psicoanálisis e idealismo
agosto 1, 2013 § Deja un comentario
Que Dios haya muerto significa, también, que nada hay enteramente otro para el hombre moderno. Incluso la posibilidad de lo extraño y traumático —la posibilidad de lo indigerible por el yo— acaba comprendiéndose como una posibilidad que arraiga en las profundidades abisales del sujeto. Freud, en este sentido, se revela como el mejor divulgador del idealismo alemán. Pues, como es sabido, para Fichte no hay otro que no sea producto del yo. La alteridad misma como ruptura del yo: esto es Modernidad y el resto, religión. De ahí que una apologética que no lidie con estos toros difícilmente podrá tomarse en serio.
vacacionales
julio 31, 2013 § Deja un comentario
No se entra en un monasterio —no se entra en la Compañía—, sino que se sale a él, a ella. La prisión es el mundo, la vida de bestias más o menos felices que llevamos sobre la espalda.
lecturas bíblicas
julio 29, 2013 § Deja un comentario
No deja de resultar cuanto menos curioso que la declaración monoteísta de que no hay otro Dios que el invisible vaya con la constatación, igualmente bíblica, que no hay ni un solo justo (o casi ninguno). Como si el encontrarse ante el Dios verdadero fuera de la mano de nuestra incapacidad para creer. Ciertamente, la moneda del monoteísmo no sirve para pagar el tributo religioso. Pues el presupuesto de la religión es que, si uno hace lo debido, es posible poner a Dios de nuestro lado, esto es, hacer las paces con Dios. Pero el monoteísmo bíblico insiste en que los hombres, por sí mismos, son incapaces de permanecer fieles a Dios. La Biblia, sorprendentemente, es el relato de las continuas infidelidades del pueblo de Dios. No hay, por tanto, religión que valga para el creyente. Un creyente siempre se halla en falso ante Dios. La dependencia de Dios es tan radical que incluso la relación con Dios se encuentra en manos de Dios.
el dato inicial (y 2)
julio 28, 2013 § Deja un comentario
Posiblemente el pistoletazo de salida de la confesión creyente fue un simple dato: hubo bondad donde no podía haberla en modo alguno, en medio del infierno. Los primeros cristianos comprendieron este acontecimiento desde un doble esquema. O bien, desde la división religiosa entre el mundo de arriba y el de abajo —y, así, entendieron que la imposible bondad de Dios descendió en medio de los hombres (e imposible, lo hemos dicho muchas veces, porque no puede admitirse como una posibilidad del mundo, porque su aparición implosiona el mundo)—, o bien desde la expectativa escatológica y, así, dijeron que esa bondad fue una anticipación de los últimos días. La cuestión es cómo podemos nosotros ver esa bondad, nosotros que ya no contamos con los recursos de la religión o la expectativa escatológica. La manera habitual —moderna— de verla es apelando a la profundidad: como si esa bondad surgiera de las profundidades abisales del hombre. Como si esa bondad fuera lo más verdadero, lo más auténtico que hay en nosotros (que, además, algunos la denominen divina, quizá sea lo de menos, pues Dios aquí ya no sería Dios, sino tan solo el nombre de la bondad). Pero con ello o bien le estamos dando la razón al gnosticismo, o bien al maniqueísmo (pues cualquiera con dos dedos de frente entenderá que en dichas profundidades encontramos peces de todos los colores: tanto los que desprenden luz como los que la devoran).
curiosidades varias
julio 28, 2013 § Deja un comentario
No deja de llamarme la atención que, para muchos creyentes, Dios sea aquel que se encarga de sostener la estabilidad del hogar. Se les ve tan satisfechos con su fe, tan seguros de lo que es Dios… que no parece que Getsemaní vaya con ellos. Dios como el que mantiene el chiringuito creyente en pie. Cuando lo cierto, si hemos de hacer caso de lo que cuentan las Escrituras, es que Dios siempre deja al creyente con el culo al aire, por no decir sin Dios mediante. La Resurrección no anula la Cruz, sino que revela a Dios en la Cruz.
top YWHW
julio 28, 2013 § Deja un comentario
Es posible que aún no hayamos entendido que solo Dios puede librarnos de dios.
el dato inicial
julio 28, 2013 § Deja un comentario
Da igual cuál pueda ser nuestra expectativa. Sea como sea, el dato inicial es siempre el mismo: que los hombres vivimos de espaldas a la verdad, esto es, a lo que ocurre en verdad; que nuestro campo de visión es, ciertamente, muy estrecho. La mayoría vive pendiente de sus pequeñas cosas: que si aquel chico volverá a fijarse en ti; que si no acaba de gustarte el vestido que te compraste; que si en tu trabajo no acaban de reconocer tus méritos; que si te estás convirtiendo en un adicto a la nicodina; que si no puedes dormir porque te dijeron que eras un pedazo de sebo andante… Mientras tanto, de aquí a un millón de años solo habrán bacterias sobre la superficie de la Tierra. Lo cierto es que existimos en tiempo de prórroga. Y nosotros a lo nuestro: como si no hubiera muerte ni desdicha. Vamos deambulando de aquí a allá sobre la base de nuestras ridículas «certidumbres»: ahora vamos al mercadillo, ahora a tomar una coca-cola, ahora al trabajo, ahora a colgar las mismas fotos de siempre del Facebook, luego a la disco… Pero la gran pregunta, a saber, de qué va todo esto, sigue sin respuesta.
