the last Jedi

abril 28, 2018 Comentarios desactivados en the last Jedi

Cada vez me parece más claro que la saga de Star Wars es el destilado de la religión moderna. En el fondo, se halla la fuerza. Y la fuerza posee dos lados, el luminoso y el oscuro. Los hombres y las mujeres nos situamos ante el dilema de elegir en qué lado vamos a estar. El Jedi no posee la fuerza, sino que se deja poseer por ella. Tan solo es cuestión de saber de qué va el juego, de no caer en la tentación de la hybris. “No vences a la oscuridad enfrentándote a ella con sus armas, sino protegiendo lo que amas” dice uno de los personajes secundarios de la última entrega. Y esto está muy bien. Pero en cualquier caso, el orden es equilibrio. Todo se halla conectado. El error es la desmesura. El lado oscuro nace de la desproporción. Como en el antiguo paganismo. Nada que el sujeto de hoy en día no pueda aceptar, siempre y cuando posea una mínima inquietud por ir más allá de las ofertas del super. Sin embargo, aquí no hay propiamente tragedia. Hay muertos, sin duda, pero no víctimas. Los muertos son estiércol. Literalmente. Abono sobre el que emergerán nuevos brotes verdes. Hay que partir de aquí —de la religión razonable— para comprender la novedad bíblica. Pues bíblicamente, no se trata solo de formar parte. Hay algo roto en el mundo. Mejor dicho, el mundo como tal es ruptura. Y por eso mismo, el hombre se encuentra en el mundo como el arrancado, como el que fue arrojado en tierra extraña. Quienes mueren a manos del Imperio no son únicamente muertos, sino también —y sobre todo— víctimas. Hay algo de irreparable en su haber muerto antes de tiempo. El punto de partida de la fe bíblica no es tanto el asombro como el escándalo. El cuerpo inerte de las víctimas no solo nos entristece, sino que también nos acusa. Estamos en deuda. Las víctimas deben regresar, al menos para que puedan perdonarnos nuestra indiferencia. Algo tan imposible como cierto. De ahí que la pregunta sea qué vida pueden esperar aquellos a los que se les arrancó la vida injustamente. No es suficiente con decir que su muerte no será estéril —que gracias a su sacrificio nacerá una flor—. Se trata de una pregunta que no podemos responder desde lo que cabe asumir razonablemente. De hecho, apunta a lo increíble, a lo que en modo alguno podemos comprender como una posibilidad del mundo. Ante las piras de cadáveres de Treblinka la espiritualidad del todo es uno se revela como una impostura. En realidad, el todo es el no-todo para quien ha sufrido la impiedad del verdugo. Quien forma parte del todo confía en la victoria del lado luminoso. No así el creyente. El creyente permanece a la espera de un reset cósmico, por decirlo así, reset que, sin embargo, no esta enteramente en sus manos. Basta con ver cualquier capítulo del Decálogo de Kieslowski para saber qué separa el cristianismo del neopaganismo de Star Wars. Con todo, es improbable que el cine de Kieslowski arrase en taquilla.

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