un mundo feliz

abril 29, 2018 Comentarios desactivados en un mundo feliz

Desde un punto de vista general, tants caps, tants barrets. O como suele también decirse, todo depende del cristal con que se mira. Que veamos las cosas que nos traemos entre manos de un modo u otro depende de cómo nos las tomemos. Y esto, en definitiva, no deja de ser un asunto relativo al carácter. Sin embargo, lo que queda al margen de la psicología es el horror, las fosas comunes de la Historia. Auschwitz es el abismo que ningún punto de vista puede integrar sin devaluarlo. El olor de los hornos crematorios nos saca del quicio del hogar. De hecho, ya no puede haber hogar para quien ha inspirado dicho olor. Nadie puede evitar tener que responder al rostro desencajado de los muertos a causa de nuestra impiedad. Nadie, salvo que sea un psicópata. Y en un mundo de psicópatas, ciertamente la bondad del último hombre sería una debilidad, por no decir, una enfermedad. No es casual que el psicópata se nos muestre como la encarnación de Satán. Ahora bien, frente a Satán solo podemos esperar la intervención de Dios. Es posible que nuestra actual insustancialidad obedezca al hecho de que Auschwitz y sus variantes se hayan convertido en un espectáculo capaz de conmovernos, pero no ya de acusarnos. Como si el mal fuera tan solo debido a nuestro error.

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