enséñanos a rezar

febrero 24, 2017 Comentarios desactivados en enséñanos a rezar

Resulta cuando menos curioso que los discípulos de Jesús le pidieran que les enseñara a rezar. Cierto que los galileos no tenían fama de ser muy piadosos que digamos. Pero no había judío en la época que ignorase las fórmulas estereotipadas de la oración. También es cierto, sin embargo, que cada líder carismático tenía sus propias invocaciones. Pues, como hombre especial, hacía gala de una relación particularmente íntima con Dios. Por tanto, lo que le pedían en el fondo los discípulos es que les hiciera participar, de algún modo, de esa relación. Ahora bien, el padrenuestro es una oración un tanto curiosa, si se piensa bien. Pues, como dice JB Metz la oración de Jesús puede comprenderse, en último término, como un pedirle a Dios por Dios. Pues el que  venga a nosotros tu Reino es un modo de pedirle a Dios que sea haga presente definitivamente como el Señor. Todo muy judío, ciertamente, cuando menos porque Yavhé es un Dios que está por ver —un Dios que se hace presente como promesa de sí mismo. En consecuencia, estamos lejos del típico coloquio con Dios tan característico de las pregarias de muchos hoy en día. En el padrenuestro, Dios no parece que sea ese fantasma bueno de las oraciones infantiles. Más bien, el padrenuestro apunta a un Dios que se ha tomado un descanso. Pues no deberíamos olvidar que el trasfondo de la oración y, en definitiva, de la vida y las obras de Jesús de Nazareth es el sufrimiento indecente de los hombres. Es sabido que Jesús se dirigía a Dios con la palabra abba, la que utilizaban los niños para dirigirse a su padre. Abba es un término, pues, cariñoso, algo así como papi. Ningún judío de por aquel entonces se hubiera atrevido a emplearla, a excepción de los carismáticos. Y los carismáticos no gozaban de buena fama que digamos. Para un judío, la trascendencia de Dios es tan radical —tan radical que roza la ausencia— que resulta cuando menos provocador pretender que Dios habita en los recovecos del alma. Pues bien, no es causal que el único momento en que el evangelista Marcos pone la palabra abba en boca de Jesús sea en Getsemaní. Es como si Marcos nos quisiera dar a entender que solo en ese momento Jesús experimentó verdaderamente la proximidad con Dios. Y lo que experimentó Jesús en Getsemaní es, como sabemos, el silencio de Dios. Tere, religiosa de las que no quedan, el otro día nos decía que su comunidad, después de ver un documental sobre el drama de la inmigración, fue incapaz de rezar las oraciones vespertinas. Tan solo pudieron guardar silencio. Quien tiene presente la tragedia humana —y un cristiano no puede no tenerla presente— apenas puede hacer otra cosa que pedirle a Dios por Dios. Y esto está muy cerca de guardar (su) silencio. Castizamente, suele decirse aquello de a Dios rogando y con el mazo dando. Pues bien, cristianamente este mazo no es otro que el de tener que responder a la llamada que se desprende, precisamente, del silencio de Dios. Y es que Dios responde a la demanda del hombre con la voz imperativa de los excluidos. Olvidarlo supone hacer de Dios un deus ex machina. Pero Dios en verdad no es un dios tapagujeros, sino aquel que no acaba de tener lugar —no termina de darse como Señor— mientras los hombres demos la espalda a aquellos con los que Dios se identifica. No hay cristianamente un pedirle a Dios por Dios que no nos convierta en rehenes del hermano. Si Dios es tu Señor, el pobre es tu Señor, algo sin duda inaceptable para quienes aún tenemos un futuro por delante.      

el vómito de Dios

febrero 23, 2017 Comentarios desactivados en el vómito de Dios

La Resurrección fue el regurgitar de Dios. En la cima del Gólgota, Dios se tragó a Jesús. Mejor dicho, Jesús, en el Gólgota, fue devorado por el silencio de Dios. Así, con la Resurrección es como si Dios nos hubiera dicho de una vez por todas: ahí lo tenéis. Ecce homo: de mí no tendreís más que lo que sale de mi boca. Esta es mi Palabra —mi Palabra hecha carne. Él es vuestro único Señor, yo mismo en persona.

Jacob

febrero 22, 2017 Comentarios desactivados en Jacob

No hay otro combate que el interior. Pues la lucha, en el fondo titánica, que nos configura es la que mantenemos contra nuestro Padre. Un Padre es aquel que niega tu propósito de ser como Él. De ahí que solo puedas emularlo —que solo puedas ocupar su lugar— venciéndolo con sus propias armas. Cualquier viaje que recorra los recovecos del alma que no implique un contra quién fácilmente termina siendo la excusa del onanismo espiritual. No hay obediencia al Padre —no hay fidelidad— que no pase por la muerte, la desmitificación del Padre.

en la Torreta con Emilio

febrero 21, 2017 Comentarios desactivados en en la Torreta con Emilio

Si seguimos con dolor de muelas, no puede haber superhombre que valga. Emilio, dixit. Basta una chispa del amigo Emilio para que Nietzsche quede refutado. Muy a su pesar (al pesar de Emilio).

mero cristianismo

febrero 20, 2017 Comentarios desactivados en mero cristianismo

La crisis moderna del cristianismo no se focaliza tanto en el hecho de que muchos ya ni siquiera echen en falta a Dios, sino en la constatación de que actualmente la confesión de fe tan solo resulta inteligible desde la óptica de las antiguas herejías. Así, la mayoría de los que hoy en día creen creer o bien se decantan por el Jesús saciado de bondad, sin saber qué hacer con la palabra Dios; o bien creen que hacen un favor a la causa, donde defienden que Jesús fue algo así como un dios paseándose por la tierra (como si el cristianismo hubiera sido en los orígenes una religión). Los que se dicen creyentes andan, pues, entre una falsificación y otra, sin saber cómo dar en el clavo del Dios verdadero y hombre verdadero.

sexo sin amor

febrero 20, 2017 Comentarios desactivados en sexo sin amor

¿Puede ser el sexo sin amor satisfactorio? Sin duda, siempre y cuando permanezca en el territorio de lo paradigmático. Esto es, en tanto que el otro no termine durmiendo con la boca abierta. Ahora bien, el error consiste en pasarnos de listos y creer que basta lo gratificante para poder hablar de amor. Sencillamente, si el sexo es sin amor, no hay amor. Aunque lo parezca. 

