Buber, one more time

enero 20, 2019 Comentarios desactivados en Buber, one more time

Si la enfermedad espiritual de nuestro tiempo es la que decía Martín Buber, a saber, que el que se dirige a Dios no puede evitar preguntarse al mismo tiempo por el sentido de su oración, entonces ya no es posible creer. En cualquier caso, creeremos que creemos. Es lo que tiene que Dios no esté en el ambiente. En nuestra época no cabe ser creyente por defecto. Es como si quien confiesa su amor a una mujer se cuestionara su sinceridad, en el momento de la declaración. Aquí el amor, al margen de las ambigüedades de lo humano, nace dañado. La duda corroe cuanto toca. Donde irrumpe la sospecha, no vuelve a crecer la hierba. Con todo, la oración espontáneamente religiosa quizá siempre haya sido un gesto de vanidad. Puede que la duda tan solo proyecte sobre la escena un poco más de luz (y, en este sentido, sea purificadora). Pues, como atestiguan los textos bíblicos, acaso solo quepa rezar cuando ya no somos capaces de hacerlo. No es casual que la imagen paradigmática del que reza sea la de un hombre arrodillado. Buda prefirió la posición del loto. Contemplar no es orar (aun cuando lo primero nunca esté de más). En verdad, tan solo ora nuestro cuerpo, una vez ha perdido el ánimo. En esto, el Islam da en clavo. Y es que quizá el hombre solo pueda intimar con Dios cuando su rostro muerde el polvo de la tierra.

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