de un Dios que ama

septiembre 28, 2018 Comentarios desactivados en de un Dios que ama

Por definición, la diferencia entre la divinidad y el hombre es análoga a la que media entre el hombre y una oruga. La posibilidad de que Dios ame al hombre hasta el punto de sacrificarse por él resulta, literalmente, increíble. Es como si un hombre decidiera inmolarse por amor a las orugas de su jardín. De ahí que el cristianismo suponga una mutación de la noción típicamente religiosa de Dios. Si aceptamos como quien no quiere la cosa que Dios se encarnó por amor a los hombres es que hace tiempo que olvidamos qué significa la palabra “Dios”. A oídos de los antiguos esto de la encarnación suena como si hoy en día hubiéramos descubierto que Hamlet no fue escrito por Shakespeare, ni por Marlowe, como algunos sostienen, sino por un simio bajo los efectos de un alucinógeno. Evidentemente, tal revelación afectaría a lo que por lo común entendemos por autor. Dios no puede ser una divinidad al uso donde se identifica con un crucificado en su nombre. No es casual que algunos defiendan que el ateísmo moderno hunde sus raíces en el kerigma cristiano. Aun cuando la raíz más profunda quizá la encontremos en la idea de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Una afirmación que sin duda requiere algo más que audacia.

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