es posible
marzo 28, 2014 § Deja un comentario
Es posible que al final comprendas de qué va todo esto, e incluso alcances una cierta integridad. Pero también es posible que no sepas transmitirlo a quienes aún andan entre sombras, atrapados por el conflicto de las inclinaciones. Pericles, como vieron perfectamente sus contemporáneos, no supo qué hacer con sus hijos.
el cuerpo y el alma
marzo 27, 2014 § Deja un comentario
Esta es la diferencia: un antiguo diría que el cuerpo muere porque su alma lo abandona, mientras que nosotros decimos, herederos de la meditación cartesiana, que el alma lo abandona porque el cuerpo ha muerto.
creer que se cree (1)
marzo 27, 2014 § Deja un comentario
Probablemente, ya no haya cristianos, aunque quizá nunca los hubo. Un cristiano cree que el otro es su hermano o que el pobre es su Señor. Y, al creerlo, actúa en consecuencia. Si yo creo que el agua calma la sed, me tomo un vaso de agua cuando tengo sed. Si, en cualquier caso, tomara, por ejemplo, una lata de Coca-Cola, difícilmente podrían decir que creo que solo el agua calma la sed. En realidad, creo, aunque aquí me engañe, que creo que el agua calma la sed. Así, un cristiano en verdad no puede tolerar el hambre del prójimo. Y, por eso mismo, se comporta como un demente. Ya lo sabemos: Grégoire recorre cuatrocientos kilómetros de carreteras africanas para desatar a un loco de su árbol. Para Grégoire, Dios está atado a los árboles… y esto se encuentra más cerca del delirio que de lo sensato. En cambio, la mayoría de los que se confiesan cristianos pueden tolerar perfectamente el hambre, la sed, la desnudez del pobre. La mayoría de los confesos creen falsamente que creen que somos hermanos o que el pobre es su Señor. Es decir, no es que tengan una creencia, sino más bien una metacreencia. Falta, pues, humildad. Aunque eso tampoco es que le venga de nuevo al cristianismo. Y es que, no casualmente, las eucaristías comienzan con un acto de contrición, con la confesión de un estar en falso con respecto a lo que se va a celebrar. Por eso al cristianismo le iría muy bien que el cristiano de a pie pudiera reconocer sin ambages su falta de fe, el hecho de vivir de espaldas a Dios. El cristianismo ganaría en credibilidad, si el cristiano de a pie se atreviera a pedir públicamente la fe que le falta, en definitiva, a pedirle a Dios por Dios. Y ello ante los que sí creen, esos pirados de Dios.
el hiato
marzo 24, 2014 § Deja un comentario
La vida de mis hijas me ha sido dada desde la nada, como quien dice. Sé que pocas cosas importan. Y, sin embargo, existo como si eso no fuera conmigo. Las exigencias del trato me apartan de lo que en verdad acontece. Hay que ir a trabajar, preocuparse de las penúltimas (o antepenúltimas) cosas, hacer la compra, arreglar un grifo, domar a tus hijas (casi como se doma a un perro…). Como si todo estuviera en verdad más allá de lo que puedo alcanzar. Como si lo que me traigo entre manos no fuera más que una maniobra de distracción. Al fin y al cabo, la cuestión religiosa, a saber, la cuestión acerca de cómo insertar la revelación poética —la verdad del asombro— en los tiempos profanos del trato, acaso sea la cuestión. El homo religiosus cree que es posible marcar las cosas profanas con el estigma de lo sagrado. Sin embargo, vivimos unos tiempos en donde no parece que eso sea posible. No parece que hoy podamos, salvo quizá sectariamente, cubrir la distancia que separa una cosa de otra, lo real de su simulación. Será verdad que la cacareada muerte de Dios trae consigo nuestra condena a la irrelevancia.
secolo
marzo 23, 2014 § Deja un comentario
El cristianismo tiene, por definición, efectos corrosivos sobre la tendencia a divinizar a Dios, sobre la tentación, tan religiosa, a poner a Dios por encima del crucificado. De ahí que el ateísmo pueda comprenderse como la resultante de la crítica cristiana al cristianismo, mejor dicho, a su transformación en la religión aceptable que ha terminado siendo.
