Tibet

diciembre 29, 2017 Comentarios desactivados en Tibet

El budismo tibetano, como es sabido, es el budismo de la gran compasión. El botthisattva decide reencarnarse, a pesar de que no lo necesite, con la intención de ayudar a los demás a despertar. La idea es que al final todos se salven, como confiaba Pablo a propósito de Israel. Esto, sin duda, resulta tranquilizador. Nos da, como suele decirse, buen rollo. Sin embargo, podríamos preguntarnos, cuando menos en lo que respecta a la adaptación occidental del budismo tibetano, si acaso no estaremos ante una esperanza que nos desgarga del tener que responder a la demanda del rostro de quien sufre la impiedad de los hombres. Como si su mirada, en vez de juzgarnos, tan solo nos conmoviera. Y es que fácilmente podemos caer en la tentación de la procastinación moral donde, frente a la posibilidad de una condena eterna, damos por sentado que tan solo es cuestión de esperar a que la purga haga su trabajo, aun cuando quepa, ciertamente, echar una mano. Es verdad que, aun cuando nos convirtamos en rehenes de quienes sufren, nunca podremos asegurar que nuestra intención sea pura, por decirlo así. Las obras no garantizan la redención. Pero no es lo mismo esperar a que termine el ciclo de la reencarnación que esperar una medida de gracia. En el primer caso, todo se decide en relación con algo. En el segundo, con alguien. Sea como sea, con respecto a lo último seguimos sin tener ni idea.

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