tiempo y verdad

noviembre 17, 2018 Comentarios desactivados en tiempo y verdad

Como más o menos decía Hegel, con el paso del tiempo la verdad termina siendo otra cosa. Ahora bien, esta otra cosa es lo obvio. La verdad, originariamente, siempre adopta la forma de un caer en la cuenta, de una revelación o, si se prefiere, de un descubrimiento. Y descubrir es desvelar. La verdad, una vez se nos ofrece, desmiente nuestras creencias iniciales, lo que dábamos ingenuamente por descontado. Pero con el paso de los días deviene una obviedad. No es casual que sea, por eso mismo, desestimada. Es lo que ocurrió con la revelación cristiana. Que Dios se identifique con un despreciado por Dios no deja de ser algo inaceptable, por no decir, un escándalo para una sensibilidad religiosa. Según el judaísmo, quien muere colgado de un madero es, sencillamente, un maldito de Dios. Sin embargo, ¿acaso el cristiano no continúa recitando el credo como si fuera creíble? ¿Quién aún experimenta un cierto estupor mientras confiesa que el Hijo de Dios fue muerto y sepultado? Un crucificado es repugnante. O lo que es lo mismo, un Dios que pende de una cruz no puede ser un Dios. Quien, de entrada, y ante Dios, no siente una arcada no se encuentra ante la verdad de Dios. De ahí que la posibilidad de recuperar la verdad cristiana pase por la desconstrucción del cristianismo. Y desconstruir, en este caso, supone llegar hasta el fondo de un Dios que no es al margen de su reconocerse en un abandonado de Dios. No se trata tanto de actualizar, como si tan solo estuviera en juego una cuestión semántica —como si únicamente tuviéramos que traducir—, como de restaurar, casi como quien recupera los colores originales de una pintura al quitarle el barniz ennegrecido que la cubre por entero. O lo que viene a ser lo mismo, restaurar el cristianismo supone dirigirlo contra la cristiandad, aunque no solo contra ella. Otro asunto es que, una vez restaurada, la pintura nos guste. Pues probablemente, ya no seremos capaces de apreciarla, al habernos acostumbrado a verla cubierta de mugre. De hecho, preferimos un cristianismo religioso, donde Dios es una variante del Dios tapagujeros que decía Bonhoeffer, a un cristianismo que, como fue en un principio, roza el ateísmo.

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