de un plumazo (y 2)

enero 29, 2019 Comentarios desactivados en de un plumazo (y 2)

La ética se ocupa de lo que debemos hacer para alcanzar la felicidad o una sociedad más o menos justa (aunque algunos hoy en día sostengan que esto último no es un asunto propiamente ético, sino procedimental). Por poco que hayamos vivido nos daremos cuenta de que la felicidad no se consigue persiguiendo aquello que pueda satisfacernos. La satisfacción, a parte de su ambigüedad, dura lo que dura. Y en este sentido la satisfacción es suficiente. Pero a nadie le basta con lo suficiente. De ahí que la felicidad sea más bien un saber vivir. La pregunta de la ética, por tanto, es la pregunta por el saber del saber vivir, teniendo en cuenta que nadie vive solo. La pregunta del cristianismo, sin embargo, no es la pregunta por dicho saber, sino a quién obedecer —quién es nuestro señor, nuestro padre—, con independencia del grado de satisfacción que pueda suponer dicha obediencia. Sin duda, muchos rechazarán de plano la cuestión cristiana, pues dan por sentado que no puede haber libertad en la obediencia incondicional al otro. Pero el cristiano entiende que no hay otra libertad que la de aquel cuya vida responde a una demanda que procede, precisamente, del enteramente otro, el excluido, el paria. Un creyente no deja de ser rehén de los que no cuentan.

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