lux perpetua (2)

agosto 2, 2011 Comentarios desactivados en lux perpetua (2)

Supongamos que es cierto que existe la luz que transfigura la existencia. Que la convierte en una emanación de la bondad. Cuanto menos hay por ahí suficientes hombres y mujeres que dicen haber tenido este tipo de experiencia como para que podamos razonablemente suponerlo. ¿Deberíamos concluir que Dios existe? ¿Que quien sufre la iluminación se encuentra poseído por Dios? De momento, parece ser que las conexiones con esa luz dependen de condiciones que no acabamos de controlar. Pero supongamos también que, con el tiempo, encontramos una vía más accesible. Supongamos que la transfiguración se convirtiera en algo que podemos lograr fácilmente… como cuando uno se opera la nariz o las orejas. ¿Creeríamos que se trata de algo tan extraordinario, tan sobrenatural? ¿Seguiríamos hablando de la divinidad? ¿O bien diríamos algo parecido a lo que decimos hoy en día a propósito de los antiguos endemoniados: no es el demonio, es la epilepsia? Ahora bien, si Dios fuese algo, aunque se tratase de algo tan etéreo como la luz, entonces deberíamos contar con esta posibilidad. De hecho, muchos de los viejos chamanes estaban convencidos de que era posible una acceso técnico a la divinidad: bastaban con unas cuantas dosis. Pero no parece que este sea, cuanto menos, una posibilidad para el Dios bíblico, aquél que nunca se da en el modo del presente. Y es que judíamente un ídolo no deja de ser un dios abordable y un dios abordable difícilmente merece el nombre de Dios.

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