extraordinario Pep Giménez
marzo 22, 2014 § Deja un comentario
Dice Pep Giménez, jesuita y antiguo amigo, que no acabamos de entender esto de la escatología hasta que no caemos en la cuenta de que la última palabra no es otra que la palabra de los últimos. Esta intuición es, sencillamente, extraordinaria, pues desliga la escatología de aquellas representaciones próximas al mito o la ciencia ficción. Un griego dice algo parecido, a saber: que, en el mejor de los casos, no vemos nada en verdad hasta que no nos encontramos en la antesala de la muerte. Memento mori. Pero decir esto no es decir lo que dice un cristiano. Pues para un cristiano, con respecto a esto de la verdad, no cabe otra autoridad que la de los últimos. ¿Qué dicen ellos? ¿Qué han visto que nosotros, los satisfechos, difícilmente llegaremos siquiera a intuir? Por eso, no deja de llamar la atención la insultante facilidad con la que muchos, en las canchas cristianas, se ponen a hablar de su experiencia de Dios después de haber cerrado los ojos durante una media horita en la soledad de su habitación.
el buen salvaje
marzo 20, 2014 § Deja un comentario
Llama la atención la atracción, típicamente moderna, por el primitivismo indígena. La cosa comienza con Montaigne: el índigena de las américas recién descubiertas parece que preserva ese sentido de la vida verdadera que la civilización pervierte. La impresión, sin embargo, es que el buen salvaje es una ilusión, un mito. El salvaje también está afectado de pecado original. Ciertamente, algo dejamos atrás en el momento en que erigimos los altos muros de la ciudad. Y eso que dejamos atrás, inevitablemente, se nos presenta como lo más genuino. Es el precio que tuvimos que pagar por garantizar nuestra existencia. Ocurre aquí como en el caso de nuestra infancia: que al dejarla atrás, perdemos de paso nuestra capacidad para el asombro y, por consiguiente, el sentido más atávico se lo real. Ahora bien, leyendo a Montaigne, podemos darnos cuenta de qué es lo que ocurrido modernamente con la religión. Pues la intención de Montaigne no es la de re-ligarse con la autenticidad perdida, sino a lo sumo contemplarlo con unas cuantas dosis de nostalgia. Esto es: el sentimiento de la nostalgia, en el fondo una estética, es lo que ocupa el lugar del rito, la praxis que pretendía mantener el vínculo con lo originario. Mejor dicho: en vez de culpa por el asesinato de Abel, nostalgia. Aunque esto es lo que pasa cuando ocupamos la posición del espectador: que no hemos de responder por las pérdidas sufridas.
leyendo a Agustín (4)
marzo 20, 2014 § Deja un comentario
Deseo infinitamente intenso de volver a aprender a dibujar cuando atormentan los miles de inexactitudes del pensamiento.
Miklós Szentkuthy
gravity
marzo 19, 2014 § Deja un comentario
Imaginar que andas a la deriva por el espacio interestelar durante miles de millones de años (pues por alguna razón, aún incomprensible, has dejado de envejecer), enfundando en tu traje espacial, habiendo perdido el contacto con el resto de los hombres, si es que todavía quedaran hombres. ¿Habría Dios ahí?
volveríamos a hacerlo
marzo 19, 2014 § Deja un comentario
A veces se dice que, si Jesús regresara, la Iglesia volvería a crucificarlo. Ergo, es como si la Iglesia misma, la heredera del kerygma, lo hubiera clavado en la cruz. De hecho, según Freud, se trata de una constante histórica: los hijos deifican al padre que, previamente, tuvieron que matar.
la soledad
marzo 19, 2014 § Deja un comentario
El sermón de la montaña no se entiende a menos que tengamos en cuenta que Jesús fue un profeta apocalíptico. «Felices los pobres», esto es: «el fin de estos tiempos se acerca, pronto asaltaremos el palacio de invierno y vosotros seréis los primeros en entrar». Ahora bien, tampoco captamos el alcance del sermón, hasta que no observamos que los pobres de solemnidad a los que iba destinado pasan de Jesús. A pesar de que su predicación aglutina a unos cuantos fieles, la mayoría no le cree. Lo que tenía que ser una buena noticia para los lumpen de la época, acaba siendo un fiasco: los lumpen escuchan a Jesús como si fuera un charlatán, mejor dicho, como un curandero un tanto p'allá. Por eso Jesús se dirigirá a Jerusalén: para dar el golpe definitivo en la boca del lobo. Y de hecho lo dio. Aunque no según lo previsto.
tener unas buenas espaldas
marzo 18, 2014 § Deja un comentario
Qué responsabilidad la de un Jesús que hubiera llegado a perder la confianza en Dios. Saber que no puede haber Dios, si el creyente abandona —saber que el darse de Dios depende de la fidelidad creyente al mandato de Dios— y, con todo, haber perdido el impulso inicial, la ingenuidad de los primeros momentos. Cómo entender el gesto de quien sigue siendo fiel a Dios, desde la imposibilidad humana de seguir creyendo. Cómo entender que Dios siga agarrado a tu espalda donde ya no puedes soportar su carga. Pero es posible que no haya otra fe que la de aquel que carga con el peso muerto de Dios.