«soy tu padre» (Darth Vader)

febrero 19, 2017 Comentarios desactivados en «soy tu padre» (Darth Vader)

Un padre, a diferencia de un progenitor, es aquel que te configura, aquel que te autoriza a ser quien eres y, por consiguiente, aquel que puede negar tu derecho a la existencia. Antiguamente, el padre y el progenitor coincidían. Hoy en día, no tanto. De hecho, suele ser una excepción. En este sentido, podríamos entender la Modernidad como la época de la crisis de la figura paterna. El padre moderno es un padre metrosexual. Y no es causal que esta crisis vaya con la de Dios como Padre. No es casual que la paternidad de Dios tienda a comprenderse modernamente como maternidad. Dios para quienes aun se imaginan a Dios es algo así como el abuelo de Heidi. De ahí que quienes aspiran a formarse un carácter tengan que buscarse la vida —tengan que poder responder a la pregunta sobre quién es su padre. Un padre indica hacia donde debes ir, si quieres obtener su bendición. Pues uno no sabe lo que quiere hasta que no se encuentra sujeto a una autoridad paterna. Uno quiere lo que quiere su padre —y uno es, en cualquier caso, lo que quiere, no lo que desea. Existir, en cualquier caso, es existir como hijo. Es verdad que lo que queremos se encuentra seminalmente en lo más profundo de nuestra psique. Pero no sale a la luz —no fructifica— hasta que no topa con aquel que, como decíamos antes, nos autoriza a ser quienes somos. Decían los antiguos griegos que de lo que se trata es de llegar a ser quien eres. Pero esto no es posible sin la mediación de una figura paterna. Todos, de hecho, en tanto que sujetos nos hallamos sujetos a. La diferencia reside en el quién. Si nos hallamos sujetos al dictado de lo impersonal —al imperativo de la gente— no dejamos de ser (unos) cualquiera, veletas a merced del viento. En cambio, quienes poseen un carácter es porque tuvieron la suerte de tener un padre singular. Ahora bien, las cosas quizá no sean tan simples. Pues un padre no suele bendecir al hijo que busca merecidamente su bendición. Un padre tiende a rechazar su réplica, la imagen de él mismo que el hijo encarna. Por eso, el carácter debe construirse superando al padre, en el sentido hegeliano de la expresión, aquel en donde la superación conserva de algún modo lo superado. Un carácter se alcanza a la manera de Jacob, luchando contra el ángel. Pues, nuestro padre solo nos bendecirá —solo dirá bien de nosotros— cuando consigamos encarnarlo sin que medie su bendición. Ante el padre, sin el padre. Algo parecido quiso darnos a entender el relato de la pasión.  

la mujer buena

febrero 18, 2017 Comentarios desactivados en la mujer buena

Hay una diferencia abismal entre la mujer que nos ha sido dada desde el horizonte de la nada de Dios y la mujer que satisface nuestro deseo. Ciertamente, de entrada no hay mucho más que deseo. Pero el deseo es como el azúcar en el café: tarde o temprano termina disolviéndose. Es lo que tiene la intimidad. De ahí que no sea lo mismo que la mujer que deseamos se nos revele con el tiempo como don que como cuerpo a desestimar (por exprimido). Ahora bien, me atrevería a decir que tan solo una mujer que encarne la bondad —la mujer buena que encontramos en el libro de los Proverbios— puede aparecer como la mujer que nos ha sido dada desde el fondo de un cosmos inerte. Al final, tan solo nos quedará la bondad. Si la hubiera.   

un café con Albert Balasch

febrero 18, 2017 Comentarios desactivados en un café con Albert Balasch

Puede que no haya nada más verdadero que el dolor. Pues quien sufre lo indecible no es más que su llanto. Nadie está por encima de su padecimiento. Lo que no es dolor es equívoco, en definitiva, un no saber de lo que estamos hablando. De ahí, dice Albert, que lo que no es dolor sea risible. A menos que se trate de la redención. Pero no hay redención que no preserve las heridas.

una teoría literaría 

febrero 17, 2017 Comentarios desactivados en una teoría literaría 

¿Cuál es el género de lo inenarrable? ¿Cómo contar el horror? ¿Qué es lo hicieron Primo Levi o Jean Amery cuando escribieron lo que escribieron? ¿A qué distancia tenemos que situarnos para dar cuenta de la Shoah? Si estamos ahí, en medio del espanto, quizá no podamos hacer otra cosa que guardar (el) silencio. Pero si nos sentamos en las gradas del espectador —como quizá el periodista o, incluso, el escribidor de novelas—, entonces no hay testimonio. Lo que nos sale es un reportaje o un cuento con moraleja. Puede que la distancia debida no sea otra que la del culpable —la del superviviente. Pues uno es culpable por el simple hecho de haber salido con vida, aunque sea la de quien ya no tiene vida por delante, mientras los hijos —los propios, los de los demás— se quedaron atrás.

poco te queda

febrero 15, 2017 Comentarios desactivados en poco te queda

Nos pasamos la vida buscando experiencias intensas. Pero lo realmente intenso es verse a las puertas de la muerte. Mejor dicho, asistir a la muerte antes de tiempo de tantos hombres y mujeres. Cualquier intensidad que no pase por ahí es, en cualquier caso, un simulacro, una distracción, un desvarío.

san Valentín

febrero 14, 2017 Comentarios desactivados en san Valentín

El budismo para el indivuo de Occidente es como el pedimos una canguro y salimos a cenar de las parejas con hijos: un modo de compensar el trabajo en que se ha convertido su relación. 

un tapón es un tapón

febrero 12, 2017 Comentarios desactivados en un tapón es un tapón

El dios tapagujeros que decía Bonhoeffer lo que tapa es, precisamente, a Dios —al agujero de Dios. 

ex nihilo

febrero 11, 2017 Comentarios desactivados en ex nihilo

La idea de que el mundo fue creado por Dios ex nihilo —de la nada— fue desarrollada a lo largo de los primeros siglos del cristianismo. Aquí, y contra lo que habitualmente suele creerse, no nos encontramos con un intento de describir las cosas tal y como ocurrieron —como si Dios hubiera sacado el mundo de la manga: nada por aquí, nada por allá…—, sino con un modo de dar fe de nuestro encontrarnos en medio del mundo. Y es que aun cuando el mundo sea de hecho el resultado del azar y la necesidad, no podemos evitar la impresión, por no hablar de la convicción, de que en verdad el mundo nos ha sido dado —y dado como milagro— desde el horizonte de la nada de Dios. La vida, por nada (que no es lo mismo que para nada). Así pues, de nada. La teología de la creatio ex nihilo es, en el fondo, una teología de la gratuidad. 

o bien despiertos, o bien iluminados

febrero 10, 2017 Comentarios desactivados en o bien despiertos, o bien iluminados

