los ricos también lloran (o no…)
octubre 5, 2023 § Deja un comentario
Este es el consuelo de los pobres;: que los ricos también lloran. O al menos, como diría Nietzsche, es lo que necesitan decirse. Sin embargo, ¿es posible que sus lágrimas, dejando a un lado la desgracia, sean de cocodrilo? Puede que no sea casual que en la Antigüedad la nobleza estuviera, a ojos del vulgo, emparentada con los dioses. Y no porque se dijera, sino porque era evidente. Pues ¿acaso no es encantador que sus temas de conversación —sus preocupaciones— giren en torno a si la nueva serie de bolsos de Hermés será lo más o si los Rupérez habrán comprado a tocateja su helicóptero como nosotros? Ahora bien, lo que no se tiene tan presente —como tampoco, diría, lo tuvo Nietzsche— es que los antiguos también creyeron que los dioses envidiaban el valor de los mortales. O al menos, el de sus héroes. Y es que no hay comparación entre quien ha sido curtido por mil batallas que aquel cuyo máximo riesgo ha sido subirse al Dragon Khan.
De hecho, es posible que Nietzsche, al ensalzar el carácter noble, no tuviera tan en mente al noble común como al hombre cruel. Por no hablar del psicópata. Sin embargo, si fuera así, entonces la división entre el noble y el esclavo difícilmente podría emplearse para mostrar el polvo que hay bajo la alfombra cristiana. Pues crueles hay en todas partes. Incluso en las iglesias.
follar
octubre 4, 2023 § 2 comentarios
Algo significa algo si puede comprenderse como representación de algo más alto. El origen del significado fue siempre divino. Por ejemplo, una relación de pareja adquiere sentido solo si puede entenderse a sí misma como ejemplificación de un relato ejemplar, por lo común, el que se narra en las películas o novelas románticas. Es a través de estos relatos que sabemos en qué consiste el amor verdadero —qué esperamos de una relación. Perdimos los cielos. Pero aún nos queda Netflix. De ahí que el follar por follar, como suele decirse, siempre resulte decepcionante. Y quien crea lo contrario es que aún sigue siendo un ingenuo. O si lo proclamase a los cuatro vientos, un farsante. Pues, si no hay más, todo está de más.
ya sí, aún no
septiembre 30, 2023 § Deja un comentario
Es posible que tan solo podamos esperar lo que de algún modo ya está sucediendo: el milagro, la aparición. Como también es posible, como dice una sentencia judía, que el mesías ya hubiese venido y nosotros no nos hubiéramos enterado. O también: que haya verdad, pero no para nosotros. Para nosotros su imagen —esto es, la falsificación que la expresa. Todo esto posee, indudablemente, un aire de familia —el aire que recogen los grandes textos de la cultura. Será una lástima que de aquí a unos años —si no, ya— queden muy pocos que puedan si quiera leerlos. A esto lo podríamos denominar empobrecimiento. Lo que equivale a decir que volveremos a ser los chimpancés que fuimos. Aunque con iphones. Será cierto que en el origen está el final.
paráfrasis de Heráclito
septiembre 29, 2023 § Deja un comentario
Por decirlo en breve, un mundo en el que no hubiese mal —ni tampoco pudiera haberlo— no sería bueno De hecho, de habitar ese mundo, aunque fuese como espectros puros, no podríamos evitar la sensación de irrealidad. Si el todo fuese el todo, no habría el todo. Para que haya lo que hay, el puro haber —estricta oscuridad y silencio— tiene que desaparecer en el haber de las cosas. Sin embargo, lo que no aparece —lo que no se hace presente de algún modo— propiamente no es. El puro haber no es nada —y aquí conviene tener en cuenta que una doble negación equivale a una afirmación. Y por eso mismo —porque la nada no es— hay mundo. El mundo es, al fin y al cabo, el resultado de la negación de la nada —de la voluntad de no ser nada. Al principio, hubo el hágase —y un hágase por el cual lo absoluto se dirige, en la negación de sí, hacia lo otro de sí. El único absoluto es el absoluto que es no siendo nada.
En cierto sentido, podríamos entender el pensamiento dialéctico de Heráclito como una prolongación del de Parménides. Como si Heráclito se limitase a estirar el chicle. Ahora bien, al estirarlo hasta rozar la contradicción, el chicle termina por romperse. Ciertamente, decir lo real equivale a decir lo Uno —o eterno, ilimitado, etc. Pero lo real aparece en lo diverso —y por eso mismo lo real no aparece como tal. No vemos el todo-uno… como tampoco lo eterno o ilimitado. De ahí que lo real en sí solo pueda ser pensado. Hasta aquí Parménides.
Sin embargo, porque no hay realidad que no se haga presente, de un modo u otro, lo real en sí propiamente no es. O mejor dicho: es no siendo nada. La condición del mundo es la desaparición o paso atrás de lo real en sí o absoluto. Lo real se hace presente dejando como tal —esto es, en tanto que Uno, eterno, etc— de estar presente. Y aquí comienza Heráclito. Lo real se muestra en aquello que, de algún modo, lo niega. El modo del haber traiciona el haber… al hacerlo presente. Todo es, por consiguiente, tiempo, el paso del ser al no ser —y viceversa. No es casual que Heráclito eligiese la imagen del fuego para referirse al arjé. Pues el fuego avanza consumiendo —negando— aquello que lo hace posible.
principio y fundamento —o verdad e imagen
septiembre 27, 2023 § Deja un comentario
En verdad, la mujer que tienes ante ti es un milagro. Pero la tratas como si no lo fuera (y no puedes dejar de hacerlo). En verdad, dependemos de Dios —de su no ser nada o nadie aún. Pues ante Dios en verdad, se decide el sí o el no de nuestra entera existencia. Pero hoy en día creemos que este sentimiento de dependencia, en tanto que apunta a una figura espectral, es un residuo de la infancia. La rosa es sin porqué. Pero no tenemos ningún reparo en cortarla para el sant Jordi. Es verdad que la mujer —o en general, el prójimo— es un milagro; que la rosa es sin razón. Pero solo porque todo cuanto es acontece desde el horizonte de la nada —en último término, de la nada de Dios. Ahora bien, la urgencia de la adaptación nos obliga a alejarnos de la verdad: todo tiene que darse como un posible objeto de dominio. No hay supervivencia sin trato —sin profanación. De ahí que la pregunta sea si es o no posible vivir en contacto con lo que en verdad tiene lugar. O mejor dicho, hasta qué punto es posible. No podemos permanecer ante el milagro sin perecer. Pero tampoco vivimos —a lo sumo sobrevivimos— donde de algún modo no encaramos la verdad, lo que en verdad tiene lugar en cuanto pasa. Y me atrevería a decir que la única manera de encarar la verdad en el día a día —en medio de la dispersión a la que nos fuerza la adaptación— es por medio de aquellas imágenes que al mismo tiempo que la expresan, la deforman.
Ciertamente, resultará difícil vivir a flor de piel nuestra dependencia de un Dios que es no siendo nada —o nadie aún—… a menos que nos encontremos en aquellas situaciones en la que esto se nos revela sin que quepa apelación. Y es que el Dios que en sí mismo es el que no es nada —o nadie aún— en modo alguno puede aparecer como un dios al uso. Mientras no nos encontremos en la situación donde cabe la revelación, nuestra congénita dependencia de Dios solo puede incorporarse a través del imaginario en el que Dios es concebido a la manera de un padre espectral. Si podemos creer en esta representación —si podemos tomárnosla en serio—, entonces estamos cerca de la verdad. Aunque, con respecto a Dios, la distancia entre estar cerca de su verdad y ser abrazados por ella sea insalvable desde nuestro lado. De ahí que el riesgo del imaginario sea el de confundir el dedo con aquello a lo que apunta.