hardcore bíblico
marzo 17, 2014 § Deja un comentario
A la hora de leer la Biblia conviene distinguir entre lo que dice en verdad y lo que dice porque no tiene más remedio que decirlo (por contexto, por época). Esto es, entre lo que aporta y lo que preserva. No siempre hacen buenas migas. De hecho, casi nunca. Pues el monoteísmo no puede afirmar la realidad de Dios en el mismo sentido en que lo hace el politeísmo. El monoteísmo no es un politeísmo de un solo dios. Para el monoteismo la presencia de Dios es, cuanto menos, problemática. Sin embargo, las huellas del politeísmo —las huellas del mito— están ahí en los textos en los que el autor bíblico de turno se refiere a las intervenciones de Dios. Para la fe bíblica, Dios es intratable. Pero ¿cuantas veces el lenguaje de la fe sugiere lo contrario? Ocurre aquí lo que en los textos de Locke donde demuestra la existencia de Dios. Pues si Locke hubiera sido consecuente con los postulados de su filosofía, la creencia en la existencia de Dios hubiera quedado afectada por la crítica a la metafísica de la sustancia, la cual, como sabemos, muestra que la idea de sustancia no puede ser otra cosa que un supuesto de la mente.
kaos
marzo 17, 2014 § Deja un comentario
Si en el origen era el caos, entonces no hay orden —no hay cosmos— que no sea provisional. En creyente: el mundo permanece colgando del hilo de la voluntad de Dios. Sin embargo, von Neumann demostró que de una serie azarosa tarde o temprano emerge una razón. De ahí a que el hombre deje de encontrarse bajo el amparo de una medida de gracia, hay solo un paso. Y lo que no podemos pedirle son peras al olmo: que los adultos vuelvan a la ilusión del día de Reyes; que el cientifico crea en demiurgos. Por suerte para el creyente, Dios creó al mundo, no a la manera de un dios artesano, sino sometiéndolo a su Palabra. Y ello no es posible sin desaparecer del mapa.
más Santana
marzo 16, 2014 § Deja un comentario
Dice Santana: «la espiritualidad es agua, pura. Las religiones son Coca-Cola, negocio.” Como si hubiera un ámbito de la existencia en donde los hombres podemos dejar atrás nuestra facilidad para ensuciar lo que nos traemos entre manos, un ámbito —la espiritualidad— exento de pecado original.
Santana
marzo 16, 2014 § Deja un comentario
Dice Carlos Santana: «todo es por gracia de Dios. Si pides algo con intensidad y un corazón claro, Dios todopoderoso te lo da.» Y uno, aquí, no puede evitar recordar aquello tan evangélico de «pedid y se os dará». Sin embargo, ¿es esto así? Cuando las cosas se tuercen ¿es que acaso no tenemos el corazón lo suficientemente claro? Pero ¿es que hay alguien por ahí que posea un corazón sin mezcla? ¿O es que Jesús no le pidió a Dios claramente que le ahorrara el cáliz de la Pasión?
el ángel de la historia
marzo 15, 2014 § Deja un comentario
Hay en la fe bíblica algo que impide que pueda resolverse como expectativa religiosa. Una expectativa puede, en principio, ser realizada. Supongamos, por ejemplo, la expectativa, tan típica de Israel, de vivir en paz. Y ese algo es, precisamente, el hedor que procede del pasado. Pues en el caso de que Israel lograse vivir en paz «gracias a (su) Dios», un creyente aún seguiría escuchando el clamor de las víctimas que murieron injustamente antes de tiempo. Y ello, precisamente, en nombre de un Dios que se identifica con ellas. De ahí que la fe bíblica no pueda prescindir sin desvirtuarse de la esperanza apocalíptica en un final de los tiempos.
JJ
marzo 15, 2014 § Deja un comentario
Jesús de Nazareth, como también el bueno de Job, murieron sin haber comprendido nada de Dios. Su religión fue puesta entre paréntesis en el momento crucial. Dios no se manifestó tal y como esperaban. Y, sin embargo, permanecieron ante Dios. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo no llegaron a renegar de Dios, allí donde su religión saltó hecha pedazos? Hoy nos resulta difícil comprenderlo, entre otras cosas, porque ya no damos a Dios por descontado. Hoy, la mayoría de los creyentes llega a Dios a partir de ciertas experiencias que atribuyen a Dios. Pero Dios, en la Biblia, no funciona al modo de una hipótesis explicativa. Al contrario: Dios es aquel que se encuentra en falta, aquel que no se halla presente al modo de un titiritero celestial. De ahí que la experiencia bíblica de Dios no pueda articularse como un saber acerca de Dios. Dios, simplemente, es el que es (o, mejor dicho, es el que será o será el que fue). Y el hombre es, antes que nada, criatura. Ahora bien, la criatura no se experimenta a sí misma sin ambivalencia: por una lado, el don; pero, por otro, el temor. Don sin temor conduce a una fe naïve. Temor sin don, a la fe de las oscuras sacristías de antaño. La posición básica en la que se encuentra el creyente es la de aquel que existe por entero dependiente de una medida de gracia. Pues la experiencia de la gracia no puede separarse del temor de Dios sin volverla ininteligible. Un creyente ni siquiera puede decir honestamente que Dios protege a los que creen en él (que es lo que se espera de un dios). Dios, mejor dicho, su intervención, permanece en el aire. De hecho, cristianamente solo contamos con una intervención de Dios y es aquella en la que el Hijo es elevado colgando de una cruz. Si en la Biblia encontramos textos «religiosos», textos en los que el creyente se muestra como aquel que confía en la ayuda de Dios es porque esos textos están ahí para ser desmentidos. Ciertamente, para el creyente el Mal no puede tener la última palabra y ello en nombre de una vida que experimenta como milagro, como don, como testamento. Pero de ahí no se infiere una teología en presente indicativo. La fe se expresa siempre en imperativo y por transferencia, como quien dice: «debe ser, en nombre de». Y nosotros aún seguimos por ahí atados a nuestra imágenes de Dios como si no se hubieran escrito los evangelios ni el libro de Job.
la cosa real
marzo 14, 2014 § Deja un comentario
Nuestra relación con la realidad no coincide con la que podamos mantener con las cosas que pasan. Nada real acaba de darse en las cosas que pasan (y, por eso mismo, pasan). Las cosas que pasan son fenómenos, es decir, fantasmas, mientras que lo real ocurre como algo enteramente-otro-ahí, como lo inalcanzable de las cosas que nos traemos entre manos. De ahí que lo real permanezca oculto en medio del trato, mejor dicho, agazapado tras la cortina de las apariencias como la eterna posibilidad, precisamente, de ir más allá. Y de ahí también que lo real sea tan fascinante como terrible, tan deseable como digno de ser temido. Sin embargo, una y otra vez, preferimos habitar entre sombras, reducir lo real a las fronteras de nuestra receptividad. Eso es lo que somos: seres que reclaman realidad mientras permanecemos atados a las apariencias.
la Encarnación como una bonita historia de amor
marzo 14, 2014 § Deja un comentario
La mayoría de las chicas todavía sueñan con el chico ideal. La mayoría de las chicas dan por sentado que ese chico se encuentra por ahí, que solo es cuestión de coincidir. Con el tiempo, sin embargo, puede que se pregunten si realmente existe, si acaso no se tratará de una ilusión. Más aún: con el tiempo, tras unos cuantos desengaños, puede que se conviertan en «ateas». Dios no existe. Algunas, sin embargo, puede que lleguen a querer a ese hombre imperfecto que se acuesta con ellas y que, tan injustamente, ocupó el lugar del príncipe. Puede que respondan a la necesidad de abrazo de ese hombre (pues, al fin y al cabo, cualquier hombre termina por ser un pobre hombre). Ahí es posible que comprendan que no se trata de que el hombre satisfaga su deseo, sino de ser alcanzadas por la derrota del hombre. El mito nunca hizo buenas migas con la sinceridad.
leyendo a Agustín (2)
marzo 14, 2014 § Deja un comentario
Siempre habrá una mujer histérica en un sombrío rincón del mundo que encontrará a un intelectual irresponsable en el segundo rincón sombrío del mundo para hacer de ello un sistema. Pero no te lo tomes en serio, hermano…
Miklós Szentkuthy
directo al corazón
marzo 13, 2014 § Deja un comentario
La religión del corazón se equivoca cuando desprecia con tanta facilidad —por meramente formal, por hipócrita— el rito de la tradición. Pues sin rito —sin gestos que marquen el tiempo profano con las huellas de la redención— no es posible ninguna integridad. Sencillamente, sin rito el cuerpo no puede seguir el vuelo del alma. Así, un cristianismo fuertemente sentimentalizado, contra sus mejores intenciones, acaba siendo un cristianismo de paja mental (o sin «mental»). El rito, pues, no es el problema, sino nosotros, que ya no sabemos qué hacer con él. Una vez perdemos de vista la historia a la que responde, el rito es, ciertamente, letra muerta. Ahora bien, que no sepamos leer latín, no significa que Horacio ya no tenga nada qué decirnos. Supongamos que de aquí a cien años, los hijos de los hijos de los que sobrevivieron al infierno de Auschwitz creyeran que lo «auténtico» es «reunirse los martes por la noche y ponerse a lloriquear» y, por eso mismo, dejaran de tatuar el brazo de sus vástagos con el número de campo de sus abuelos. Difícilmente diríamos que forman parte de la tradición que iniciaron los supervivientes.
