de olivares

febrero 26, 2018 Comentarios desactivados en de olivares

Suele decirse que los evangelios son relatos de la crucifixión con un prólogo. El centro está pues en el Gólgota. Esto, por sí solo, debería darnos que pensar. Como si solo pudiéramos dar fe de Dios —y ante Dios— donde no parece que haya Dios. El punto de partida es, pues, la tierra baldía y no nuestro deseo de Dios. Pues solo sin Dios —solo donde fracasa nuestra pretensión de dar con Dios— cabe reconocer al crucificado como el quien de Dios. Cristianamente, no hay otra presencia de Dios que la del que pende de un madero como un abandonado de Dios. Dios en sí mismo, sigue siendo la eterna ignotum X de la existencia. Cuando nos llenamos la boca con la palabra Dios sin habernos situado al pie de la cruz —cuando hablamos de Dios únicamente desde nuestro lado—, no hablamos de Dios, sino de aquella imagen espectral que encubre el vacío de Dios.

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