indefinición

mayo 28, 2012 § Deja un comentario

La prohibición es la matriz de lo humano, pues solo en relación con lo incuestionablemente prohibido puede darse un campo de significados, un mundo. Y es que lo incuestionablemente prohibido es, por defecto, lo que, estando ahí, en lo más íntimo de uno mismo, no puede ser admitido: el excremento, la lepra, la bestialidad. De ahí que lo inadmisible de uno mismo solo pueda ser reconocido en el enemigo, el apestado, el mal. Con respecto a lo que tiene que mantenerse en la invisibilidad, las cosas que tenemos a mano pueden ser clasificadas binariamente como sí o no, esto es, como puras o impuras, deseables o desechables. Al fin y al cabo, como representación de lo que debe mostrarse u ocultarse. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por identificarse con la imagen impoluta de sí mismo —con esa figura que tradicionalmente pasa por un dios—, el hombre permanece ligado a lo que debe ocultar de sí mismo como la imborrable posibilidad de sí mismo. Más aún como lo más real de sí mismo. Así, el hombre cree ingenuamente que puede ir perfeccionarse en la dirección de un divino modo de ser, pero su única posibilidad real es la de la regresión. Por eso mismo entendemos que no cabe una definición de lo humano. Pues una definición comporta siempre una delimitación y el hombre, en tanto que cuerpo que debe ocultar una parte de sí, no termina de ser lo que debiera. O, por decirlo con otras palabras, por ser consciente de sí mismo —por estar a una cierta distancia de sí mismo— su límite es su posibilidad. El hombre es la imposibilidad de la integridad, la inviabilidad de permanecer dentro de una determinada delimitación. En tanto que el hombre es una relación moral consigo mismo —en tanto que no debe hacer todo cuanto puede hacer—, el hombre es el cuerpo que puede ir más allá de sí mismo y, por eso mismo, trascenderse. Ahora bien, si uno solo puede reconocerse a sí mismo en relación con una determinada imagen de sí mismo, quien comprende lo anterior comprende que el hombre no podrá reconocerse en lo que en definitiva es. Si el hombre es, pues, la posibilidad de lo inhumano, el hombre es la posibilidad de dejar de ser lo que, en un momento dado, parece ser. Como si una cosa fuera su identidad, la cual siempre posee un carácter ficticio, y otra su verdad, el hecho de encontrarse entre el cielo y el infierno, el ángel y la bestia.

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