el juego de las siete diferencias

septiembre 6, 2017 Comentarios desactivados en el juego de las siete diferencias

A la hora de contrastar las diferentes religiones, más que tener en cuenta el contenido de las creencias, con la intención de encontrar algo así como un denominador común, cosa que no debería suponernos un especial esfuerzo, quizá deberíamos tener presente las diferencias entre los que creen o, cuanto menos, creen que creen. El sujeto de la fe bíblica no es el mismo que el sujeto de la religión. Ambos no se hallan sujetos a lo mismo. La diferencia entre ambos no es de grado, ni tampoco relativa a sus puntos de vista con respecto a Dios. Me refiero a que no da igual buscar la plenitud que situarse ante Dios como aquel que se encuentra sub iudice. La cuestión de fondo es qué echamos en falta. Pues o bien echamos en falta la pureza, se entienda como se entienda, o bien la redención. Y es que el sujeto de la fe bíblica, ante el abandono que sufren quienes viven de nuestros deshechos, no se siente simplemente conmovido, sino sobre todo juzgado. De tal modo que está convencido de que el sí o el no de su entera existencia depende de su respuesta al clamor de quienes no cuentan para Dios. Aunque sea al mismo tiempo consciente de que, ni siquiera respondiendo, podrá asegurarse la absolución. Al menos porque no hay intención que esté exenta de ambigüedad. La fe en cualquier caso no es tanto una mirada como la resultante de un haber sido mirado y, en última instancia, señalado con el índice de Dios. Nadie puede topar con el rostro de Dios y seguir como antes. Y no porque, gracias a ello, flote por encima de sí mismo, sino porque su sí mismo ya no le pertenece. Es lo que tiene que el pobre sea tu Señor.

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