Sin embargo, el problema, hoy en día, es que ya no podemos tomarnos dicho imaginario en serio. Donde irrumpió la sospecha —y en la Modernidad la sospecha prevalece sobre el asombro— no vuelve a crecer la hierba. Y ante el derrumbe del imaginario religioso —ante el tópico que lo entiende como superstición—, diría que no hay otro modo de incorporar la verdad que interiorizando la historia que dio pie a la revelación. Otro asunto es que quienes pertenecen a las canchas cristianas anden entre el imaginario y la historia. Pero al igual que no hay plata sin ganga, nada dura sin mezcla. Esto, sencillamente, es así.
PS: con respecto a la mujer o la rosa, la estrategia será, hasta cierto punto, distinta. En el caso de la mujer: que haya zonas intocables, esto es, sagradas; que no todo en su cuerpo esté a tu disposición. En el de la rosa: que para st Jordi haya rosas que no puedan cortarse, aun cuando ello suponga una pérdida económica. Al fin y al cabo, que haya espacios —o tiempos— que el profanador que somos no pueda pisar. Se trata de preservar la distancia de la alteridad. Hablamos, en definitiva, de la relación entre lo sagrado y la Ley. Aun así, va a resultar muy difícil que lo consigamos donde el antiguo sentido de lo sagrado se ha disuelto como azúcar en el café —en definitiva, donde ya no hay dios que imponga el tabú. Pues el hombre no puede decidir por sí mismo que permanecerá fuera del trato. O no puede decidirlo sin que la decisión se tambalee como un castillo de naipes.
neo-estoicismo
septiembre 26, 2023 § Deja un comentario
Se acusó al cristianismo —y con buenas razones— de promover la resignación. Así, en nombre de Dios había que soportar la desgracia —sea natural o política— porque, de este modo, se ganaban los cielos. Ya se te compensará. La denuncia profética, la cual no podía dejar de clamar a Dios aquello del venga a nosotros tu reino, fue progresivamente apartada por un cultivo, cada vez más acentuado, de la piedad —hoy diríamos de la interiorización. Pues bien, aunque haya mucho de verdad en el estoicismo, ¿no podríamos decir algo parecido de aquellos gurús que a través de libros de autoayuda, aunque cada vez más camuflados, o videoblogs, promueven, precisamente, que la única libertad es la de la indiferencia estoica? No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. De acuerdo. Pero donde nos quedamos solo con la receta sin asumir sus implicaciones hasta el final ¿acaso no seguimos fumando opio? Vuelven los mismos perros aunque con distintos collares. Normal.
la reflexión y la hierba
septiembre 25, 2023 § Deja un comentario
Sócrates fue condenado por impiedad, esto es, por no dar el debido culto a los dioses. También por corromper a la juventud. Ambas acusaciones tienen sentido. Al menos, porque, como dijera Hegel, donde irrumpe la reflexión no vuelve a crecer la hierba. Aunque también podría haber dicho que la hierba que crece es otra. En cualquier caso, no parece que los resultados de la reflexión contribuyan a una mayor cohesión social o política. De hecho, esta cohesión depende de que hayan temas que no se tocan —temas tabú. Y para el filósofo —para quien es su inquietud por lo verdadero, por lo que en verdad tiene lugar en todo cuanto pasa— no hay tema tabú. Como tampoco hay creencia que no sea interrogada. El filósofo, en el fondo, se atreve a cuestionar lo que se da por descontado. Y no como pasatiempo, sino porque lo que está en juego es, precisamente, la libertad —al fin y al cabo, un estar por encima de lo que sucede y no importa. Dicho de otro modo, lo que está en juego es precisamente la individualidad, el no quedar disuelto por lo impersonal: por lo que se dice, se hace, se espera… Y es que nadie llega a ser dueño de sí mismo sin tomar una cierta distancia con respecto a lo que cree, siente, desea… “espontáneamente”. Ahora bien, debido a esa distancia interior, el resultado de la reflexión no va a ser un saber más cosas , sino un saber paradójico. Y es que lo que sabe quien sabe de lo que habla es que nunca terminamos de saber de lo que hablamos cuando empleamos, sobre todo, grandes palabras. Platón se limitará a justificar esta ignorancia. Pues no tiene que ver con una falta de habilidad —Sócrates no es que fuera un incapaz— , sino con el carácter absoluto de la realidad propiamente dicha. Y aquí hay que tener en cuenta que absoluto significa, literalmente, ab-suelto, esto es, lo sin juicio, lo que queda sin decir. Pero este es otro asunto.
la alegría de los gaseados
septiembre 24, 2023 § Deja un comentario
Veríamos el mal como mal si las víctimas no clamasen al cielo —si no fuesen desgarradas por la desgracia. Basta con imaginar a los torturados, a los gaseados, a los que van a ser fusilados a causa de su raza… asumir con indiferencia —o incluso alegría— su tortura, las cámaras de gas, la fosa común. Como si la calamidad no fuera con ellos. Como si estuvieran por encima de las reacciones del cuerpo. Imaginemos, pues, que no hubiese turbación, ni espanto al oler el humo de los hornos crematorios. Ni siquiera cuando las chimeneas esparciesen las cenizas de sus hijos. Como si nada fuese de por sí terrible. ¿Acaso no tendríamos que decir con Nietzsche que no hay hechos morales, sino en cualquier caso, una lectura moral de los hechos?
Ahora bien, si no hubiese nada que fuese intrínsecamente terrible, entonces el bien y el mal difícilmente podrían distinguirse de nuestras preferencias. Y ya sabemos que las preferencias son oscilantes. Decir que Auschwitz fue terrible sería algo parecido a decir que nos repugnan las pústulas de la lepra. Así, o hay lo absoluto, o el nihilista, sencillamente, tiene razón y, en el fondo, todo da igual… aun cuando no nos lo parezca.
Sin embargo, podríamos estirar el hilo —aunque no por simple pasatiempo. Pues lo absoluto —literalmente, lo absuelto o separado— es, al fin y al cabo, la realidad de una alteridad que es no siendo nada. Y porque es así —en definitiva, porque lo absolutamente Otro se da en su negación de sí hacia lo otro de sí, a saber, el cuerpo del prójimo— hay lo terrible. Pues lo terrible es impedir que la nada —o mejor dicho, el aún nadie— lleve a cabo su voluntad, aquella por la cual es no siendo nada. Nunca lo primero fue algo, sino la negación de sí de la nada. La afirmación más originaria —la afirmación anterior a los tiempos y por la que hay, precisamente, tiempos— fue la expresión de una doble negación, por así decirlo. Es posible que el nihilista aún no haya profundizado lo suficiente en el carácter dialéctico de la nada que abraza cuanto es. O por decirlo de otro modo, que se haya limitado a pensar la nada desde su lado y no desde el de la nada.
Kierkegaard y el nihilismo
septiembre 23, 2023 § Deja un comentario
Según Kierkegaard, hagas lo que hagas te equivocas. De acuerdo. Pero ¿por qué? ¿Acaso no es posible acertarla? Claro. Kierkegaard, tampoco rechazaría esta posibilidad. Sin embargo, los tiros del asunto quizá vayan por otro lado. Pues lo que aquí se pone encima de la mesa es la relación entre el momento del instante verdadero —el acierto— y el tiempo. Al menos, porque con el paso de los días incluso el acierto pasa a ser otra cosa: oficio. Y el oficio, desde la óptica del anhelo de verdad, es caída, algo así como un error existencial. Aunque, como caídos, esto tampoco debería sorprendernos. Hay verdad. Pero no para nosotros. A lo sumo, para nosotros el momento de la verdad.
Por eso la pregunta es si cabe un vínculo con el instante verdadero que no sea el de la fidelidad a ese instante que nos fue dado como milagro o excepción. Y una fidelidad en el oficio. Al menos, porque no hay más remedio. Nadie puede permanecer en el instante verdadero. Sin embargo, esto significa que el día a día estará tensado por la memoria y la esperanza. Donde estas falten inevitablemente el instante verdadero se nos mostrará como una mera ilusión óptica. Y de ahí a abrazar el nihilismo media un paso: el valor es un trompe-l’oeil. Ahora bien, faltarán donde entendamos la verdad como tan solo la adecuación entre nuestras representaciones y los hechos a los que apuntan. Esto es, donde dejemos de tener en cuenta que la verdad es también —y quizá principalmente— la irrupción de lo que es en verdad, de lo que tiene lugar y no simplemente pasa. Hablamos, como es obvio, de la escisión que constituye nuestro estar en el mundo —y por extensión, el mundo como tal. De hecho, este sentido de la escisión es lo que se perdió con Giordano Bruno y su comprensión del universo como infinito y homogéneo.
