esto del amor a la verdad

noviembre 16, 2018 Comentarios desactivados en esto del amor a la verdad

Podemos andar de un lado a otro como pelotas de ping pong. Esto es, podemos dejarnos llevar por la inercia de los días no buscando otra cosa que nuestra satisfacción (y quizá también, siendo más amables, la de quienes nos rodean). De hecho, es lo habitual. También podemos ir en pos de lo extraordinario, de aquello que nos eleve por encima de la prosa. Aquí cabe hablar de una variante religiosa, la de aquellos que se preguntan, cuando menos, qué puede haber de sagrado —de intocable— en medio de tantas cosas útiles o deseables. Y si no se lo preguntan es porque creen haberlo encontrado. Con todo, cabe una tercera posición, a saber, la de aquel que se interroga, no tanto por el sentido o la verdad, sino por la razón de nuestro fracaso a la hora de encontrar algo sólido. De ahí que su pregunta no sea dónde encontrar la verdad sino de qué estamos hablando cuando hablamos de la verdad o, mejor dicho, de lo que en verdad acontece o tiene lugar y no únicamente pasa o sucede. Ahora bien, el precio que tiene que pagar por alimentar su inquietud es el de un cierto distanciamento de lo dado. Podríamos decir que permanece en la perplejidad o el extrañamiento de sí. Es lo que tiene esto de la vida reflexionada —de la vida que se interroga a sí misma—. Pues quien ama la verdad tarde o temprano llegará a la conclusión de que hay verdad, pero no para nosotros. Como si no hubiera nada realmente otro que aquello —o aquel— que se perdió de vista. O como si lo real fuera, precisamente, el resto invisible de lo visible.

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