Ciertamente, podemos preguntarnos si una divinidad impersonal —esa especie de océano al que remiten muchas espiritualidades de corte oriental— puede satisfacer el clamor del hombre. Quizá sea una solución a nuestra búsqueda de la felicidad. Pero, formalmente no habría diferencia entre disolverse como muñequitos de sal en el océano de la divinidad que diluir la insatisfacción del yo por medio de una droga de la dicha. Dios en verdad no ofrece una solución al problema de la felicidad. Un creyente no se encuentra sujeto a su voluntad para ser feliz. Si este fuera su propósito, no se encontraria realmente sujeto a la voluntad de Dios. Por el contrario, en vez de servir a Dios —en lugar de ponerse en manos de ese cuerpo llagado en el que Dios se hace presente— pondría a Dios a su servicio. Podríamos decir que el creyente, en la medida en que se halla sujeto a Dios, está más allá de la disyuntiva entre felicidad e infelicidad. No es que sea infeliz. Pero quizá tampoco feliz. No es esta la palabra para quien responde al clamor del hermano —para quien hace de su vida la expresión de un querer, de una voluntad. Pues aquí no deberíamos olvidar que el hombre se encuentra en manos de Dios —en manos del pobre— sin Dios mediante. Ante Dios, sin Dios, como decía Bonhoeffer. De hecho, el Dios del monoteísmo bíblico, cuando menos porque en sí mismo Dios coincide con su silencio, no pretende, por decirlo así, la disolución de la conciencia, sino la hiperconciencia. Es así que, bíblicamente hablando, el despertar bíblico no puede comprenderse, salvo falsificación, como si estuviéramos hablando de una variante de la iluminación budista.

cobardes

febrero 9, 2017 Comentarios desactivados en cobardes

Muchos sacerdotes, hoy en día, se hallan presos del miedo. Miedo a perder la parroquia, si proclaman el evangelio tal cual. De ahí que, mientras por un lado nos sermonean con la radicalidad evangélica, por otro nos dan una palmadita en la espalda como si nos quisieran decir que, en el fondo, no n’hi ha per tant. Tranquilo: puedes seguir con tus devociones onanistas, con el dios de tu intimidad, el dios que hace de consolador. Ciertamente, todos somos unos cobardes, en mayor o menor medida. Nadie sabe de lo que sería capaz con tal de arañar un poco más de vida. Pero quizá los sacerdotes del miedo, a la hora de hablar de Dios, harían bien en apuntar no a las verdades, sino a los pocos que las encarnan: los testigos de Dios, los que creyeron por nosotros. De hecho, cristianamente, nunca hablamos en nuestro nombre, sino en el de aquellos que encarnaron el peso de un Dios en caída libre. No casualmente, los antiguos altares se erigían sobre los huesos de los mártires. En cambio, hoy en día, damos por sentado que basta con cerrar los ojos alrededor de cualquier mesa para creer que ya estamos en comunión con Dios. Un sacerdote debería celebrar la eucarístía oliendo a pobre y no tanto a oveja. Pues es difícil que quien anda con pobres no termine oliendo mal.

principium

febrero 8, 2017 Comentarios desactivados en principium

Del principio, nada podemos saber. Pues si somos quienes somos es porque tuvimos que negar como posible aquello que nos hizo nacer.

Hegel como teólogo cristiano

febrero 7, 2017 Comentarios desactivados en Hegel como teólogo cristiano

Si Dios es el enteramente otro con respecto al hombre —si Dios es la alteridad que da eternamente un paso atrás para que pueda ser en verdad Dios—, entonces el hombre es la alteridad de Dios, su alter ego, su imagen. Tanto podemos decir que Dios es ese vacío —ese hueco— donde el hombre proyecta lo que cree que es lo mejor de sí mismo, como que el hombre es la proyección de Dios. La distancia entre Dios y el hombre puede ser pensada, por tanto, desde ambos lados. Pero, por eso mismo, cabe decir que el hombre es inalcanzable para Dios. Así, del mismo modo que Dios es lo eternamente pendiente del hombre, la humanidad sería lo eternamente pendiente de Dios. Por consiguiente, resulta sorprendente que el cristianismo predique la encarnación de Dios, el hecho de que Dios haya alcanzado, finalmente, su destino humano. El primer paso ya fue dado. Ahora falta que podamos aceptar esa identificación de Dios con el hombre para que el hombre pueda, precisamente, llegar a ser lo que es. Hegel no andó tan desencaminado cuando dijo que deberíamos pensar la substancia como sujeto para poder, cuando menos, vislumbrar de qué va esto de lo real. 

hacer un siete

febrero 4, 2017 Comentarios desactivados en hacer un siete

Decimos los modernos: no somos más que bolas de billar, cuerpos que reaccionan a su circunstancia. Así, fácilmente podemos creer que una mujer no es más que un cuerpo degustable o un carácter con el que tratar. Modernamente, no vamos más allá de nuestra representación. Pero hay más. Aun cuando ese más sea una alteridad que se nos escurre entre los dedos de una mano —y precisamente, por eso mismo, un continuo más allá. La cuestión es si seremos capaces de verlo. Antes, al menos, podíamos imaginar esa santidad, —lo santo es lo intratable—, con las figuras imposibles del mito.

psicoanálisis para dummies

febrero 3, 2017 Comentarios desactivados en psicoanálisis para dummies

Hay que matar al Padre para estar a la altura de su herencia. En esto consiste la fidelidad. Pues, el hijo que se limita a clonar al Padre difícilmente podrá responder al reto del porvenir. Aparentemente, estamos en las antípodas del kerigma cristiano, el cual proclama que el Padre sacrificó al Hijo para que el hombre pudiera tener un futuro. Sin embargo, ¿acaso la entrega del Hijo no revela de hecho que Dios, como espectro tutelar, está muerto?  ¿Acaso Dios no se puso en manos de los hombres para que pudiera ser en verdad Dios? Los saduceos que crucificaron a Jesús ¿no lo hicieron, precisamente, en nombre del Padre? No es casualidad que Freud fuera judío.

E.G.

febrero 2, 2017 Comentarios desactivados en E.G.

La crítica profética a la idolatría, hoy en día, podría articularse como una crítica al deseo. Pues las figuras del deseo —desde los ángeles de victoria secret hasta los Brad Pitt de turno, incluyendo por descontado las cosas inertes que nos cuela la publicidad— prometen una solución a la existencia que en modo alguno pueden ofrecer. Sencillamente, no hay aquí más allá. O, mejor dicho, el más allá de las figuras del deseo, esos fantasmas,  es siempre una decepción —un mal olor, una mugre, una descomposición. Por eso, una vez poseemos lo que deseamos, fácilmente nos preguntamos si eso es todo. Y si lo fuera —si no hubiera más que la ilusión de lo nuevo—, entonces quizá tuviéramos que admitir con humilde sinceridad que estamos muertos.

