he sido infiel y no me arrepiento

septiembre 7, 2017 Comentarios desactivados en he sido infiel y no me arrepiento

Ayer leía una entrevista a cuatro mujeres que hablaban sobre su infidelidad. Una de ellas decía que había sido infiel y que no se arrepentía de nada. Otra que, a partir de su infidelidad, quería aún más a su novio. Y otra que fue infiel a su esposo simplemente porque se lo pedía el cuerpo. Muy bien. Sin embargo, qué se pretende decirnos con ello. ¿Cuál es la moraleja? Por el tono de la entrevista, que la infidelidad no debe ser estigmatizada. Que no tiene por qué ir mal. Ciertamente, cabe suponer que las mujeres de la entrevista fueron sinceras, aun cuando tampoco me fiaría demasiado de la sinceridad. Que seamos sinceros no significa que hayamos dado con el tuétano de nuestra existencia. En cualquier caso, demos por buena la confesión: a ellas no les fue mal —o quizá deberíamos decir, siendo más precisos, que ellas no se sintieron mal—. Con todo, ¿qué revela este dato? ¿Nos revela algo de la infidelidad o, más bien, de quiénes son ellas? En principio, que un pedófilo no se sienta mal por haber penetrado a un niño no hace buena la pedofilia. La cuestión es por tanto quién dice qué. Pues cabe que quien dice que no se siente mal por haberle sido infiel a su pareja nunca se haya encontrado con ella, sino en cualquier caso cruzado. Quien dice que no puede ser infiel a su pareja, aun cuando se lo pida su cuerpo, no juega en la misma liga que quien dice que el sentimiento de culpa, al menos por este asunto, es un prejuicio del que deberíamos desembarazarnos. Quien dice que es incapaz de ser infiel a aquel o aquella al que, en cierto sentido, le debe la vida no es el mismo quien que el de aquel que sostiene que no debería haber ningún problema en echar una cana al aire. Algo va mal cuando experimentamos la fidelidad como prisión. De hecho, es lo que se lleva, incluso con respecto a los hijos. Con todo, también es verdad que sentir que le debemos la vida a quien creemos amar no es lo habitual. Más bien parece que sea un sentimiento de otro mundo. Pero, como decían los griegos, lo habitual siempre fue la norma del esclavo. Y esto probablemente sea algo que nuestra cultura haya olvidado o preferido olvidar. Es lo que tiene que seamos, antes que nada, consumidores.

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