caricia
enero 21, 2024 § Deja un comentario
Hoy, mientras acariciaba a mi hija mayor mientras se despertaba, me decía: aquí, un milagro, una vida que me ha sido dada desde el horizonte de la nada. Todo es aparición. Ciertamente, alguien podría decirme que no hay más que reacción a estímulos; que la revelación del milagro es solo eso: un subproducto de la mente, una ilusión. Sin embargo, precisamente porque el background es la nada, hay milagro. La vida es una excepción desde una nada que es en su negación de sí… como vieran los idealistas alemanes a través de una especulación que roza lo delirante —y, antes que ellos, Plotino, Jakob Böhme o Isaac Luria. Así, a quién se dedica a calcular desde la grada —y por tanto, a quien no ve más que bolas de billar chocando entre sí— quizá habría que recordarle que el ser se dice de muchos modos.
y si no fuera verdad
enero 19, 2024 § Deja un comentario
Supongamos que efectivamente los dioses existieran y que, como dijera Epicuro, jugasen —o experimentasen— con nosotros: que fuéramos sus ratas de laboratorio. Supongamos que el horizonte de la historia no fuese un final feliz. Que el cosmos fuese el efecto del azar y la necesidad. Que los gestos de bondad fuesen, no un anticipo, sino una excepción. O mejor, algo que se da junto con la impiedad, como la luz se da con la oscuridad. Al final, tan solo el triunfo de los más crueles.
Pues bien, esto no fue lo que se imaginó el crucificado en el Gólgota. Fue lo que sufrió hasta llorar sangre. Todo lo que proclama el cristianismo comienza con esta constatación.
demos
enero 17, 2024 § Deja un comentario
En democracia, la mayoría gana. Pero la mayoría no suele tener mucha idea sobre aquello de lo que se trata. Un voto refleja unas preferencias. Difícilmente un saber. Y las preferencias van y vienen. Por no hablar de lo poco que cuesta dirigirlas, esto es, manipularlas. Uno podría creer que la manipulación es bienvenida… si es cuestión de orientar a las masas hacia lo correcto. Sin embargo, lo correcto —si es que cabe hablar en política de lo correcto— suele difuminarse una vez el principal interés de quien ejerce el poder es mantenerse en el poder. De ahí que la demagogia —al fin y al cabo, la seducción publicitaria— sea el envés de la democracia. Los referéndums, como sabemos, los carga el diablo. Y es que no es posible resolver situaciones complejas por medio de consultas realizadas con preguntas que cualquiera pueda entender.
Evidentemente, las soluciones totalitarias, tampoco se libran de la demagogia. Al contrario, la acentúan al no contar con ningún contrapeso real. Entre Escila y Caribdis anda, por tanto, el juego de lo político. No me extraña que haya quienes crean que deben alejarse del mundo para no perder el equilibrio —o no perderlo demasiado.
rebeldes
enero 16, 2024 § Deja un comentario
El liberalismo político, al desestimar la noción de bien como categoría política, no deje otro espacio que el de la rebelión para aquellos en los que el Bien se revela, espontáneamente, como liberación: no podemos seguir viviendo como perros. Al decantarse por la meritocracia como vía de ascenso social —al fin y al cabo, un trampantojo—, el liberalismo no nos libra de la violencia: la desplaza extramuros. Quizá no sea casual que la imagen promocional del liberalismo político sea la de una ciudad multicultural, limpia de pobres.
cosas del habla
enero 14, 2024 § Deja un comentario
Que nos despidamos con la palabra adiós es significativo. Pues a Dios le debemos nuestro encuentro. Ahora bien, de hilar más fino, quizá nos demos cuenta de que este debido a Dios es el resultado del adiós de Dios.
ontología y epistemología
enero 13, 2024 § Deja un comentario
Si nada es que no aparezca —si lo real es apariencia de lo real—, la ontología no puede desligarse de la epistemología. Pues el aparecer implica alguien para quien se manifieste lo real (y por tanto preguntarse cómo es posible la afirmación de algo como algo). Pero colocar la epistemología —el discurso sobre las condiciones del saber— como fundamento del mundo conduce de nuevo a Parménides: lo racionalmente inconcebible es, sencillamente, imposible.
Sin embargo, desde el lado del ser en cuanto tal, esto es, en su carácter absolutamente otro, lo imposible se revela a la razón dialéctica como lo más real. Y no hablo de un mundo “imposible” —pues si hablamos de mundo ya hablamos de lo posible en tanto que concebible—, sino de la nada siendo no siendo. Esto es, de la negación de sí de la nada… en el seno de la nada. El arjé, en consecuencia, no sería algo, ni tampoco número o proporción, sino un acto que no admite descripción en tanto que es anterior a los hechos (o si se prefiere a los tiempos). De ahí que su lenguaje sea el del mito de los orígenes (y por eso mismo, el mito, porque da que pensar, hay que saber leerlo). No en vano Hegel dijo que difícilmente llegaremos a comprender tot plegat de seguir concibiendo lo primero como sustancia en vez de como sujeto. De ahí que la mejor introducción a Hegel acaso sea el prólogo del cuarto evangelio.
gustos
enero 12, 2024 § 1 comentario
No cabe demostrar la superioridad de Shakespeare sobre Megan Maxwell al igual que no cabe demostrar la superioridad del bien —el perdón, la bondad, la justicia…— sobre el horror. Lo ves o no lo ves. Aunque tampoco es que se vea desde cualquier punto de vista. Según la imagen platónica, uno tiene que ascender. No todo se encuentra en el mismo plano.
Ahora bien, es posible que nuestro criterio sea el que es porque estamos diseñados como estamos diseñados —y esto con independencia de si este diseño está o no determinado biológicamente. Es el viejo dilema: el Bien ¿es bueno porque el dios lo quiere; o lo quiere porque es bueno? Es posible que con el tiempo los desvaríos de los personajes de Shakespeare se vuelvan incomprensibles —¡o Mozart, insoportable! La pregunta es qué significa que esto pueda ser así. Quizá que la humanidad carece de esencia. Aunque también puede significar que todo pasa. Incluso lo verdadero. Pues, como decía el antiguo Israel, es posible que el Mesías ya haya venido y nosotros, sencillamente, hayamos pasado de largo.
contrastes
enero 11, 2024 § Deja un comentario
¿Quieres saber quién fue Mozart? Escucha a Salieri. Y probablemente comprendas, si sabes verlo, que la diferencia entre el casi sí y el sí es insalvable. Salieri va con el freno de mano. Todo está en su lugar. Mozart, no sabe lo que es una rienda. Hay alegría, soltura. Mucha. Pero la nota es la justa —no puede ser otra. No hay método que conduzca de Salieri a Mozart. Salieri es un muy buen músico. Mozart, siendo músico, es otra cosa.
lo común
enero 10, 2024 § Deja un comentario
El hombre, la mujer comunes creen que serán felices si tienen dinero, poder, éxito. Esto es, creen todo pasa por el tener que da el no tener qué preocuparse por el cuesta arriba, la amenaza, el no ser nadie. Sin embargo, el error consiste en creerlo —y en vivir conforme a esta creencia. Pues la búsqueda del poder que ahorra cualquier no revela nuestra inseguridad, en definitiva, nuestro miedo. Pues ¿acaso no es más feliz quien saber serlo tomando unas olivas frente al mar —quien no tiene necesidad de caviar? El que tiene de más, probablemente, podrá decirse a sí mismo que tiene asegurado su porvenir. Quizá viva tranquilamente de compra en compra y tiro porque me tica. Pero no será feliz. Pues vive anclado en su temor a perder su éxito, ese malentendido.
igualdad y cristianismo
enero 4, 2024 § Deja un comentario
En el mundo grecorromano, los cristianos no fueron los primeros en defender la igualdad. Fueron los estoicos. Reducir el cristianismo al ethos de la igualdad no le hace ningún favor a la causa cristiana. La aportación cristiana tiene que ver, por una lado, con la encarnación de Dios —Dios no es aún nadie sin nuestro cuerpo— y, por otro, con la esperanza —todo comenzará de nuevo cuando resuciten los muertos. Ambas aportaciones, por increíbles, convierten el cristianismo en una enorme ironía. O mejor dicho, lo convierten… siempre y cuando nos limitemos a leerlo. Pues otro asunto es que nos encontremos junto a los perros de este mundo. En ese caso, quizá estemos más cerca de, cuando menos, comprender.
nihilismo y misterio
enero 3, 2024 § 1 comentario
Lo que se opone al nihilismo no es el sentido, sino el misterio. Nihilismo significa no hay un Gran Otro que posea el significado de cuanto es —y de paso, maneje los hilos de la historia. Dicho de otro modo, no hay Padre. La figura paterna no es más que eso, una figura —y una figura acaso necesaria para la constitución de la subjetividad. Por otra parte, que haya misterio significa que el haber del Otro es el de la nada no siendo nada —el de su negación de sí o retroceso y por el cual hay lo que hay. De ahí que quien experimenta el misterio que abraza el todo esté más cerca del nihilista que de aquellos que imaginan que hay un padre espectral que posee la respuesta a las preguntas de la existencia. Así, frente al nihilismo, la experiencia de la donación (y el deber que la acompaña).
¿El final? Lo ignoramos. El misterio nunca fue un acertijo. En cualquier caso, la esperanza de que, en nombre precisamente de la vida que nos ha sido dada, la cosa no termine con la risotada del verdugo. Y si no hay final —o si este fuese simplemente la extinción—, entonces el nihilista está en lo cierto. La religión, al reducir el misterio a hipótesis —Dios sería el dios que permanece oculto tras el cortinaje del mundo— no deja de ser el trampantojo que nos ahorra la seriedad de la existencia. Pero ¿cuándo preferimos lo serio a la distracción?
soberanía política y soberanía divina
enero 1, 2024 § Deja un comentario
Hay algo en el pensamiento reaccionario de Thomas Hobbes, Donoso Cortés, De Maistre, Carl Smith… que deberíamos tomarnos en serio, intelectualmente hablando, si queremos comprender hasta el final la crisis de la cristiandad. Y es que donde la sociedad da por sentada la soberanía de Dios —esto es, donde vive bajo el temor de Dios, aunque también espere su misericordia—, el ejercicio del poder político inevitablemente será percibido como un poder vicario, derivado del poder divino. Pues, en el fondo, no hay otro poder que el del omnipotente. Cuando un siervo se hallaba ante un príncipe era imposible que no experimentase a flor de piel la gloria de Dios —y también, aunque no secundariamente, su amenaza. El gesto de doblegarse —el bajar la mirada— estaba lejos de ser simplemente formal. El poder divino fue durante siglos un poder palpable a través de su encarnación política. Con anterioridad a los tiempos modernos, el cristianismo no fue una ideología —la ficción que justifica un status quo político. Fue una evidencia natural.
De ahí que la crisis de la cristiandad encuentre su envés, si no su condición de posibilidad, en la crisis política del Antiguo Régimen. Y es que una vez el poder político se legitima en relación con un hipotético contrato entre iguales, la creencia religiosa pasa a un segundo plano. La devaluación de la fe en Dios —el que pase a comprenderse como una suposición personal entre otras— es el precio que la Modernidad tuvo que pagar para lograr el fin de las guerras de religión. No fue, sin embargo, el único. Una vez se asentó culturalmente la idea de una libertad originaria se hizo muy difícil pensar la existencia como un hallarse ante lo que nos supera o puede en verdad. Y más donde, con los logros de la técnica, cualquier límite pasa a entenderse como circunstancial. Sin embargo, esto es lo mismo que decir que la Modernidad sustituyó una ficción por otra: la de un Dios soberano por la de una libertad entendida como posibilidad de realizar cualquier posibilidad.
Harry el sucio como filosofía política
diciembre 31, 2023 § Deja un comentario
Suele decirse que la serie de Harry, el sucio es apología del fascismo. De acuerdo. Pues al malo no se le puede hacer frente con lirios en la mano. Hay que emplear sus armas. El problema es que el poder impune termina ejerciéndose contra los buenos. De ahí que la intuición más profunda del liberalismo político sea que el ejercicio del poder solo es legítimo donde topa con el contrapeso de un contrapoder institucional. Hablamos, obviamente, de la división de poderes. El efecto colateral será, sin embargo, que el bien o la justicia dejarán de ser el horizonte regulativo de lo político. Aunque le sirvan de excusa. Pues no puede serlo donde el asunto principal de la filosofía política, al menos la de sesgo liberal, será el de la regulación del ejercicio del poder.