más tautologías
julio 27, 2013 § Deja un comentario
Si el Dios bíblico es el Dios de los pobres, entonces no es nuestro Dios. Si solo los pobres son capaces de Dios, entonces nosotros —los satisfechos— no somos capaces de Dios. Este debería ser el punto de partida de nuestro estar ante Dios. Un creyente occidental lo primero que debería preguntarse es cómo aquel chico del metro de Moscú —aquel desgraciado que se pasa el día esnifando pegamento— puede decir honestamente que Dios, en el fondo, nos quiere. Para nosotros esa es su fantasía, su delirio. Pero no para él. Para él, Dios tiene que amarnos. Pues probablemente, ese chico no sea en verdad más que su estar incondicionalmente sometido a este tener que ser de Dios. Aun cuando fantasee con Dios.
K
julio 26, 2013 § Deja un comentario
Hagas lo que hagas, nada nunca será como antes. Las ficciones que mueven nuestra vida sugieren lo contrario. Que todo tiene que seguir siendo como al principio o, incluso, mejor. La lucidez, ciertamente, no admite el lecho de Procusto del mito. De ahí que la pregunta no sea qué mito podrá soportar nuestra existencia, sino cómo enfrentarse al paso de los días. Pues no hay imagen que pueda contra la erosión del tiempo.
padre de familia
julio 26, 2013 § Deja un comentario
La mayoría de las familias son simples empresas, tugurios sin aire. Una familia común es un montón. Los padres, ya sin apenas nada que contarse, se limitan a hacer de padres, a cumplir con su trabajo, mientras los hijos son seducidos por los cantos de sirena del mundo exterior: tus padres son unos fracasados y tú eres un rapero genial; tu chola está loca por ti y tus amigos nunca te traicionarán. Solo hay que ver cómo andan los hijos adolescentes junto a sus padres en una mañana dominguera. Esos chicos sudan desdén, desprecio, incluso asco hacia quienes les dan de comer. Ya nadie (o casi nadie) quiere ser como su padre. Hay que ser muy imbécil para creer que los vídeos de MTV te sacarán del pozo del hogar.
transición
julio 26, 2013 § Deja un comentario
La dificultad moderna con respecto a la fe acaso resida en el hecho de que un individuo en modo alguno puede llegar a sentirse criatura. Pues el individuo como tal es, precisamente, un separado, un arrojado, un arrancado. Un individuo no es capaz de llamar sinceramente a Dios, papá.
misiones
julio 25, 2013 § Deja un comentario
El espíritu misional va con el evangelio. Id y anunciad... Ahora bien ¿qué se trata de anunciar? Como es sabido, el cristianismo se expandió con la Cruz y la espada. Quienes fueron evangelizados en el espíritu de la cristiandad, fueron convencidos con los argumentos de siempre: el Dios verdadero es, sencillamente, el más poderoso. Ocurre aquí lo que ya ocurría en los tiempos bíblicos: que los pueblos derrotados abandonaban a sus dioses como quien deja de contratar una compañía de seguridad… que no da seguridad. Obviamente, esta evangelización —la que se limita a exponer las sentencias del catecismo sin el background de sufrimiento y violencia que las hace inteligibles— no tiene sentido y menos en un mundo que admite la pluralidad cultural. Por eso, hoy en día el espíritu misional o es evangélico o, simplemente, no tiene razón de ser. Esto es, o se dirige a los pobres o no es evangélico, sino cultural. Pues, lo que hay que anunciar es que el Mal no tiene la última palabra. Que en nombre de Dios es posible salir con vida de un mundo sin piedad, un mundo de violencia y muerte. Ahora bien, esto solo pueden aceptarlo quienes habitan, precisamente, en los pozos de miseria de este mundo, quienes han perdido toda esperanza en las posibilidades del hombre. (Otra cuestión es si el cristianismo habría sobrevivido sin cristiandad. Pero esta es, efectivamente, otra cuestión.)
entender un poco más el cristianismo
julio 24, 2013 § Deja un comentario
Una cosa es entender esto de la trascendencia del lado del hombre y, en este sentido, estaremos situados en la óptica de la sensibilidad religiosa. Pero otra cosa es entender esto de la trascendencia del lado de Dios. Pues, acaso el hombre sea en última instancia la trascendencia —el destino— de Dios. Como si Dios solo pudiera realizar su divinidad como hombre. De ahí que Dios ame al hombre, esto es, vaya en su busca. Y quien entiende esto —quien puede integrar esta visión en su modo de ser—, entiende de qué va esto del cristianismo y, de paso, por qué el cristianismo, en definitiva, no es, estrictamente hablando, una religión, sino una carga de profundidad en la línea de flotación de la religión.