metáforas del Juicio

febrero 1, 2017 Comentarios desactivados en metáforas del Juicio

Que no nos sintamos sub iudice, ni siquiera cuando recitamos aquello de que «volverá con gloria para juzgar a vivos y a muertos», es de por sí el síntoma de que ya no nos encontramos ante Dios, ni siquiera como creyentes. Así, para intentar cuadrar el kerigma cristiano con nuestras dificultades con el Dios bíblico, fácilmente decimos que, en el fondo, lo que se proclamó en su momento, por medio de un lenguaje que hoy en día nos resulta ciertamente hostil, es que Dios nos interpela con la mirada de los excluidos, y que, con todo, prevalecerá la misericordia de Dios. Por consiguiente, no habrá condena. Dios, por decirlo así, mantendrá el mundo pendiente de un hilo hasta que el último hombre se convierta a la bondad. El credo deviene así metáfora. Y, sin duda, esto resulta consolador. Pero no es esto lo que confesaron los primeros cristianos. Pues, una cosa es la interpelación —que la hay— y otra el juicio. Cristianamente hablando, nos equivocamos, pues, donde creemos en una interpelación sin creer al mismo tiempo que podemos condenarnos a una eternidad sin piedad. Nos equivocamos cuando reducimos el juicio a la interpelación. Por otro lado, la fe en la resurrección de los muertos, la cual también declaramos con facilidad insultante, creyendo quizá que de lo que se trata es de la inmortalidad de las almas, va de la mano de la esperanza en un Juicio Final. Al menos porque lo que hay detrás de dicha fe es la convicción de que el triunfo histórico de los opresores no constituye una última palabra —que en nombre de un Dios que se identifica con los dejados de la mano de Dios, las cosas no pueden terminar con la derrota de los oprimidos. Si hay Dios, al final nos veremos las caras con Él. Si hay Dios, entonces incluso los muertos deben resucitar para que puedan pasar cuentas con el que se tomó un tiempo de descanso. Y deben resucitar porque, y esta es la convicción de Israel, no somos nada donde no vamos de la mano de nuestro cuerpo. Es verdad que cristianamente lo que nos sitúa sub iudice no es tanto el mandato del Padre como el mandato que se desprende del perdón maternal de Dios, el que se ofrece como el perdón de un crucificado en nombre de Dios. Pero que el perdón vaya por delante no nos libra de nuestra responsabilidad para con los estómagos del hambre. Dar por sentado que, en definitiva, no habrá juicio —que no nos hallamos, aquí y ahora, en la encrucijada que decide entre la vida y la muerte eternas— es, de hecho, el síntoma de que, ni siquiera para quienes creen que creeen, no hay Dios que valga (y de paso el síntoma de que nuestra existencia carece de seriedad). Y si no hay Dios que valga, entonces tanto da, salvo sentimentalmente, que el verdugo se salga con la suya. Que la vida —y no ya simplemente nuestra felicidad— dependa de que el pobre sea o no nuestro Señor es algo que difícilmente podemos admitir, a menos que nos encontremos en los tiempos de Dios, aquellos en los que, precisamente, y sometidos a una violencia sin cuartel, Dios no aparece por ningún lado. Al menos, como dios. Pues, en tanto que no aparece como dios —como deus ex machina—, podemos encontrarnos sujetos por entero al imperativo divino de la compasión. Y es que Dios se hace presente en la historia como voluntad —como mandato, como Ley—, aunque también es cierto que se incorpora en aquellos que la cumplen (y la cumplen, de hecho, sin Dios mediante). Nihilismo significa, en último término, que desde el punto de vista de una eternidad sin Dios, las masacres de la Historia se encuentran en el mismo plano que la bondad. Y ello aun cuando emocionalmente nos sintamos del lado de las víctimas.

es de hecho al revés

enero 31, 2017 Comentarios desactivados en es de hecho al revés

La crisis moderna del imaginario religioso no es debida propiamente al avance de la ciencia, sino a la irrupción de la economía del capital. Es por esta irrupción que, como dijera Marx,  todo lo sólido se desvanece en el aire. Así, sometido al imperativo del crecimiento económico, el mundo pasa a ser el ámbito del dominio técnico, de lo enteramente transformable. Ya nada es sagrado. No hay exceso que, mostrándose como algo enteramente otro, resulte intocable o inaprehensible. Es por esto que el sujeto moderno deja de comprenderse a sí mismo como aquel que se halla expuesto a lo santo, lo monstruoso, aquello tan fascinante como terrible. El sujeto moderno es aquel que se encuentra más bien sometido al poder de lo anónimo, cuando menos porque, de hecho, aun cuando crea ingénuamente en su autosuficiencia, dicho sujeto se ha convertido en el instrumento del progreso técnico. Y es que, liberado de la antigua sujeción a lo sagrado —al non plus ultra de la divinidad—, el sujeto moderno, en su relación con el mundo, obedece al principio técnológico de si es posible, debe hacerse. Este principio —junto al de la libertad, entendida como la libertad del consumidor— es lo sacrosanto de la cultura moderna. Estamos en las antípodas del principio que regula una sociedad teocrática, aquel que da por descontado, precisamente, que no todo lo técnicamente posible, debe hacerse. Ante Dios no hay torre de Babel que valga. No se trata, por tanto, de que hayamos prescindido de Dios porque dispongamos de una mejor explicación, sino que, de hecho, es al revés: creemos contar con una mejor explicación porque antes, esclavizados por la lógica del capital, nos hemos desembarazado de Dios. Un antiguo creyente no habría dejado de creer porque le dijéramos que el rayo, pongamos por caso, es en realidad una descarga eléctrica. Pues ¿cómo Dios —nos diría— hubiera podido intervenir, si no es provocando, en última instancia, dicha descarga?