la filo
marzo 13, 2014 § Deja un comentario
Es posible que el filósofo vea extrañeza donde los demás ven costumbre.
fe y tolerancia
marzo 13, 2014 § Deja un comentario
La tolerancia va con el debilitamiento de la creencia. De hecho la exige. No es posible tener convicciones fuertes y ser tolerante, a menos que los demás te importen bien poco. Sin duda, es preferible que haya tolerancia a que nos matemos por nuestras crencias. Pero si lo que debe ser, debe ser, entonces no es posible aceptar fácilmente que no sea. Por ejemplo, si creemos que hay infierno y que la salvación depende de que uno sea bautizado, por muy absurda que parezca nuestra creencia, si lo creemos así, entonces difícilmente podremos tolerar que nuestros hijos no sean bautizados. Y no solo ellos, sino el resto de los hombres… si es que nos importan. De ahí, por ejemplo, dejando a un lado intereses espurios, el celo de esos misioneros que iban por las américas con la cruz y la espada. Ciertamente, la tolerancia tiene una raíz bíblica, por aquello de que lo que le importa a Dios es que los hombres vivan en paz. Pero al reconocerlo, deberíamos igualmente admitir que la creencia, en tanto que tesis, es bíblicamente lo de menos… y no parece, sin embargo, que lo sea. Pues, mientras el cristianismo siga siendo una soteriología, la necesidad de salvación dificílmente puede hacer buenas migas con la indiferencia que garantiza la paz de la sociedad democrática. La paradoja del cristianismo reside en el hecho de que el Reino de Dios —o, cuanto menos, el sucedáneo de una paz civil— quizá solo pueda realizarse como el sueño de la sociedad liberal, esto es, sin Dios mediante.
teo-lógicas
marzo 12, 2014 § Deja un comentario
Si Dios es amor, entonces Dios es vulnerable. Pero esto no es posible decirlo sin alterar significativamente la palabra «Dios».
soteriología
marzo 12, 2014 § Deja un comentario
Que la salvación sea un suicidio de Dios, no por hartazgo de divinidad, sino por la vida misma de los verdugos: este es el escándalo, lo inaceptable del cristianismo.
nihilismo y cristianismo
marzo 11, 2014 § Deja un comentario
Nihilismo y cristianismo son dos caras de la misma moneda. O, si se prefiere, hijos de una misma madre. Y esa madre no es otra que la ruina del mito, la catástrofe, en el sentido más literal, la disolución del mundo arquetípico. Como supo ver perfectamente Dostoyevski, ese fino analista de los recovecos del alma, en sus Demonios, el creyente se halla a un paso de caer en el nihilismo. Mal favor le hacen a la causa de la fe quienes, con la intención de preservarla, eluden la seca lucidez del nihilista. Pues, al negarle un lugar dentro del agora cristiana, los cristianos no se dan cuentan de que caen de nuevo en los brazos del mito. El nihilismo tiene que estar ahí para que un cristiano pueda percibir el novum de la fe, su escándalo, su trascendencia. Lejos del vértigo nihilista, el cristianismo deja de ser la única respuesta religiosa al nihilismo, para convertirse en un mito entre otros, un artefacto para satisfacer esa necesidad de hogar que tenemos los humanos. Y tratándose de mitos son mejores, sin duda, los que ofrece el psicoanálisis de Jung. Al menos ahí hay vestales con las que soñar.