chimpancés
julio 24, 2013 § Deja un comentario
Dejando a un lado la necesidad de satisfacer nuestros impulsos más o menos elementales, lo cierto es que la mayoría, en el fondo, vive a lomos de una sola pregunta: ¿a quién le gustaré? ¿Quién me confirmará en lo que valgo? Pero esta no es la pregunta que nos saca de las casillas de la bestia, sino ¿cómo podré satisfacer mi deuda? El problema, mejor dicho, el síntoma es que, de entrada, no creemos que estemos en deuda con nadie.
la transformación
julio 23, 2013 § Deja un comentario
Todo con el tiempo acaba siendo otra cosa. El éxito es siempre un malentendido. El amor termina siendo un oficio, un buen oficio, en el mejor de los casos. Grégoire Ahongbonon, después de cien mil locos, dejará de ver a Dios atado a los árboles… aun cuando siga desatándolos. Jesús de Nazareth, el que tuvo a Dios de su lado, murió como un abandonado de Dios. De hecho, ni siquiera llegamos a poseer el sentido de una vida que se encuentra por entero sometida a Dios. Ya fue dicho: al fin y al cabo, somos siervos inútiles. La verdad de lo que hacemos en verdad no nos pertenece, Hay que hacer lo que hay que hacer. Y del significado, ja en parlarem.
incarnatus est
julio 23, 2013 § Deja un comentario
¿Qué significa la encarnación de Dios? Pues que Dios se pone en manos de los hombres. Que haya Dios depende que sigan habiendo seguidores del Crucificado: los Pere Claver, los Oscar Romero, los Grégoire Ahongbonon… Esto es cristianismo y lo demás es religión.
evolución (y 2)
julio 23, 2013 § Deja un comentario
De aquí a cien billones de años es posible que tan solo hayan piedras por ahí. Tendrán razón los idólatras de que Dios, al fin y al cabo, es una piedra. O los creyentes, cuando afirman que el Dios verdadero puede morir… en manos del hombre.
evolución
julio 23, 2013 § Deja un comentario
Es difícil imaginar que sigan habiendo humanos de aquí a cien billones de años, pongamos por caso. O bien, la humanidad acabará extinguiéndose como lo hicieron los dinosaurios, o bien acabará siendo otra cosa. En cualquier caso, ¿qué ocurrirá con Dios donde desaparezcan sus testigos? El Dios de la Biblia —el único que merece el nombre de Dios— no es un ente, una piedra, un fenómeno extraordinario… que pueda darse con independencia del hombre. Dios no es sin el hombre —pues Dios es aquel que va en busca del hombre—, del mismo modo que el hombre no es sin que eche en falta a Dios. (Y en este sentido no es casual que Pablo, entre otros, comprendiera, acaso mejor que nosotros, que el acontecimiento de la Cruz o poseía una dimensión cósmica, aun cuando no pudiéramos imaginar el cómo de esta dimensión, o el sacrificio de Dios permanecería engullido por un tiempo infinito.)
autre oui
julio 22, 2013 § Deja un comentario
Dice Levinás que la revelación de la alteridad va con el descubrirse rehén del otro, de su hambre, de su inalcanzable pobreza. Aquí, sin embargo, uno debe preguntarse si en verdad somos rehenes o, simplemente, nos parece que lo somos. Esta es, quizá, la gran cuestión que nos plantea la Modernidad. De ahí que el desprecio que muchos cristianos sienten ante el esfuerzo de la reflexión sea un modo , ciertamente piadoso, de cavar la tumba del cristianismo. Pues una fe que no sepa responder a las cuestiones que le plantea el paganismo es una fe que no está al servicio de la verdad de las vidas que cuelgan de una cruz, sino al servicio de la necesidad narcisista de la propia justificación.
misa diaria
julio 21, 2013 § Deja un comentario
Cuando el cristianismo olvida el Gólgota —cuando la fe deja atrás el background de oscura violencia en el que arraiga— se vuelve, sencillamente, ininteligible para quien tenga dos dedos de frente. Mejor dicho, se vuelve mito. O, lo que acaso sea peor, un cristianismo chirucaire, con la excusa de la autenticidad. Decir, por ejemplo, que Jesús, un crucificado, sea la esperanza de los hombres es algo que nosotros honestamente no podemos admitir, nosotros que aún confiamos en nuestras fuerzas. A menos que estemos ahí, a pie de Cruz, como quien dice, difícilmente podremos ser alcanzados por el valor soteriológico de la escena del Gólgota, el cual es más físico que metafísico. En su lugar, tendremos un cristianismo que admite un acceso directo a la divinidad, entre otros igualmente legítimos, un cristianismo en donde el Crucificado será, a lo sumo, un modelo de vida que tuvo un mal final porque los hombres no podemos soportar demasiada bondad (sic)… De ahí a que el cristianismo se limite a la promoción de las buenas costumbres hay ciertamente un paso. Tan solo hace falta escuchar los sermones dominicales de la mayoría de las parroquias de nuestro entorno para darse cuenta que lo de menos es el escándalo de la Cruz.
ultrasonidos
julio 20, 2013 § Deja un comentario
Para muchos, lo sobrenatural es, sencillamente, lo que aún no podemos percibir. Pero eso por sí solo no tiene nada de sobrenatural. Pues nadie en su sano juicio creerá que los ultrasonidos, por el simple hecho de que no podamos captarlos, son algo de otro mundo. La cosa parece ser distinta cuando esos ultrasonidos son, pongamos por caso, las voces de los muertos, voces que, supongamos también, se dirigen a nosotros con la intención de prevenirnos o animarnos. Pero solo lo parece. Pues, bastaría con que nos acostumbrásemos a ellas para que dejaran de estremecernos.