Con todo, porque existimos alejados de lo que es en verdad —porque para nosotros tan solo cabe el instante verdadero— resulta también inevitable que lo que es en verdad se nos (haga) presente como el bien que debe acontecer. Aunque no podamos concebir el cómo. Y esto es Platón. Aunque también, en cierto modo, Israel. Como viera Filón.
verdad y milagro
septiembre 19, 2023 § Deja un comentario
La mujer que tienes ante ti es un milagro. Aun cuando se esté hurgando la nariz —aun cuando te resulte desagradable en un momento dado. Y lo es porque surge de la nada. Vamos a traducirlo: porque el horizonte de cuanto cabe ver y tocar es la nada. La rosa es sin porqué, que decía el Silesius. Y aquí quien ofrece una explicación a cambio demuestra no haber entendido de qué va este asunto.
Sin embargo, en el día a día la mujer que tienes ante ti no aparece como tal, sino como cuerpo tratable —o mejor, como el cuerpo con el que debes tratar de un modo u otro. Es obvio que vivimos de espaldas a lo que es en verdad. De algún modo, la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa— se ubica más allá. La superstición acierta al hablarnos de los cielos en donde todo es a salvo del tiempo, definitivamente real. Pues es lo mismo decir de la mujer que tienes ante ti que es un milagro que decir que es una diosa, a saber, en verdad intratable. Quizá no terminemos de comprender la superstición religiosa mientras creamos que dice algo distinto a lo que decíamos antes: que vivimos de espaldas a la verdad. De ahí que con respecto a la verdad no valga el saber, sino tan solo la revelación. Al menos, porque lo sabido es lo que fácilmente damos por descontado —lo que es fácilmente obviado y, por eso mismo, pre-supuesto. El mundo solo es posible en donde la verdad es, precisamente, dejada atrás. Únicamente a través de las figuras de la imaginación podemos recuperar la verdad, aunque no sin malentendidos de por medio. Pero el destino del imaginario en la Modernidad es el de Casandra, la cual, como sabemos, fue condenada a que nadie la creyese cuando dijera la verdad.
asimetrías básicas (2)
septiembre 18, 2023 § Deja un comentario
Una relación asimétrica —la de Fausto y Margarita, por ejemplo— no puede funcionar. Pues no admite ningún más allá del momento de la sensación verdadera, por decirlo a la manera de Peter Handke —ningún porvenir. El mundo, sencillamente, no sabrá cómo encajarla. ¿Hablamos de una ilusión? No necesariamente. Pues solo a través de las relaciones asimétricas, de ser afortunadas, puede irrumpir la eternidad —e irrumpirá como lo que pone en suspenso, precisamente, la costumbre que erosiona cuanto es. Mundo y verdad nunca hicieron buenas migas. Y de momento, gana el mundo. Aunque a costa de pagar un alto precio. No sé por qué, pero siempre he visto mucha tristeza en los parques de atracciones.
cartoon
septiembre 16, 2023 § Deja un comentario
Dice el creyente: Dios es creador. Pero difícilmente admitiría como dios a un extraterrestre que hubiese creado el cosmos por puro entretenimiento. O simplemente para experimentar. Sin embargo, el creyente podría objetar que Dios es más que creador. Ahora bien, ¿puede ser este más algo más que un además? Difícilmente. Pues nada hay por encima del principio. Por tanto, el creador es lo más. Por consiguiente, al decir que Dios es algo más que creador, con la intención de hacer frente a quien dijera, que en ese caso, Dios no sería distinguible de un demiurgo espectral, lo único que habríamos conseguido es marear la perdiz. A menos que este algo más fuese un no ser nada. Como si la creación de Dios consistiera precisamente en negarse a sí mismo como Dios. Dios crea, por tanto, de la nada al convertirse a sí mismo en nada. El en-sí de Dios no es una para-sí, como en el caso del hombre, sino un para-lo-otro-de-sí. Pero en este caso, ya no estaríamos hablando, obviamente, de un demiurgo espectral.
la cosa de la educación
septiembre 15, 2023 § Deja un comentario
En educación se suele hablar de la necesidad de integrar a quien, de entrada, está fuera del juego que se juega en las aulas. Que nadie se quede atrás. Y esto está bien. O más que bien. La pregunta, sin embargo, es cómo hacerlo. Y aquí —diría— caben dos tácticas. La primera es la que podríamos denominar maternal. Hablamos de ir a recoger al alumno ahí donde ha sido abandonado: que note que el maestro está por él; que quiere que salga del pozo. Y creo que este modo de proceder funciona, sobre todo, en grupos reducidos y para aquellos que se encuentran sepultados por su debilidad, en definitiva, por la convicción, vivida a flor de piel, de que no van a poder. Sin embargo, me atrevería a decir que no termina de funcionar con aquellos que, creyéndose unos outsiders, desafían el sistema. Son los provocadores. Y haberlos, haylos. En este caso, diría que el procedimiento a seguir tendría que ser más paternal que maternal: aquí venimos a aprender cómo se hacen puentes; por tanto, si no quieres seguir el hilo, estás fuera. El provocador ha de sentir que esta, de hecho, fuera por no tomarse en serio un juego que es serio. Y lo más probable es que se sienta así, siempre y cuando, estando efectivamente obligado a asistir a clase, vea que el grupo sigue como si él no estuviera… pero que, con todo, puede subirse al carro si se pone a ello. Pues le estamos esperando. Porque el grupo siempre gana, es cuestión de que el clima sea, precisamente, el de vamos a hacer las cosas bien —y no el de esto es can pixa. El problema es que el grupo esté formado en su mayoría por provocadores. Pero este es otro asunto.
deseo de dios —o de diosa
septiembre 14, 2023 § 2 comentarios
Hay algo de análogo entre la relación del antiguo creyente con Dios y la que mantiene con la mujer que desea aquel que no se cree digno, por jorobado, de esa mujer. Pues automáticamente el jorobado siente que esa mujer es una diosa de cuyo favor depende por entero. Sin embargo, lo que el jorobado ignora es que, debido a su desprecio de sí, nunca podrá admitir la entrega de la mujer que desea: ella, sencillamente, no puede amarlo. Evidentemente, se trata de un error. Pues esa mujer, a pesar de su brillo, también anda como el dromedario, soportando el peso de su joroba. Aunque nos lo parezca, no es en verdad divina. Estricto oropel.
Aquí la libertad del jorobado pasa, como es obvio, por liberarse de su deseo. Por lo común, esta liberación exige un sacrificio: hay que apartar ese amor por un amor más grande. Kierkegaard. Con todo, probablemente solo se librará de su deseo cuando acepte, no ya que todos deambulamos como jorobados, aunque esto sea cierto, sino que ningún éxito importa, ni siquiera el que procede del sacrificio, para un Dios que anda rozando el nadie. Todo comienza a partir de esta revelación.
