Aristóteles no tiene alma (platónica)

diciembre 22, 2012 § Deja un comentario

Para comprender qué separa Aristóteles de Platón quizá baste tener en cuenta sus diferencias con respecto al asunto del alma. Para Platón, como es sabido, somos almas encerradas en cuerpos. Es decir, el cuerpo es siempre algo extraño, algo que no nos pertenece, la situación en la que hemos caído, una celda de castigo. De ahí que, según Platón, la muerte no sea propiamente un final, sino una transición, de hecho, una liberación. No hace falta decir que esta separación entre alma y cuerpo es análoga a la separación típicamente platónica entre idea y cosa. En cambio, para Aristóteles, y en consonancia también con su metafísica, no hay alma sin cuerpo. El alma sería algo así como la forma —el modo de ser— de nuestra corporalidad. Con otras palabras, el alma sería nuestra relación, a menudo conflictiva, con nuestro cuerpo, sus inclinaciones, sus exigencias. Por eso, si hay algo que sobrevive a la muerte del cuerpo, eso ya no tiene que ver con nosotros. Como si, al fin y al cabo, fuéramos una consubstancial falta de coincidencia con nosotros mismos, esa íntima escisión que, a pesar de nuestro anhelo de infinitud, no puede resolverse en un hipotético más allá, sin dejar de ser quienes somos.

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