el no todo y la subjetividad
diciembre 30, 2023 § 1 comentario
El todo es el no todo porque existe la conciencia de sí como el correlato de lo ab-suelto. La realidad no material de la conciencia de sí, aunque tampoco etérea o espectral, impide el cierre inmanente de la totalidad. El todo nunca puede ser el todo para quien es consciente de sí —y por tanto de su enajenación con respecto a un alteridad fundamental. Y es que la conciencia no es solo conciencia de algo, sino, y acaso principalmente, conciencia de una pérdida irreparable. De ahí que en cada conciencia persista una nostalgia de lo absoluto, el cual, sin embargo, es no (siendo nada). Ahora bien, por eso mismo, la conciencia es el reflejo de la negación de sí de lo absoluto, de su retroceso a un tiempo anterior a los tiempos, un tiempo mítico. Al menos, porque la conciencia de sí difiere continuamente del cuerpo con el que se identifica. De hecho, ya se nos dijo: a imagen y semejanza.
paradojas de lo real
diciembre 29, 2023 § Deja un comentario
El mundo es cuanto hay. Pero esto es así porque el todo es eternamente el no todo —porque más allá del mundo hay el no haber de un puro haber, esto es, de lo absoluto. Traducción: hay mundo porque más allá hay la negación de sí de lo absoluto —y por eso deviene, precisamente, ab-suelto—, un haber que en modo alguno se da bajo la modalidad del presente, sino en la de un tiempo mítico, anterior —y por extensión, posterior— a los tiempos. En este sentido, el paradójico haber de lo absoluto es la condición del haber del mundo. En definitiva, hay mundo porque lo absoluto se da como no (siendo nada) —literalmente— y, por eso mismo, como la contingencia del aspecto. De ahí que el todo sea el no-todo —que el no (siendo nada) de lo absoluto abrace la totalidad de cuanto es. Pues que la nada sea no (siendo nada) —y que, por tanto, se muestre al pensamiento como el fondo del cuanto es— significa que la imposible posibilidad de la aniquilación permanece como el horizonte del mundo. Y es imposible en tanto que no estamos hablando, obviamente, de una posibilidad que se dé dentro del mundo.
K.L. (2)
diciembre 28, 2023 § Deja un comentario
Escribe Karl Löwith: Hemos aprendido a esperar sin esperanza, ya que lo contrario consistiría en fundamentarla en algo completamente ilusorio. De acuerdo. Sin embargo, ¿esperar lo imposible —lo que sensatamente no cabe esperar— no es acaso la herencia más conspicua de dos mil años de cristiandad? Pues, como dijera el mismo Pablo, el creyente espera contra toda expectativa. Ahora bien, lo que perdimos de vista como modernos es en nombre de qué —o de quién— se espera el acontecimiento que el mundo en modo alguno puede admitir como posibilidad.
lectio divina
diciembre 27, 2023 § Deja un comentario
Quizá la pregunta a la hora de leer a los autores de la Biblia y a Platón, por referirme a los dos pilares de nuestra mentalidad, no sea tanto cómo actualizar el sentido de sus textos, sino, precisamente, qué de dichos textos ya no nos es posible actualizar, esto es, qué perdimos de vista y ya no cabe culturalmente recuperar. Comprender qué pueden decirnos aún tiene antes que ver con un sentido irrecuperable que con la fusión de horizontes —con el salir del quicio que con el encaje. Pues nada se nos dice si no es en realidad nuevo —y, en consecuencia, nos descentra.
Ahora bien, frente a la mentalidad progresista, lo nuevo no es lo que está por ver, sino lo que fuedejado atrás —el origen de cualquier comienzo— en nombre, precisamente, de la novedad, ese simulacro de lo nuevo. En el significado que ninguna actualidad puede actualizar reside lo verdadero, si por verdadero entendemos lo que apunta a lo real como alteridad avant la lettre —a lo absolutamente extraño o ab-soluto. Al fin y al cabo, cuanto resulta asimilable queda encajado en las formas del sujeto —y por eso mismo, reducido a lo que nos parece que es, en definitiva, a lo mismo de siempre. Tanto los autores bíblicos como Platón dieron testimonio, aunque a su modo, de que existimos desde una pérdida fundamental. Y lo que nosotros como modernos olvidamos es, de hecho, este testimonio. Despreciarlo, como suele hacerse hoy en día, no sin ciertos aires de superioridad, es el síntoma de una persistente estupidez.
piel fina
diciembre 20, 2023 § Deja un comentario
En el Occidente, vivimos unos tiempos, cuando menos, desconcertantes. Pues cualquier ejercicio del poder tiende a entenderse como abuso de poder. No es exactamente lo mismo, aunque la frontera entre dicho ejercicio y su abuso sea borrosa —y no pueda dejar de serlo—… como sucede con tantas cosas de la vida. Me refiero, obviamente, a la paradoja del montón de arena: aunque tengamos claro donde se sitúan los extremos, es imposible precisar en qué punto un montón de arena comienza a —o deja de— serlo. Probablemente, este desenfoque tenga que ver con el descrédito de la figura paterna. Pero, en cualquier caso, la normativa no puede sustituir al sentido común a la hora de trazar el límite entre lo aceptable y lo inaceptable… según el contexto. Como decía Hegel, cuando esto sucede la sociedad cae enferma, encerrando a sus miembros en una férrea prisión. Es entonces que prevalece la desconfianza, el resentimiento, la injusticia —y esta última bajo la capa de una justicia implacable.
Que de facto se entienda todo ejercicio del poder como abuso de poder —que el modelo de casi cualquier relación sea un contrato entre iguales— oculta lo evidente, a saber, que no hay vínculo que no se sostenga sobre una cierta asimetría. La piel se nos ha vuelto muy fina. Y donde la piel se vuelve fina no hay modo de contener los efectos dañinos del Sol. Ahora bien, sin su luz, todo es tiniebla. Y quien dice tiniebla, dice miedo.
subjetividad e ir haciendo
diciembre 18, 2023 § Deja un comentario
Según Badiou, la expresión máxima de la subjetividad —lo que, en definitiva, nos constituye como sujetos— consiste en permanecer fiel a las consecuencias de un acontecimiento. Es por medio de esa fidelidad que el acontecimiento, cuyo carácter disruptivo lo diferencia, precisamente, de lo que simplemente pasa, es lo que, al fin y al cabo, hace que el acontecimiento termine siendo lo que es: un tener lugar de lo que interrumpe la inercia de los días… para dar pie a un cambio histórico.
Sin embargo, ¿qué es lo que interrumpe la prevalencia de la costumbre? La respuesta, sin duda, varía. Pues es obvio que han habido múltiples acontecimientos a lo largo de la historia. Ahora bien, en cualquier caso, estos diferentes acontecimientos, y en tanto que soportados por las duras espaldas de sujetos que pertenecen a diferentes épocas, deben entenderse como modos de interpretar —y por eso mismo hacer frente a—, la inconsistencia que se encuentra en el fondo de cuanto es, la cual es siempre una y la misma, a saber, que el haber como tal no puede darse sin negarse a sí mismo en el haber de las cosas —lo real en las apariencias. Este es el origen metafísico de las contradicciones históricas a las que se enfrenta el sujeto que carga con el acontecimiento. De ahí que se trate, en definitiva, de permanecer fieles a los efectos de una revelación, la cual, sin embargo, no presupone necesariamente la creencia en un Dios. Basta con la revelación a la que conduce una reflexión llevada al extremo. Marx sería un buen ejemplo de ello.
Con todo, esto está muy cerca de decir que no hay sujeto sin sentido de la misión. Y donde esta no aparece por ningún lado, lo que tenemos es únicamente la posibilidad de un sujeto. O por decirlo de otro modo, individuos cuya acción es mera reacción.
nihilismo y fe
diciembre 15, 2023 § Deja un comentario
Ateísmo es nihilismo. Donde el ateísmo cree evitar la deriva hacia el nihilismo cae en la puerilidad. Con todo, el nihilismo no niega la posibilidad del carpe diem —de un experimentar el ahora como estado de gracia. Niega que haya un porvenir para las víctimas del pasado. La religión —la suposición de que hay un gran Otro ahí arriba tutelando nuestra existencia y dispuesto a compensar post mortem los sufrimientos del presente— pisa el territorio de lo ilusorio. En este sentido, la reflexión, en su búsqueda de la verdad, puede dejarla de lado. Solo el cristianismo se opone seriamente al ateísmo. Pues únicamente la fe se toma en serio la negación de Dios. Al menos, en tanto que el punto de partida de la fe es el abandono de Dios. Para el nihilismo, todo termina en ese momento. Para el creyente, todo comienza entonces. Pero lo que comienza no supone una restauración de la ilusión religiosa, sino en cualquier caso su superación, en el sentido hegeliano de la expresión. Y es que la fe apunta, literalmente, a lo imposible, esto es, a lo que debe acontecer en nombre de, a pesar de que no podemos sensatamente concebir que acontezca.
Así, la existencia creyente es una existencia abierta a un porvenir absoluto, acerca del cual no cabe ninguna predicción. En cambio, el nihilista, a lo sumo, agradece la suerte de un ahora favorable, mientras el clamor de los que yacen en las cunetas de la historia no es más que ruido y furia. Aun cuando, sin duda, siempre podamos parchear dicho clamor. Y quizá debamos hacerlo si queremos dormir en paz. Pero no cabe esperar más. Al final, la humanidad se extinguirá como se extinguieron los dinosaurios. De ahí que únicamente la fe en lo que el mundo no puede admitir como su posibilidad se oponga al nihilismo. Y quizá por eso mismo el cristianismo esté más cerca del ateísmo que de la religión. El resto es fantasía. O lamernos las heridas unos a otros, simulando como iluminados un gozo que, solo muy raramente, arraiga en el tuétano de la existencia.
Don Limpio
diciembre 12, 2023 § Deja un comentario
Cuanto más elevados, tanto social como espiritualmente, más limpios. En el fondo, el status es una higiene —y la moral, buenas formas. Pero al rechazar al desaliñado —al que huele mal—, no hacemos más que rechazar a quien llevamos dentro, en lo más íntimo. Como si al apartarlo de nosotros mismos intentáramos convencernos de que no somos ese. En el fondo, hay injusticia porque somos animales simbólicos; porque el otro —el apestado, el inasimilable— representa la negación de sí que nos configura. Y sin embargo… Toda limpieza es postureo, al fin y al cabo, una ficción. Teatrillo. Y quizá por eso mismo no hay amor que no suponga el fin de la ficción.
pisa morena, pisa con garbo
diciembre 10, 2023 § 1 comentario
Tras el informe PISA, no hago más que leer a los expertos opinando sobre las posibles soluciones. Es curioso, pero a casi nadie se le ocurre preguntar a quienes están en las trincheras, los profes. Como si estos no tuvieran nada qué decir. Así, se nos ha dicho hasta decir basta que no hay que enseñar a calcular logaritmos, porque esto ya lo hace la calculadora. En todo caso, a utilizarlos. De acuerdo. Pero esto es como si le dijeras a un atleta que pretende competir en los cien metros lisos que no es necesario que haga pesas porque de lo que se trata es de correr muy rápido. La escuela tiene mucho de gimnasia mental. Por no hablar de que va a resultar muy difícil que alguien desarrolle un espíritu mínimamente crítico sin una amplia cultura. Como se dice últimamente, el conocimiento es la competencia.
Otro asunto es cómo se enseña. Y que, ciertamente, no todo profesor es un buen profesor. Ahora bien, en cualquier caso, da la impresión de que las nuevas pedagogías han optado por una cultura de tastaolletes en lugar de un aprendizaje en vertical. Quizá el vuelo de superficie pueda valer en la primaria… pero no en el bachillerato. Ningún alumno podrá poner contra las cuerdas una opinión —desarrollar un espíritu crítico— si no ve cómo lo hace el maestro. Probablemente, nadie aceptará que, puesto que esto de escarbar en los libros ya lo hará la IA, tan solo hay que enseñar cómo utilizarla. Pero uno no puede evitar la impresión de que los tiros pedagógicos van por ahí, aun cuando no haya ninguna mano negra detrás. Al igual que perdimos la fuerza del vikingo cuando las máquinas comenzaron a hacer el trabajo sucio, es posible que cada vez seamos menos inteligentes si dejamos que las labores de inteligencia las haga la web neuronal.
a otra cosa
diciembre 9, 2023 § Deja un comentario
Decía Hegel que, con el tiempo, incluso la verdad pasaba a ser otra cosa. Es lo que constatamos con el cristianismo. Estamos bastante lejos —y no solo porque se trate de un modo de hablar— de la convicción de que nos hallamos en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre las fuerzas del bien y las del maligno, esto es, no solo entre los pobres y los poderosos —y quizá, por eso mismo, pasamos en su momento de la vocación a la militancia. Por no hablar de la resurrección de los muertos, la cual ha pasado a entenderse como si fuera una manera de referirse a un nos vemos en el más allá. Ciertamente, cuesta formular la esperanza creyente en los términos de una historia de zombies. Pero es que el lenguaje de la resurrección, a pesar de las apariencias, nunca apuntó a dichas historias, sino a un volver a encontrarnos con nuestras víctimas en carne y hueso—y no solo con su espectro— para que pudieran perdonarnos y, así, volver a empezar. O apocalipsis, o nihilismo.
