meditaciones cartesianas 14

abril 27, 2018 Comentarios desactivados en meditaciones cartesianas 14

Si Descartes pudo sospechar de la realidad de un mundo exterior es porque partió de lo que, retóricamente, terminó presentando como conclusión del ejercicio metódico de la duda. Esto es, el cogito solo puede imponerse como primera verdad donde partimos implícitamente del cogito. Pues la duda radical únicamente cabe plantearla donde el punto de partida no es la pregunta por el acontecer —qué supone que algo sea—, sino la pregunta por la verdad de mis representaciones o ideas sobre el mundo. Esto es, la duda como actitud fundamental solo es posible donde el cogito es el centro de la experiencia del mundo. Para el cogito la verdad es necesariamente la adecuación entre lo que se tiene en mente y los hechos. Y si partimos de lo que tenemos en mente no hay modo de alcanzar el carácter otro de lo real. Ahora bien, esto es lo mismo que decir que nuestra relación con la alteridad propia de lo real se sostiene en último término sobre una suposición, sobre la creencia. Vemos lo que vemos, dando por sentado que se corresponde, de algún modo, con algo fuera de la mente. Pero siempre cabe la posibilidad, al menos desde el punto de vista de la reflexión radical, de que este dar por sentado sea un error. Podría ser que cuanto tenemos en mente tan solo estuviera en nuestra mente. Podría ser que el yo permaneciera en el seno de una inmensa alucinación. Cualquier criterio que pretenda garantizar la adecuación entre idea y mundo no deja de ser, al fin y al cabo, una representación. Y por eso mismo, siempre cabe poner en cuestión el criterio. Ningún criterio logra evitar la pregunta por su fiabilidad. Sin embargo, la sospecha no tiene sentido donde partimos de la concepción más originaria de la verdad, a saber, aquella en la que la verdad es lo que en verdad tiene lugar o acontece. Pues, por poco que reflexionemos sobre la estructura del acontecimiento, caeremos en la cuenta de que en el momento que algo otro se hace presente a una sensibilidad —en el momento que es o aparece—, su alteridad tot court desaparece del campo de visión. Algo (o alguien) enteramente otro se da en tanto que, en sí mismo, no se da, salvo como lo que tuvo que perderse de vista en su hacerse visible. De ahí que, aun cuando haya alucinación, haya realidad. Pues la desaparición del carácter otro de lo real es la condición de su aparición. La naturaleza literalmente absoluta de lo real tiene que desaparecer en su aparecer o mostrarse. La exterioridad de lo real es lo que ha dado un paso atrás en su hacerse presente a una receptividad. En cualquier caso, la alucinación afecta al mundo, no al carácter radicalmente otro de lo real. Tenía razón Platón al decir, aunque no con estas palabras, que lo real es el resto invisible de lo visible. Que si vemos algo es porque hay algo que no vemos en lo que vemos. Y lo que no vemos —lo que solo admite un reconocimiento— es precisamente lo que acontece, lo que es. Podríamos decir que si Descartes pudo ejercer metódicamente la duda —si colocó la duda como principio del pensar en lugar del asombro— es porque le faltó el sentido dialéctico de Platón. Descartes no tuvo en cuenta el doble sentido de la apariencia. Pues, efectivamente, la apariencia supone de algún modo una falsificación —una deformación— de lo real. Al menos porque lo real siempre se muestra en relación con un punto de vista y, por eso mismo, relativamente o hasta cierto punto. Si decimos de un cuerpo que parece bello es porque no termina de serlo. Pero esto es así porque, en definitiva, en la apariencia se muestra —aparece— lo real. Lo que aparece en un cuerpo bello, aunque solo en cierta medida, es, precisamente, la belleza. De ahí que Platón dijera que lo real, en cualquier caso, trasciende el plano de lo visible. Puede que Platón —o mejor dicho, el platonismo— se equivocara al afirmar que lo real se encontraba en otro mundo, como si lo real pudiera ser con independencia de su modo de aparecer en lo tangible. Pues lo otro de lo real tan solo es en su continuo diferir de cuanto podemos ver y tocar. Pero una cosa no quita la otra.

Los comentarios están cerrados.

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo meditaciones cartesianas 14 en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: