comienzos

febrero 28, 2018 Comentarios desactivados en comienzos

Suele decirse que la filosofía comienza con el asombro, un asombro que, como cabe esperar, coquetea con el nihilismo: ¿por qué hay algo ahí en vez de nada? Sin embargo, este asombro contiene unas buenas dosis de extrañamiento. Comenzamos a tensar la cuerda cuando dejamos de encontrarnos en donde estamos. Como si la condición de las apariencias fuera una falta fundamental. De hecho, esta sería la marca de la existencia. Las focas no existen. Son. Tan solo nosotros fuimos arrancados de aquello que ignoramos y no podemos dejar de ignorar. La vida pende del hilo del misterio, no de la cosa misteriosa, pues que haya algo que no terminemos de entender es circunstancial, sino de una ignotum X impenetrable al conocimiento, al fin y al cabo, de una ausencia que no puede resolverse como presencia, al menos mientras sigamos siendo un alguien. De ahí que el horizonte de nuestra estar en el mundo sea un no saber. La cuestión quizá sea a qué nos obliga esta paradójica ignorancia. Esto es, donde se encuentra el centro. Pues, ciertamente, no podemos estar centrados en nosotros mismos sin caer en la estupidez.

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