contra el relativismo religioso
julio 19, 2013 § Deja un comentario
Dios en verdad no admite puntos de vista. Dios no es como un paisaje que puede ser contemplado desde una óptica u otra. Dios en verdad no admite puntos de vista, pues Dios es, literalmente, invisible. Un creyente siempre echa a Dios en falta —un creyente siempre nota a flor de piel la falta de Dios— y, por eso mismo, un creyente tan solo posee de Dios la obligación indiscutible hacia el hermano. Ciertamente, tú puedes sentir esta obligación o puedes no sentirla. Pero ello en realidad no habla de la obligación, sino de ti.
kurt
julio 19, 2013 § Deja un comentario
Dice Pere Casaldáliga, en verso preciso y memorable: todo es relativo, menos Dios y el hambre. Podríamos, sin embargo, añadir una nota al pie. Pues si Dios no se da relativamente —si Dios, en verdad, no admite puntos de vista— es porque el hambre es un absoluto.
tautologías varias (1)
julio 17, 2013 § Deja un comentario
El lenguaje suele decir más de lo que parece a simple vista. Por ejemplo, cuando hablamos de compromiso. Por defecto, un compromiso es un compromiso. Ahora bien, quien escucha atentamente lo que acabamos de decir, entiende que no estamos ante una simple tautología. Entiende que nadie puede humanamente comprometerse sin que dicho compromiso sea en cierto modo un compromiso entre las partes. Esto es, que no hay ética sin política. O, por decirlo con otras palabras, que no hay integridad sin habilidad.
bullshit
julio 16, 2013 § Deja un comentario
Bien pensado, las obras que han tenido gran influencia en Occidente, desde la Metafísica de Aristóteles hasta Ser y Tiempo de Heidegger, pasando por esos tochos que son las tres criticas de Kant y la Fenomenología de Hegel, han sido obras de difícil intelección. Las vías de su influjo, más que notable, sin duda, son por tanto sinuosas. Un panfleto nunca ha dado mucho de sí, por mucho que el hombre de la calle exija, una y otra vez, letra gruesa. Un panfleto es bullshit. Por consiguiente, conviene sospechar de una excesiva claridad, pues como decía Bertrand Rusell, la claridad probablemente sea la excusa de los que no tienen nada qué decir. Quien expone con excesiva claridad las cosas de la vida es que algo se ahorra de esa misma vida. Ahora bien, en buena lógica, de ello no se deduce que lo difícil sea, de por sí, verdadero.
cosas de mayores
julio 13, 2013 § Deja un comentario
—pero ¿cómo puedes preferir dedicar tu vida a esos hijos de puta?
—bueno, de hecho, no es lo que prefiero…
—¿a no?
—no. Lo que a mi me gusta es rascarme los sobacos.
—entonces, ¿por qué haces lo que haces? ¿Es que no quieres disgustar a papá?
—no estoy seguro… Supongo que si hiciera lo que de hecho prefiero hacer, ya no sería quien soy. No creo que tenga dónde elegir. ¿Tienes un pitillo?
postrimerías
julio 13, 2013 § Deja un comentario
En la conciencia cristiana de hoy en día queda muy poco, si es que queda, de esa esperanza escatológica, tan arraigada en las primeras comunidades, en un final de los tiempos. Pero sin esa esperanza es muy fácil que el cristianismo transforme su experiencia original de Dios en una más entre otras. Así, hay quienes se preguntan qué puede ser esa fe hoy para nosotros —como también pueden preguntárselo y de hecho se lo preguntan con respecto al Dios que se revela en la Cruz—. Sin embargo, la verdadera cuestión es si puede ser algo para nosotros, esto es, si somos de algún modo capaces de esa fe. Y es que la fe no es un saber que admita una traducción. Cristianamente, no podemos decir aquello que decían los antiguos romanos: vuestro Zeus es nuestro Júpiter. La cuestión no es por tanto la de cómo adaptar un antigua creencia a nuestro modo de ver las cosas, sino la de qué precio hemos de pagar para ver con los ojos de la fe lo que nosotros, instalados en la posición del espectador, somos incapaces de ver.
la fiesta terminará bien
julio 12, 2013 § Deja un comentario
Dios no está ahí para garantizar nuestra natural confianza en un final feliz. Cristianamente, si creemos que la fiesta terminará en paz no es porque lo demos por cierto, sino porque así lo hemos visto anticipadamente sobre la cima del Gólgota: hubo bondad en medio del infierno. De hecho, quienes proclaman verdaderamente la esperanza cristiana son aquellos que menos motivos tienen para creer en ella desde sí mismos. No da igual que yo suponga que el amor es más fuerte que la muerte —yo que aún confío en las posibilidades que me ofrece el mundo— a que lo crea esa niña del metro de Moscú que ha tenido que prostituirse una vez más para comprar un poco de pegamento. Mi creencia habla de mí. La de ella, no. Y eso que Dios no existe.