Muhsfeldt
marzo 11, 2014 § Deja un comentario
La compasión, ¿una simple reacción emocional? ¿Tiene razón Hume? Sí, siempre y cuando miremos la compasión solo del lado de ese yo para el que el otro no es más que el objeto de su compasión. La cosa cambia cuando el otro es realmente otro, alguien que no puedes integrar en los moldes de tu receptividad. Más aún, cuando el otro es el que te juzga, aquel al que le debes una respuesta. Es evidente que donde solo vemos conductas, en el sentido de Pavlov, no pueden haber más que cuerpos sometidos a fuerzas, simpes bolas de billar.
intimidad
marzo 11, 2014 § Deja un comentario
No deja de resultar cuanto menos curioso que se haya impuesto la intimidad como derecho. Que haya algo así como un espacio inviolable, al margen de la mirada ajena, una habitación propia en donde la convención, se supone, queda en suspenso, un estado de excepción dentro del hogar: esto es lo extraño. Lo extraño: no tanto que el sujeto tenga algo que ocultar —pues la hoja de parra es tan antigua como el primer hombre—, sino que haya algo así como un derecho a gozar de lo que, socialmente, debe permanecer oculto. No es casual que la intimidad sea una invención cristiana. La intimidad nace de la necesidad de hablar a solas con Dios, mejor dicho, de mostrarse en falta ante Él. Cualquier intimidad desprende el hedor del culpable. De ahí que una vez Dios desaparece del mapa —una vez la intimidad deja de ser un espacio confesional— el sujeto se quede a solas con su jouissance. Será que sin Dios, el derecho a la intimidad acaba siendo un derecho al juego de la transgresión. Pero será también que sin Dios al que, literalmente, echarle la culpa, el sujeto no puede menos que identificarse con su goce. La doblez ha llegado, pues, para quedarse.
Ucrania
marzo 10, 2014 § Deja un comentario
Cada vez hay más campesinos que fluyen a la ciudad porque no tienen esperanza de sobrevivir. Traen a los niños a los que dejan abandonados en la esperanza de que se salven y regresan a morir a sus aldeas. Se ha movilizado a los “dvorniki” (porteros) con bata blanca que patrullan la ciudad y colectan a los niños. Se llevan en camiones a la estación de mercancías de Severo Donetz. Allí se selecciona. A los no hinchados se les dirige a unas barracas en Golodnaya Gora donde, en hangares, sobre paja, agonizan cerca de 8.000 almas, sobre todo niños. Los hinchados son transportados en trenes de mercancías hasta el campo y abandonados a 50 o 60 kilómetros de la ciudad para que mueran sin que se les vea. A la llegada a los lugares de descarga se excavan grandes fosas y se echa a quienes llegan muertos.
el concepto cristiano del más allá
marzo 10, 2014 § Deja un comentario
Tan solo hay que dejarse alcanzar por la mirada de estos niños que yacen sobre sus esqueletos, para caer en la cuenta de que existe un más allá. Pues ellos son los otros, los que cruzaron el umbral, los que regresaron de la muerte con la muerte encima, los únicos que tienen un mensaje que entregarnos de parte de Dios.
María Belón
marzo 8, 2014 § Deja un comentario
La experiencia de María Belón —la madre protagonista de «lo imposible»— es digna de ser contada. María Belón es, sin duda, una gran mujer, una mujer de carácter. Su enseñanza es universal: uno debe perseverar, no tanto para sobrevivir, pues en medio de la catástrofe lo que uno desea es, precisamente, morir, sino para que puedan vivir los otros: tus hijos, tu esposo, tus compañeros de tragedia… Estamos aquí para querernos, dice Maria Belón sin ambigüedades sentimentales. Uno no sabe qué es lo que en verdad importa hasta que no ve de cerca el rostro de la muerte. Nacemos dos veces. Mejor dicho, si no nacemos por segunda vez, posiblemente no vivamos en verdad. Y María Belón nació por segunda vez. María Belón, también dice que, de algún modo, se siente culpable por los que se quedaron allí, por los que no sobrevivieron al tsunami. En las canchas cristianas —y no solo en las cristianas— el discurso de María Belón cae muy bien, aunque cuando le preguntan por Dios, no sabe a ciencia cierta qué decir. De hecho, suele responder tal y como lo hacen muchos hoy en día: que no cree en Dios, pero sí en que hay algo ahí que nos empuja a querernos. Que eso lo es todo. En principio, nada que objetar a las palabras de María Belón, pues son humanamente incuestionables. En cambio, sí que me parece discutible que muchos cristianos bautizen sin pestañear esas palabras. Pues la cuestión es si esas palabras son cristianamente relevantes, esto es, si revelan de algún modo la realidad de Dios. Me atrevería a decir que, a pesar de las dimensiones de la tragedia, no son, cristianamente hablando, palabras últimas. Una de las constantes bíblicas es que solo el pobre es capaz de Dios, es decir, que solo él está autorizado a hablar de Dios. De otro modo, la cuestión no es qué pueden decir de Dios los supervivientes, pues ese decir no puede desprenderse de la amenaza del mito, incluyendo aquí a los israelitas que pasaron milagrosamente el Mar Rojo, sino qué pueden decirnos quienes se quedaron ahí, los que fueron dejados, precisamente, de la mano de Dios. Es natural que María Belón no sepa qué decir acerca de Dios, que no vea a Dios por ningún lado. Y es que Dios quedó atrás, deambulando por los lodos de esas playas devastadas por el tsunami. Las historias cristianas son aquellas en donde las María Belón de turno inhumanamente regresaron a las playas de las que salieron con vida porque se convirtieron en rehenes de quienes se quedaron atrás. Sin duda, se trata de algo que no podemos humanamente exigirnos. Humanamente, las palabras de María Belón son lo más. Pero que los hombres y las mujeres no podamos asimilar la voz imperativa de Dios desde nuestra posición de supervivientes no demuestra que no haya Dios o, mejor dicho, que Dios no tenga nada que reclamarnos. De hecho, Dios existe en caída libre desde el momento en que Caín alzó su mano contra Abel.
