el amor a oscuras

diciembre 2, 2017 Comentarios desactivados en el amor a oscuras

No es casual que bíblicamente la alteridad de Dios sea la de una voz —y una voz que nace de los estómagos del hambre—. Pues la alteridad es reducida donde nos hacemos una imagen de ella. Desde la óptica de la visión, no hay diferencia entre la realidad y una realidad virtual. La alteridad del otro no aparece donde le vemos. Donde hay visión, la alteridad es tan solo algo que damos por supuesto, algo que podemos tratar. De hecho, el carácter enteramente otro del otro —su absoluto— es lo que desaparece en su mostrarse a una visión. No hay ningún otro, mientras el otro se da por descontado, pues aquí seguimos llevando las riendas. La alteridad es por definición eso intratable del otro. De ahí que tan solo la voz —y la voz que nos inquieta— pueda valer como el signo de esa presencia que no cabe dominar. La voz es espiritual por defecto. No es posible apresarla como podemos hacer con un cuerpo. Estamos en manos de la voz que nos pro-voca. Y más si la escuchamos en la oscuridad. El amor debe hacerse a oscuras. En este sentido, no debería sorprendernos que el escepticismo presuponga por lo común la equivalencia, tan nuestra por otro lado, entre conocimiento y visión.

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