la luz va con su sombra
agosto 8, 2012 § Deja un comentario
Una verdad acerca de las últimas cosas depende siempre de quién la encarne. Pues una verdad de este calibre exige haber visto lo que muy pocos han visto, a saber, la nada que sostiene lo visible. Ahora bien, también es cierto que nadie es profeta en su tierra… aun cuando sea capaz de mostrar la cara más oculta de la verdad. Pero ¿de qué va éste? ¿Acaso no es el que va con los colgados del pueblo? De ahí podemos deducir que quien encarna una verdad no la encarna por ser quien es, al fin y al cabo alguien que hace lo que puede con lo que le ha caído encima, sino porque, desde una cierta distancia, puede representar una figura arquetípica —la del monje solitario, la de quien regresa de la batalla, la del ángel de Dios…—. Como si la verdad sin mito poca cosa pudiera hacer.