la neocueva
marzo 8, 2014 § Deja un comentario
Las réplicas de las pinturas rupestres de Altamira, las que se encuentran en la denominada «neocueva», no producen, a pesar de su sorprendente exactitud, la misma emoción que las originales. El valor no reside, pues en lo visto, sino en lo que sabemos o creemos saber acerca de lo visto. Y es que no es lo mismo ver una réplica perfecta que ver lo mismo sabiendo que fue pintado hace miles de años por hombres cuya vida fue, como también lo será la nuestra, un soplo. De ahí que nos cueste admitir que la visión sea una simple reacción a impresiones visuales. Ciertamente, podemos simplemente reaccionar. Pero quien se limita a reaccionar no podrá ir más allá de lo bonito (o lo desagradable). En modo alguno será capaz de asombrarse.
sin solución de continuidad
marzo 8, 2014 § Deja un comentario
El Dios cristiano no es exactamente el Dios de Jesús. Pues, cuesta imaginar que Jesús de Nazareth hubiera aceptado ser venerado como Señor.
del lado del hombre
marzo 7, 2014 § Deja un comentario
Todo cuanto podamos decir de lo que creemos que importa —que si la amistad, el amor, la fe…— es papel mojado, si ha sido pronunciado antes de tiempo. Esto es, antes de que el cielo caiga sobre nuestras cabezas. Más que nada porque antes de tiempo no podemos saber qué es lo que en realidad importa. A lo sumo podemos sospecharlo. Antes de tiempo, todo cuanto podamos decir al respecto no puede tener el sabor de la verdad, pues en cualquier caso se trata de algo que tan solo tiene que ver con nosotros: con nuestra necesidad de sentido, de justificación.
saber estar
marzo 7, 2014 § Deja un comentario
Por lo común, no nos encontramos allí donde estamos. De ahí que el presente nos sea tan esquivo.
monogenes
marzo 6, 2014 § Deja un comentario
Para el evangelista Juan (y de paso para los cristianos), Jesús es el hijo único de Dios (Jn 3:16). Si Juan pudo hacer tal afirmación es porque la posibilidad de que un dios engendrara a un humano no le era extraña al mundo griego. Así, por ejemplo, Heracles fue hijo de Zeus y Alcmena, una mortal. Ahora bien, nos equivocaríamos si entendiéramos la declaración de Juan como si fuera una variante cristiana del mitologema heleno. En realidad, Juan no adapta el mitologema, sino que lo invierte. De hecho, Juan recurre al lenguaje disponible para decir lo que ese lenguaje en modo alguno puede admitir, a saber, que no hay Dios por encima del Crucificado. Esto es, la irrupción del evangelio de Juan en el mundo antiguo supone una quiebra del significado religioso del término «dios». Pues decir que la Palabra era Dios desde el origen de los tiempos (Jn 1:1) es lo mismo que decir que pertenece a la naturaleza de Dios su entrega como hombre, mejor dicho, como hombre abandonado de Dios; que esa entrega no es una mera posibilidad de Dios, sino que constituye el modo de ser de Dios mismo. Y donde Dios es su humillación, Dios deja de ser «divino» en el sentido habitual de la expresión. Ciertamente, esta quiebra es anticipada por la experiencia judía de Dios, la cual, como es sabido, no puede traducirse en los términos de un saber que presuponga la entidad de Dios. Pero dificilmente dicha quiebra hubiera dado paso a Occidente, si no se hubiera insertado en el imaginario del helenismo antiguo. La clave de esta quiebra está en sostener, como decíamos, que Jesús es el unigénito de Dios. Pues, contra lo que podríamos decir si permaneciéramos bajo las categorías del helenismo, al hacer tal afirmación no decimos tanto algo acerca de Jesús como acerca de Dios. Si Juan nos estuviera diciendo algo de Jesús, entonces Dios estaría por encima, como lo está la Belleza cuando decimos, por ejemplo, de una mujer bella. Ahora bien, si Dios estuviera por encima de su vínculo con Jesús, entonces resultaría gratuito decir que Jesús es el unigénito de Dios. De hecho, algo parecido defienden muchos cristianos de hoy en día, cuando defienden que resulta cuanto menos atrevido afirmar que Jesús es el hijo único de Dios; que, siendo honestos, lo que deberíamos decir es que Jesús es un símbolo de Dios… entre otros. Sin embargo, lo que afirma Juan es, en verdad, algo muy distinto. Y lo es porque, como decíamos, su declaración es sobre Dios y no propiamente sobre Jesús. Podemos decir que la paternidad de Dios solo se nos revela en la obediencia, la fidelidad del hijo. Un padre no es tanto un progenitor como aquel que ejerce una autoridad, sobre todo moral, sobre el hijo. Ahora bien, un padre, en principio, puede tener unos cuantos hijos, incluídos los bastardos. Si Juan dice que Jesús es el unigénito de Dios no es porque ignore la posibilidad de que Dios pueda haber engendrado unos cuantos hijos por ahí, sino porque, probablemente, quiera decirnos otra cosa. Y, como apuntábamos hace un momento a propósito de Jn 1:1, esa otra cosa es que no hay otra presencia de Dios que la que se revela en el Crucificado en nombre de Dios. Que estar ante Dios es lo mismo que estar ante el Crucificado. Que no cabe un postrarse ante Dios que no sea un postrarse ante el Crucificado. Y, sin duda, esto es algo muy distinto a decir que Jesús participó de la divinidad como Irina Shayk puede participar de la belleza. Pues quien, poseyendo una cierta sensibilidad religiosa, comprende la declaración de Juan, algo así como el pistoletazo de salida del dogma de la Encarnación, no puede menos que escandalizarse. Y es que Juan no dice que Irina Shayk sea la única mujer bella, ya que sería sencillamente estúpido decirlo, a pesar que la belleza de la chica de Cristiano Ronaldo sea indiscutible. Juan dice que no hay otra belleza que la de Rossy de Palma. Por tanto, la cosa no puede ir en serio… A menos que, con ello, nos esté diciendo que cualquier otra belleza es ficción.
la bestia
marzo 4, 2014 § Deja un comentario
Qué curioso esto del hombre: que haya un animal que pueda sospechar que la realidad no coincida con su visión de la realidad. Y que esa sospecha constituya precisamente su más genuino estar ante lo real.
Platón y esto de la fe
marzo 4, 2014 § Deja un comentario
Es sabido que los padres de la Iglesia recurrieron al platonismo para dar legitimidad epistemológica, como quien dice, a la confesión creyente. La operación podría resumirse así: el ser supremo de la filosofía platónica, aquel que se sitúa incluso más allá de la esencia, es en definitiva el Dios de Jesús. El precio que pagó el cristianismo por su derecho a la inteligibilidad fue, como sabemos, el de la pérdida de su capacidad de provocación. ¿Cómo podía el supremo bien del platonismo fracasar en una cruz? Y quizá porque al cristianismo no se le permitió echar por la borda al dios de la religión —que es lo que en verdad hizo—, pudo surgir algo así como el comunismo ateo, el cual puede entenderse como un cristianismo por otros medios. Ahora bien, lo cierto es que con el paso al frente de la apologética cristiana no solo queda aparcado el cristianismo originario, sino también el mismo Platón. El apologeta hace trampa, aunque esa no sea su intención, cuando equipara el ser más allá de la esencia de Platón con el Dios personal del monoteísmo. Cierto que hay antecedentes en el mismo judaísmo que juegan con ambas barajas. Filón, sin ir más lejos. Pero eso no quita la trampa. Pues, la originalidad de Platón consiste, precisamente, en comprender el carácter trascendente de lo real sin recurrir a ningún dios. En cierto sentido, podríamos decir que los padres de la Iglesia desactivan el platonismo al bautizarlo. Y es que quizá la gran bestia a batir no sea tanto el politeísmo —el cual no posee un sentido de la trascendencia que pueda tomarse en serio—, sino el Parménides de Platón.