increíble credo

enero 30, 2017 Comentarios desactivados en increíble credo

El credo cristiano dice cosas hoy en día difíciles de tragar. Por ejemplo que Jesús «está sentado a la derecha del Padre; y de ahí volverá con gloria a juzgar a vivos y a muertos…». Algunos teólogos, con la mejor de las intenciones, procuran actualizarlo como si los primeros cristianos en el fondo hubieran querido decir lo que actualmente aún podemos afirmar, aunque sea con la boca pequeña, acerca de un Dios supuestamente bueno o del amor como divinidad. Pero el credo no es un conjunto de metáforas —o un modo de expresar lo que podría ser dicho con otras imágenes. Aun cuando es cierto que el credo, como la Biblia misma, exige ser interpretado, quizá antes deberíamos comprenderlo en sus propios términos. Pues el credo, como los mismos evangelios, no se escribe en el aire. Debería ser obvio que la experiencia cristiana de Dios no es una experiencia originaria de lo divino. La experiencia originaria —desnuda— de lo divino es la que se dio como fascinación y temblor ante el exceso de lo real. Las imágenes a través de las cuales se formula son paradigmáticas, imágenes que Jung consideraría ancladas en el inconsciente colectivo. Es sobre su base que el monoteísmo bíblico y, por extensión, el credo cristiano irrumpen como impugnación de la percepción natural de lo sobrenatural. Y es por esto que la experiencia que hay detrás del credo cristiano solo puede articularse como discurso y, en concreto, como discurso polémico y, me atrevería a decir, contrafáctico. Pues, lo fáctico con respecto a la divinidad es la desmesura del fenómeno sobrenatural, en última instancia, el hecho de encontrarse sometido a poderes invisibles. En el fondo, la operación cristiana consiste en decir que Dios en verdad no es eso que inicialmente creíamos, sino aquel que cuelga del madero y, en definitiva, el silencio que cubre por igual el crecimiento de la hierba y los campos de batalla. No hay otra presencia de Dios que la de aquel que fue crucificado en su nombre. Ciertamente, ello supone algo así como una mutación de lo que se entiende religiosamente por Dios. Y, por consiguiente, comprender el credo supone tener presente contra qué se afirma. Donde no partimos de aquella experiencia de Dios que es negada, precisamente, como de Dios, el credo acaba siendo un conjunto de enunciados sobre hechos… que deberíamos poder contrastar. Y este es el problema. Pues, si no podemos partir de la experiencia pagana de la divinidad, debido, precisamente, al triunfo histórico del cristianismo, entonces el kerigma cristiano deviene ininteligible o, lo que quizá sea peor, acaba siendo entendido como metáfora. En este último caso, Dios pasa a ser solo una experiencia interior susceptible de ser dicha de modos diversos. Y así, fácilmente, Jesús se convierte solo en un modelo de vida, en aquel que, como tantos otros, exudaba una bondad de otro planeta, y la fe, en una ingenua esperanza en que otro mundo es posible… con la excusa de Dios (y digo excusa, pues hoy en día, la fe de muchos cristianos en la posibilidad de la transformación moral del mundo se da etsi deus non daretur). Pero, evidentemente, no es esto lo que los primeros cristianos quisieron proclamar. Podríamos decir que, en tanto que su triunfo suprime el sitz im leben que lo hizo significativo, el cristianismo muere de éxito. De ahí que para recuperar el sentido del credo cristiano estemos obligados hoy en día a dirigirlo contra la misma religión cristiana, cuando menos en tanto que esta se ha convertido, en la predicación y las prácticas habituales, en paganismo por otros medios, sobre todo, donde el cristianismo se interpreta desde el marco categorial de una espiritualidad transconfesional. Pues, muchos cristianos, si no la inmensa mayoría, siguen creyendo posible un acceso directo a Dios… como si no hubiera habido encarnación. En cualquier caso, si no tenemos en cuenta que las declaraciones del credo son declaraciones de guerra, por decirlo así —si no tenemos en cuenta que el texto cristiano es un contratexto; si no tenemos en cuenta la historia humana que hay detrás y, por consiguiente, si no tenemos en cuenta que el credo se predica de alguien que no podía ser divino en modo alguno—, entonces pasa lo que pasa: que nos tomamos al pie de la letra el credo, como si simplemente pretendiera describir unos hechos… y dejamos de creer en él (por increíble). El credo, así, se convierte en mito, objeto de curiosidad antropológica. Y Jesús acaba en el Partenón junto a Zeus y sus vestales.

ficciones

enero 29, 2017 Comentarios desactivados en ficciones

No te dejes llevar por las apariencias. Lo que se muestra como dios no es Dios. Dios no aparece como dios. 

de la divina bondad

enero 28, 2017 Comentarios desactivados en de la divina bondad

¿Cómo llegamos a la idea de que Dios es bueno? Un cristiano fácilmente diría que a través de ese hombre bueno que fue Jesús de Nazareth. Sin embargo, para poder decir que Jesús revela el modo de ser de Dios es necesario afirmar previamente que Dios se identifica con Jesús, cosa la cual es incierta antes de la resurrección. Antes, simplemente tenemos a un hombre que creía que Dios estaba de su parte. Ahora bien, la resurrección, al menos hoy en día, es un asunto con el que resulta difícil lidiar. De hecho, muchos adaptaciones de la fe cristiana a nuestros tiempos pueden entenderse como el intento de seguir siendo cristianos sin pasar por el increíble acontecimiento de la resurrección, cosa la cual está destinada, ciertamente, a la decepción. Pues en ese caso, el resultado sería que Jesús fue un «hombre de Dios», entre otros… dando por hecho que Dios es bueno. Y lo que damos por hecho con respecto al modo de ser de Dios quizá tenga más que ver con nuestra expectativa que con la verdad de Dios. Pues supongamos que en realidad Dios o los dioses, de existir, jugaran con nosotros —que no fuéramos para ellos más que esos hamsters que nos entretuvieron durante nuestra infancia. Si así fuera, no tendríamos más remedio que confesar que la bondad está por encima de Dios. Ahora bien, de ahí a creer que la bondad es divina hay un paso. Y no parece que esta fe vaya muy lejos. Más bien deberíamos comprender dicha confesión como un acto de resitencia numantina ante el carácter sustantivo del mal. Sin embargo, frente a la tentación de divinizar la bondad (o el amor), contamos con la experiencia de Israel. No cabe decir que Dios sea bueno —aunque tampoco malo— donde lo primero no sea un encontrarse cabe Dios. Ahora bien, este es nuestro problema, pues lo cierto es que Dios no se da, hoy en día, por descontado. No lo fue para Israel. Y si Israel habló de la misericordia de Dios es, porque encontrándose bajo el dominio de Dios, dedujo, como quien dice, que si seguíamos con vida, a pesar de no merecérnosla, es porque Dios nos concedía la condicional. Para Israel si vivimos en una estado de gracia es porque la gracia es, antes que nada, una medida de gracia. Evidentemente, estamos muy alejados de esta fe donde, inflados de nosotros mismos, seguimos confiando en nuestras fuerzas.

un Dios enajenado

enero 27, 2017 Comentarios desactivados en un Dios enajenado

En el fondo, el cristianismo, al declarar que aquel que cuelga de una cruz es Dios mismo entre los hombres, difícilmente puede mantenerse en el marco de la creencia religiosa. Dios es, cristianamente hablando, aquel que se encuentra más allá de su divinidad, esto es, fuera de sí. Desde la óptica creyente, el más allá de Dios es siempre un más acá. De ahí que un Dios de esta naturaleza —un Dios que se pone en manos de los hombres para que  pueda ser Dios— sea un escándalo, algo inadmisible para quien necesite una divinidad que funcione como tal. Así, no es tanto que el hombre dependa de Dios como que Dios dependa del hombre, de su respuesta a la entrega de Dios. O, mejor dicho, para que Dios pueda ser Dios, el hombre debe responder a la demanda que nace de un Dios que renuncia a su poder. Esto, sencillamente, supone una mutación de lo que se entiende habitualmente por Dios. No es casual que el ateísmo sea el riesgo del cristianismo.

