el ateo y el santo

octubre 27, 2018 Comentarios desactivados en el ateo y el santo

Tanto el que niega que haya Dios como el creyente parten del mismo silencio —del mismo Getsemaní—. Esta es la última certeza del hombre, al menos desde su lado: no parece que haya Dios (y si lo hay, no da la impresión de que se ocupe de nosotros). Sin embargo, aunque el punto de partida sea el mismo, no lo es el de llegada. La diferencia pasa por lo que hacen después o, mejor dicho, por cómo cargan con el peso de dicho silencio. En el primer caso, fácilmente nos quedamos suspendidos en medio de la nada. En el segundo, damos un paso al frente, ofreciendo el pan de cada día a los que no tienen pan. Y ello sin Dios por en medio. Como si la respuesta de Dios a la invocación del hombre fuera la invocación de Dios al hombre, invocación que escuchamos con la voz —el clamor— de los huérfanos de Dios. Como si no hubiera otro Dios que el que se encarna en los hombres que ocupan su lugar.

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