cuestión de fe

abril 4, 2013 § Deja un comentario

¿De dónde procede la credibilidad de los hombre de Dios, la credibilidad de un Romero, un Jon Sobrino, un Gregórie Ahongbonon…? De su convicción cuando pronuncian la palabra Dios. Ahora bien, su convicción no procede de la prueba, sino del dar por hecho que nos encontramos cabe Dios. Únicamente quien da por hecho a Dios, puede encarnarlo. Quien cuestiona a Dios —quien se pregunta por Dios— ya se encuentra por eso mismo fuera del juego de Dios, del mismo modo que un futbolista se sale del partido que está jugando cuando se interroga por el sentido de ese perseguir como poseso un balón. Dios ha de ser dado por supuesto para que pueda valer como Dios. La cuestión es si nosotros, hombres y mujeres modernos, podemos descontar a Dios.

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