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octubre 22, 2017 Comentarios desactivados en quijotescas

En la vivencia, nunca hay para tanto. Pues no hay sentimiento que sea químicamente puro. No basta la vivencia para vivirla. Necesitamos decirla para destriar la plata de la ganga. Así las palabras con las que intentamos fijarla deben ir más allá, si la vivencia fue significativa. La representación acaso tenga algo de postureo, de forzar la situación. En este sentido, el trabajo de la escritura se asemeja al de la destilación. Decir “ayer fui perturbado por el cuerpo del travesti” posee más fuerza —más reality—que la perturbación in situ. Como si la perturbación no acabará de ser sin la palabra que la condensa. Y es que la vivencia siempre va acompañada de ruido de fondo. De hecho, lo que explota el humor es precisamente ese ruido de fondo, la mezcla. El crucificado sale de su tumba. Y, en ese momento, un soldado romano se tira una sonora ventosidad. Muy Monty Phyton. La escritura —el decir, en general—, en tanto pretende revelar lo significativo, es superior a la vivencia que pretende expresar. La cuestión es si es superior al humor. Cervantes diría que no. El Quijote es una novela realista, siendo cómica. Al fin y al cabo, puede que haya verdad, pero no para nosotros. Pero quizá nos equivoquemos cuando creemos que el carácter significativo de la vivencia —su verdad— es algo que se encuentra por encima de la carne. Sancho no desmiente el delirio del Quijano. Lo encarna.

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