el flautista de Hamelin

septiembre 20, 2018 Comentarios desactivados en el flautista de Hamelin

Leo por la web una frase de Anthony de Mello: la realidad no es perturbadora, no es problemática. Si no existiera la mente humana, no habría problemas. ¿Seguro? Es verdad que, por lo común, las cosas se nos presentan dependiendo de cómo las enfoquemos. Mal nos irá, pongamos por caso, si creemos que el mundo va en contra nuestra. Pero ¿acaso no hay sufrimientos que no dependen del enfoque? ¿Acaso en el corazón del hombre no germinó la semilla de la impiedad? ¿Podemos tomarnos en serio que nuestra desgracia obedece tan solo al error, al hecho de que no sabemos cómo vivir? La existencia ¿no supone de por sí un estar siempre en suspenso, fuera de lugar? Nos equivocamos donde abordamos la espiritualidad desde un punto de vista exclusivamente psicológico. Como si todo fuera cuestión de liberar la mente de los prejuicios que nos impiden dejarnos llevar por la corriente de la vida. Como si todo fuera cuestión de tener poder, aunque sea sobre uno mismo. Como si se tratara en definitiva de acabar diciendo qué bien que estoy. Pues el punto de partida de la una genuina espiritualidad, no es en primer lugar nuestra desorientación, sino el sufrimiento indecente, por injusto, de tantos. Es innegable que con las medias verdades llegaremos más lejos que con la verdad. El hombre no compra la verdad, sino su simulacro. Sin embargo, el problema de las medias verdades es que con el tiempo se les ve el plumero. La vida tarde o temprano pone encima de la mesa las cartas que no están marcadas. Y así, habiendo sido seducidos por el juego de manos del prestigitador de turno, terminamos con la misma cara de idiota que teníamos al principio, pero con menos dinero en el bolsillo. Sencillamente, miente quien nos vende soluciones a la existencia. Como mentían los vendedores de crecepelo de las películas del oeste. Las propuestas de los gurús de la autoayuda —desde Anthony de Mello hasta Borja Vilaseca—, aunque se vistan con los oropeles de la espiritualidad, no están tan lejos de las del camello de la esquina. De hecho, si se trata de vaciar la mente, las de este último, al fin y al cabo, te salen más a cuenta.

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