¿Imposible? Por supuesto. Pero difícilmente nos hallamos ante Dios si no nos hallamos ante la posibilidad de su imposibilidad —ante la posibilidad de un final del mundo que dé pie a una humanidad nueva. No porque fantaseemos —pues toda fantasía se sitúa dentro de marco de lo posible, aunque altamente improbable—, sino porque la bondad tiene que pronunciar la última palabra. Así, el mundo no debe triunfar… porque alguien llegó a perdonar, más allá de la disyuntiva entre lo humano y lo divino, lo imperdonable. Los testigos de ese perdón esperan lo que en modo alguno puede transformarse en expectativa. Pero esa esperanza no puede evitar dirigirse hacia los últimos días. Pues el mundo nunca sabrá qué hacer con ese perdón.
sin tara
diciembre 8, 2023 § 1 comentario
Para comprender el alcance de la dogmática hay que tener en cuenta el horizonte de las historias que hay detrás, que no es otro que el apocalíptico. De lo contrario corremos el riesgo de leer las imágenes con las que se expresa como si fuera meramente descriptivas. Así, la imagen tan profética de la mujer estéril que, con todo, engendra apunta a un Dios capaz de lo imposible. Y lo imposible no es una posibilidad del mundo, sino de un mundo porvenir, en última instancia, de una nueva creación. El horizonte de las imágenes proféticas es, por tanto, el del fin del mundo. Difícilmente nos hacemos una idea de lo que se nos está diciendo con estas imágenes donde seguimos leyéndolas como si hablase de una fenómeno paranormal… dando por sentado que el Dios que hay detrás es una especie prestidigitador fantasmal.
Algo parecido podríamos decir con respecto a la imagen de la joven María, virgen y embarazada. Aunque el dogma hace referencia a la ausencia de pecado y no a su virginidad, lo cierto es que la devoción mariana tiende a interpretar el carácter inmaculado de la concepción de María como si María hubiese engendrado a Jesús siendo virgen. Pero esta lectura, ciertamente cargada de devoción, es la consecuencia de haber prescindido de la historia que la inspira, una historia quizá demasiado humana. Pues lo más probable es que el anciano de José acogiese a una mujer que fue repudiada por haber quedado embarazada tras una violación. El milagro aquí no tiene nada paranormal, sino en cualquier caso de sobrenatural. Pues es, sin duda, sobrenatural que esa joven fuese capaz de amar a un hijo que, cuando creciera, tendría los rasgos del rostro de quien la forzó. Y amarlo como un don de Dios. A mí me inspira más devoción —me resulta más milagroso, por así decirlo— el amor de María, un amor tan imposible como, según la tradición, innegable, que el portento cósmico de una mujer que queda embarazada sin haber pasado por ninguna cama. O por ninguna esquina. De otro modo, lo sobrenatural es queel pecado no la alcanzase —que no pudiera con la bondad inherente de María. En este sentido, me atrevería a decir que la devoción a la virginidad de María está a la altura de aquellos que creyeron que Jesús, como encarnación de Dios, nunca hizo caca.
el tinglado
diciembre 7, 2023 § Deja un comentario
Hoy en día, la creencia en Dios le debe mucho a la sugestión. En el fondo, se trata de un ver como, aunque, en este caso, quizá deberíamos decir de un como si: como si hubiera un Dios. Es cierto que ver es siempre un ver como. No vemos hechos químicamente puros, sino siempre hechos cargados de un cierto saber. Quien ve un matraz —y lo que ve porque posee, al menos, un cierto conocimiento de química— no ve una botella de cristal y luego la interpreta como matraz: directamente ve un matraz… y no puede dejar de verlo. Pues se le presenta como tal. Algo parecido podríamos decir con respecto a la experiencia de lo divino de los tiempos premodernos. Otro gallo nos canta hoy en día. Pues, al no darse Dios por descontado, el que veamos el mundo preñado de Dios corre a nuestro cargo. La cosa no tendría más importancia si no fuera que esta manera de ver no termina de congeniar con el trato que dispensamos a cuanto nos rodea. En este sentido, formalmente no hay mucha diferencia entre creer que hay un Dios que nos ampara y estar convencido de que hay extraterrestres que nos vigilan. Con todo, el que no demos a Dios por descontado —o mejor dicho, que no debamos darlo— quizá sea el pistoletazo de salida de la fe. Pues difícilmente habría habido cristianismo si el enviado no hubiera llorado sangre en Getsemaní. Pues Getsemaní significa puede que no haya Dios De hecho, solo desde esta posibilidad, vivida a flor de piel, el creyente llega a confesar al crucificado como Dios —y no como si fuera Dios.
senior
diciembre 6, 2023 § 1 comentario
¿Es posible que tras el culto a la juventud —de hecho, a la adolescencia— tan característico de las últimas décadas comencemos a ver como regresan los seniors? Si es cierto que las nuevas generaciones son, por lo común, unos maleducados —esto es, si con veinte y tantos años apenas saben leer, como quien dice; si muestran poca resistencia a la frustración; si, ya con hijos, siguen jugando a marcianitos; si su actitud básica es, en definitiva, la del consumidor…—, ¿acaso no aumentará el valor de quien no se deja vencer por la dificultad, es capaz de comprender un artículo de El País o simplemente quiere hacer las cosas bien? La sociedad es como un animal: que, para sobrevivir, se adapta al entorno… que ella misma ha generado. Donde los maestros muestran cada vez más signos de no saber de lo que hablan, la conexión a internet ocupa su lugar (y las aulas se llenan de PCs). Y dado que los seniors tiene fecha de caducidad ¿es posible que la IA acabe suplantando a nuestros jóvenes para las tareas de una complejidad media —o incluso notable—, mientras estos siguen colgando vídeos de tiktok?
lo imposible
diciembre 4, 2023 § 1 comentario
¿Cabe lo otro —lo nuevo como tal, el milagro, una aparición que no se resuelva como apariencia? ¿Cabe lo real —una exterioridad pura y, por eso mismo, inmodificable? Una alteridad avant la lettre es imposible. Y es imposible porque su retroceso o desaparición es la condición del mundo. Ahora bien, nada más real —nada más absoluto— que lo imposible.
