Le basta con anticipar la muerte, con tenerla presente a flor de piel. Mientras que el segundo no es posible sin la irrupción, precisamente, del Dios que se identifica con el indeseable, el que huele mal, el sucio, ese enteramente otro que, como tal, nadie en su sano juicio es capaz de digerir.

hipótesis

agosto 18, 2012 § Deja un comentario

¿Y si el cristianismo hubiese seguido siendo tan solo la religión de los pobres? ¿Qué hubiera ocurrido si las clases acomodadas de Roma no se hubieran convertido al Dios de los sin Dios? Probablemente, el cristianismo hubiese acabado siendo tan solo la religión que necesitaban los pobres. Esto es, no habría habido cristianismo. Y quizá por eso los apologetas de los primeros siglos de la era cristiana se preocuparon de mostrar que la fe obedecía, antes que nada, a la verdad de Dios y no a la necesidad de los pobres de contar con un dios de su parte. Ahora bien, en el momento en que el cristianismo se hace universalmente verdadero —en el momento en que cualquiera con uso de razón puede admitir la verdad cristiana— el cristianismo comienza a transitar la peligrosa vía del catolicismo oficial, aquella que sustituye el ojo de la aguja por las enormes puertas de los templos. Los ricos comenzamos a creer que era posible ser cristiano donde simplemente declarábamos lo que no podíamos honestamente confesar, a saber, que no hay más Dios que el Crucificado. Pero es posible que ninguna verdad pueda sobrevivir históricamente con las manos limpias.

envés

agosto 18, 2012 § Deja un comentario

No quedan nuestros cuerpos, sino nuestras almas. Pues no es el alma la que abandona el cuerpo, sino el cuerpo el que poco a poco va dejándonos. El alma es un residuo, una resistencia, un resto de naufragio, el vacío que nos queda cuando al cuerpo ya no le queda nada por vivir. De ahí que el mundo y no el más allá esté repleto de las almas de los muertos, de la vida pendiente que sus cuerpos no llegaron a vivir. Y puede que nuestra conciencia no sea otra cosa que el eco de sus voces.

sobre las historias bíblicas

agosto 17, 2012 § Deja un comentario

Por qué será que las historias de Dios tratan de rameras, samaritanos, publicanos, hijos de puta en general, y no de la buena gente, de sacerdotes, escribas y fariseos, de aquellos que casi por defecto creen estar cerca de Dios.

historias bíblicas (8)

agosto 17, 2012 § Deja un comentario

Una mujer en la barra de un bar de carretera a eso de media noche. Piensa en su hija de nueve años, Anita. En cómo podrá sacarla del agujero. Un hombre se le acerca. «¿Cuánto?» «Cincuenta y la cama.» Ella entra primero en el cuarto de la pensión. «Lávate en el bidé», le dice a él. Ella se quita la ropa y se tumba en la cama, mientras él se desabrocha los zapatos. Dos minutos, él con la boca abierta sobre el rostro de la mujer. Ella mirando al techo, repasando la lista de la compra de mañana. El truco funcionaba en la mayoría de los casos. «Lo siento», dice él. Ella le mira a los ojos y le acaricia la mejilla. «No importa. Es mi oficio.» Los zapatos ahora no parece que le entren. «Vuelve cuando quieras.» Él no responde. Comprueba que el alzacuellos siga en el bolsillo del pantalón. Luego se va. Sus pasos resuenan como el traqueteo de una carretilla. Ella se queda un poco más. «Espero que le guste a Anita», piensa hacia sus adentros, mientras juguetea con esa fina cruz de plata. «Él seguro que tiene de recambio.»

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