Así, difícilmente comprenderemos un texto como la Biblia hasta que no caigamos en la cuenta de que solo un Dios que quiso desaparecer para que fuera posible el mundo nos libera de nuestra espontánea dependencia de los dioses. Como si no hubiera otro padre que aquel que nos abandonó antes de tiempo —aunque por eso mismo haya historia. Pues ninguna historia es posible donde aquel que creemos que es nuestro padre sigue ahí, tutelando nuestra existencia. O mejor dicho, como si lo hiciese. A veces pienso que donde creemos que hay un dios que maneja los hilos, garantizando de paso el sentido de tot plegat, no estamos tan lejos del nihilismo. Al menos, porque no puede haber nada en verdad nuevo —ninguna alteridad— donde damos por descontado el amparo de un dios. A lo sumo, la novedad, ese simulacro de lo nuevo.
va de Feuerbach
septiembre 8, 2023 § Deja un comentario
Hablar de Dios como proyección del hombre solo es posible cuando previamente hemos reducido la alteridad de Dios a idea de lo absolutamente otro. Esto es, cuando el punto de partida de la existencia ya no es un hallarse expuesto a la desmesura de una genuina alteridad. Ahora bien, esta desmesura no es la de lo gigantesco —de hecho, lo gigantesco, en tanto que proporcional, no supone nada verdaderamente otro—, sino la del haber de Dios, un haber que anda rozando el nadie-ahí. Tan solo este nadie nos supera en verdad. De ahí que bíblicamente, la experiencia de Dios vaya de la mano del silencio que cubre por igual la bendición y la maldición —los campos de exterminio como los de amapolas. Un Dios que se revela como su por-venir —un porvenir que no admite otras imágenes que las increíbles por imposibles— en modo alguno puede entenderse como una proyección del hombre. Más aún cuando lo que se desprende de la experiencia de un Dios-por-venir es la respuesta de Israel al descenso de Moisés del monte Horeb: primero obedeceremos y luego ya veremos. Como si con respecto a Dios el asunto no fuera Dios, sino la Ley que nos obliga a la fraternidad de los huérfanos, el mandato que se desprende, a la manera de un aliento, de la extrema trascendencia de Dios.
Las tesis de Feuerbach —hijas, en definitiva, de la sospecha cartesiana—son, por tanto, tautológicas. Pues donde partimos de nuestra representación de Dios a la hora de preguntarnos por la realidad de Dios —como quien pretende verificar una hipótesis— ya presuponemos lo que vamos a concluir, a saber, que cualquier realidad es función de las condiciones de posibilidad del conocimiento, en definitiva, del sujeto del saber. En este sentido, me atrevería a decir que Feuerbach no acabó de comprender a su maestro. Y es que Hegel fue muy consciente de que para evitar el subjetivismo —al fin y al cabo, para dar cuenta de lo que aparece en el aparecer— hay que pensar lo real desde el lado de la alteridad. Aunque tras este viaje terminemos reconociendo que no hay alteridad que no implique su negación de sí. De hecho, a veces no puedo evitar la impresión de que la Lógica es una exégesis del prólogo al cuarto evangelio. Pero este es otro asunto.
hasta que llegó su hora
septiembre 7, 2023 § Deja un comentario
El rostro es la expresión del alma, decimos. Y lo decimos porque ya quisiéramos que fuese así. De ahí que, en los dibujos animados, la bruja sea fea. Pero no tiene por qué ser así. Y esto es lo inquietante. Que no haya signos definitivos. Un psicópata puede tener perfectamente la mirada azul de Henry Fonda (véase Hasta que llegó su hora). Y es que lo real no es lo que quisiéramos que fuese —y damos por descontado que es—, sino más bien lo que se nos escapa sin remedio, una esencial falta de coincidencia con la apariencia. Lo real, en tanto que desajustado, es de por sí inquietante. Y no hay inquietud si no es en relación con lo inquietante o, cuando menos, su posibilidad. Es la costumbre —incluso la religiosa— la que nos impide situarnos, precisamente, ante el exceso de lo real. Sin embargo, frente a la irrupción de lo real cualquier hogar se revela como un hogar de paja.
eterna
septiembre 6, 2023 § 1 comentario
¿La eternidad? La vida continúa y tú ya no estás. ¿Hay un más allá? Al menos, el de un mundo que seguirá sin ti. Este es el vértigo. Los cielos están repletos de nadies —de fantasmas. Pero el fantasma, no siendo ya alguien, clama por volver a tener un cuerpo. No sé si la eternidad esté llena de ojos —que decía Celan. Pero, cuando menos, está llena de voces. A este más allá el antiguo Israel lo denominaba sheol. Y no parece un lugar agradable. Ahora bien, no deja de ser curioso que donde hay sheol la redención consista, precisamente, en volver a tener un cuerpo.
pater noster
septiembre 5, 2023 § Deja un comentario
Ningún padre termina su obra. Esta es la tarea del hijo, más allá de lo biológico. El problema de Hamlet fue que su padre se convirtió en fantasma. De ahí que no supiera qué hacer. Mejor dicho, fueron sus sospechas las que transformaron a su padre en un casi nadie, apenas un residuo de lo que fue. Con todo, lo que acaso Hamlet no comprendiera —y por extensión, el sujeto de la Modernidad— es que el padre solo es real mientras siga siendo un padre de ultratumba. La resistencia de Hamlet a obedecer el mandato del padre —un mandato por defecto imposible— fue el síntoma de haber olvidado que existir significa, precisamente, un hallarse expuestos a lo irreductiblemente extraño. El mundo moderno se equivocó al prescindir del fantasma —al convertirlo en el contenido de una experiencia visionaria. La genuina alteridad nunca fue palpable.
una papelera no siempre es una papelera: una introducción a Sócrates
septiembre 2, 2023 § Deja un comentario
Por lo común, sabemos de lo que estamos hablando mientras no nos lo preguntemos. Pues al preguntárnoslo abandonamos el marco pragmático en el que el lenguaje deviene significativo. Esto es, nos situamos en la grada, fuera de la escena. Por ejemplo, una papelera. En principio, creemos saber lo que es una papelera. Esto es, cuando, estando en la calle o en una oficina, queremos echar un papel sabemos dónde echarlo (y dónde no deberíamos hacerlo). Si alguien echara un papel desechable sobre la mesa, habiéndole dicho que lo echase a la papelera —y suponiendo que no trata de provocarnos—, fácilmente deduciríamos que ignora lo que es una papelera. Hasta podemos admitir que, en un determinado contexto, una caja de cartón o una bolsa de plástico colocadas en una esquina podrían hacer de papelera, al menos provisionalmente. Pues, grosso modo, una papelera es aquello que usamos para echar los papeles que nos sobran. El significado de la palabra papelera no puede disociarse del uso que le damos.
Con todo, el que algo sea —o pueda servir como— papelera no está exento de supuestos, incluso normativos. Al menos porque no diríamos que sirviese como papelera una secretaria a la que le echáramos a los pies los papeles sobrantes para que, tras recogerlos, los llevase al contenedor de reciclaje. Por eso, el uso de la palabra tiene que apuntar a una definición que nos permita distinguir entre los usos admitidos y los que no.
Ahora bien, y esto es lo interesante, difícilmente podremos llegar a precisar dicha definición más allá de lo que ya sabemos de antemano… aunque sin terminarlo de saber: una papelera es esa cosa que nos sirve para tirar los papeles sucios (y no, pongamos por caso, restos de comida). Y no lo terminamos de saber porque el uso de la palabra papelera es inevitablemente borroso. Por consiguiente, siempre cabe la posibilidad de algo que, ajustándose a su borrosa “definición”, no encaje en el uso habitual de la palabra papelera. De este problema ya se dio cuenta Sócrates en su momento, aunque a propósito de aquellas palabras cargadas de fuertes resonancias morales.
Tampoco podemos sortear la dificultad añadiendo condiciones necesarias o sine qua non. Al fin y al cabo, las condiciones necesarias, si no pretenden ser arbitrarias, son las que especifican el uso habitual de la palabra papelera… con lo cual no habríamos ido más allá de lo que ya sabemos de entrada. O lo que es lo mismo, seguiríamos dentro de la circularidad de lo tautológico: una papelera es una papelera, esto es, aquello que nos sirve —y admitimos— como tal. De hecho, cuanto más esenciales —cuanto más reducidas sean dichas condiciones necesarias—, más abierta queda la definición. Y cuanto más numerosas —cuanto mayor es su poder delimitador—, más arbitraría o artificial.