inmortalidad
diciembre 2, 2023 § Deja un comentario
Hay algo en la creencia en la inmortalidad que quizá merezca ser tenido en cuenta. Ciertamente, hay quien da por descontado que la muerte es como cruzar una puerta. Es un modo de evitar el vértigo —una maniobra de distracción. También es sabido que el Israel de los patriarcas aceptó que no hay ningún más allá para ninguno de nosotros. En cualquier caso, una larga vida para los benditos de Dios. Es lo que tiene experimentar la existencia como un don —y de paso, la diferencia infranqueable que nos separa de lo divino. No podemos esperar más. Sin embargo, una madre tras la partida del hijo, y tras dos mil años de cristiandad, ¿acaso no se dirá a sí misma en el momento de su propia muerte, voy hacia ti? Como escribiera Gabriel Marcel, amar a alguien es decirle: tú no debes morir . Y con todo, sigue en el aire que sea así. Como Dios mismo. De hecho, aquí el no debes es el índice de una genuina fe. La esperanza nunca fue un whisful thinking.
aparición y apariencias
diciembre 1, 2023 § 1 comentario
Todo es aparición —todo es milagro desde el fondo de la nada que abraza cuanto es. Ahora bien, podríamos decir que ello ¿depende del punto de vista que lo sea o no? En absoluto. Ante la aparición no cabe un punto de vista. No hay apariencia de la aparición —y de ahí que Platón dijera que la aparición solo puede ser pensada como tal, en definitiva, únicamente reconocida, rememorada. El punto de vista —la donación— transforma la aparición en apariencia —en aquello con lo que hay que negociar— ahí donde la aparición penetra en el mundo.
prudencia política
noviembre 30, 2023 § Deja un comentario
No es fácil ser prudente, en el sentido clásico de la palabra —cortar el atún por dónde hay que cortarlo, sin pasarse, ni quedarse corto. El horizonte de la existencia es un no terminar de saber. Por eso el sabio es sabio: porque sabe que con respecto al tener que juzgar la situación no hay recetas que valgan. Al menos, porque el punto justo —el equilibrio— entre dos extremos depende de variables que no acabamos de controlar. Quien se guía por las recetas es sencillamente un insensato, alguien que cree tener claro de que van los asuntos más densos. Un bocazas.
Se trata, en definitiva, de un saber práctico —de un saber anclado en la experiencia… la cual, para no quedarse simplemente en lo sensacional, exige una cierta inquietud por lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Hablamos del saber de quien sabe, pongamos por caso, tocar el violín —y no simplemente lo rasga. El virtuoso del violín tiene un completo dominio de su instrumento. Es capaz de extraer su potencia. En manos del virtuoso, el violín da de sí lo que puede dar de sí. Sin embargo, ese dominio lo ejerce sin saber conscientemente cómo es capaz de mover los dedos tan ágilmente… en el momento de interpretar un capriccio de Paganini. Paralelamente, el virtuoso de sí mismo alcanza un completo dominio de sí… sin aplicar directamente ninguna instrucción. Y ello en nombre de lo que importa, al fin y al cabo, del bien. Está en juego la libertad: que no te pueda lo que no vale la pena —en el caso del virtuoso del violín, el poder interpretar cualquier partitura.
Platón, como es sabido, entiende la cuestión acerca de la justicia política en los términos de la justicia moral. Y viceversa. Por aquello de la analogía estructural entre las diferentes clases de hombres y las dimensiones del alma. Así, la pregunta sobre cómo ser justos con los demás es el envés de la que se interroga sobre cómo ser justo con un mismo —cómo llevar a cabo una vida buena, una vida ajustada al bien. O, por decirlo de otro modo, qué voz —que inclinación—, de las que habitan dentro de nosotros, debe gobernar, guiar, orientar nuestra existencia. Pues no es lo mismo dejarse llevar por lo elemental que por lo mejor que hay en nosotros mismos, la aspiración al bien. Al fin y al cabo, quien quiere ser médico, perseverará en su intento de llegar a ser un buen médico (y no solo se limitará a curar lo que cualquier médico puede curar, siguiendo los protocolos habituales).
Ahora bien, con respecto a cómo lograr una vida buena o justa no vale una respuesta de manual —una definición formal del bien o de lo justo. Pues una respuesta de manual no deja de ser trivialmente verdadera o tautológica: nadie podrá racionalmente negarla, sin caer en contradicción. Pues es cómo decir que lo justo es darle a cada uno lo que se merece. Obvio. Ninguna definición formal nos dirá cómo actuar —qué decidir— en cada momento o situación. De ahí que , en las situaciones particulares, lo habitual sea que nos dejemos llevar por la sensibilidad común, la opinión —lo que se dice, se hace…—, el impulso. En cambio, lo excepcional es guiarse por la prudencia, la sabiduría, el sopesar. Al fin y al cabo, en los asuntos humanos, todo es mezcla: no hay sentimiento químicamente puro. Aquí la claridad de quien tiene una opinión es signo de estupidez. La ignorancia siempre fue prepotente.
Con todo, el hecho es que no todos poseen la sabiduría de quien sabe determinar qué hay que hacer según la circunstancia… porque es capaz de verlo —como el virtuoso del violín ve cómo hay que interpretar una partita de Bach. ¿Es el momento de condenar o de perdonar? ¿El de dejar a la mujer con la que vives o de permanecerle fiel? ¿El de apagar el fuego de la sartén? No hay, como decíamos, recetas que valgan. Las fronteras de lo que se halla entre dos extremos son difusas, desplazables, densas. Esta es, de hecho, la moraleja de la paradoja sorites. Es evidente que, a menos que sigamos siendo unos niños, no sirve como criterio el me gusta o no me gusta. Quien se guía por este criterio sigue sin saber de qué va el juego.
Sin embargo, porque no todos somos sabios o prudentes, Platón ofrece, al problema moral del saber qué hacer en cada momento, una solución política: dejémonos guiar —gobernar— por el sabio. Pero, quien sabe leer entre líneas, fácilmente admitirá que la propuesta de Platón no es, estrictamente, una solución. Pues la mayoría, precisamente, prefiere apedrear al sabio. Esta es, de facto, la ley de gravedad de lo político. No hay manera de racionalizar la política —el juego del ejercicio del poder. La utopia no es un ideal al que podamos aproximarnos. Es un imposible. Y esto es lo mismo que decir que en el ámbito de lo político gana la violencia. Pues el ámbito en el que se decide cómo vivirán los hombres, quién muere y quien vive —y aquí quizá convenga señalar que, socialmente, uno muere o está de más cuando se ve obligado a vivir como un perro. Y gana la violencia aunque sea de forma encubierta o amable, esto es, como si no la hubiese. De hecho, el encubrimiento es lo común de la vida en común.
