etimología
julio 7, 2010 § Deja un comentario
La palabra «ángel» significa, originariamente, «la voz —el mensajero, el medio— de Dios». Pero también, y quizá por eso mismo, algo ajeno, extraño, extranjero… Esto, sin embargo, podemos entenderlo de dos modos: o bien religiosamente; o bien bíblicamente. En el primer caso, el ángel provocaría el extrañamiento del hombre. Un ángel sería, en este sentido, un ente extraño. En el segundo, el extraño —al fin y al cabo, el extranjero, el paria, el desarraigado…— sería propiamente un ángel de Dios, su vestigio, su huella. Es obvio que no estamos hablando de lo mismo. El primer modo de ver un ángel es el propio de la infancia, pues como sabemos, el Mundo, para un niño, está lleno de presencias animadas. El segundo, en cambio, se impone cuando ya no podemos seguir siendo unos niños, esto es, cuando el Mundo deja de hablarnos y se muestra como lo que en definitiva es: un simple sistema de fuerzas, a veces, hostiles. Para un judío, como es sabido, no cabe una relación directa —sacrificial— del hombre con Dios. Toda relación con Dios es siempre una relación con el ángel de Dios. Pero en bíblico el ángel de Dios es, literalmente, lo que queda de Dios. Y lo que queda de Dios —ese resto— cuando ya no queda nada visible de Dios es la garganta del paria como la garganta misma de Dios. Lo dicho, huellas.