Así, teniendo en cuenta la primacía del uso a la hora de establecer el significado de las palabras —o al menos, de la mayoría—, lo que solemos tener en mente —como viera Aristóteles— es el prototipo, el dibujo que haríamos si se nos pidiera que representásemos una papelera. En definitiva, una forma. Ahora bien, esta forma no puede ser llevada a concepto sin que la forma sea, precisamente, abandonada. La forma, en tanto que prototipo, es simplemente un grafo. Y el grafo, aunque apunte maneras, no lo dice todo. Pues supongamos que el grafo en cuestión —la papelera que dibujamos cuando nos piden que dibujemos una papelera— tuviese una boca circular. ¿Rechazaríamos una papelera cuya boca fuese cuadrada? Es obvio que no. El grafo de una papelera prototípica inevitablemente deja fuera unas cuantas papeleras. Sin embargo, porque las deja fuera —porque su forma es una determinada—, en principio, tiene que haber un concepto que nos permita ir más allá del grafo a la hora de admitir lo que es una papelera. Es decir, un concepto que reúna los diferentes usos. Con todo, ninguna reflexión llegará a precisarlo… más allá de lo establecido por el uso habitual. Por consiguiente, tiene que haber un concepto. Pero no parece que lo haya. Esto es, ningún concepto aparece o se muestra al entendimiento… como la papelera se muestra a la sensibilidad.
Más aún: una papelera en apariencia —esto es, conforme al grafo— que, debido a un diseño deficiente, no pudiéramos usar como tal ¿sería una papelera? Difícilmente la admitiéramos como tal. En cualquier caso, sería una papelera de juguete. Por tanto, si el uso decide el significado no podemos decir en qué consiste que algo sea una papelera sin tener en cuenta la diferencia entre una buena papelera —lo que esta debe ser— y una que no termina de servir como tal. Como decíamos antes, el grafo —el prototipo, la forma— no basta para establecer el significado.
Este fue, como decíamos antes, el asunto del que se ocupó Sócrates…, un asunto que Sócrates entendió, contra todo sentido común, como el problema existencial par excellence. Pues si el saber es, en definitiva, un saber cómo operar con la cosa en cuestión, aun cuando sea un saber incierto —ningún ciempiés sabría como responder a la pregunta acerca de cómo es capaz de coordinar sus cien pies—, no parece que podamos saber qué hacer con nosotros mismos, mientras no sepamos en qué consiste el bien moral, la justicia, la piedad… en definitiva, una vida buena. Y no da la impresión de que lo sepamos donde coexisten, precisamente, diferentes usos, a menudo incompatibles, de dichas palabras, cosa que no sucede con palabras como papelera, martillo, espada…
Si la vida buena —en definitiva, la felicidad— es la vida de quien saber vivir, la pregunta es, por tanto, en qué consiste el saber de quien sabe vivir. Así, al igual que decimos del buen herrero que es bueno porque sabe cómo forjar el hierro —porque domina la forja, porque la forja no le puede—, deberíamos decir de alguien que es feliz porque sabe serlo. En definitiva, porque es un buen hombre, en el sentido de que sabe extraer las máximas posibilidades de la existencia humana. A un buen hombre, la vida no le pasa por encima, esto es, no se limita a reaccionar como si fuera una bestia o una bola de billar. Y no le pasa por encima porque es capaz de ejercer un dominio de sí en nombre de lo que debe ser o en verdad importa —en nombre de las exigencias del alma, por decirlo a la platónica. Nadie logra ejercer dicho dominio de sí mientras se halle sepultado por la disputa de las opiniones sobre lo bueno o justo. De ahí que no comprendamos el intento de Sócrates por lograr una definición de aquellas palabras que confieren una orientación a la existencia hasta que no admitamos que lo está en juego es, precisamente, el saber vivir, en definitiva, la libertad interior, un estar por encima de lo que nos sucede y en verdad no importa.
Ahora bien, lo paradójico del asunto es que ese saber se revelará, en el fondo, como un no saber. Es decir, la reflexión inevitablemente tendrá que fracasar en su intento por alcanzar un saber basado en la definición. Y aquí el buen hombre —el que sabe vivir— coincide con el ciempiés. El único modo de transmitir este saber es, como en el caso del aprendiz a herrero, poniéndose al lado de quien sabe, mientras se ejercita en la búsqueda del bien o la justicia, esto es, mientras se dedica a la crítica, lógicamente implacable, de lo que cultural o políticamente damos por bueno o justo. Aquí saber vivir va de la mano con el perseguir o amar la verdad, en el sentido de preguntarse por lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. No obstante, si cabe la crítica es porque tenemos en mente, aunque sea de algún modo, lo que debe ser el bien o lo justo. Como el herrero tiene en mente lo que debe ser una buena espada. Y lo que esto significa es que, para nosotros, tan solo el no es eso, no es eso —o mejor dicho, un no acaba de serlo. Pues en el presente, nada termina de ser lo que debe ser.
Platón simplemente se preguntará por el fundamento ontológico de la ignorancia socrática —esto es, qué tiene que ver esta ignorancia con la naturaleza del haber en cuanto tal. Pero este es otro tema.
babilonios
agosto 30, 2023 § Deja un comentario
Según parece, los babilonios utilizaban una misma palabra para crimen y castigo. Como si lo primero ya fuera con lo segundo. No hay duda de que el lenguaje crea una mentalidad —un modo de estar en el mundo y, por extensión, un mundo. Así, para los babilonios es inconcebible que un crimen quede impune. ¿Qué hay detrás de esta visión? ¿Acaso un hallarse bajo el poder implacable del soberano? Es posible… Sin embargo, ¿de qué crimen estamos hablando? ¿De aquel que consiste en saltarse las reglas? Probablemente. Quien se mueve, no sale en la foto…
Lejos estamos, por tanto, de Israel. Y no tanto porque, para Israel, el crimen pueda quedar impune, sino porque el crimen es la injusticia que va con el mundo. Aquí el punto de partida no es el infractor, sino el poderoso. Aunque también podríamos decir que el punto de partida es el infractor siempre y cuando tengamos en cuenta queel infractor par excellence es quien, en el ejercicio de su poder, produce víctimas. De ahí que la fe que apunta a un Dios que restaurará la igualdad originaria en su momento a la vez que puede adormecer a quienes sufren un poder despótico, también los libera del tener que reconocer a Nabucodonosor como semidiós. Así, según Israel, el castigo —la reparación— está por venir. Como Dios mismo. Pues, desde la óptica del sufrimiento indecible de tantos inocentes, no es cierto que históricamente el crimen y el castigo vayan a la par. En cualquier caso, que la sentencia se posponga hasta el día D, implica tanto el arraigo de la culpa como la oportunidad de una redención antes de tiempo.
leyendo a Kierkegaard
agosto 26, 2023 § Deja un comentario
Decía Kierkegaard que hagas lo que hagas te equivocas. Y esto es así. Con el error, hemos de contar. O por decirlo en plata, la imperfección —la rugosidad, la tara— va del brazo. Claro que aquí, como en casi todo, hay medidas. Y esto también importa. De ahí que el discernimiento sea también inevitable. En cualquier caso, lejos estamos de aquellos que creen que es posible, si hacemos lo debido, llevar a cabo una vida inmaculada, conforme al ideal. No hay padres perfectos. Como tampoco, hijos perfectos. Por suerte. Al menos, porque la perfección no es amable. Esto es, digna de ser amada.
hobbesiana 2
agosto 24, 2023 § Deja un comentario
El nuevo comienzo al que apunta la esperanza cristiana ¿podría seguir admitiendo al Dios de las alturas? Pues si Dios fuese, de nuevo, el Altísimo, ¿no volveríamos a las andadas? ¿Acaso no fue este el Dios que se le reveló a Job, el Dios de Isaías, el Dios al que se le deben por igual la luz y la tiniebla? Que Dios sea el absolutamente otro ¿no exige que donde hay bendición tenga que haber maldición? ¿Es que no es cierto que donde todo fuese luz no habría precisamente luz ni, por consiguiente, mundo? Puede que todavía estemos lejos de comprender qué significa que el pistoletazo de salida de la nueva creación lo diese, no ya Dios, sino aquel con quien Dios se identifica —y sin el cual no es aún nadie.
hobbesiana
agosto 23, 2023 § Deja un comentario
Hobbes se dio cuenta de que decir que el mundo es Dios equivale a decir que no hay Dios. Ateísmo y panteísmo serían, por tanto, las dos caras de una y la misma moneda. Pues no hacen muchas alforjas para concluir que no hay más allá del todo —ni puede haberlo.
