fe y credulidad

noviembre 11, 2018 Comentarios desactivados en fe y credulidad

Hay hombres y mujeres crédulos. Y los hay incrédulos de por sí. El crédulo tiende a creer casi en cualquier cosa que le pongan por delante. Mejor dicho, tiende a creer en el milagro, se trate de las dietas detox o de las teorías de la redención. En el fondo, late la convicción de que la verdad reside en lo oculto. Y aquí la intuición que hay por debajo no es insensata. Pues, ciertamente, lo que es en verdad no coincide con lo que nos parece que es. Otro asunto es que al crédulo le falte discernimiento. Pues no es oro todo lo que reluce. En cambio, la actitud básica del incrédulo es la desconfianza. Y quizá no esté de más. Al fin y al cabo, por lo común topamos, no con lo extraordinario, sino con su simulacro, a saber, la novedad. Sin embartgo, al incrédulo le faltaría una dosis de apertura. Y es que no deja de ser obvio que existimos en medio de aguas que nos cubren, como decía Thomas Merton. No es casual que el creyente, en el sentido bíblico de la expresión, se encuentre entre la credulidad y la incredulidad. Cuando menos, porque el Dios en quien confía es un Dios increíble, un Dios que no puede darse como una posibilidad de los mundos. Ni siquiera del sobrenatural. En los cielos, Dios seguiría siendo un misterio. Dios y los mundos son incompatibles. Pues hay mundo —hay tiempo— por el paso atrás de Dios. De ahí que, cristianamente, el tener lugar de Dios —y más si hablamos de un Dios que no es nadie sin la entrega del hombre— suponga el final de la Historia.

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