lo que resta
noviembre 29, 2023 § Deja un comentario
¿Cómo es que tan solo nos damos cuenta del valor de aquellos que nos rodean y decimos querer tras perderlos de vista —y sobre todo, cuando los perdimos sin remedio? ¿Quizá porque mientras los tenemos a mano prevalece el trato, la negociación, el intercambio —la satisfacción y la insatisfacción? Una vez se han ido, ya no hay pacto que valga. Y de ahí que tan solo reste lo que fueron en realidad. Luego diremos que lo real es cuanto cabe ver y tocar. Aunque de algún modo es así. Pues lo que podemos ver y tocar es, en sí mismo, lo intangible. Espíritu.
la vida es muy extraña
noviembre 28, 2023 § Deja un comentario
Cuando los amantes se encuentran —esto es, donde están más allá de la negociación—, las piezas encajan: todo es sí. Es el momento de la sensación verdadera. Ellos quisieran permanecer ahí, que el instante se detuviera. Sin embargo, pronto volverán al tiempo —y el tiempo erosiona cuanto alcanza. Tendrán que volver a negociar. El tiempo es caída.
Y sin embargo, también es salvación. Pues los amantes no podrían soportar que se realizara, precisamente, aquello a lo que aspiran. No podemos, como humanos, tolerar una dicha sin fin. El tiempo nos redime, pues, de la eternidad. La gracia es el envés de la condena.
re-conexión
noviembre 26, 2023 § Deja un comentario
No todo es reacción. No todo es cuerpo. No todo es fenómeno. Hay más allá. Pero este más allá no es el de un mundo sobrenatural, a pesar de que no podamos evitar imaginarlo así. Pues un mundo sobrenatural, de haberlo, sería más de lo mismo. El más —la trascendencia— es, por contra, lo que fue dejado atrás una vez fuimos arrojados al mundo. Y fue dejado atrás hasta el punto de la inexistencia. Es así que lo propiamente real o enteramente otro es lo que eternamente está por ver o regresar. Ahora bien, es desde este horizonte que todo es aparición —todo es milagro. Las apariencias encuentran su raíz en el aparecer. Pero a la vez que lo expresan, lo ocultan. Inevitablemente. En el día a día, no cabe percibir la aparición que hay tras las apariencias. De hecho, ninguna aparición se percibe: se revela. Puede que el problema de la Modernidad, en lo que respecta a la cuestión del más allá, sea precisamente el haber olvidado la escisión que constituye el mundo.
De ahí que la cuestión no sea cómo volver a conectarse con la fuente —pues no podemos vivir continuamente como iluminados—, sino cómo tener presente lo olvidado. La transfiguración no es resultado de poner los dedos en el enchufe, sino de la incorporación de lo que tuvimos que dejar atrás. Frente a las técnicas de relajación, la insistencia de Israel en el memorial. Shema.
una nota al pie a la Genealogía
noviembre 25, 2023 § Deja un comentario
Es sabido que Nietzsche acusa al cristianismo de resentimiento. Así, dice el sacerdote: el noble no es lo que parece; es como cualquiera, un pobre hombre; su altura es aparente, una máscara —postureo diríamos hoy. En el fondo, el débil es incapaz de soportar la superioridad del noble. Lo dicho: envidia, resentimiento. De acuerdo. Es evidente que algo de esto hay. Sin embargo, la pregunta no es —o no tanto— qué nos impulsa a rebajar al macho alfa de la fiesta —o la más bella—, sino si es verdad que, ante Dios —un Dios que, estando en las alturas, guarda un silencio que espanta—, todos somos iguales. Y el que lo sea —o no— en modo alguno se decide con respecto a los motivos de una psicología particular. Que en el territorio de los sentimientos todo es mezcla es algo que ya podíamos dar por descontado. Lo que no está tan claro es qué ingrediente pesa más.
de la plata y la ganga: una breve introducción al platonismo
noviembre 24, 2023 § Deja un comentario
¿Qué es el amor de una madre? Pues, en principio, lo que debe ser: ternura, entrega, sacrificio… Sin embargo, cuando nos preguntamos qué hay en el abrazo de una madre, por poco lúcidos que seamos, caeremos en la cuenta de que no solo se manifiesta el amor al hijo. También el amor al vínculo con el hijo. No es exactamente lo mismo. Pues el amor al vínculo tiende a destruir al hijo. La cuestión es qué pesa más en ese abrazo. Pues las proporciones de la mezcla varían según sea el caso.
Con todo, podríamos preguntarnos si podría haber un amor al hijo que no suponga un amor al vínculo con el hijo. Y la respuesta es que no. El amor de una madre solo puede presentarse —llegar al presente— dejando atrás su carácter absoluto o incondicional, esto es, sin tara. En definitiva, el amor de una madre solo puede realizarse a través de su contrario, renunciando a la pureza. El amor puro no es nada en concreto —o dicho de otro modo, es no siendo nada en concreto. El amor puro tiene que negarse a sí mismo, como quien dice, para llegar a ser, precisamente, amor. Por tanto, no hay Amor, con mayúscula, para el hijo. Para el hijo tan solo el amor realizado. Es lo que tiene que el Amor —o el Bien, la Justicia, la Belleza…— solo sea siendo el amor que debe ser.
El Amor es, por consiguiente, idea. Pero no porque sea una quimera, sino porque su realidad solo puede ser pensada como lo que tuvo que desaparecer para que pudiera hacerse presente. Y sin embargo, porque el Amor es lo que debe llegar a ser, en el amor particular de una madre subsiste la exigencia de ser solo amor. Aunque, de hecho, no pueda darse en absoluto.
ver objetivamente
noviembre 19, 2023 § Deja un comentario
Aunque no nos lo parezca, un lobo con piel de cordero, sigue siendo un lobo. Y lo sigue siendo porque su conducta es la del lobo. Esta sería básicamente la tesis de los denominados sociobiólogos. Evidentemente, la cultura influye. Pero solo inhibiendo o canalizando una respuesta que en el fondo se encuentra genéticamente determinada. Así, si estamos obligados por el gen a establecer jerarquías entre nosotros, no hay nada que hacer… por mucho que pretendemos suprimirlas. Desde esta óptica, no debería extrañarnos que comencemos a constatar características humanas en los bonobos. Como si la distinción en el fondo fuera de grado.