lleno de implícitos
julio 11, 2013 § Deja un comentario
Lo que sale de la tierra, te devuelve a la tierra. Es muy difícil permanecer en lo alto. Por ejemplo, sabes que debes sacar a esos niños de ahí. Pero acabas de lleno en la dispersión de los días. Moscú pasa a ser una ciudad entre otras. Por eso la necesidad de marcar los días con el hedor de las cloacas de Moscú. Necesidad de Kosher. Lo que viene de la tierra debe quedar marcado por lo alto. Recuerda de donde regresas. Luego viene el nazareno y te dice que no es malo eso de la tierra, sino solo aquello que nace del corazón del hombre. Los hippies lo interpretan diciendo que lo importante es el amor y no las formas. Pero el nazareno sabía de lo que hablaba: que no hay Ley que nos salve; que estamos podridos por dentro; que nadie quiere tomar el metro de Moscú. De ahí que el leproso se salve por su fe. Pues o aceptamos el perdón que nos cae del cielo o aquí no se salva ni el apuntador.
en la capilla del primer piso siempre hay monjas rezando
julio 11, 2013 § Deja un comentario
Del mismo modo que las tropas de Tito se sorprendieron de que no hubiese nada en el sancta sanctorum del Templo de Jerusalén, donde en principio tenía que mostrarse la gloria de YWHW, un cristiano debería igualmente comprender el estupor que supone encontrarse un Crucificado en lugar de Dios. Pues quien entre en un templo cristiano con la intención de conectarse con Dios caerá de bruces en el Gólgota: ¡un Crucificado en el lugar de Dios! ¿Es que acaso no lo hemos entendido aún? En vez de la divinidad, su ausencia. En vez de la calma, el clamor. En vez del pleroma de Dios, un abandonado de Dios. ¿Quieres encontrarte con Dios? Pues ahí tienes, colgando, todo cuanto nos queda de Dios. De ahí que el templo deje de ser cristiano cuando sustituimos la Cruz por un póster chulo o por, lo que acaso sea peor, la figura de un nazareno en la posición del loto.
Ariel
julio 10, 2013 § Deja un comentario
Una de las metáforas favoritas de la religión es la de la mancha. Tarde o temprano, los hombres, sea de facto o «de corazón», terminamos haciendo algo que deja en nosotros una mancha indeleble: traicionar a un hermano, abusar de una niña, matar. ¿Es posible ir hacia atrás, restaurar la posición originaria? ¿Cómo borrar la mancha? Los mancillados sueñan con la pureza. Para ellos, el volver a nacer es cuestión de vida o muerte. En el supermercado religioso, hay mil rituales que simbolizan la restauración. Por un lado, la plata. Por otro, la ganga. Se trata, en definitiva, de ver cuál de ellos lava más blanco. Sin embargo, los tiros cristianos de la liberación no parece que vayan por ahí. Cristianamente, no parece que se trate de liberar al culpable del sentimiento de culpa, sino de restablecer los vínculos que el crimen ha roto. No se trata, pues, de la pureza, sino de la reconciliación. Ahora bien, la reconciliación solo puede darse como perdón de la víctima y el perdón no borra la mancha, sino que la besa, como quien dice. De ahí que la «resurrección de los muertos» no se entienda cristianamente como una operación de limpieza en la que el alma se desprende definitivamente de las taras del cuerpo, sino como una elevación de la carne. El verdugo sigue soñando con sus víctimas, a pesar del perdón. Ahora bien, solo porque la mancha en cierto modo sigue ahí —solo porque las víctimas del ayer se le aparecen en las víctimas del hoy— puede ponerse, esta vez, en sus manos. «Resurrección» significa, pues, una segunda oportunidad. Es cierto que las heridas cicatrizan. Pero las cicatrices crecen con nosotros.
Ex 24,7 (2)
julio 9, 2013 § Deja un comentario
Quien ha entendido la respuesta de Israel a Moisés a pie del monte Horeb —primero obedeceremos y luego comprenderemos— entiende que Dios no nos sale al paso al modo de una presencia numinosa o como si de una fuerza irresistible se tratase. Dios nos sale al paso como mandato de Dios. En consecuencia, Dios no nos sale al encuentro como dios. El creyente no obedece a Dios porque haya comprendido las ventajas de obedecerle, porque se haya hecho una idea adecuada de Dios, porque haya podido ubicarle, aunque sea en el fondo de su alma. Obedece porque se encuentra en la situación de aquel que debe responder sin excusas a quien clama por Dios (en el doble sentido de la preposición), la situación o, mejor dicho, el momento en el que hay que sacar al hermano de pozo. No hay cosmovisión —no hay karma— que pueda integrar el carácter intolerable del sufrimiento de las víctimas. Ellas son, precisamente, las elegidas para dar testimonio de Dios, pues solo ellas echan a Dios en falta. Tan solo ellas padecen en carne viva su trascendencia, su altura, su deber ser. Dios se manifiesta en el rostro de los sin Dios. En nombre de Dios, el sufrimiento de las víctimas es, por tanto, lo único que nos concierne incondicionalmente y no la posibilidad de estar por encima de dicho sufrimiento, aunque se trate de una posibilidad garantizada por las técnicas de la ascésis, la luz postmortem o la energía supercuántica. Cree, por tanto, aquel que se encuentra bajo la indefectible voluntad de Dios y no bajo su protección o amparo. Ahora bien, no deja de llamar la atención que eso que confiesa Israel sea, precisamente, lo que no será capaz de hacer. Israel sabe que debe obedecer, pero al mismo tiempo sabe que será incapaz de hacerlo tal y como Dios manda. De ahí que la situación del creyente no coincida exactamente con la del justo. El justo no cree. El justo, en cualquier caso, creyó. Y por eso Israel puede encontrarse donde se encuentra.
