pureza racial

julio 6, 2011 Comentarios desactivados en pureza racial

Parece que hay como dos posibilidades. La de quienes están convencidos que es posible alcanzar la integridad —o como suele también decirse, una coherencia vital— y la de quienes no. Estos últimos dan por descontado, probablemente porque lo han vivido de cerca, que siempre le daremos la espalda a esa verdad que podamos llegar a reconocer. Así, quizá caigamos en la cuenta de que la vida nos ha sido dada, como quien dice, pero que en cualquier caso acabaremos existiendo como si la poseyéramos. O que en verdad estamos en deuda con quien nos quiere, pero que de hecho acabaremos traicionándole… aunque solo sea en sueños. Pues bien, los primeros creen que solo podemos dar lo mejor de nosotros mismos donde alcanzamos la pureza del ideal. Son los hombres y mujeres de sensibilidad religiosa. Algunos de los segundos, en cambio, creen que la única elevación se da —de darse— en medio del fango en el que andamos metidos hasta las cejas. Son los evangelistas. De hecho éste es el escándalo: que la puta que fue capaz de abrazar a su cliente por compasión esté más cerca de Dios que las vírgenes de los templos. Como si la vida de Dios solo pudiera acontecer entre aquellos que no están a su altura. Como si el único Dios fuera el que decidió embrutecerse con nuestras deposiciones.

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