Sin embargo, hay el no-todo, aquello que tuvo que ser desechado, precisamente, como la condición del mundo. Hablamos de un puro haber —de un haber sin mundo—, en definitiva, de la nada, la cual experimentaríamos donde de repente se hicieran un silencio y oscuridad sin resquicio. Incluso si el mundo fuese eterno, la imposible posibilidad de la nada seguiría estando ahí como la continua amenaza del mundo —como el poder del que (de)pende el mundo.
Que esta nada sea la de Dios, como sugiere la mística, nos empuja, cuando menos, a plantear la cuestión de si Dios puede ser algo más que una renuncia de sí en favor del mundo. Y si es así, qué salvación pueden esperar los que sufren el lado oscuro de la trascendencia. Y es que si el mundo es debido al retroceso de Dios —a su no ser nada—, entonces tanto la bendición como la maldición mal son debidos a Dios —a su retroceso a un tiempo anterior a los tiempos. De ahí que el cristianismo, lejos de caer en la ingenuidad, responda que la redención solo puede venir del Hijo del Hombre, una redención que se ofrece como el perdón de Abel a Caín. Y el resto es un esperar contra cualquier sensatez que todo vuelva a empezar en nombre, precisamente, de ese perdón.
nada vale
agosto 20, 2023 § Deja un comentario
El nihilismo, como sabemos, defiende que no hay nada que valga —que el valor, en definitiva, es un engaño. Ahora bien, y al margen de la cuestión acerca del significado de la palabra valor , da la impresión de que aquí el lenguaje habla, una vez más, por sí mismo (y de ahí que tan solo haga falta escucharlo). Pues decir que nada vale está muy cerca de decir que la-nada vale. O por expresarlo mejor: si no hay nada que valga, entonces solo hay que atender a la doble negación —no hay nada = hay algo = hay el todo— para concluir que todo vale. De hecho, el todo no es nada en concreto… y por eso mismo, estrictamente, no es. O por decirlo a la inversa, si todo vale, nada vale.
Ahora bien, lo que esto significa, puesto que el hombre, no puede admitir que un genocidio se encuentre en el mismo plano que el abrazo de los amantes, que la valoración —que algo deba preservarse frente a lo que pasa— la establece el hombre (y no Dios, aun cuando el hombre ponga a Dios como excusa). Y, por consiguiente, un genocidio puede valer tanto —puede servir como aquello a lo que aferrarse frente a lo que pasa— como el abrazo de los amantes. Afirmar que nada vale supone admitir, por tanto, que el heraldo de la bondad y el de Satán se encuentran a un mismo nivel. Aunque emocionalmente pueda repugnarnos. Y esto es Nietzsche.
matar al padre
agosto 15, 2023 § 1 comentario
No nos liberamos del padre cuando este aplaude nuestros dibujitos —pues en ese caso, aún dependemos, precisamente, de su aplauso—, sino cuando nos preguntamos, ante un determinada situación, qué hubiera hecho —qué hubiese decidido— mi padre. Esto es, cuando ocupamos su lugar.
Copérnico, Darwin, Einstein y el pseudo-Areopagita
agosto 11, 2023 § Deja un comentario
Basta con que tengamos presente la complejidad del ojo de una mosca para que espontáneamente creamos que hay un diseñador detrás. Y sin embargo, que no podamos imaginar que ese ojo sea el resultado del cruce entre el azar y la necesidad no implica que no sea así. También fue inevitable creer que las estrellas giraban alrededor de la tierra (o que esta era plana). Que el espacio sea el campo gravitatorio ¿acaso no añade más leña al fuego? El paso del parecer al saber siempre fue desconcertante, por no decir delirante. Pues el cuerpo no sigue al intelecto cuanto este ve más allá. Ocurre algo parecido con las visiones de algunos místicos o la alta especulación del teólogo. Y es que resulta difícil incorporar que Dios, en sí mismo, sea no queriendo ser nada.
merchandising
agosto 10, 2023 § 1 comentario
Es evidente que el mercado termina por invadirlo todo. O casi. Compramos el cuidado de nuestros padres, cuando ancianos —de nuestros hijos, cuando apenas han aprendido a andar. Según parece, los japoneses más solitarios hasta compran esposas —o incluso una familia entera— para las ocasiones. También, amigos. Nosotros podríamos pensar que, a pesar de lo dicho, aún podemos elegir a nuestra pareja. Sin embargo, aquí la elección sigue, más o menos, los mismos criterios con los que elegimos un plato en un restaurante: por gusto. Y este es el error. Pues aunque te guste el caviar, a nadie se le escapa que tomarlo a diario cansa (y aquí los amantes probablemente creerán que se ha terminado el amor… cuando de hecho nunca lo hubo). Los andiamajes del gusto siempre han sido débiles para largas trayectorias. Es como si decidiéramos cruzar el atlántico con una barca levantina… porque es muy guai. De intentarlo, cualquier navegante lo suficientemente experimentado nos diría que no sabemos de qué va el asunto. Pue eso.
valores
agosto 8, 2023 § Deja un comentario
Qué es un valor? Algo a lo que le damos importancia, dicen. Pero, por lo común, le damos importancia a cosas que tampoco consituyen propiamente un valor. De hecho, un valor, en tanto que no es empleable, no suele tener importancia. O mejor dicho, su importancia es, en cualquier caso, vital. De ahí que al valor no le demos importanica. No podemos dársela. Del valor depende que nuestra existencia se mantenga en pie. En este sentido, la experiencia del valor conecta con la antigua experiencia de lo sagrado. Al menos, porque solo en relación con lo que se encuentra más allá del presente —únicamente con respecto a la posibilidad que trasciende el mundo— se decide el sí o el no de nuestro estar-en-el-mundo. En tanto que la sentencia está en el aire, nadie puede prescindir del valor.
Sin embargo, el asunto es qué admitimos como valor. Y es que o bien perseguimos lo que vale la pena (y nunca será algo que quepa poseer); o bien, valdremos por lo que tengamos. Ahora bien, tan solo la primera opción nos libera del qué dirán. Al fin y al cabo, la cuestión del valor es inseparable de la pregunta sobre quién es tu padre —quién decidirá el sí o no. Y si quien nos juzga es la gente, estamos sencillamente perdidos. Nadie es lo que posee. Pues todo éxito es un exitus, un morir para sí mismo. No es una boutade que Borges dijera de sí mismo que él no era Borges.
abierto o (en)cerrado
agosto 7, 2023 § Deja un comentario
A menudo pienso que hay algo así como dos actitudes básicas: o permaneces en tus cosas —y aquí te mueves entre el éxito y el fracaso, en ambos casos un malentendido—; o vives en la inquietud —y de la inquietud—, esto es, desde el espíritu de la búsqueda. En el primer caso, no hay más. En el segundo, tiene que haber algo más tras el muro de la totalidad. Aunque no sepas —ni puedas saber— en qué consiste… si es que no consiste en la vuelta a lo mismo, aunque como aparición.
¿un estoicismo cristiano?
agosto 5, 2023 § Deja un comentario
El estoicismo está de moda. Marco Aurelio ocupó el lugar de Marx. El mensaje es simple: si no puedes transformar el mundo, entonces mejor que te transformes a ti mismo; que el mundo no te pueda. ¿Y cuál es, sin embargo, la técnica de esta libertad? Diría que, básicamente, consta de dos recursos. Por un lado, el de ver cuanto sucede —o cuanto te sucede— sub specie aeternitatis, esto es, desde la óptica de la eternidad. Pues desde esta perspectiva nada importa. Incluso un genocidio deviene invisible —o a lo sumo un trampantojo— para el dios cuyo primer millón de años es apenas un instante. Por otro lado, el tener presente que vivimos dentro de un plazo. Como si fuéramos a morir a continuación. Esto es, que el temor a morir no te hunda. Al fin y al cabo, no hay otra libertad que la de estar por encima de tus miedos.
