ataraxias

agosto 13, 2011 Comentarios desactivados en ataraxias

A mi me parece que la paz interior no nos lleva muy lejos. Me explico mejor. Quien se siente formando parte de un orden más amplio —quien experimenta el sentimiento típico de la reconciliación religiosa con el mundo— no suele padecer el aguijón monoteísta. Es decir: no se siente rehén de nadie. Ya está bien donde está, aunque a menudo pueda sentirse inclinado a la compasión. Todo fluye hacia lo desconocido y el sufrimiento ajeno no es algo que, en último término, le concierna como si le fuera la vida en ello. La divinidad sabrá el porqué de los Gulags. Éste es, pues, el dato. Cualquier intento de decir que, al fin y al cabo, el monoteísmo bíblico es una variante entre otras de la religiosidad universal, debería poder explicar las diferentes actitudes vitales de, pongamos por caso, un Dalai Lama y un Mn Romero. Pues lo cierto es que ya de buen comienzo, la fe de Israel se resiste a hacer del orden cósmico la expresión misma de la divinidad. Así, la Creación no expresa a Dios, sino que propiamente se encuentra sometida a su voluntad. Esto es: el orden que podemos observar no es nada último, sino que, al igual que nuestra existencia, se encuentra pendiente de un hilo. Hay algo irresuelto en el Mundo como para que fácilmente podamos comulgar con él. O lo que viene a ser lo mismo: el cosmos, de por sí, carece de sentido. Quien perdió a sus hijos en alguno de los vuelos de la muerte —aquellos en los que los represaliados por la dictardura argentina eran arrojados vivos al mar—, no puede sentirse en paz ante la apacible inmensidad del océano. De hecho, un judío cuando ve un prado, suele ver una fosa común. Un judío no olvida que sobre el suelo de Treblinka crecieron las amapolas más bellas. Podemos también pensar que estos traumatizados han tenido mala suerte: que su trauma, precisamente, les impide sentirse reconciliados con el mundo, ver las cosas desde el punto de vista del buen dios. Pero podemos también creer que solo ellos dan testimonio de la verdad de Dios, de su extrema transcendencia, de su deber ser. En el primer caso, seremos paganos. En el segundo, monoteístas.

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