Ex 24,7
julio 9, 2013 § Deja un comentario
A pie del Sinaí, Israel responde a Moisés con una declaración que constituye algo así como el núcleo duro de la espiritualidad judía: naase ve nishma. Las traducciones habituales del versículo en las Biblias cristianas simplifican en exceso el pasaje, pues ellas suelen decir más o menos lo siguiente: «obedeceremos y haremos lo que dice el Señor», cuando una traducción más ajustada al original debería indicar una inflexión cualitativamente diferenciada entre los verbos: primero obedeceremos y luego entenderemos (o nos haremos cargo o caeremos en la cuenta). La simplificación quizá obedezca a nuestra dificultad para aceptar una obediencia ciega. ¿Acaso no somos nosotros los primeros en preguntarnos por el sentido de lo que hacemos? ¿Acaso nuestra idea de libertad no exige un porqué antes de ponernos manos a la obra? Una obediencia sin porqué, ¿acaso no cae en las agitadas aguas del irracionalismo fundamentalista? Pero, no van por ahí los tiros de la experiencia veterotestamentaria de Dios. El conocimiento anticipado del porqué no sostiene la obediencia al mandato de Dios. Si así fuera, Dios no podría ser reconocido como Señor. De hecho, la relación es inversa: porque obedecemos, comprenderemos. Primero la obediencia a Dios y luego veremos de qué va nuestro tener que decir algo acerca de Dios. Ahora bien, esto no hay que entenderlo como si simplemente un padre le dijera a su hijo que ya comprenderá mas adelante la importancia de comer esas legumbres que tan poco le gustan…, pues Israel hace ya un tiempo que ha dejado de ser un niño. El significado del versículo es más profundo. En verdad apunta a la raíz de la experiencia misma de Dios, la cual no se da, precisamente, como poder, aun cuando así lo entendiera inicialmente Israel, en el momento de la liberación de Egipto. Un poder es algo que podemos constatar. Pero la realidad de Dios no es, precisamente, la de un poder constatable. Al contrario, Dios no se da como una posibilidad —la figura de la zarza que, a pesar de arder, no se consume, ya nos indica que Dios es «imposible»—, sino como demanda infinita, como mandato insatisfacible, al tiempo que insoslayable, como Ley… de Dios. La obediencia ciega que Dios reclama no es, por tanto, a sí mismo —esto sería talibán—, sino a su Mandato. Hay que comprender esta aparentemente sutil diferencia para comprender de qué va esto de Dios. En nombre de Dios, ¡hay que obedecer a la Torá antes que a Dios! Quien comprende esto, comprende el hard core de la fe monoteísta. Quien no lo entiende —quien pretende tener algo así como un acceso directo a Dios, quien cuenta con su presente—, tarde o temprano hará de Dios un dios a su medida, un ídolo, una explicación. Y es que el acceso a lo que nos concierne incondicionalmente, por decirlo a la manera de Paul Tillich, no se da bíblicamente en el orden del saber. En realidad, aquello que podemos llegar a saber, por el simple hecho de saberlo, en modo alguno puede dársenos como aquello que nos concierne incondicionalmente. Incluso donde eso que hay que saber sea el poder de la bondad o cosas por el estilo. En realidad, lo que nos concierne incondicionalmente no es algo a lo que podamos acceder de un modo u otro, sino que es algo que, por el contrario, «accede a nosotros», como interrupción de todo cuanto constituye nuestra posibilidad —como quiebra de nuestro mundo—. Y lo único que puede darse así es, precisamente, el imperativo de Dios, aquél que nos convierte repentinamente en rehenes del pobre. Lo absolutamente primero —o, si se prefiere, lo último— no es, pues, un poder o una sustancia que pueda provocar nuestra epidermis o nuestra mente. Lo primero no es algo de lo que podamos hacernos una idea, aunque sea imprecisa. Lo primero —aquello en lo que siempre nos encontramos aun sin saberlo— es la orden de sacar a tu hermano del hoyo. Lo primero es lo absolutamente intolerable del hambre, de la violencia, de la orfandad. No se trata, sin embargo, de un impulso ético a secas, aun cuando, ciertamente, haya mucho de ética aquí. El impulso ético se detiene ante lo imposible. Tiene que hacerlo. Nada se nos exige moralmente cuando es altamente improbable que podamos conseguir lo que inicialmente se pretende. Aquí Israel se encuentra en la situación de quien debe sacar a su hermano del hoyo, sí o sí, esto es, aunque no pueda. Más aún: cuanto menor sea la posibilidad, mayor será el deber, la urgencia, la necesidad. Un creyente no es, por tanto, aquél que de entrada supone algo de Dios y obra en consecuencia, sino aquel que, precisamente, por no poder hacerse una idea de Dios —por sufrir la ausencia de Dios, por echar a Dios en falta— se encuentra de bruces con la urgencia de los estómagos vacíos, de la vida de perro de los esclavos de Egipto, de los niños que habitan como ratas en las cloacas del metro de Moscú. Hay que sacar a esos niños de ahí. Esto es lo absolutamente primero y nada más. Mejor dicho: tú y no otro debes sacarlos de ahí (por eso el Dios de Israel solo puede declinarse personalmente.) Y luego, cuando acabe todo esto (es decir, la historia), ya hablaremos de Dios. En nombre de Dios, pues, Dios nunca fue el tema (de Dios).
Babi Yar
julio 8, 2013 § Deja un comentario
Según una tradición jasídica, sólo hay un día en el que nuestras plegarias, siempre y cuando nazcan de lo más hondo, penetran los cielos. Ese día es el día del Yom Kipur. En ese día fueron asesinados, precisamente, los judíos de Kiev. Dicen que llegaron a ser unos cincuenta mil, un tercio de los cuales eran niños. Los cuerpos caían desplomados sobre la fosa de Babi Yar. Uno tras otro, durante días. Algunos aún respiraban. Y nosotros todavía pretendemos orar como quien descuelga el teléfono. De ser honestos, deberíamos admitir ante Dios mismo nuestra incapacidad de Dios. De ahí que, si se trata de dirigirse a Dios, acaso uno no pueda hacer más que incorporar en su plegaria las voces —el clamor— de quienes no fueron otra cosa que su invocación.
Isaac
julio 7, 2013 § Deja un comentario
Una vez más, el desconcierto que provocan ciertos pasajes bíblicos, por no hablar de indignación, desaparece donde uno sabe cómo hay que leerlos. Me refiero, por ejemplo, al pasaje en donde YWHW manda sacrificar al hijo de Abraham, Isaac. Aparentemente, la enseñanza es simple: el creyente es aquél que está dispuesto a obedecer cualquier mandato que proceda de Dios. Y, en principio, esto es así. Ahora bien ¿es que Dios exige del creyente que se comporte como un autómata, como alguien que cumple las órdenes sin rechistar? No exactamente… Veamos de qué se trata en realidad. Isaac es, estrictamente hablando, un hijo de Dios, esto es, un hijo debido a Dios, pues, tal y como la Biblia insiste, Abraham y Sara eran ya ancianos cuando conciben a Isaac. ¿Cómo entender esto sin hacer de Dios una explicación, un ser que interviene alterando la ley natural? Según la Biblia, los hombres solo pueden caer en la cuenta de todo cuanto le deben a Dios allí donde, casi literalmente, nos les queda vida por delante, donde nada de lo que les pueda ocurrir significativamente podrán ya admitirlo como suyo, aun cuando la explicación, obviamente, solo pueda ser «humana». Por tanto, la primera moraleja del pasaje podríamos formularla más o menos así: el fruto de Dios, la vida debida a Dios, en modo alguno puede ser reconocida como una posibilidad del hombre, aun cuando en el orden natural de las cosas ese fruto sea perfectamente explicable. Por eso decimos que todo aquello que es de Dios —todo cuanto es debido a Dios— se nos da dentro de tiempos terminales, los tiempos en donde los hombres ya no pueden sensatamente confiar en sus posibilidades dentro del mundo. Todo cuanto es de Dios se revela en sus tiempos y los tiempos de Dios son los tiempos en los que el hombre ha capitulado ante sí mismo. Ahora bien, el texto, sin duda, va más allá. Pues aquello que ya no podemos concebir como nuestra posibilidad, se nos da bajo la exigencia de lo que debe ser preservado en nombre de Dios. Honestamente no podemos apropiarnos de lo que hemos recibido, pues lo recibido es, en tanto que don, un tener que preservar. De ahí que el creyente esté ante la vida que le ha sido dada como aquél que debe responder por ella. Sin embargo, si esto es así —que lo es—, entonces ¿cómo puede Dios reclamarnos lo que nos ha sido dado? ¿Es que en realidad no nos lo da? En principio, la lógica religiosa es una lógica del do ut des, una lógica del te doy para que me des. Y, aparentemente, Dios exige aquí una correspondencia. Lo que te ha sido dado es, en realidad, una deuda. Lo debido es, literalmente, lo que uno debe. Tú debes corresponder con el dador en la misma medida y con la misma moneda. Ahora bien, el pasaje resulta de lo más extraño, si tenemos en cuenta que un hijo, en la época de Abraham, no representaba lo mismo que ahora. En mayor medida que hoy en día, un hijo garantizaba el futuro de los padres. Una pareja estéril era un desgracia —un desarraigo—, pues solo un hijo podía garantizar el arraigo de los padres en el mundo. Y si Dios, con Isaac, saca a Abraham y a Sara de la desgracia, ¿cómo puede entonces exigirles que sacrifiquen a Isaac? ¿Acaso YWHW juega con ellos? Así lo parece. Pero tendremos, una vez más, que leer entre líneas. Por un lado, tal y como hemos dicho, vemos que un creyente ha de estar dispuesto a «devolver» lo que le ha sido dado, a saldar su deuda con Dios, esto es: un creyente no puede reconocer como suyo lo que en verdad ha recibido de lo alto. Por otro, sin embargo, vemos que Dios no admite la «devolución»: Dios, por medio de su ángel, detiene el brazo de Abraham. La conclusión es directa: Dios no admite la relación religiosa del hombre con Dios, aquella que se inscribe dentro de la lógica del do ut des. Así pues, en nombre de Dios, el hombre no debe relacionarse religiosamente con Dios. En nombre de Dios, la única obligación ya no es con Dios, sino con el don de Dios. O, por decirlo gráficamente, el bloqueo del canal vertical por parte de Dios, nos obliga a una horizontalidad infinita. Estamos, de hecho, ante una constante bíblica, la que se expresa por medio del recurrente no quiero sacrificios, sino justicia. Por todo esto, quien simplemente ve en el pasaje del sacrificio de Isaac un Dios que juega con Abraham se encuentra lejos de ver las cosas de Dios tal y como son.
