salmo (y 2)
mayo 5, 2015 § Deja un comentario
Dirigirse a nadie no es exactamente lo mismo que no dirigirse a nadie. Hablar a nadie, arriesgándose, cada vez, singularmente, a que no haya nadie que bendecir, nadie para bendecir, ¿no es la única oportunidad de una bendición? ¿de un acto de fe? ¿Qué sería una bendición segura de sí misma? Un juicio, una certeza, un dogma.
J Derrida