Sin embargo, un lobo que se diga a sí mismo que no es un lobo —o que no debería serlo— ya no puede entenderse en los mismos términos en que entendemos la naturaleza de un lobo. Desde fuera ciertamente veremos únicamente a un lobo que afirma no serlo. O a un lobo que dice yo pienso que. Pero, aun cuando no veamos a ese yo —aunque no podamos medir la escisión interior —, difícilmente podremos negar que lo haya donde lo que observamos es, precisamente, los intentos de modificarse a sí mismo, comenzando por la ocultación de la tara, de aquello que, en su cuerpo, le avergüenza. Un lobo es cuerpo. El lobo que cree que no es un lobo tiene cuerpo. Y ello a pesar de que no pueda escapar de su dominio.
no es no (pero a veces sí)
noviembre 18, 2023 § Deja un comentario
Decía Hegel que donde la ley penetra en el territorio de lo tácito o el sentido común —donde el Estado pretende dibujar con tiralíneas la frontera, ciertamente borrosa, que separa unos cuantos granos de arena de lo que es un montón— tarde o temprano acaba envenenando el ambiente. Y si no dijo esto, algo parecido. Esto viene a cuento del sí es sí. Hay una chica, poco agraciada, o al menos ella es como se ve, a la que un chico le hace caso. No es que le guste mucho, aun cuando es, sin duda, majete. Tampoco se atreve a decirle que no. Pues teme quedarse a dos velas. Es un no pero sí. Aunque también, un sí pero no. Sea como sea, la zona es densa. Demasiado. Tampoco es una situación, sino la situación.
El caso es que si la relación llega a romper los platos, entonces fácilmente, y digo fácilmente porque la ley le proporciona el relato, esa chica podrá decirse a sí misma que en el fondo era un no —pero que en modo alguno fue capaz de pronunciarlo… porque él la engatusó y ya sabemos quiénes son los brutos). Retrospectivamente, podrá decirse así misma que hubo demasiada violencia de por medio.
Sin embargo, nadie dijo que la seducción fuese químicamente pura. ¿acaso desde el principio no era la pasión? ¿Es preferible una relación contractual, aunque incluya una miríada de cláusulas? Pero ¿qué interés tiene una película que ya sabes cómo terminará?
contrastes
noviembre 16, 2023 § Deja un comentario
Dice el paganismo: hay dioses por todas partes —o en tono menor, algo más allá de lo prosaico. Dice la Biblia: no hay dioses —en realidad, un solo Dios… del que no hay, de momento, noticia. En cualquier caso, los dioses son entes con los que debemos negociar —y Dios, si es cierto que solo Dios nos puede en verdad, no admite ninguna negociación. Según el paganismo, el poder más real —aquel que no es posible derrotar— es el de lo gigantesco o monstruoso, un poder que tanto provoca nuestro temor como puede también llenarnos de gozo. Y aquí podríamos añadir que cabe creer como paganos de un solo dios. De hecho, es lo más común en quienes aún poseen una cierta sensibilidad religiosa. En cambio, para los patriarcas de Israel el poder de Dios en verdad se manifiesta como una trascendencia que anda rozando la indiferencia, por no decir la nada. No es, ni de lejos, lo mismo.
Algo parecido podemos aún experimentar si caemos en la cuenta de que el cosmos en su exceso no nos tiene en cuenta —a pesar de las vibraciones positivas a las que podemos conectarnos de vez en cuando—: porque no contamos —porque para un cosmos lleno de piedras incandescentes apenas somos algo más que bacterias—, la vida se nos ha dado como excepción… y solo dentro de un plazo. El poder: no hay un más allá para las bacterias. Aquello que nos paraliza —la muerte— es al mismo tiempo fuente de gracia. El orgullo es, ciertamente, un error. Y llegados a este punto quizá convenga tener en mente que la esperanza en la resurrección de los muertos es aquella que surge ante la cuestión mesiánica por excelencia, a saber, qué vida pueden esperar aquellos inocentes que murieron antes de tiempo a causa de nuestra falta de compasión. Y ello en nombre de un Dios que, en su retroceso hacia un porvenir absoluto, nos ha concedido una medida de gracia. Aun cuando no podamos ni siquiera imaginar el cómo, salvo con imágenes delirantes. Pero nadie dijo que Dios, en realidad, tuviera que ver con las posibilidades de la existencia.
ir al gimnasio
noviembre 15, 2023 § Deja un comentario
Es normal. Donde el cristianismo pierde fuelle, su lugar lo ocupa, una vez más, el paganismo. Pues el paganismo es una religiosidad campesina, elemental, espontánea. Ciertamente, hoy en día una sensibilidad pagana difícilmente se concretará como antaño. Hace tiempo que las hadas y los gnomos dejaron de habitar los bosques. Pero tampoco anda tan lejos: en su lugar, la fuerza de los árboles, la energía de las piedras, el destino astral… El paganismo se ha vuelto abstracto. Como nuestra entera existencia. Sin figuras que le ayuden a incorporar la creencia, tiene suficiente con la idea de poder. El problema es que al prescindir de las figuras de lo sobrenatural —ante la imposibilidad de que su creencia se haga cuerpo—, el trato con el mundo irá por un lado —como si no hubiera otro poder que el socioeconómico— y la creencia por otro. Algo parecido sucede con el cristianismo, sin embargo.
En cualquier caso, y como decíamos, esto es normal. Pues una vida ajetreada en un mundo secularizado no puede tener continuamente presente lo que se encuentra por encima o en las profundidades. Para que fuera así, deberíamos ocuparnos por nuestra cuenta y riesgo. Pero carecemos de tiempo. De ahí que nos baste con decirnos a nosotros mismos que hay algo más allá. Y si pretendemos compensar la enorme dispersión del día a día, siempre podremos comprar un curso de yoga o de piedras mágicas durante el fin de semana. Es como ir al gimnasio para quitarse de encima el sobrepeso… mientras seguimos alimentándonos en el McDonald’s. En el fondo, se trata de satisfacer una necesidad. Así, el individuo moderno anda en busca del sentido como quien busca el agua con la que saciar su sed. O un nuevo iphone. Nada que ver con un estar expuestos al exceso de Dios, un exceso que en verdad no apunta a lo gigantesco —algo así como un más de lo mismo—, sino a la elevación de un crucificado. Pero ¿quién podrá siquiera vislumbrarlo hoy en día?
conatus essendi
noviembre 14, 2023 § Deja un comentario
No hay afirmación inocente. Por ejemplo, la tesis de Spinoza —todo ente tiende a perseverar en su ser, conatus essendi— parece elemental, por no decir una obviedad. Sin embargo, basta con que nos preguntemos qué es lo que no dice —y, en la misma línea, podría haber dicho. Y lo que no dice es lo que, siglos antes, Tomas de Aquino defendía sin pestañear, a saber, que todo cuanto es anhela el bien. No es exactamente lo mismo.