la multiplicación de los panes

julio 29, 2018 Comentarios desactivados en la multiplicación de los panes

Hoy el sacerdote se preguntaba durante el sermón por qué no sentíamos ya el deseo de celebrar la la eucaristía de los domingos —por qué, literalmente, no ardían nuestras almas yendo hacia la iglesia sabiendo que íbamos a comulgar con Cristo—. El tono de la pregunta sonaba a acusación. La culpa, como suele ser habitual, sobre las espaldas del fiel. ¿En serio? ¿A él le ardía el alma teniendo que hacer, el pobre, misas en cadena por los pueblos del lugar? ¿Acaso de su sermón se deduce que tendríamos que esforzarnos por desear con pasión ir a misa? ¿Puede uno simplemente hacer tal cosa? Los primeros cristianos comulgaban con el pan que habían ganado a lo largo de la semana. No todos traían, como puede suponerse, la misma cantidad de pan. Pero nadie se quedaba sin pan. De hecho vivían de ese pan durante el resto de los días. Es como si hoy en día nos repartiéramos el sueldo. Cada eucaristía era algo así como un revival del milagro de la multiplicación de los panes, el único que encontramos en cada uno de los cuatro evangelios. Ciertamente, el hombre no vive solo de pan. Pero sí puede vivir solo del pan que compartimos, el pan fecundado por el espíritu de Dios, ese resto. De ahí que si hemos perdido el entusiasmo, salvo delirio, es porque acaso las eucaristías hace tiempo que dejaron de ser lo que fueron.

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