espectros

abril 22, 2012 § Deja un comentario

Es posible que haya más verdad en la superstición que en la descripción aséptica del investigador. Pues, como pone de manifiesto el psicoanálisis de Lacan, lo Real está del lado del fantasma. Y es que la verdad de la superstición no reside en su contenido —ya que solo haría falta que nos acostumbrásemos a los espíritus, de existir, para que la superstición se transformara de repente en un mayor conocimiento del mundo—, sino en el hecho mismo del temor ante lo desconocido. En este sentido, el fantasma —el espíritu, el espectro, el dios—, sería la figura de un exceso que, como tal, no puede ser integrado en el psiquismo sin que este salte por los aires. Como si, al fin y al cabo, la desmesura propia de lo real solo pudiera hacerse presente como aparición espectral. Por eso la verdad de la superstición solo puede ser conservada, una vez alcanzamos la mayoría de edad, en la superación monoteísta de la superstición y no en la transformación gnóstica del exceso de lo real en una variante cósmica de la placenta materna. Y así, Isaías entendió, tras la experiencia del exilio, que en verdad no podía haber otro Dios que el que se oculta y, por eso mismo, se muestra como intratable. Que el verdadero temor a lo desconocido —la genuina exposición a la trascendencia— no puede darse ante espíritus, pues, como decíamos antes, los espíritus aún son demasiado mundanos como para que nos obliguen a ponernos de rodillas, sino solo ante el Dios de Job, aquél que situándose más allá de lo creado, revela el sufrimiento de los hombres como lo indecible de la experiencia del mundo y, por eso mismo, el Bien como lo que no puede ser integrado en un universo en donde Bien y Mal son las dos caras del ciego movimiento de una vida no sometida al Juicio de Dios.

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