nietzscheanas 1
abril 28, 2010 § Deja un comentario
Nihilismo, esto es, nada por detrás —o por debajo— de nuestros grandes ideales. Nada verdadero que los sostenga. Nada que represente aquí lo que vale en verdad allí. Ningún más allá que quiebre el primado de la tautología, que nos permita ver que una rosa puede no ser una rosa. Nuestras grandes palabras sobre la bondad, el amor…, al fin y al cabo, no responden a la Bondad o al Amor. La Bondad —el Amor— como espejismo, como ilusión. Todo aquello que mereció nuestra ciega confianza —todo aquello que encarnó un Sí inobjetable— se revela hoy como algo indigno de nuestra fe, como algo aún demasiado humano como para obligarnos a hincar nuestras rodillas. Puede que la fe nos convenga —puede que humanamente no podamos dejar de confiar—. Pero eso tan solo revelaría la fe como conveniencia, como artificio, como infancia. La Nada —y no Dios— sería el gran descubrimiento. La Nada como última instancia. La Nada como verdad. ¿Qué descubre, por tanto, quien des-cubre la verdad? ¿Qué encuentra quien hurga en las apariencias? ¿Qué de extraordinario? Nada verdadero ahí, sino, en cualquier caso, la verdad misma de la nada. Ninguna Bondad por detrás de cada hombre bueno, ningún Amor por debajo de quienes dicen amarse. Tan solo reacciones, efectos, fuerzas. Lo que se manifiesta como la bondad de los hombres buenos —o el amor de los amantes— no es ni la Bondad ni el Amor, sino su idea, su ídolo, su ficción. Platón buscó en vano, pues la idea no posee entidad. Descubrir la verdad sería, pues, desenmascararla. Como si hubiéramos caído del caballo al ver que el estrecho abrazo de Madre Teresa no es más que el abrazo de una mujer llena de ebriedad.