el gol en propia puerta

enero 26, 2017 Comentarios desactivados en el gol en propia puerta

El yihadista reza antes de colocar la bomba. Messi se dirige a Dios después de marcar. El devoto le pide a su ángel de la guarda que le protega de la inclemencia. La misma intimidad. El mismo engaño. Pues el riesgo de concebir la relación con Dios de un modo tan particularmente hondo es el de dar por descontado, ingénuamente, que Dios está de nuestro lado. Sin embargo, la Biblia es clara al respecto: reducir a Dios a la medida de nuestra necesidad de amparo impide que Dios sea en verdad Dios. Y es que Dios es el Dios que nos arroja fuera del quicio del hogar. Donde Dios llega a ser tan íntimo como pueda serlo una muñeca hinchable, termina habiendo tantos dioses como individuos. Cuando prima el yo y sus carencias —cuando la relación con Dios se decide enteramente del lado del hombre—, el pluralismo religioso fácilmente deriva en una variante del viejo politeísmo. Tants caps, tants barrets. Ahora bien, si Dios se casa con alguien es con el pobre, aquel que ni siquiera puede sospechar que Dios esté, precisamente, de su lado. 

eros

enero 25, 2017 Comentarios desactivados en eros

Como es sabido, Eros es hijo de Poros —ese dios pagado de sí mismo— y Penia, la indigente que se cuela en el banquete de Afrodita. Eros nace, pues, de la necesidad y el deseo. Ambos no pueden dejarse de lado a la hora de comprender la naturaleza del amor, sin provocar su deformación. Así, de hacerlo, tendríamos por un lado, la beatería y por otro el cientifismo. La beatería consiste en pretender olvidarnos de la necesidad, en comprenderla como algo que no es nuestro. En cambio, el cientifismo y, por extensión, la modernidad, entendería el deseo —la aspiración al encuentro— como ilusión. En definitiva, la operación típicamente moderna consiste en reducir el eros a la necesidad. Y así decimos fácilmente que el amor no es más que egoísmo encubierto. Sin embargo, el hombre habita en un entre, en tierra de nadie. O, por decirlo a la manera de Heidegger, el hombre no es, sino que ex-siste. Eros sería, en este sentido, el sello de una irredenta falta de hogar.

entre la violencia, lo vacuo y la santidad 

enero 24, 2017 Comentarios desactivados en entre la violencia, lo vacuo y la santidad 

Se suele decir que el hombre es capaz de lo mejor y lo peor. Y puede que sea así. Pero visto desde arriba, la bondad ocupa muy poco espacio. Lo común es la pugna y el aburrimiento (o su antesala, el espejismo). Con todo, en el Talmud encontramos aquello de que el mundo se sostiene por la existencia de 36 hombres justos. Aunque añade que un hombre justo deja de serlo en el momento en que se sabe justo. Será que un hombre solo puede dar de comer al hambriento —lo que Dios busca del hombre— sin Dios mediante, esto es, sin poderse decir a sí mismo que, con ello, está cumpliendo con la voluntad de Dios. Pues, que el prójimo —el estómago del hambre— se nos haga presente como demanda infinita solo es posible donde ese prójimo ocupa el lugar de un Dios que decidió tomarse un eterno descanso. De ahí que solo porque Dios es un Dios desaparecido en combate el hombre se hace capaz de Dios, de ser fiel a su mandato.

saduceos y profetas

enero 23, 2017 Comentarios desactivados en saduceos y profetas

El cristianismo supone el triunfo del sacerdote sobre el profeta. Es así como la religión cristiana se asienta en el mundo. Tampoco podía ser de otro modo, si de lo que se trata es de asentarse. Que el sacerdote triunfe sobre el profeta supone que Dios deja de ser un Dios vivo —un Dios que nos saca del quicio del hogar— para convertirse en la excusa de esos niños que enseñan sus dibujos a papá esperando su bendición. O lo que acaso quizá sea peor, en el tema de quien se dedica profesionalmente a los asuntos de Dios. Ciertamente, el cristianismo puede apelar, en su defensa, a los santos. Pero, dejando a un lado alguna que otra santificación colada por la puerta de atrás, lo significativo es que la mayoría de sus santos no hicieron muy buenas migas con la Iglesia del momento. 

la ambivalencia

enero 22, 2017 Comentarios desactivados en la ambivalencia

Un cuerpo es —se muestra— como un saco de mierda. Pero también como adorable. Ante tal ambigüedad ¿qué es un cuerpo? El hombre de la calle dirá ambas cosas (y se quedará tan ancho). Pero que sea ambas cosas tiene que ver con nosotros —con nuestro punto de vista, nuestro estado de ánimo, nuestra situación. Que el cuerpo puede ser visto como execrable o degustable es, ciertamente, una posibilidad del cuerpo. Pero que lo veamos de un modo y no de otro es porque el cuerpo no puede darse de ambos modos a la vez. La opción desestimada permanece, así, en la trastienda, esperando su momento. ¿Qué es, por tanto, un cuerpo? Un cuerpo, con independencia de su modo de darse, es simplemente algo-otro-ahí. Pero su alteridad es, precisamente, lo que no se ofrece a una sensibilidad. Un cuerpo como tal es, en definitiva, invisible.

la geografía del fin

enero 22, 2017 Comentarios desactivados en la geografía del fin

Del mismo modo que el poeta, como decía Borges, ve asombro donde el resto solo ve costumbre, un cristiano ve, también, impiedad. Pues, donde pasamos de largo es como si dejáramos morir. De ahí la urgencia del creyente por reparar el mundo. Como si no hubiera un mañana. De hecho, quien se encuentra levantando cuerpos en las simas del mundo, ya se encuentra, por eso mismo, en el fin del mundo. Desde la óptica creyente, el cese de los tiempos es, en última instancia, un lugar.

del barro

enero 22, 2017 Comentarios desactivados en del barro

¿Cómo fue posible que a un pueblo de indigentes se le ocurriera la idea de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios? ¿Es que no sabían lo que era un Dios? ¿Acaso no tuvieron suficiente con el chacal de Anubis? ¿No es como si las orugas se hubieran dicho a sí mismas lo parecidas que eran a las águilas que no ven (y que terminan devorándolas)? ¿Cuántas dosis de soberbia —o de locura— fueron necesarias para concebir la idea de que veníamos de Dios, o peor aún, la convicción de que, puesto que nos parecemos a Dios, deberíamos ser como él? Por otro lado, un Dios que decide crear a su imagen y semejanza ¿no es como si se hiciera un selfie? Pero en ese caso, ¿no deberíamos decir que Dios creó al hombre para poder reconocerse en él —para poderse decir a sí mismo lo bello o bueno que era? Ahora bien, ¿es que el espejo no dice siempre la verdad? ¿No es cierto que la más bella es siempre otra? Nadie se reconoce del todo en su propia imagen. Ni siquiera un Dios (un Dios que pueda decir «yo soy»). Por tanto, si Dios es el enteramente otro ¿no será porque dio un paso atrás con respecto a su obra, porque decidió, avergonzado de sí mismo, no volverse a mirar al espejo —dejar de ser un yo para convertirse en un océano?  En definitiva, el relato de la creación del hombre ¿de quién habla? ¿De Dios? ¿Del hombre? Porque de ambos, ciertamente, no.