Pues bien, ¿puede un cristiano subirse a este carro? En principio, no parece incompatible. Sin embargo, hay un factor diferencial —y de paso, decisivo. Y es que lo que, cristianamente, te saca del bucle narcisista no es solo tu propia muerte, sino, sobre todo, la de las víctimas del mundo —la de los miserables que fueron abandonados en las cunetas de la historia a causa de, al menos, nuestra indiferencia. De ahí que, cristianamente, la pregunta no sea tanto la de cómo liberarse de cuanto nos puede, sino qué vida pueden esperar aquellos que murieron injustamente antes de tiempo. Para el estoicismo el mundo es un dato imborrable. En cambio, para el cristianismo es aquello que reclama una recreación. Así, mientras el estoicismo es ciertamente razonable, el cristianismo apunta a lo en modo alguno cabe creer desde nuestro lado. No hablamos, precisamente, de lo mismo. Es cierto que, en ambos casos, la ascesis es, por así decirlo, un práctica obligatoria. Pero si para el estoico la ascesis es una disciplina que conduce a la elevación, para el creyente es una respuesta. Sencillamente, un cristiano no puede vivir como si no existiesen aquellos que le demandan el pan de cada día.
ser y bien
julio 31, 2023 § Deja un comentario
Es posible que la Modernidad tenga serias dificultades a la hora de comprender el vínculo entre lo que es y el bien. Pues no diremos de alguien que es nuestro amigo si no es un buen amigo (o, cuando menos, podamos suponerlo). El mal amigo es aquel que ha demostrado, precisamente, no serlo. El bien no es, por tanto, un adjetivo que se añada al sustantivo, sino aquello que lo constituye como tal. ¿O acaso es poeta el mal poeta? Tampoco decimos de alguien que apenas sepa rasgar una guitarra que sea un guitarrista. Nada es que no esté a la altura. Llegados a este punto podríamos decir que alguien sigue siendo humano a pesar de que no sea un buen hombre. Pero ¿podríamos decirlo si no tuviera la posibilidad de serlo? ¿Es que no tenemos la impresión de que el psicópata de libro lo que ha perdido es, de hecho, su humanidad? Más aún: quien quiere ser médico —y no simplemente ejercer la medicina— ¿puede no querer ser un buen médico? En este sentido, podríamos decir que solo el bien nos aleja del espejo. Como si nada fuese en verdad si no es en relación con lo amable, esto es, con lo digno de ser amado. Y quien dice amado dice buscado. Aun cuando aquí lo buscado sea, por defecto, lo que en modo alguno cabe alcanzar. Y es que solo el que ama sabe que cuanto más cerca, más lejos. Pero este es otro asunto.
manifest
julio 30, 2023 § Deja un comentario
No he visto la serie —pero sí que me han hecho cinc cèntims. Según parece —y no creo hacer spoiler al decir lo que ahora diré… pero, por si acaso, no sigáis leyendo si la queréis ver—, todo cuanto sucede a lo largo de las diferentes temporadas depende del poder que emana de una especie de zafiro, poder que decidirá, en definitiva, la redención o la condena de los protagonistas. Y se non è vero, è ben trovato. Por eso —y por los hechos aparentemente inexplicables que narra— la serie rezuma un cierto aroma espiritual. Sustituyamos el zafiro por el océano en el que terminaremos disolviéndonos como muñequitos de sal y casi tendremos un calco de las espiritualidades aconfesionales (aunque aquí, para que la coincidencia fuese mayor, deberíamos añadir la perspectiva, no habitual en dichas espiritualidades, de un juicio final: unos se disolverán… y otros no).
Pues bien, ¿no es acaso tot plegat muy triste? ¿Podemos hablar propiamente de salvación donde esta depende de un poder anónimo ? ¿Es que no seguiríamos estando solos? Es como si Marco, el niño que atraviesa el Atlántico en busca de su madre en el relato de Edmundo de Amicis, topase en el último capítulo, no con su madre, sino con el oasis que le permite saciar su sed y descansar definitivamente… pero nada más (o nada más que otros huérfanos). ¿No podríamos decir que las espiritualidades del algo —no del alguien— confirman la posición del nihilista, aunque bajo la excusa de una dicha eterna (y aquí no estoy presuponiendo que Dios sea un espectro bonachón)? La conexión a un enchufe —por hablar de la disolución— ¿es la única respuesta al nihilismo? Si se trata de ser buenos, ¿no bastaría con una droga de la bondad? Las prostitutas, los publicanos… que respondieron al clamor de las viudas, los inmigrantes… antes que los fariseos, ¿fueron capaces de responder porque eran buenos? Los samaritanos ¿no eran unos parias por su colaboración con el enemigo de Israel? La redención ¿acaso no tiene que ver antes con el culpable que con el infeliz?
fenomenología del rostro
julio 29, 2023 § Deja un comentario
El pensamiento de Emmanuel Levinas puede entenderse como una fenomenología del rostro. Según Levinas, el rostro no es objeto de conocimiento, esto es, no cabe representar, y menos objetivamente, la realidad del rostro. En los términos de Levinas, no es posible reducir lo Otro a lo Mismo, ajustar la alteridad a las condiciones de la representación. Pues, de hacerlo, se pierde precisamente el carácter otro de lo Otro —de hecho, está pérdida ha sido siempre lo no pensado dentro del pensamiento occidental.
La tesis es, sin duda, poéticamente brillante. Y de ahí su poder de seducción. Ahora bien, diría que no terminamos de comprenderla donde partimos del rostro o, mejor dicho, de la idea habitual de rostro, aquella que identifica rostro con fisonomía. Pues mientras las fisonomías son distintas, tan solo hay un rostro, aunque este se revele a través de las diferentes fisonomías. La tesis de Levinas sería, por tanto, que la genuina alteridad —lo Otro— irrumpe como rostro. Esto es, el punto de partida es, precisamente, la realidad de lo Otro, una realidad que, por lo que decíamos antes, no se encuentra sometida a las condiciones de la presencia (y, por extensión, no puede, como tal, hacerse presente). Sin embargo, aquí las cosas comienzan a ponerse cuesta arriba. Al menos, porque lo Otro, por definición, no es algo que aún no terminamos de aprehender —o que no cabe apresar por entero… como si fuera algo oculto por el velo de las apariencias—, sino lo inaprensible de por sí, al fin y al cabo, lo absoluto o ab-suelto. Lo Otro, estrictamente, no es nada —literalmente una doble negación: no-nada. En este sentido, quizá no sea anecdótico que, bíblicamente, hallarse bajo la trascendencia de Dios equivalga a estar sometido a lo que desprende de su eterno por-venir.
Existir, en realidad, significa vivir como arrancados de lo Otro —y por eso mismo, el hombre solo se encuentra a sí mismo donde se encuentra expuesto a la desmesura de una alteridad en falta, en definitiva, a una realidad que, en sí misma, no es nada —y por esta razón siempre se encontrará, como tal, en falta… (y aquí podríamos añadir por suerte). Hablamos del puro il-y-a, por emplear la expresión de Levinas, de un haber sin mundo, estricta oscuridad y silencio. Sin embargo, que no sea nadasignifica, teniendo en cuenta que estamos ante una doble negación, que, en cuanto tal, se nos revela como voluntad de ser en lo concreto. De ahí que lo Otro —la nada del puro haber— sea el fondo inescrutable del mundo —su misterio—, aquello que, en tanto que es continuamente dejado atrás, sostiene el haber del mundo. Quizá no sea casual que el de nada sea el envés de la gracia —de las gracias.
