la noche

mayo 5, 2015 § Deja un comentario

Un día que volvíamos del trabajo, vimos tres horcas levantadas en el recinto de llamada, tres cuervos negros. Llamada. Los S.S. a nuestro alrededor, con las metralletas apuntándonos: la ceremonia tradicional. Tres condenados encadenados y, entre ellos, el pequeño pipel, el ángel de ojos tristes. Los S.S. parecían más preocupados, más inquietos que de costumbre. Colgar a un chico ante millares de espectadores no era poca cosa. El jefe del campo leyó el veredicto. Todos los ojos estaban fijos en el niño. Estaba lívido, casi tranquilo, y se mordía los labios. La sombra de la horca lo cubría. El lagerkapo, esta vez, se negó a servir de verdugo. Tres S.S. lo reemplazaron. Los tres condenados subieron juntos a sus sillas. Los tres cuellos fueron introducidos al mismo tiempo en las sogas corredizas. ¡Viva la libertad!, gritaron los dos adultos. Pero el pequeño callaba. ¿Dónde está el buen Dios, dónde está?, preguntó alguien detrás de mí. A una señal del jefe de campo, las tres sillas cayeron. Silencio absoluto en todo el campo. En el horizonte, el sol se ponía. (Descúbranse!, aulló el jefe del campo. Su voz estaba ronca. Nosotros llorábamos. ¡Cúbranse! Luego comenzó el desfile. Los dos adultos ya no vivían. Su lengua colgaba hinchada, azulada. Pero la tercera soga no estaba inmóvil: el niño, muy liviano, vivía aun… Más de media hora quedó así, luchando entre la vida y la muerte, agonizando ante nuestros ojos. Y nosotros teníamos que mirarlo bien de frente. Cuando pasé delante de él todavía estaba vivo. Su lengua estaba roja aún, sus ojos no se habían apagado. Detrás de mí oí la misma pregunta del hombre: ¿Dónde está Dios, entonces? Y en mí sentí una voz que respondía: ¿Dónde está? Ahí está, está colgado ahí, de esa horca… Esa noche, la sopa tenía gusto a cadáver.

E. Wiesel

 


Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo la noche en la modificación.

Meta