la paradoja de Fermi

enero 20, 2017 Comentarios desactivados en la paradoja de Fermi

El cielo que contemplamos durante la noche nos parece inabarcable. Pero las estrellas que podemos contar —unas tres mil—  suponen tan solo una cienmillonésima parte de las estrellas de nuestra galaxia, y la mayoría se hallan a unos mil años luz. Por otro lado, hay tantas estrellas en la vía lactea, entre cien y cuatrocientos mil millones, como galaxias hay en el universo observable. Cada grano de arena de las diferentes playas de la Tierra se correspondería con unas diez mil estrellas. ¿Acaso esta superabundancia no convierte nuestra devoción por un Dios próximo hasta el tuétano en algo demasiado doméstico como para tomarlo en serio? ¿Acaso un Dios que se preocupe del hombre no resulta ridículo ante un cosmos desmesurado hasta lo inimaginable? ¿O deberíamos decir asombroso, teniendo en cuenta que tampoco nuestro asombro puede contener la desproporción que lo provoca? Con estas cifras, el libro de Job adquiere, ciertamente, un nuevo relieve. Pues ¿cómo podemos siquiera concebir un Dios que se sitúe por encima de esta aberración? Resulta desconcertante que un Dios, para el cual apenas somos un partícula elemental, pueda pretender algo de cada uno de nosotros. Sin embargo, ¿no es este desconcierto el desconcierto de Job? Desde esta óptica, la trascendencia de Dios ¿puede seguir pensándose aún como la propia de otro mundo? ¿No deberíamos, más bien, decir que por medio de un Dios que se revela como aquel Tú eternamente pendiente, el todo se ofrece como un no-todo? Y, teniendo en cuenta las dimensiones de este todo, ¿no es esta precisamente la verdadera monstruosidad? Y el hombre ¿acaso no es liberado de la tiranía de lo impersonal —de un cosmos inerte hasta la incandescencia— por un Dios que se ofrece dando un paso atrás? En este sentido, el dogma de la Encarnación, lejos de proclamar el descenso de una divinidad olímpica, ¿no nos estará diciendo que no cabe otra presencia de Dios que la de aquel que soportó hasta el final el peso de su irritante trascendencia (y obró en consecuencia)? Quizá deberíamos eliminar del cristianismo el exceso de morralla devocional para recuperar, precisamente, su primitiva fuerza.

la amistad

enero 19, 2017 Comentarios desactivados en la amistad

Un amigo avant la lettre es alguien con el que prefieres tomar una cerveza sin un tercero de por medio, aunque se trate igualmente de un amigo. Un encuentro a tres ya supone caer en lo político. Los amigos que se dejan llevar por el quants més siguem, més riurem, olvidan que la amistad —como el amor— es el último refugio frente a la tiranía de la panda.

curso de iniciación al marxismo: todo lo sólido se desvanece en el aire

enero 18, 2017 Comentarios desactivados en curso de iniciación al marxismo: todo lo sólido se desvanece en el aire

Como dijera Nietzsche, todo placer pide eternidad. De ahí que se mienta a sí mismo quien proclama a los cuatro vientos que es feliz por haberse tirado a unas tías como quien no quiere la cosa. Si es capaz de dejar en la cuneta a unas cuantas es porque con ellas tampoco hubo nada especial: tan solo un rollo (de rollazo). Pues por poco que la cosa vaya bien, cuesta que lo dejemos correr. De hecho, como buenos nietzscheanos, volveremos a marcar su número. Sin embargo, también es cierto que no podemos permanecer demasiado tiempo en el limbo. Con el paso de los días, todo acaba siendo otra cosa. Y no porque haya habido un error de cálculo. No porque te equivocaras de chica (aunque también pudiera ser). Simplemente, estos asuntos van como van. Incluso lo auténtico tiene fecha de caducidad. Resulta inquietante, sin embargo, que no estemos hablando solo del hormigueo, que es lo habitual, aunque aquí se confundan tan fácilmente las churras con las merinas, sino también de la revelación, del hecho, fuera de lo común, de que esa mujer haya irrumpido en tu vida de manera tan perturbante. Estamos hablando de lo excepcional —de lo que en verdad tiene lugar. Estamos hablando de la aparición. Lo habitual es cruzarse —lo habitual es (de)gustarse o fundirse. Lo habitual es intercambiar cromos (tu me das lengua y yo te doy ombligo), aunque siempre creamos que se trata de algo más. Lo extraordinario, en cambio, es encontrarse. Lo extraordinario es intimar, que el otro rompa la muralla, manteniendo las debidas distancias, la lejanía de la alteridad. Lo raro es que pertenezcas a ella en la misma medida que ella se halla en tus manos. Por eso, cuando te encuentras con esa mujer singular, cuando cedes a su mirada, tan vulnerable como punzante, te sientes junto a ella fuera del mundo. Un encuentro es un estado de excepción. Un encuentro es un acontecimiento y un acontecimiento —la invasión del ultracuerpo— no es algo que pueda prolongarse indefinidamente o, lo que viene a ser lo mismo, arraigar en el mundo. De hecho, el mundo no sabe qué hacer con eso que aparece entre los amantes. Pues el mundo exige adaptación y la adaptación un buen empleo de los recursos. Y eso que aparece entre los amantes es, de por sí, tan inútil o intratable como insoportable. En realidad, no es nada que pueda ser captado por un tercero, un espectador —y de ahí, dicho sea de paso, que la verdad como lo que en verdad tiene lugar, como esa alteridad que irrumpe, tan solo pueda ser subjetiva. Sencillamente, alguien viene hacia ti desde el más allá o, mejor dicho, desde su déficit de ser, su nada. Así es normal que a la hora de dar fe de esta turbación tengamos que emplear los recursos de la literatura fantástica o paranormal o, cuando menos, desplazarnos a una órbita lingüística diferente de aquella en la que describimos o explicamos el movimiento de las bolas de billar. Lo que acontece no es lo que simplemente pasa. Un acontecimiento es eterno. Somos nosotros los que no podemos soportar su eternidad. Por eso preferimos caer en el tiempo, medir de nuevo las distancias, repasar la lista de la compra, encender un cigarrillo. No debería extrañarnos, pues, que, una vez regresamos al mundo y a sus demandas, la amante desaparezca y se transforme en aquella mujer con quien tendríamos que establecer un buen pacto, un trato amable, cosa que, por otro lado, tampoco está tan mal. Erramos el tiro si creemos que lo que en verdad tiene lugar —la interrupción del otro— es capaz de asentarse en la cotidianidad como aquello que, siempre y cuando estemos a la altura, podemos (re)producir a voluntad. En ese caso, caeríamos en el disparate de Pelagio, pues, creyendo que la llama se apaga debido a nuestra torpeza, fácilmente pelearíamos para que las cosas fuesen como al comienzo. Pero, como mucho, conseguiríamos dar gato por liebre. Por consiguiente, si la verdad no nos pertenece, entonces la verdad solo puede comprenderse de dos modos: o bien como milagro y, con el paso de los días, como eso que sucedió; o bien como un pálido reflejo de una verdad anclada en el cielo (aunque en vez de cielo actualmente tengamos una fábrica de sueños). En el primer caso, probablemente terminaremos siendo unos nostálgicos, y, por tanto, viviendo de lo que fuimos, de celebración en celebración. En el segundo, unos desencantados que procurarán, a la mínima oportunidad, dar el salto, renovar el producto o, como suele decirse, la experiencia. Aunque puede que, al fin y al cabo, haya algunos afortunados que se limiten a esperar el regreso de lo que se fue, incluso si tienen el presentimiento de que ese retorno solo podrá darse como perdón, que es algo así como una variante pop de la resurrección de los muertos. 