No obstante, ¿qué tiene que ver cuanto acabamos de decir con el rostro? ¿Qué es, en definitiva, un rostro? Toda fisonomía es una máscara. El rostro, en cambio, siempre revela nuestra verdad, a saber, el que nos hallemos esencialmente expuestos al poder de la aniquilación —al poder de la nada que abraza cuanto es—, aunque también, y por la doble negación que constituye una genuina alteridad, al deber de preservar el don de una vida extirpada de la nada (y por nada). En definitiva, el rostro revela nuestra común indigencia (y de ahí que el rostro sea siempre el mismo).
Sin embargo, al arrancar la máscara, no veremos ningún rostro: lo escucharemos. Pues el rostro —como imagen de Dios— es la invocación que habita en lo más profundo de cada uno y ante la cual no responder es ya responder. Con el rostro va el no matarás, que es tanto mandato como promesa. En el rostro, por tanto, se hace presente, a la vez que la indigencia del arrancado, la voluntad que alberga en su seno la alteridad de un puro haber —aquella por la cual el Otro no es nada. Esto, sencillamente, es así. Aun cuando deambulemos por el mundo como si no lo fuera.
cristiandad
julio 24, 2023 § 1 comentario
El sacerdote nunca hizo muy buenas migas con el profeta. Y tuvo desde el principio sus buenas razones: su preocupación no es la verdad —difícilmente llega a inquietarle el libro de Job: él se siente preparado para escribir la coda—, sino el cuidado del rebaño. No sea que se le escapen algunas ovejas. Hablamos de una preocupación eminentemente política. Y sin política el cristianismo habría quedado reducido hace tiempo al sueño —y no hay sueño que no sea delirante— de unos cuantos apasionados. El sacerdote está al servicio de la cristiandad —y acaso este sea el problema hoy en día: que ya no hay cristiandad, sino, en cualquier caso, secta. ¿Su satisfacción? La buena gente, aquella que, con su adulación, le confirma. El profeta es, para el sacerdote, un tocacollons. Tiene que ser así. De ahí que fácilmente termine apedreándolo… si es que no consigue ignorarlo. Aunque, tras su muerte, se vea obligado a reconocer que dio en el clavo. Y ello para seguir alimentando, precisamente, el tinglado. Pues el cristianismo oficial solo puede encontrar su legitimidad en el profeta que tiene que condenar.
comprender a Nietzsche
julio 21, 2023 § Deja un comentario
Entender la proclamación nietzscheana de la muerte de Dios supone entenderla como una fórmula que apunta a nuestra situación —y no tanto como una típica declaración de ateísmo, retóricamente eficaz. Y es que lo que viene a decirnos Nietzsche es que ya no es posible creer en el Dios de la tradición cristiana. Ciertamente, muchos dirán que ellos sí que creen. Pero podríamos preguntarnos si se trata de la fe o, más bien, de un creer que se cree. Sobre todo, donde esta creencia se apoya solo en el sentimiento de que hay un Dios que nos ampara. Que la creencia en este Dios se haya convertido en un asunto tan íntimo no hace más que confirmar el diagnóstico de Nietzsche. (Aunque lo cierto es que la fe nunca fue nuestra posibilidad. Quizá la creencia, en tanto que suposición socialmente admitida, pero no la fe. Tampoco lo es ahora. La fe tiene, en cualquier caso, su momento. Y es un momento que nadie en su sano juicio preferiría tener que vivir. De hecho, lo natural es pedir que pase de mí este caliz…)
aguante
julio 20, 2023 § Deja un comentario
El yo —ese continuo diferir de uno mismo, el que nunca terminemos de encontrarnos en donde estamos— es un acto de resistencia frente a la totalidad. Y quien dice totalidad dice eternidad. Pues de vivir eternamente ¿acaso el yo no elegiría, precisamente, un momento para morir? ¿Podría seguir siendo alguien de no hacerlo? No en vano los antiguos dioses envidiaron a los mortales.
visto y no visto
julio 19, 2023 § Deja un comentario
¿Cómo dices que amas a Dios mientras eres incapaz de amar a quien tienes a tu lado (1Jn 4,20)? ¿Cómo es que le solicitas ayuda al ángel invisible y, sin embargo, tu orgullo te impide pedírsela a quien conoces? ¿Acaso no es por idéntica razón por la que te atreves a confesarte con el desconocido de las redes —o con el psicoanalista que te escucha desde atrás — cuando eres incapaz de hacerlo con tu esposo? ¿No son este dios, el ángel, el avatar… como lienzos en blanco? ¿O mejor dicho, cómo muros que devuelven tu propia voz como si fuera la de alguien que está contigo? Pero por eso mismo ¿puede haber otra oración que la que clama al cielo casi sin atreverse a esperar una respuesta?
aceptar el misterio
julio 17, 2023 § Deja un comentario
Todo lo que nos parece es palabrería. Y uno puede, tras interiorizarlo, apuntar a lo absolutamente diferente de uno mismo, al en sí. Sin embargo, no hay un en-sí como puedan haber cosas aún por descubrir. El en-sí es, por defecto, lo literalmente informal, un puro haber, el cual siempre difiere del haber de las cosas. En el fondo, lo que hay en verdad es que no hay nada. Por eso mismo, el en-sí —el puro haber— sostiene el mundo no siendo nada en sí (y esta última expresión hay que leerla al pie de la letra: hay mundo porque la nada es continuamente dejada atrás). Hablamos, por tanto, de la imposible posibilidad de la aniquilación del mundo (e imposible porque, por lo dicho, no es una posibilidad que pertenezca al mundo). De ahí que vivir el misterio que abraza al mundo suponga aceptar la medida de gracia de seguir con vida (y obrar en consecuencia). Nada que ver con el des-cubrir algo oculto o gigantesco. Pues aquí seguimos inmersos en lo aparente. El resto es un esperar que el poder de la aniquilación al final salve la bondad, una esperanza que, si se piensa bien, anda rozando el delirio. Sin embargo, ¿acaso no hay mundo porque la nada no quiso ser simplemente nada —o mejor dicho, porque la nada solo es en relación con su negación de sí?
héroes
julio 16, 2023 § Deja un comentario
La idea de enfrentarse a un dios…¿no es de por sí absurda? La figura del héroe a la griega ¿no reposa sobre una fantasía —la que imagina a un dios proporcionalmente? Es como si decidiéramos combatir un tsunami o un volcán: ¿acaso no haríamos el ridículo? Aquí ¿habría algo que admirar? No hablamos de un David frente a Goliath, sino de un encarar un poder sin medida. Otro asunto fue el desafío de Job. Pues este apuntó, no ya a lo gigantesco, sino al exceso absoluto de la nada. Y con respecto a este exceso lo que está en juego no es la victoria, sino el poder soportar su eco.
Jesús visto desde arriba
julio 13, 2023 § 1 comentario
El poderoso no es de este mundo. ¿Un millón de euros? Apenas da para gastos personales. Su mundo es un mundo, literalmente, por encima. En él, no eres nadie si no posees un Richard Mille. Nunca se mezclaron, ni se mezclarán. La trascendencia siempre tuvo una traducción política.
Pues bien, imaginemos que ahora hubiese un gurú espiritual que, viviendo él mismo sencillamente, comenzara a increparles; que les acusara de pasar de largo ante los que no tienen qué comer; que les gritase que Dios no está de su lado, sino de los que mueren en patera o a orillas de nuestras playas. ¿Acaso no pasaría por mosca cojonera? ¿Acaso no lo verían como un delirante? Y si decidiesen eliminarlo, al ver que los pobres comienzan a ponerse revoltosos, ¿no lo considerarían como una anécdota? E imaginemos finalmente que comenzara a correr el rumor de que había resucitado. ¿Es que no les parecería una superstición de desclasados, el opio que les permite, precisamente, soportarse? Y ¿no es así? Un flaco favor le hacemos a la causa cristiana donde damos por hecho que lo obvio se encuentra del lado creyente.