de los astros

noviembre 22, 2018 Comentarios desactivados en de los astros

Parece ser que cada vez hay más adeptos a la astrología, mientras las iglesias se van vaciando. La crisis de legitimidad del cristianismo corre pareja al revival religioso. Pues dejando a un lado cuanto pueda haber de nueva superstición, lo cierto es que la astrología satisface la necesidad, tan humana, de sentir que formamos parte de algo más amplio que nuestra estrecha circuntancia. No hay diferencia formal entre creer en la astrología y creer, como es el caso de las espiritualidades tan en boga hoy en día, en la fuerza oculta que conecta cuanto es. Como tampoco la hay entre el dios tapagujeros del teísmo religioso y el suponer que estamos tutelados por una inteligencia marciana. Que creamos en una cosa u otra depende de lo que más nos convenza en un momento dado. De hecho, lo oculto siempre tuvo su prestigio. Como si intuyéramos que no cabe otra verdad que la desvelada. Y algo de esto hay. Pero que la verdad ande oculta no implica, lógicamente, que lo oculto, de por sí, sea el estigma de la verdad. En cualquier caso, el Dios cristiano —el Dios que no es nadie al margen de su reconocerse en un abandonado de Dios— no tiene actualmente las de ganar. Al menos, porque no es un Dios que pueda satisfacer nuestra necesidad religiosa. De hecho es un Dios increíble, aquel en el que no cabe confiar solo desde nuestro lado. Con todo, la verdad nunca fue algo que pudiéramos tomarnos en serio como quien no quiere la cosa. O por decirlo en cristiano, el Dios que se reveló colgando de una cruz no es un Dios que coincida con lo que nos parece que es divino.

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