examined life

julio 10, 2018 Comentarios desactivados en examined life

O bien, vamos reaccionando a lo que nos exige nuestra estrecha circunstancia como si no fuéramos más que animales; o bien caemos en la cuenta de que vivimos en un mundo que no terminaremos de comprender (como si fuéramos ácaros del polvo que ni siquiera pueden hacerse una idea de las dimensiones del cosmos en el que habitan). En el primer caso, no dejamos de ser unos idiotas, en el sentido literal de la expresión, aunque podamos encontrar una cierta satisfacción de vez en cuando. En el segundo, el asombro ante el exceso nos arroja al presente. Pues cada día es un milagro desde el fondo de lo ignoto, aunque tengamos que saltar a la cancha y negociar con el mundo que nos ha tocado en suerte. Vivir no es posible sin sobrevivir. Pero podemos sobrevivir estando muertos (y esta es una de las raíces de la vieja distinción entre cuerpo y alma). La angostura espiritual de nuestro tiempo reside en haber olvidado esto último, en creer que podemos satisfacernos en la satisfacción. Con todo, a la segunda opción puede añadirse una variante, la de aquellos que no solo se asombran, sino que también se escandalizan ante la desmesura del sufrimiento de los hombres. Aquí la existencia apunta a un futuro absoluto, un tiempo en el que el león comerá hierba. Pues en nombre de una vida que nos ha sido dada desde el horizonte de la nada, la muerte no puede tener la última palabra. Aunque nos resulte increíble. Parafraseando a Gabriel Marcel, quien ama se encuentra sujeto a la voz que ordena tú no debes morir. Contra lo que presuponemos fácilmente hoy en día, la verdad siempre estuvo del lado de lo insólito.

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