consuelos
julio 5, 2013 § Deja un comentario
Una cosa es creer que Dios te consolará y otra sospechar que lo que te consuela es la creencia de que Dios te consolará. En el primer caso, das por hecho que hay un Dios por ahí y que tarde o temprano se centrará en ti o, simplemente, te hará caso. En el segundo, pones en duda que papá esté en el piso de arriba. Y si nadie está ahí para consolarte, lo que consuela es la ilusión de que haya alguien ahí. Ahora bien, entre una cosa u otra —entre la ingenuidad del niño y la hiperreflexividad del moderno— tenemos al creyente, a aquel que espera que al fin haya bondad —consuelo— en nombre de Dios. Ahora bien ¿qué significa lo que acabamos de decir? Supongamos un padre con tres hijos. El padre viaja con frecuencia y apenas para por casa. Los hijos, por su parte, se pelean continuamente. Su vida es muy triste y dura. A pesar de que apenas ven a papá, saben que está por ahí, que pueden enviarle mensajes por el móvil sin creer que están haciendo el ridículo. Papá no es muy hábil con la tecnología y, por eso, no contesta a los whatsapp. Pero los hijos saben que los recibe. «Papá, cuando vengas ¿nos traerás un regalo?» Los hijos esperan que haya un día en que puedan vivir felizmente bajo la presencia de papá. Pero el padre lleva años sin venir, de tal modo que comienzan a sospechar que quizá ya no tengan padre. ¿Tiene sentido que le sigan enviando whatsapp? El primer hijo dice «papá ha muerto» y apaga el móvil. El segundo, por su parte, sigue enviándole absurdamente mensajes como si papá estuviera vivo, pues siente que cuando deje de hacerlo, papá se «perderá para siempre». Solo el tercero cae en la cuenta de que el regalo de papá es, precisamente, su pérdida, pues solo desde ella podrán, al fin, abrazarse. Como si, en definitiva, el consuelo de Dios —el consuelo debido a Dios— fuera el que podemos darnos los unos a los otros en nombre de un padre que ya no está para intervenir.
los niños del metro de Moscú
julio 3, 2013 § Deja un comentario
En los recovecos del metro de Moscú, viven miles de huérfanos. Son los niños-perro, las bestioletes de las profundidades. Quien quiera entender de qué va el cristianismo, que se pregunte simplemente a qué le obliga la mirada perdida de cualquiera de ellos, al tiempo que soporta sobre su espalda la impiedad de un mundo sin Dios y, por consiguiente, el fracaso de cualquier intento de sacarlos de ahí. Pues, como los malditos de Auschwitz, nadie escapa en verdad del infierno. Si hay resurrección, ésta siempre es de los muertos.
historia de dos ciudades
julio 3, 2013 § Deja un comentario
¿Qué ciudad ha hecho mejor a los hombres, Atenas o Jerusalén? No es una mala pregunta. También podríamos preguntarnos griegamente, si lo que ocurre bajo catástrofe tiene que ver con nosotros, los hombres. Y si no fuera así, aún cuando fuese algo verdadero, ¿hasta que punto, precisamente, podríamos llegar a interiorizarlo? No en vano, Ireneo de Lyon decía aquello de que la Encarnación, incluyendo su mal final, hizo posible la divinización del hombre. Pero ¿quién podrá preferir pagar ese precio? ¿Acaso no somos los que en modo alguno podemos preferir lo que en el fondo anhelamos?
fraternidad
julio 3, 2013 § Deja un comentario
Dios tuvo que morir en la Cruz para restaurar la fraternidad entre los hombres. Es a pie de Cruz que se nos revela que tan solo nos tenemos los unos a los otros. Como si, al fin y al cabo, únicamente pudiéramos reconocer nuestra común filiación allí donde padecemos una y la misma orfandad.
bandera blanca
julio 2, 2013 § Deja un comentario
Fe es capitulación. Pues sin capitulación ¿quién podrá decir Señor? Sin rendición, no hay redención.

