nietzscheanas 21

abril 23, 2012 § Deja un comentario

¿Y si fuera cierto que solo la vida noble —la vida que se encuentra del lado de la mera vida, la vida que no reconoce otro límite que aquél que debe ser superado, la vida tiránica— es en realidad una vida pura, inocente, verdadera? ¿Podríamos soportarlo nosotros, los que olemos nuestra debilidad porque la llevamos a flor de piel, los que arrastramos un imborrable disgusto de sí? Necesitamos creer que el no afecta a fuertes y débiles, en definitiva, que la fortaleza es una máscara, que los tiranos no poseen un genuino poder, sino que únicamente pueden en apariencia. Necesitamos saber que la impotencia nos define por entero a los nacidos de mujer. Más aún: exigimos creer que tan solo Dios puede en verdad. La fe es, así, un asunto de vida o muerte. La vida del esclavo —lo que cristianamente diríamos su liberación interior— depende, al fin y al cabo, de que el tirano no pueda ser feliz.

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