si esto es un Dios

enero 17, 2017 Comentarios desactivados en si esto es un Dios

Durante los tiempos en los que un tsunami o la erupción de un volcán eran indiscutiblemente vistos como presencia de la divinidad, había que tener narices para proclamar, como hicieron los profetas de Israel, que lo gigantesco en modo alguno tenía que ver con Dios en verdad. Que lo que nos somete en verdad no es el superpoder, sino el silencio que cubre los campos de batalla, la hierba que crece sobre fosas comunes de la historia, la falta de respuesta ante los montones de cuerpos de quienes fueron gaseados como ratas. ¿Qué debieron tener en mente los Elías, Amós, Oseas, Isaías… para confiar en un Dios que se negaba a participar en la disputa político-religiosa acerca de quién la tenía más grande? ¿Qué nos dice sobre la naturaleza de Dios una experiencia de Dios que propiamente no se comprende a sí misma tanto desde el sobrecogimiento, como, sobre todo, desde el escándalo? ¿Qué clase de Dios es aquel que como prueba de divinidad, en vez de rayos y truenos, pone encima de la mesa una promesa? ¿Qué Dios puede valer como Dios si únicamente se hace presente como aquel que está por ver? ¿Cómo pudieron hablar en nombre de un Dios que se negaba a mostrarse como dios? ¿Acaso la fe de Israel no debío parecerles a los pueblos contemporáneos una obstinada negación del carácter divino de la divinidad?

Epicuro & Job

enero 16, 2017 Comentarios desactivados en Epicuro & Job

Siempre habrá quienes crean que Dios es bueno por el hecho de ser Dios. Sin embargo, esto es, precisamente lo que, de haber Dios, está por ver. Sin duda, podríamos suponer que si lo mejor del hombre apunta hacia Dios y lo mejor del hombre es la bondad, entonces no puede haber maldad en Dios. Pero lo cierto es que no tenemos mucha idea sobre el asunto. Pues bien pudiera ser que la divinidad se alimentara de almas puras como el lobo se alimenta de ovejas —¿acaso un Dios vivo no necesitará picar algo de vez en cuando?—, lo cual, dicho sea de paso, supondría una enorme ventaja para los malos, los que tienen el alma llena de pústulas, ya que por lo menos se ahorrarían terminar en las fauces del Dios. Hasta sería una bendición morir solo, enroscado por los remordimientos. De hecho, si tenemos en cuenta que, en esto de la vida, el pez grande se come al chico y uno, como defienden los naturistas, no deja de ser lo que come, lo más probable es que un Dios bueno fuese bueno precisamente porque se alimentase de la bondad de los hombres. Y aunque no fuera así, en el mejor de los casos, seríamos para Dios como el hamster para el niño, una simple distracción. Epicuro dixit. En absoluto almas gemelas. Pues no está de más recordar que la diferencia entre el dios y el hombre es, por defecto, abisal (y aquí uno podría preguntarse cómo llegamos a creer que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios, cuando la experiencia originaria de lo santo apunta a una alteridad radical, tan fascinante como terrible). Sea como sea, nos equivocaríamos donde quisiéramos caerle en gracia al dios de turno. Un creyente que intentara hacerse el gracioso pecaría de ingenuidad, por no decir que cometería un enorme error de cálculo. Sin embargo, el antiguo Israel, a la hora de proclamar la misericordia de Dios, nunca apuntó al dato, ni siquiera hipotético. La creencia bíblica en la bondad de Dios no fue algo que se llegara constatar como quien constata que la nieve es blanca. Israel, estrictamente hablando, no verificó la bondad de Dios, sino que más bien sostuvo que Dios no debe ser tan malo.. si es que aún seguimos con vida (y aquí deberíamos tener en cuenta que, para el Israel de los primeros tiempos, no hay vida más allá de la muerte y que, por tanto, la posibilidad de un Dios devorador de almas puras se la traía al pairo: el hombre ya podía darle gracias a Dios por haber vivido unos cuantos años). En realidad, el mensaje que Dios le envía a Job, al final de su particular dragon khan, es claro y contundente: de mí no tienes ni puta idea. No es casual que Job acabara de rodillas e implorando piedad (y de paso alabando a Dios por la medida de gracia). De ahí que uno pueda sospechar que cuando se declara tan fácilmente, desde la cancha cristiana, que Dios ama al hombre —que va en su busca como el amante busca a la amada—, o bien es porque se ignora qué significa la palabra Dios, o bien porque no se quiere decir claramente lo que, de hecho, se está diciendo, a saber, que hubo un momento en que Dios enloqueció —un momento en que terminó enajenándose de su divinidad— para que el hombre pudiera vivir en paz.

qué difícil es ser Dios

enero 16, 2017 Comentarios desactivados en qué difícil es ser Dios

Todavía hay quienes creen que Jesús de Nazareth se paseó por la tierra siendo muy consciente de ser Dios. Pero basta con imaginar que Jesús les hubiese dicho a sus discípulos, bajo el cielo estrellado de una noche estival, no ya que era un enviado de Dios, sino Dios mismo, para que tal creencia se revele como ridícula. Y más después de ver cómo murió. Alguien así, sencillamente, habría pasado por loco. Sin embargo, ¿no resulta extraño que el cristianismo identifique como Dios a quien no hubiese aceptado tal título para sí mismo?

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